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Antes incluso de haber comenzado la Copa, el debate sobre el riesgo a la población LGBT en Rusia, durante el mundial, ya se había iniciado en el movimiento y en la prensa. Poco antes de la abertura, un manifestante inglés fue detenido por sostener un cartel de solidaridad con los LGBTs de Chechenia, donde existen campos de concentración para LGBTs. En el inicio de los juegos, una pareja gay francesa fue violentamente golpeada, probablemente por un grupo extremista de derecha, y casi fueron asesinados.

Por: André Deusvelho – PSTU, Brasil

La FIFA, que se vale del poder de estado de excepción durante la Copa, que en el Brasil junto con el gobierno Dilma (PT) estableció desde la liberación de bebidas alcohólicas en los estadios (que está prohibida en el país) hasta la ley antiterrorismo que prohíbe manifestaciones e impone una serie de restricciones a los luchadores, hoy, en la Rusia de Putin, esta gran empresa no tiene nada que decir. Las leyes anti LGBTs en Rusia, principalmente a partir de la ley antipropaganda LGBT en 2013, ¿no pueden ser tocadas por la FIFA? No. Por el contrario, refuerzan y orientan que los LGBT se queden en el armario. Orientan que las bisexuales y los homosexuales no anden tomados de las manos, no demuestren afecto, e imaginamos que las trans ¿¡deban travestirse al contrario…!?

El gobierno brasileño, a través de los Ministerios de Deporte (MDB) y de Relaciones Exteriores (PSDB), actúa de la misma forma y orienta que los LGBTs brasileños que están en Rusia, sean “discretos”, no demuestren cariño en público, busquen lugares bien caros y cerrados, donde ahí sí puedan expresar su sexualidad “a voluntad”. Ejemplo de la impunidad que Rusia parece confortar, los “engomaditos” de todos los rincones están aprovechando la Copa del Mundo para asediar a la población rusa con machismo, racismo y LGBTfobia.

Es absurda la persecución a los LGBTs en Rusia, con la negación del derecho básico a la vida, a la existencia. Los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo no pueden callarse frente a esta barbaridad. La realidad es que las LGBTs trabajadoras rusas viven esa realidad el año entero, y solo en este momento el mundo entero está viendo lo que es ser LGBT en las calles y casas rusas.

La clase trabajadora debe conocer su propia historia, y ese país poderoso y contradictorio que es Rusia es, en realidad, la cuna de la más emocionante revolución que ocurrió en el mundo. Nada tiene que ver con el socialismo la persecución a los LGBTs en la historia rusa. Queremos debatir una breve visión general de esta historia, que es grandiosa y guarda detalles y debates mucho más profundos, que no conseguiremos tratar aquí.

Rusia: donde todo comenzó

Rusia, parte de la antigua Unión Soviética (URSS) hizo la primera revolución obrera en el mundo, en octubre de 1917. Bajo la dirección bolchevique, la humanidad conoció lo que todavía hoy es considerada la legislación más avanzada del mundo en relación con los derechos LGBTs. Ni el más avanzado país capitalista tuvo tal avance en ningún momento de la historia.

Aún en 1917, la homosexualidad fue descriminalizada y se estableció el casamiento civil en lugar del religioso, además de permitir el casamiento homoafectivo. El Código de las Leyes sobre Casamiento, Familia y Tutela, promulgado a finales de 1918, confirmó y amplió estas medidas. El derecho al divorcio con un simple pedido de cualquiera de las partes, fundamental para LGBTs en casamientos de “fachada” y/o por dependencia financiera también fue garantizado por la disociación del casamiento con la propiedad privada. La plena igualdad jurídica y de derechos políticos de los hombres y de las mujeres, independiente de la orientación sexual o la identidad de género, raza o cultura, derribando junto el resto del código criminal zarista. En 1919, se garantizó el derecho al aborto libre, voluntario y gratuito, que garantizó el derecho al propio cuerpo de las mujeres lésbicas y bisexuales y hombres trans que se embarazasen, sea por relacionamiento consensual o como consecuencia de violaciones correctivas.

