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Este 28 de junio se conmemoran 50 años de las revueltas de Stonewall, las cuales  marcaron el inicio del movimiento moderno de las luchas LGBTI en el mundo entero. En conmemoración de esta gesta, es que se realizan las marchas del orgullo en junio de cada año.

Por: Vanessa Valverde

En la década de los 50’s y 60’s, una serie medidas y políticas en Estados Unidos establecían una mayor represión contra la población LGBTI. A raíz de este recrudecimiento en la opresión, surgieron las primeras “organizaciones homófilas” con una orientación política de integración y “no confrontación” entre la población gay y lesbiana y la población heterosexual.

Aun así, persiste y se acentúa la discriminación y persecución a la población sexualmente diversa y principalmente a los sectores “no normativos”, es decir travestis, transexuales, Drag Queens, negros, jóvenes afeminados, sin techo y otros.

La noche que los oprimidos hicieron correr al opresor

En Nueva York, entre los números 51 y 53 de la calle Christopher, se ubica el Bar Stonewall Inn, en esa época, administrado por la mafia. El bar era conocido por ser popular entre esta población más marginada de la comunidad LGBTI.

En la década de los 60’s las redadas policiales eran frecuentes en estos bares, pero el 28 junio todo cambió. Por primera vez, la policía perdió el control de la situación y más importante aún, fueron los sectores más oprimidos de la población los que se pusieron al frente de la lucha.

Esa noche a la 1:20 am, cuatro oficiales vestidos de civiles y dos uniformados ingresaron al bar de manera violenta, en una redada que pasará a la historia. Luego de suspender la música y encender las luces, los oficiales de policía dividieron a la población a lo interno del bar. Según lo habitual, oficiales mujeres llevaban a quienes usaran ropas femeninas a los baños para confirmar su sexo y los otros oficiales identificaban a los hombres en el bar.

Pero por primera vez, esto no sucedió. Las mujeres trans y trasvestis se negaron a ir con las oficiales, y los hombres se negaban a entregar sus identificaciones.

Los oficiales decidieron a arrestar a la mayoría de las personas, y echaron del bar al resto mientras esperaban vehículos de apoyo para llevarlos a la comisaría. Sin embargo, quienes salieron del bar no se fueron, sino que rodearon los vehículos de la policía y expectantes esperaron. Poco a poco más personas se sumaron a esta masa y pronto, cientos de personas estaban fuera del icónico bar.

La tensión creció y cuando la policía comenzó a subir a las camionetas a los detenidos, la diversa masa indignada, comenzó a arrojar objetos contra la policía… la revuelta había comenzado. Los más desposeídos, más excluídos, más oprimidos de la población LGBTI hicieron retroceder a la policía; quien se refugió dentro del bar. Y aun así, entraron por ellos.

Los oficiales pidieron refuerzos, y fue enviada la Tactical Police Force (TPF), un escuadrón antimotines que fue creado originalmente para reprimir a los manifestantes contra la guerra de Vietnam.

Aun así, la revuelta valientemente enfrentó e hizo huir a los antidisturbios. Los enfrentamientos continuaron durante los días siguientes, pero era claro que la población oprimida había ganado esa batalla en la calle Christopher.

A raíz de Stonewall, se funda el Frente de Liberación Homosexual cuya experiencia es clave para el desarrollo de varias organizaciones similares en el mundo.

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Al año siguiente, en conmemoración de la revuelta de Stonewall se realizaron las primeras marchas del orgullo en Nueva York y Los Ángeles. En esa ocasión se convocaron hasta 10.000 personas en Nueva York, y esta tradición se mantiene hasta hoy de diferentes países.

Stonewall en la lucha de clases mundial

Un aspecto fundamental para entender lo que sucedió en Stonewall, es el contexto histórico de la lucha de clases en ese momento.

A mediados de la década de los 60s y hasta mediados de los 70s, una oleada de movilizaciones radicales recorre el mundo.

