Compartir

La foto del salvadoreño Óscar Ramírez y su hija, Angie, ambos abrazados sin vida en la orilla del Río Bravo causó consternación e indignación alrededor del mundo. Como de costumbre en momentos de dolor colectivo, varios políticos vinieron a público expresar su solidaridad con los familiares de los fallecidos y prometer dinero para mejorar el sistema migratorio de Estados Unidos.

Por Gabriel Huland

Óscar y su familia habían salido de El Salvador algunos meses antes con el plan de llegar a Dallas (Tex), juntarse a familiares suyos y reconstruir sus vidas lejos de la miseria y la violencia que asolan su país. Más de 1,35 millones de salvadoreños viven en EEUU, casi el 30% de la población del país, que es de aproximadamente 4 millones de personas. Las remesas enviadas por migrantes salvadoreños suman más de 20% del PIB del pequeño país centroamericano.

La migración salvadoreña a Estados Unidos (EEUU) dio un salto durante la sangrienta guerra civil que cobró la vida de más de 75.000 personas entre 1970 y 1992, cuando se firmaron los acuerdos de paz de Chapultepec. La guerrilla popular dirigida por el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) luchó contra un régimen dictatorial apoyado por los gobiernos norteamericanos de Carter y Reagan. En el año 83, según el periódico The Philadelphia Enquirer[1], asesores estadounidenses enviados por Ronald Reagan ocupaban puestos claves en el ejército salvadoreño, conduciendo en la práctica la guerra contra la insurrección popular.

Así como Óscar, miles de personas de diferentes países centroamericanos arriesgan sus vidas diariamente en el intento de llegar a EEUU y cumplir el “sueño americano” de vivir dignamente. De octubre de 2018 a abril de 2019, según el Pew Research Center[2], las autoridades norteamericanas detuvieron a cerca de 92.000 personas en la frontera entre México y Estados Unidos. Agencias del gobierno norteamericano, distintos institutos de investigación y los principales medios de comunicación hablan de una crisis en la frontera sur.

Las escenas son dantescas. Sólo este año, casi 300 personas perdieron la vida intentando entrar a EEUU, en 2017 este número llegó a 412. Los que sobreviven deben soportar condiciones insalubres en los centros de detención, en los que niños y niñas son separados de sus padres y reclusos sufren tortura y malos tratos. La diputada demócrata Alexandra Ocasio-Córtez comparó los centros de detención para inmigrantes con los campos de concentración nazis, generando un intenso debate en EEUU. La comparación no podría ser más adecuada.

Trump utiliza la cuestión migratoria para crear confusión y miedo entre la población, y aglutinar su base electoral con vistas a las próximas elecciones presidenciales. En distintos discursos políticos, el racista y xenófobo presidente de Estados Unidos calificó a las y los migrantes de traficantes, violadores y secuestradores. También habló de invasión al referirse a las varias caravanas migrantes que partieron recientemente de diferentes puntos de Centroamérica, y que estaban formadas por miles de personas, en muchos casos familias enteras.

En general, una parte significativa del establishment norteamericano se distanció de las declaraciones racistas de Trump, aunque su casi totalidad, tanto demócratas como republicanos, haya aceptado la idea de “crisis en la frontera sur”.

Al contrario de lo que muchos podrán imaginar, cuando miramos a los hechos, las políticas migratorias del xenófobo Trump y su antecesor Obama no se diferencian tanto. El expresidente de Estados Unidos deportó, entre 2009 y 2016, a cerca de 3 millones de personas. Si, por un lado, Obama legalizó a un pequeño número de los llamados “dreamers” (migrantes llegados a EEUU como menores de edad), por el otro, fortaleció el sistema represivo en la frontera. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza vio su número de efectivos llegar a casi 60.000 personas y su presupuesto superar a los U$16 billones, convirtiéndose en la agencia pública más grande de EEUU.