“La actual legislación sexual de la Unión Soviética es obra de la Revolución de Octubre. Esta Revolución es importante no solamente como fenómeno político que garantiza el gobierno político de la clase obrera, sino también porque las revoluciones que emanan de esta clase llegan a todos los sectores de la vida (…)

Declara la absoluta no interferencia del Estado y de la Sociedad en los asuntos sexuales, siempre que no lesionen a persona alguna y no perjudiquen los intereses de nadie (…) Respecto de la homosexualidad, sodomía y otras varias formas de gratificación sexual, que en la legislación europea son calificadas de ofensas a la moral pública, la legislación soviética las considera exactamente igual a cualquier otra forma de la llamada relación “natural”.

Cualquier forma de relacionamiento sexual es un asunto privado. Solamente cuando se emplea la fuerza o la coacción, y generalmente cuando se hieren o se lesionan los derechos de otras personas, existe motivo de persecución criminal” (Grigori Batkis, en el volante: “La Revolución Sexual en Rusia”, 1923).

En la década de 1920 se liberaron cirugías de redesignación sexual para personas trans. El “diplomático” de la Revolución de Octubre, Grigori Chichern, Comisario para Asuntos Públicos, era asumidamente gay. Diversos LGBTs fueron parte de la historia del movimiento obrero, lésbicas, hombres trans, y otras LGBTs eran incentivadas a ser parte del Ejército Rojo, comandado por Trotsky, garantizando por primera vez en la historia el derecho al nombre social.

“Mujeres que usaban ropas masculinas, que sirvieron en el Ejército Rojo generalmente asumiendo un papel masculino, recibieron puestos de autoridad (…) en los años 1920, Lev Rozenstein, convidó a ‘lésbicas que actuaban en las milicias y como Combatientes Rojas’ a relatar a él sus historias de vida y reivindicó que ‘mujeres [en la Rusia Soviética] deberían, legalmente, asumir nombres masculinos y vivir como hombres. Rozenstein creía que era su papel como psicólogo ayudar a sus pacientes a aceptar su deseo por el mismo sexo”, una postura opuesta a la de la Asociación de Psiquiatría norteamericana, que mantuvo la homosexualidad en su lista de enfermedades mentales hasta 1973” (Sherry Wolf, “Sexuality e socialism: history politics and theory of LGBT liberation”, pp. 96-97).

Varias de estas medidas no eran siquiera socialistas, eran medidas democrático-burguesas, pero ya demostraban la profunda convicción de los bolcheviques de que la burguesía en decadencia era incapaz de realizar las tareas democráticas que bajo el lema “igualdad y fraternidad” sirvieron de sostén para las revoluciones burguesas contra la nobleza, y que la verdadera y completa liberación de los LGBTs solo era posible bajo el socialismo.

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Las medidas realmente socialistas, que pavimentaron la legislación obrera, fue la entrega de la riqueza producida en la mano y bajo el dominio de la clase que la produce, la clase trabajadora. Con eso, el derecho de sobrevivencia familiar y de liberación de la mujer y de los LGBTs de la esclavitud doméstica, con las guarderías, lavanderías y restaurantes públicos, etc., además del derecho de trabajar en cualquier función, fue la más avanzada conquista que la clase trabajadora y las LGBTs trabajadoras y pobres conquistaron en la Historia. Hoy, no obstante, la Federación Rusa presenta una de las legislaciones más conservadoras del mundo para las LGBTs, para las mujeres, los extranjeros, y para el conjunto de la clase.