Entre ellas, hoy podemos señalar los diferentes movimientos estudiantiles que despertaron a la lucha en todo el mundo, el movimiento contra la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles de los negros, el mayo francés, la primavera de Praga y hasta la revolución de Portugal.

Todas son luchas contemporáneas al surgimiento de la lucha radical por los derechos de la población LGBTI.

Pero la lucha de la población sexualmente diversa y de identidades de género variante no nace en esta época.

En la historia reciente, podemos situar dos momentos claves anteriores a Stonewall con características muy marcadas.

El primero, se puede situar a finales del siglo XIX hasta los años 30´s del siglo XX principalmente en Alemania y Gran Bretaña. En este periodo, surgen los primeros movimientos que buscan despenalizar la homosexualidad y que el sexo homoerótico consensual quede libre de la injerencia del Estado. Su visión mayoritaria busca un “sustento médico”, esforzándose por encontrar el origen “de la conducta homosexual” en causas genéticas u hormonales. Los exponentes más destacados de esta “etapa” son Karl Urlichs (1825-1895) y Magnus Hirschfeld (1868-1935).

Es en este periodo cuando se acuña por primera vez la díada “homosexual” y “heterosexual”, difundida ampliamente por el psiquiatra alemán Krafft-Ebing quien lo incluyó en su obra Psychopatia sexualis.

Esta misma primera oleada, incluye la legislación en derechos democráticos más avanzadas de la época: la despenalización de la homosexualidad en el Código Penal de 1922 promulgado por los bolcheviques en la Rusia Revolucionaria.

Estos primeros esfuerzos por la despenalización y derechos democráticos estuvieron muy vinculados a las organizaciones de trabajadores de sus respectivos países.

Sin embargo, a partir de los años 30’s tanto el Stalinismo en la URSS como el fascismo y nazismo en el resto de Europa, hicieron retroceder todos los avances logrados por la población LGBTI. En la URSS, después de la aplicación del Código Penal de 1934 que volvía a penalizar la homosexualidad, miles de trabajadores fueron perseguidos, condenados y enviado a campos de concentración por su orientación sexual o identidad de género. Al día de hoy, no existen fuentes certeras del número de personas perseguidas bajo los cincuenta y nueve años de aplicación de esta ley. Algunas fuentes estiman en cientos o decenas de miles, pero aún no es posible conocer con certeza el número real.

La segunda generación, surge posterior a la segunda guerra mundial. Ya en las décadas de 1950 y 1960, como señalamos anteriormente, se recrudece l persecución en los Estados Unidos. En este contexto, surgen nuevas organizaciones que abogaban por la causa de los Gay y Lesbianas, como lo fueron la Sociedad Mattachine en Estados Unidos y el grupo Arcadia en Francia.

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Estas “organizaciones homófilas” inscriben sus acciones principalmente en solicitar reformas legales, pero con un enfoque de “respetabilidad”, pues en el contexto conservador de la época sus esfuerzos se dirigen a hacer propaganda de no enfrentamiento entre homosexuales y heterosexuales. Por esto mismo, en ocasiones tienen un discurso de exclusión a los sectores que ya señalamos como “no normativos”.

Es por esto, que Stonewall parte aguas y toma tanta relevancia internacional. Porque marca el surgimiento de una tercera generación de activistas, muchos marcados por militancias en la izquierda o en los movimientos civiles como el de los negros en Norteamérica. Su componente principal es la acción directa, el espíritu de rebeldía principalmente de los más oprimidos y una crítica fuerte en sus inicios al capitalismo.

De Stonewall a Latinoamérica

La influencia de Stonewall y su movimiento del “Gay Power” llega hasta los países latinoamericanos en los años siguientes. Pero no en forma de calco absoluto, sino como influencia o inspiración, que le dio un impulso importante a los movimientos que ya se gestaban desde antes.

Los que se han señalado como más influyentes en la historia latinoamericana son los procesos de Argentina, México, Colombia y más tardíamente Brasil.

La primera tentativa de organización homosexual en Argentina se gestó en 1969, bajo la dictadura del General Juan Carlos Onganía, en Gerli, un suburbio obrero de Buenos Aires.