Lea también  Cabanagem (parte 2): esclavos, indios y campesinos pobres contra el Imperio

En lo que respecta a políticas migratorias, demócratas y republicanos discrepan en los discursos, pero sus políticas no se distancian demasiado. Ambos partidos defienden reducir la entrada de personas indocumentadas en el país. Mientras Trump habla de construir su infame muro, los demócratas se inclinan a salidas menos “descaradas», como la implantación de tecnologías de detección de personas y acuerdos con los países productores de migrantes.

Ambos partidos saben que EEUU necesita mano de obra extranjera. Esto se da tanto a causa del envejecimiento de la población – y el consecuente aumento de la demanda por fuerza de trabajo joven – como porque la mano de obra migrante, al tener menos derechos y peores salarios, presiona la totalidad de los salarios a la baja.

Caravanas de migrantes, ¿un fenómeno nuevo?

Las caravanas migrantes centroamericanas no se tratan de un fenómeno totalmente nuevo. Se pudo observar algo similar en 2015, durante la crisis de los refugiados en Europa, caracterizada por todos como la mayor entrada de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En aquel dramático verano, millones de sirios, iraquíes, afganos y personas de muchas otras nacionalidades entraron a Europa por Turquía en dirección a los países más ricos del continente, como Alemania, Suecia y Dinamarca. Tras muchísima polémica y desacuerdos entre los líderes europeos, la crisis se cerró un año después con la firma del acuerdo migratorio entre la Unión Europea (UE) y Turquía, del que hablaremos más adelante.

Caravanas también se forman en las rutas migratorias que cruzan el Sáhara, como la que se inicia en Senegal, sigue hasta Libia por tierra y luego por mar a Lampedusa, cuando las y los migrantes arriesgan sus vidas en precarias pateras. La detención de Carola Rackete, capitana del Sea Watch 3, ordenada por el extremista ministro italiano del Interior Matteo Salvini, evidencia que la crisis migratoria en el mediterráneo está lejos de solucionarse.

La migración se trata de un fenómeno colectivo, no se genera exclusivamente por una decisión personal de cambiar de país, sino por problemas sociales profundos que afectan a millones de personas, como la pobreza, el desempleo, las tragedias ambientales y las guerras.

En Centroamérica, las caravanas migrantes son un producto más de la durísima crisis social que golpea países como Honduras, Guatemala y El Salvador desde hace décadas. La miseria, el paro y el hambre empujan a una parte de la población a realizar la larga travesía de más de tres mil kilómetros en condiciones infrahumanas, enfrentando todo tipo de obstáculos climáticos, geográficos y sociales.

Entre otros factores, esta catástrofe social tiene relación con las décadas y décadas de injerencia externa norteamericana en Centroamérica, así como con las varias dictaduras sanguinarias que estuvieron en el poder en los países de la zona, casi todas ellas apoyadas por EEUU. La dictadura de Somoza en Nicaragua y los varios regímenes militares en El Salvador, Honduras y Guatemala son algunos ejemplos de ello.

Lea también  FCA y Renault: la fusión entre burgueses la pagaremos los obreros

También tiene que ver, más recientemente, con la aplicación de políticas neoliberales y tratados de libre comercio con EEUU. En muchos casos, los gobiernos centroamericanos que aplican la agenda neoliberal son considerados progresistas, como los del FMLN en El Salvador, que estuvo en el poder del 2009 al 2019, y el de Daniel Ortega en Nicaragua. Las caravanas migrantes sólo se pueden entender en este contexto.

Centroamérica vive un proceso de luchas que viene arrastrándose por muchos años. El pueblo nicaragüense, por ejemplo, protagonizó una gran rebelión popular contra el gobierno sandinista de Daniel Ortega, una dictadura disfrazada de gobierno progresista y apoyada por distintos segmentos de la izquierda mundial. Honduras vive actualmente un proceso similar, con movilizaciones callejeras fuertísimas en contra del presidente Juan Orlando Hernández.

Las caravanas migrantes son parte de la resistencia contra la catástrofe social que afecta Centroamérica. Decenas de miles de personas vieron en ellas una manera de defenderse del acoso de las mafias, las bandas criminales, y la represión policial que sufren en sus países, pero sobretodo en México.