La contrarrevolución estalinista a partir de las década de 1930

Con la muerte de Lenin, la miseria y la violencia de la Segunda Guerra Mundial, el aislamiento económico, y los ataques del imperialismo a la economía y al pueblo soviético favorecieron el ascenso de una burocracia usurpadora que impuso serias derrotas a todas las conquistas del proletariado ruso. Para justificar sus privilegios, elaboraron la teoría del “socialismo en un solo país”, desviando todos los procesos revolucionarios en el resto del mundo hacia dictaduras estalinistas como en Cuba en 1969, o directamente en democracias burguesas, como en Nicaragua en 1979. Hacia finales de los años de 1920, Stalin sacó a los trabajadores del poder, usurpando la dirección de la URSS y del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), y fue responsable por hacer retroceder todas aquellas conquistas, persiguiendo LGBTs, poniéndolos en campos de concentración, suprimiendo todas las leyes anteriores, y criminalizando nuevamente a los LGBTs, imponiendo una verdadera contrarrevolución. El Código Penal de 1934 criminalizaba nuevamente el sexo consentido entre hombres adultos, con la punición de 3 a 4 años de prisión. Se estima que más de 50.000 LGBTs fueron presos, torturados o muertos bajo el estalinismo en la Unión Soviética.

Hasta mediados de los años de 1980, la URSS mantenía todavía un régimen económico aún obrero, conquistado en la Revolución de Octubre, o sea: a) la economía planificada centralizada (en lugar del mercado); b) el monopolio estatal del comercio exterior (que protegía el país de ser absorbido por la economía mundial imperialista); y c) la propiedad estatal de los medios de producción.

Estas medidas, comprendidas en su totalidad, dieron origen en el país a lo que llamamos Estado obrero, que se diferenciaba cualitativamente de los Estados capitalistas (o Estados burgueses). Esas medidas permitieron un salto colosal en el desarrollo del país, a pesar de la dirección burocrática estalinista, llevando el país de una situación de gran atraso económico y tecnológico a una de las mayores potencias mundiales. No obstante, pasó en la práctica sesenta años violentando a los LGBTs y empujándolos al armario muy bien atrancado. Los propios “comunistas” (estalinistas) restauraron por fin el capitalismo, tornándose ellos mismos la burguesía rusa, y masacraron LGBTs en Rusia, en otros pueblos de la URSS y en otros países del mundo, terminando por entregar la riqueza y la organización (el Estado) del pueblo trabajador y pobre en manos de los ricos y poderosos otra vez.

La restauración capitalista promovida por el estalinismo y su derrota en secuencia

En el contexto de una crisis más de la economía soviética en los años 80, la economía imperialista de a poco fue sofocando la economía soviética, llevándola a una crisis de la cual había solo dos salidas: o la liquidación de la economía imperialista mundial, o sea, la continuación del proyecto original de Octubre de realizar la Revolución Mundial o retroceder ante el imperialismo, recurriendo a él en busca de ayuda. A cambio de su renuncia a la Revolución Mundial y de la “carta blanca” dada al imperialismo para dirigir el mundo, la burocracia estalinista conquistó el derecho de beneficiarse de los recursos del Estado obrero y así garantizar sus privilegios, mereciendo al final el derecho de tornarse la nueva burguesía rusa.

En 1986 finalmente llegó el momento en que la burocracia decidió acabar con las medidas obreras. En aquel año, Gorbachov tomó la dirección de la URSS y, con la consigna de la Perestroika, dio inicio a la restauración directa del capitalismo. Bajo la clara dirección de las potencias occidentales, comenzó entonces, clara y consecuentemente, el desmonte de las bases del Estado obrero. A partir de ahí lo que había era: a) las empresas, a pesar de ser todavía estatales ya funcionaban como privadas, con su producción orientada para la ganancia (mercado en lugar de la planificación de la economía), escogiendo libremente sus socios comerciales; b) las empresas recibieron el derecho de negociar libremente con compañías extranjeras (liquidación del monopolio estatal del comercio exterior); c) fueron permitidas todas las formas de propiedad, incluidos los bancos privados; d) se dio inicio a la formación de empresas mixtas con capital extranjero.

Todo eso nos da los elementos necesarios para afirmar que el capitalismo en la ex URSS fue restaurado incluso hacia final de los años 1980, a pesar de haber mantenido todavía, como “sobrevivencias” el papel del Estado en la economía y una serie de conquistas sociales del pasado. El hecho es que el proceso de restauración del capitalismo, desde 1986, llevó (y no podía ser de otra forma) a un violento empeoramiento de la situación económica y social en el país: estanterías vacías en los mercados, filas, mercado ilegal, desempleo, violencia, y caos social.

