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Joe Lemonge es un varón trans de Santa Elena, que el viernes 11 de mayo fue condenado a 5 años y seis meses de prisión por defenderse de un ataque correctivo y colectivo perpetrado por 3 varones que lo hostigaban desde hacía tiempo. El 13 de octubre de 2016, estos jóvenes ingresaron violentamente a su casa; esta vez Joe se defendió, e hirió levemente en el cuello a uno de los agresores, pero el imputado fue él.

Por Dina Ciraolo

El viernes 4 de mayo, la jueza Cristina Lía Vandembroucke entendió que Joe es autor material de homicidio en grado de tentativa y lo sentenció a la pena de 5 años y seis meses de prisión de cumplimiento efectivo.

La transfobia de la justicia patronal

Joe se encontraba adentro de su casa, cuando estos violentos ingresaron para lastimarlo. Él se defendió de un ataque dentro de su domicilio pero la justicia considera que Joe debe recibir el castigo. Claramente acá lo que se está juzgando no es la agresión, sino que se castiga a Joe y a través de él a todos las disidencias.  Se lo castiga por ser trans, y fundamentalmente por defenderse de una agresión, del mismo modo que se pretendía ejemplificar con la prisión para Higui a todos los que se defendieran de agresiones lesbofóbicas, pero la movilización hizo que no pudieran llevarlo a cabo como pretendían, aún falta lograr la absolución.

La justicia demuestra una vez más que está al servicio de perpetuar los intereses de las clases dominantes y utilizan argumentos legales para profundizar la discriminación, la marginalidad y la violencia sobre nuestros cuerpos. No es posible que en el código penal figuren penas más graves para quienes irrumpen en una casa para robar, que quienes violan o agreden físicamente.

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El artículo 119 del código penal, que fue modificado este mismo año,  establece que “será reprimido con reclusión o prisión de seis meses a cuatro años el que abusare sexualmente de una persona cuando ésta fuera menor de 13 años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción”. Sin embargo, cuando se trata de irrupción de vivienda con violencia, establece: “El culpable de robo con fuerza en las cosas será castigado con la pena de prisión de uno a tres años”… Entre los robos con pena agravada, de dos a cinco años de prisión, se tipifica en el art. 242 del Código Penal, “Al culpable de robo con violencia o intimidación en las personas…”.

Esto quiere decir que para la justicia burguesa es más valiosa la propiedad privada que la integridad de las personas. Y en este caso, dan completamente vuelta las reglas del juego para castigar con cinco años y seis meses  de prisión efectiva a quien estaba dentro de su casa y se defendió de los agresores transfóbicos. Es descabellado incluso pensarlo. Pero los jueces de Entre Ríos no tuvieron ningún problema de pensarlo y de ejecutarlo.

Tenemos derecho a defendernos

No queremos más crímenes de odio como el de Diana Sacayán, o presos por defenderse como Joe Lemonge. La ley de identidad de género que rige en nuestro país, es letra muerta si las instituciones del Estado siguen avalando los ataques y crímenes transfóbicos, el derecho a decidir nuestra identidad debe ser defendido por todos los trabajadores, en unidad, movilizándonos y dando toda la solidaridad para que Joe sea absuelto y pueda gozar de libertad.

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Tenemos derecho a defendernos y para eso es muy importante que combatamos la transfobia en nuestros lugares de trabajo y estudio, que podamos organizar la autodefensa colectiva y luchemos por una educación libre de estos prejuicios retrógrados, los sindicatos y centros de estudiantes deben estar a la cabeza de esta tarea.

Queremos que Joe esté en libertad y absuelto, porque es lo justo y porque en él estamos luchando por todos los que son hostigados por este sistema que explota y oprime a la mayoría de la humanidad.

Tenemos derecho a defendernos de las agresiones. Tenemos derecho a ser quienes somos. Tenemos derecho a vivir una vida libre de violencia y de persecuciones.