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Cada 21 de octubre, en el mundo se realiza el día de acción por la despatologización trans. A diferencia de la homosexualidad, las identidades trans siguen siendo consideradas por las organizaciones internacionales como una enfermedad, lo que condena a la población trans a una vida de discriminación. 

Por: Vanessa Valverde

Si bien en junio de este año, la Organización Mundial de la Salud anunció los cambios en la 11 versión del Código Internacional de Enfermedades, eliminando las referencias a las identidades trans del capítulo de “Transtornos mentales y de comportamiento” para incluir el término de “Incongruencia de género” en un nuevo apartado de “Condiciones relacionadas con la salud sexual”.

Este cambio continúa siendo insuficiente, pues sigue incluyendo en una manual de enfermedades una condición que no lo es, marcando aún un sesgo de patologización. Esta nueva versión del código se discutirá y aprobará en la Asamblea del 2019. A manera de ejemplo, la homosexualidad fue eliminada de ese código desde 1990.

La población trans en el mundo, sigue siendo hasta hoy uno de los sectores más oprimidos de la sociedad. La discriminación y exclusión que viven durante su vida, se refleja inclusive en la patologización de sus identidades, considerándoseles según los manuales médicos como el aún vigente CIE-10, personas que sufren de transtornos mentales.

Es por esto, que en muchos países del mundo, al día de hoy la población trans no puede acceder al derecho legítimo de corregir sus registros legales según el nombre y sexo con el que se identifican. Mientras que en otros países, deben contar con un diagnóstico psiquiátrico que certifique “su transtorno”, para acceder a servicios médicos de reemplazos hormonales y la corrección de sus documentos de identidad.

En otras ocasiones, las leyes nacionales son más violentas, pues para acceder a la rectificación legal de sus documentos se debe realizar previamente una esterilización química o cirugías obligatorias.

Solo en Europa, la organización Transgender Europe indicaba que para el 2017, 41 países brindaban la posibilidad de rectificar el sexo de las personas trans. De esos, 20 países solicitan la esterilización forzosa, 36 exigen un diagnóstico psiquiátrico y 23 obligan al divorcio, en caso de existir un matrimonio previo.

Latinoamérica y violencia contra la población trans

Por otra parte, Latinoamérica es la región más violenta del mundo para la población trans. Ya en el 2016, un estudio de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre la situación de las personas trans en Latinoamérica, informaba que el promedio de vida de la población trans en esta región es de 35 años, muy por debajo del resto de la población.

Al analizar la situación de 20 países en la región, solamente 4 cuentan con una legislación que permite la rectificación del nombre y sexo de las personas trans (Argentina, Uruguay, Bolivia y Chile); mientras los otros 15 no permiten del todo el trámite, o limitan el derecho a únicamente el nombre o a procesos judiciales no concluyentes (Belice, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Panamá, República Dominicana, Paraguay, Perú, Venezuela y México).

La opresión y el aumento de las muertes de personas trans

Es en este panorama que surge con más fuerza la lucha por la despatologización de las identidades trans, pues la falta de reconocimiento de su identidad por parte de los Estados, la falta de atención para procedimientos médicos o redes de apoyo, el machismo y la falta de información, hacen que la población trans sea más excluida y discriminada.

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La población trans es la que sufre de mayores cuadros de depresión y tasas más altas de suicidio. Pero estos males no son producto de su identidad de género, sino que se deben a un ambiente opresivo y la discriminación social, que empieza por los estados.

Solo en México, la Clínica especializada CONDESA publicó en el 2016 un estudio que indica que el 83% de la población trans sufre de distrés psicológico y 76% de depresión. Y esto, pues el 84% sufrió rechazo familiar por su condición transgénero y 32% indica sufrir discriminación abierta.

Además de esto, el 95% sufrió violencia psicológica, 52% violencia física y un 28% violencia sexual.

En la misma línea, en el 2017 la organización “Todo Mejora” en Chile indicó en su estudio que 1 de cada 4 jóvenes LGBTI han cometido al menos una vez, un intento de suicidio. Pero en el caso de la población trans, las cifras de intentos de suicidio se agravan.

En EEUU, 8 de cada 10 adolescentes trans en período escolar se han infringido daños corporales y al menos el 45% se ha realizado un intento de suicidio. Las cifras pueden ser superiores en Latinoamérica, al ser una región con mayores índices de violencia hacia las personas trans.

En la mayoría de los países, no existe un conteo oficial por parte de los Estados de las muertes y crímenes de odio hacia la población LGBTI. Por lo que esta labor estadística ha sido tomada por organizaciones independientes. Basándonos en los datos del Observatorio de Personas Trans Asesinadas, que sistematiza informaciones de 68 países, entre el 2008 y el 2017, el 78% de los asesinatos de personas trans en el mundo ocurrieron en Centroamérica y América del Sur.

Según esta organización, en números absolutos Brasil es el país del mundo que más personas trans mueren de manera violenta. Pero en proporción a su población, Honduras y El Salvador son los países más violentos, con cerca de 11 y 6 asesinatos por cada millón de habitantes, respectivamente.

En los últimos años, ha operado un crecimiento en la cantidad de muertes y la violencia de las mismas en la región. Por ejemplo, en Brasil, donde cada 19 horas es asesinada una persona LGBTI, entre el 2016 y 2017 los asesinatos crecieron en un 30%; según denunció el Grupo Gay Bahía, organización civil que levanta los datos desde hace 38 años. En este país, solo en lo que va del año, se han registrado más de 100 muertes de personas trans.

De igual manera, en agosto de este año, la ONU emitió un comunicado de preocupación por el dramático aumento de asesinatos de personas trans en México. En este país se registraron 10 muertes en tan solo un mes.