Pero las masas reaccionaron a la restauración. Como en todos los países de Europa Oriental, en la URSS el pueblo comenzó a protestar y hubo una onda revolucionaria de protestas y huelgas que desestabilizaron el gobierno restauracionista de Gorbachov y, junto con él, el conjunto del proyecto de restauración capitalista.

En 1991, los poderosos se dividieron para responder a la acción de las masas. Una parte de la elite apostó en un proyecto de destruir la resistencia de las masas directamente por la fuerza. Exactamente, este proyecto fue personificado por el Comité Estatal de Emergencia, del cual formaban parte el Ministerio de Defensa, la KGB, el Ministerio del Interior (policía) y otros funcionarios de las Fuerzas Armadas, los “comunistas”, por lo tanto. El objetivo del golpe era derrotar la lucha de las masas, dispersarlas y, así, salvar el régimen en descomposición. Levantaron entonces un golpe de derecha, disfrazado con la bandera roja, pero que fue derrotado por las masas de la URSS, que desmontaban el golpe del segundo aparato militar más fuerte del mundo y derribaban el régimen estalinista que había dirigido el país por más de 60 años y era responsable por la restauración capitalista. Las masas, por lo tanto, no derrotaron el comunismo sino sí una dictadura burguesa, que aún se valía del discurso socialista para imponer sus derrotas al pueblo trabajador.

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Mientras el PC defendía el golpe, el resto de la izquierda vaciló y no apuntó las salidas para que los trabajadores y trabajadoras tomaran el poder político de vuelta en sus manos y planificaran la economía y las demás tareas del Estado Obrero. Las direcciones quedaron paralizadas y eso permitió que Yeltsin encontrase campo abierto para capitalizar la lucha contra el golpe, dirigiendo a las masas y tornándose presidente hasta la llegada de Putin al poder, todavía durante su gobierno. Hasta 1998, Rusia fue palco de muchas movilizaciones de la clase trabajadora, haciendo difícil para la burguesía imponer todo su proyecto. En 1993, durante este ascenso, fue descriminalizada la homosexualidad, y en 1999 sacada de la lista de enfermedades mentales en Rusia.

El gobierno anti-pueblo de Putin

Solamente sofocando las luchas después de 1998, con la llegada de Putin al poder, y de un crecimiento económico por mucho tiempo esperado, la elite rusa pudo conquistar la tranquilidad necesaria, limitar las libertades democráticas, y “rehabilitar” el aparato represivo de la policía y de la FSB (antigua KGB), a pesar de que en un nivel incomparablemente más bajo que durante la dictadura del PCUS.

En 2013, enfrentando resistencia de LGBTs frente al parlamento, el gobierno Putin aprobó la ley que prohíbe la “propaganda homosexual”, además “del lesbianismo y de la pedofilia”, que quedó conocida como ley anti-propaganda LGBT. La ley fue inicialmente aprobada en algunas ciudades de Rusia, incluyendo San Petersburgo, la segunda mayor del país, donde hay muchos guetos y grupos LGBTs. Con eso, no está permitido expresarse en público, luchar por derechos, hacer marchas de orgullo LGBT, discutir la cuestión en las escuelas, o cualquier “propaganda” sobre el tema. El casamiento LGBT está prohibido, y hay punición con multas y prisión. Negaron incluso en 2012 el derecho de hacer marchas de orgullo LGBT por los próximos 100 años.

El conservador y corrupto parlamento ruso aprobó incluso, el año pasado (2017), la “ley de la bofetada”, que descriminaliza la violencia doméstica. La ley legaliza agresiones con dolor físico, desde que no causen “lesiones corporales graves”, y cuando no ocurran más que una vez por año. La violencia a la mujer pasa de ser una ofensa criminal a ser apenas una ofensa administrativa.