Este fue el grupo Nuestro Mundo, bajo el liderazgo de Héctor Anabitarde, quien fuera empleado de correos y exmilitante del Partido Comunista, del cual fue expulsado por su orientación sexual.

La fundación de este grupo, no estaba aún bajo la influencia de los hechos de Stonewall. Sin embargo, ya en 1971, también en Buenos Aires, fue creado el Frente de Liberación Homosexual de Argentina (FLHA). Como se puede percibir por su nombre, este se inspira en el Gay Power norteamericano.

El FLHA funcionaba como una organización que a su vez aglutinaba a por lo menos 10 grupos con activismos diferentes. Desde el citado Nuestro Mundo, anarquistas, activismo lésbico hasta católicos.

El Frente se mantuvo siempre en diálogo con las otras organizaciones feministas de la época, así como mantuvo una aproximación permanente a las posiciones de la izquierda.

En este último sentido, las organizaciones LGBTI latinoamericanas de la época estuvieron atravesadas siempre por la experiencia de los partidos de izquierda, que en varios países luchaban contra sus dictaduras.

En 1973, el FLHA publica “Somos” la primera revista dedicada a la población homosexual de Latinoamérica. Esta revista es la que posteriormente inspirará el nombre del primer grupo brasileño, sobre el que hablaremos en un artículo posterior.

Otro caso a resaltar es el mexicano, donde el movimiento político LGBTI nace de las movilizaciones de la izquierda contra el gobierno opresor. En este país, fue el Partido Comunista Mexicano el que incluyó en sus principios que nadie debe ser discriminado por raza, sexo, religión u orientación sexual; algo que rompe con lo mantenido hasta el momento en relación a la orientación sexual en los partidos comunistas.

En 1979 se realizó la Primera Marcha del Orgullo Homosexual en la Ciudad de México, organizada por el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, Grupo Autónomo de Lesbianas Oikabeth y el Grupo Lambda de Liberación Homosexual.

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Ya en Colombia fue en el año 1970 que se fundó el Movimiento por la Liberación Homosexual, que organiza las primeras actividades en el país así como la primera Marcha del Orgullo.

La lucha contra la opresión no acabó

A cincuenta años de Stonewall, podemos decir con orgullo que hemos defendido nuestros derechos. Pero no hemos acabado con la opresión contra la población LGBTI.

La homolesbobitransfóbia sigue presente en todos los países del mundo. Y es que, tal como en sus inicios lo identificó el movimiento de Stonewall, es el sistema capitalista el que perpetúa la opresión contra nosotros y nosotras.

Es este sistema el que fomenta la desigualdad, la opresión de grandes sectores de la clase trabajadora; porque es así que logra su división para sobre explotar y garantizar que no logremos la unidad necesaria para luchar contra él.

Nos dividen por color de piel, por nacionalidad, por orientación sexual, por identidad de género, por sexo; y todo para que no nos unamos, para que no peleemos juntos por los derechos de todos.

La lucha contra la opresión de la población LGBTI no es solo una lucha por un derecho democrático o de los Derechos Humanos, es una lucha que tiene un valor esencial para los revolucionarios. Es la lucha contra la opresión de un sector de la clase trabajadora, es la lucha por la unidad de toda la clase para derrotar a la burguesía.

Los bolcheviques en Rusia plantearon siempre la lucha frontal contra las opresiones, teniendo en mente principalmente la lucha contra el antisemitismo, las opresiones nacionales y la opresión hacia la mujer. Pero de manera acertada y a pesar de la visión patologizada de su época, reconocieron que también había que combatir la lgbtfobia para unir a la clase trabajadora.

Nuestras organizaciones revolucionarias, hoy están llamadas a continuar esta lucha contra la opresión hacia la población LGBTI en el mundo.

Por eso en esta fecha, rescatamos la historia de lucha del movimiento LGBTI y de nuestra propia corriente, que busca la unidad de la clase y combatir la homolesbobitransfobia a lo interno de las organizaciones de trabajadores y al sistema explotador y opresor que la fomenta.