Sin embargo, los datos pueden ser más altos que lo reflejado en la estadística, pues las organizaciones tienen que basarse principalmente en monitoreo de noticias y denuncias independientes. Y en el caso de la población trans, en muchos casos los mismos medios de comunicación y los entes judiciales no respetan la identidad de género de la víctima, informando de la muerte de “un hombre” en el caso de las mujeres trans, o de “una mujer” cuando se refiere a un hombre trans.

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El origen de la opresión hacia la población trans

Es reconocido por varios investigadores, que la historia de la opresión trans en muchos casos ha sido ignorada o diluida en la historia de la homosexualidad. Pero lo cierto es que en muchas sociedades anteriores del surgimiento del capitalismo, ya existían conductas de variante de género reconocidas de manera independiente al comportamiento sexual.

Como marxistas, ubicamos el surgimiento de la opresión hacia las mujeres con el surgimiento del excedente en la producción. Es decir, con el desarrollo de las sociedades de clanes de cazadores-recolectores, hacia sociedades con una estratificación de clases y sistema patrilineal; que para garantizar con seguridad la herencia de los hombres a su linaje, establece la monogamia y sanciona las relaciones sexuales ocasionales entre las personas. Es en este mismo momento, cuando para fortalecer esta nueva organización social, surge innumerables creencias sobre la inferioridad de la mujer. Se establece una estricta regulación sobre la sexualidad de las mujeres, a fin de controlar la procreación dentro del matrimonio. Es cuando también se establece la prohibición a los comportamientos de variante de género y las conductas homosexuales, como parte de los esfuerzos de cumplir con roles de género más definidos y diferenciados.

La evidencia en textos que prohíben las prácticas de género variante y que buscan establecer una demarcación de la imagen de los hombres, con modos diferentes a los “atuendos femeninos”, llevan implícitamente la noción de que estas prácticas fueron comunes y socialmente aceptadas en periodos anteriores. Lo cual ha sido reforzado con sus respectivos estudios antropológicos.

Ahora bien, la revolución industrial cambia sustancialmente, la situación de las opresiones. En el caso de la opresión hacia las personas con orientaciones sexuales diversas, existe una relajamiento en la normas al menos a nivel legal a finales del siglo 18, después de la revolución francesa. Es ahí cuando el Código Napoleónico elimina los actos homosexuales de la lista de ofensas.

Pero con el surgimiento del capitalismo industrial, se genera una enorme contradicción en la estructura de la familia nuclear en la clase obrera. El capitalismo incorpora a las fábricas tanto a hombres como mujeres y niños, socavando el orden propio del modelo de familia nuclear. Surgen entonces las condiciones históricas para un cambio en la organización familiar hacia una colectivización, y una mayor libertad de las relaciones sexuales y roles de género.

Sin embargo, esta inestabilidad de la familia nuclear, da al traste también con el papel de la familia obrera como unidad social que provea, a un precio relativamente bajo, la reproducción de la mano de obra.

Es ahí donde autores como la historiadora Laura Miles, señala en su artículo “Opresión transexual y resistencia”:

“La tendencia a la destrucción de la familia obrera en el capitalismo temprano, a través de la rápida urbanización y el sistema fabril, horrorizó a muchos burgueses y llevó a los reformistas burgueses a buscar los medios para garantizar su supervivencia en interés del capitalismo a largo plazo. La legislación para controlar el trabajo infantil y para crear el «salario familiar» (destinado a excluir a las mujeres de las ocupaciones industriales) contribuyó a fomentar las condiciones materiales para la reproducción privatizada de la mano de obra a través de la promoción de la familia nuclear obrera, siguiendo el modelo de la familia burguesa.”

Es este el contexto de endurecimiento de la opresión, para personas LGBTI y para las mujeres, en el que se lleva a cabo el juicio contra Oscar Wilde en 1895.

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La lucha contra la opresión es una tarea de los revolucionarios

Al analizar el origen de la opresión contra las identidades trans, salta a la vista que están entrelazadas al origen de la opresión contra las mujeres. Es por eso que ambos sectores deben buscar la unidad para acabar con la opresión.

Es necesario hacer este análisis sobre el origen de las opresiones, para entender también cuál es su papel en la sociedad capitalista actual. Hoy el capitalismo, en su afán de maximizar las ganancias y profundizar la explotación a la clase obrera, aprovecha la opresión hacia las mujeres y hacia la población LGBTI para dividir a la clase obrera y enmascarar la verdadera división social: la división de clases confrontadas entre sí.

Es por esto, que en su momento, los revolucionarios siempre han llamado a luchar con todas sus fuerzas en contra de la opresión; pues es la única forma de garantizar la unidad de la clase obrera para derrotar a la burguesía.

Los bolcheviques en Rusia, plantearon siempre la lucha frontal contra las opresiones, teniendo en mente principalmente la lucha contra el antisemitismo, las opresiones nacionales y la opresión hacia la mujer. Mas cuando toman el poder, garantizan una serie de políticas que van en favor de combatir la opresión hacia las personas LGBTI.

Nuestras organizaciones revolucionarias, hoy están llamadas a continuar esta lucha contra la opresión hacia la población LGBTI, y hoy particularmente hacia la población trans en el mundo; abogando por la despatologización total de su condición, luchando por el reconocimiento de su derecho a la identidad, por acceso a los servicios básicos de salud y educación sin ningún tipo de discriminación, a programas de atención especializada en salud y al pleno empleo.

Debemos combatir todo tipo de transfobia, a lo interno de las organizaciones de trabajadores y en las políticas públicas de los Estados.