La primera Parada LGBT en Moscú se realizó en 2005, sin permiso de las autoridades. Desde entonces, el gobierno nunca aprobó una marcha LGBT, pero todos los años el movimiento resiste y organiza sus luchas como puede, y enfrenta la fuerte represión policial que encuentra siempre. Antes de la ley, en 2011, ya fueron presos más de 40 activistas en la Parada de Moscú, y en 2013, más de 30. El primer año luego de la ley anti-LGBT se informaron por los menos cinco muertes de homosexuales en Moscú, que fueron brutalmente asesinados después de utilizar un aplicativo de encuentros. En una ciudad del sur, un joven asumidamente gay tuvo el pene cortado, botellas colocadas en el ano, y su cabeza habría sido golpeada con una piedra de 20 kg por dos “amigos” luego de que la víctima reveló su sexualidad. A pesar de haberse anunciado como crimen de odio, su familia parece haberse preocupado en decir que el joven no era homosexual.

Los crímenes LGBTfóbicos parecen aumentar cada año, y existe el fortalecimiento y la actuación de diversos grupos de extrema derecha que se valen de la ley para justificar su persecución, agresiones y hasta asesinatos contra LGBTs, o quien quiera que las apoye. La influencia de la Iglesia Católica Ortodoxa, presente entre la oligarquía rusa desde el zarismo, es fortísima, y se vale de la opresión LGBTfóbica y de la ideología de la familia tradicional rusa para garantizar el mantenimiento de sus privilegios y riquezas. Una investigación del Centro Levada dice que 74% de los rusos creen que los gays y las lésbicas sufren problemas mentales. Menos de la mitad de los rusos cree que los homosexuales deben tener los mismos derechos que los heterosexuales.

En Chechenia, dictadura leal a Putin y parte de la Federación Rusa, se mantiene la persecución permanente a LGBTs, con campos de concentración donde son presos, torturados y muertos. Se sabe de más de 100 personas que fueron detenidas en esos campos, y el portavoz del presidente Kadyrov no solo despreció la repercusión de la información como incitó a la violencia: “Si tales personas existiesen en Chechenia, la ley no tendría que preocuparse con ellas, ya que sus parientes los habrían enviado a un lugar de donde nunca volverían”.

Rusia hoy: ¿cuál es su papel en la economía y la política mundiales?

Los gobiernos Yeltsin y Putin pusieron el país bajo la dependencia de préstamos y tecnologías extranjeras, tornándose completamente dependiente de la exportación de petróleo, recolocando a la oligarquía rusa, la iglesia ortodoxa y toda suerte de parásitos en el poder, con sus socios occidentales del imperialismo. Rusia fue recolonizada, y todavía asumió el papel de regulador político de Europa Oriental y del Medio Oriente en nombre de los imperialismos europeos y americano. Arrojó sus bombas en el pueblo sirio, masacró la revolución en Ucrania, y sigue reprimiendo a los pueblos oprimidos de los países más pobres, con ayuda o apoyados por los Estados Unidos y Europa Occidental.

Rusia precisa vender materia prima y sufre de una gran esclavitud tecnológica. Por eso, la consideramos un país semicolonial, que actúa como submetrópoli en su área de influencia. Entender a Rusia como imperialista, como el conjunto de la izquierda la considera, significa no luchar contra el saqueo imperialista en el país ni luchar por la liberación y autodeterminación de los pueblos oprimidos por Rusia. Creer en la “Rusia fuerte” defendida por Putin es legitimar que son los valores atrasados y privilegiados de la oligarquía rusa los trazos culturales más evidentes del proletariado que ya tuvo el Estado en sus manos y liberó a los trabajadores y trabajadoras de la esclavitud doméstica. Es creer que la familia tradicional rusa no tiene LGBTs, y que ser LGBT es influencia del occidente.

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Putin fue responsable de poner a Rusia en una situación económica en descomposición y bajo un régimen autoritario, intentando emborrachar al valeroso proletariado ruso con la confusión de su historia y con una falsa idea de una Rusia fuerte.

Rusia y Brasil, dos potencias mundiales de LGBTfobia

Brasil también es una semicolonia y una submetrópoli en América Latina. Compararlo con Rusia puede generar confusión, principalmente si ignoramos el papel que cumplió la revolución bolchevique en el desarrollo económico ruso. Nuestra economía nunca tuvo tal avance ni nuestro proletariado tal experiencia. Tampoco sufrimos una contrarrevolución que masacrara al pueblo pobre y oprimido. No obstante, tal como en Rusia, los LGBTs viven una desgracia. Este es el país que más mata LGBTs en el mundo, más de la mitad de las muertes de personas trans ocurre aquí, aunque no haya ley anti LGBTs. Aquí no existe la “Rusia fuerte” pero existe el “Brasil para todos”, todos en tanto usted no sea explotado y oprimido. Una burguesía sumisa a los Estados Unidos, con cordón umbilical con las iglesias y el latifundio, una economía basada en la exportación de materias primas, y bajo gobiernos “democráticos” que del PT a la derecha solo hicieron enriquecer a más y más banqueros y grandes empresarios, además de los capitalistas extranjeros. Que durante la mayor crisis que el capitalismo ya vio, viene arrojando sobre las espaldas del pueblo pobre y trabajador toda la cuenta, a costa de más miseria y violencia.

En un país continental y lleno de riquezas como el Brasil, la LGBTfobia, así como el machismo y el racismo, y más recientemente la xenofobia, son ideas fundamentales para garantizar la división y la superexplotación de toda la clase trabajadora.

Los LGBTs en Rusia, a pesar de todo lo que ya conquistaron un día, también sufrieron una dura, larga y violenta masacre física y también ideológica. El estalinismo y después la burguesía y la oligarquía rusas, avanzaron violentamente contra la clase trabajadora, y en el último período viene restringiendo derechos, imponiendo un régimen autoritario, y poniendo a los LGBTs bajo la persecución, el miedo, la miseria, y la muerte constantes. Ciertamente, los LGBTs rusos sufren, diariamente, enfrentando leyes duras, falta de derechos y marginalidad. Según Alexander Kondakov, entre 2011 y 2016 fueron asesinados 149 LGBTs en Rusia. En el mismo período, en el Brasil fueron registradas 193 muertes (GGB).

En el Brasil existe una ausencia histórica de derechos y de leyes para LGBTs, aunque no haya leyes anti-LGBTs. Las características económicas del país, expuestas anteriormente, con la estrecha relación del Estado con la Iglesia católica, y más recientemente con las iglesias evangélicas, que poseen latifundios, empresas de televisión, etc., al mismo tiempo que es un país con una cultura sexual aparentemente “libertaria”, pero que en realidad está repleta de machismo, racismo y LGBTfobia, con gran consumo de pornografía LGBT, así como un “mercado rosa” bien amplio, son elementos importantes para entender por qué el país más “gay-friendly” del mundo también es el país más LGBTfóbico.

Stonewall, Rusia y las LGBTs hoy

La realidad de las LGBTs trabajadoras, pobres y marginalizadas en todo el mundo es de miseria, desempleo, subempleo o ilegalidad, hambre, violencia, miedo y soledad. El capitalismo dividió bien y multiplicó la miseria, la explotación y la opresión por todos los rincones. Durante el período de colaboración del estalinismo con el imperialismo americano, explotó Stonewall en Nueva York, en 1969. Una rebelión de calle, de travestis y transexuales, negras e inmigrantes al frente, derrotando a la policía y las legislaciones absurdas con la lucha directa y en alianza con el movimiento de trabajadores y el movimiento negro que luchaban por derechos y contra la guerra de Vietnam.

La rebelión de Stonewall desbloqueó las luchas y organizaciones de LGBTs por sus derechos, a través de su propia fuerza y de la fuerza de los trabajadores contra los ricos y poderosos. Es un ejemplo para el movimiento y debemos retomarlo, así como retomar la historia de la Revolución Rusa para las LGBTs, para reconquistar la confianza en nuestra propia fuerza y luchar hasta la victoria final.

El papel de los revolucionarios de todo el mundo es defender los derechos de los LGBTs trabajadores, enfrentándose con el imperialismo y poniendo la lucha al servicio de la construcción de una sociedad sin explotación y sin opresión, o sea, poniendo los LGBTs trabajadores en conjunto con el proyecto más acabado de la clase obrera, que es tomar el poder en sus propias manos, destruir el capitalismo en todo el mundo, y construir la revolución socialista mundial.

Traducción: Natalia Estrada.