Trump y AMLO reprimen a las migrantes

Tanto Trump, en Estados Unidos, como Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en México, reaccionan ante las caravanas migrantes con políticas represivas. Trump lo hace abiertamente, sin palabrería, atacando a las y los migrantes como si se trataran de criminales, traficantes, violadores, y vagabundos. El racista presidente de Estados Unidos desplegó tropas a la frontera, la cerró en parte con concertina y endureció las leyes migratorias vigentes en su país. Su objetivo es claro. Por un lado, hacer todo lo que esté a su alcance para impedir la entrada de refugiados en Estados Unidos. Por el otro, como dicho antes, sacar beneficio electoral al tema de cara a las elecciones presidenciales del año que viene.

El presidente de México, a su vez, emplea un tono distinto al de Trump, pero implementa una política similar. AMLO busca dar una cara humanitaria a la cuestión, habla de respetar los derechos básicos de las y los migrantes y en algunos casos les ofrece visas humanitarias. Sin embargo, de la misma manera que Trump, desplegó tropas a la frontera con Guatemala para impedir la entrada de migrantes en su país. Migrantes y ONG denuncian abusos diarios contra migrantes perpetrados por las autoridades mexicanas.

El reciente acuerdo firmado entre EEUU y México evidencia que los dos líderes difieren poco a la hora de criminalizar a la migración. El acuerdo también refleja el grado de sumisión de México a EEUU. AMLO aceptó casi todas las exigencias de Trump, excepto una, la de que los migrantes centroamericanos fuesen obligados a pedir asilo en el primer país extranjero a que entraran. Esta medida colapsaría el sistema migratorio de México. Todas las demás – el envío de tropas a la frontera y que los migrantes esperen en México por la resolución judicial de sus pedidos de asilo – ya entraron en vigor.

Lea también  Johnson y su gabinete: comienza el derramamiento de sangre

Por otro lado, el reciente acuerdo migratorio entre México y EEUU guarda similitudes importantes con el firmado en 2016 entre la Unión Europea (UE) y Turquía para detener la entrada a Europa de refugiados oriundos de Medio Oriente y Asia. La principal diferencia es que, en el primer caso, el acuerdo se firmó tras los chantajes de Trump, y en el segundo se dio en condiciones más amistosas, con Europa ofreciendo una gran cantidad de dinero (6 mil millones de euros) al presidente turco Erdogan.

Los dos acuerdos, sin embargo, tienen el mismo objetivo, detener la migración y cerrar fronteras. La guardia costera turca, financiada en parte con dinero de la UE, detiene las embarcaciones que llevan las y los refugiados a la costa griega, las hacen volver a Turquía y reprimen violentamente los que se niegan a hacerlo. Es la misma represión que sufren los centroamericanos en México y los subsaharianos en el Norte de África. Así como en el caso de México, distintas ONG denuncian no solo la violencia utilizada por la guardia costera turca, sino las pésimas condiciones en que viven las refugiadas sirias en Turquía.

Migrar no es delito

Cada vez más personas se ven obligadas a abandonar sus tierras y buscar una vida mejor en otro país. El número de migrantes en el mundo no ha dejado de crecer, habiendo superado en 2015 a los 240 millones, un crecimiento del 40% en relación a 2000, según las Naciones Unidas. Migrar no es un delito, como cree Trump y otros muchos líderes mundiales, como el anteriormente mencionado Salvini.

El derecho a migrar para huir de la persecución política – pero también del hambre y la miseria – debe dejar de ser letra muerta en los tratados internacionales. Las migrantes no somos delincuentes. Todas las personas que lleguen a la frontera sur de Estados Unidos y deseen vivir y trabajar en este país deben poder hacerlo libremente. Esta es la única manera de evitar que casos como el de Oscar y Angie sigan ocurriendo.

Notas:

[1] http://nl.newsbank.com/nl-search/we/Archives?p_multi=PI%7C&p_product=PHNP&p_theme=phnp&p_action=search&p_maxdocs=200&s_dispstring=Title(HOW+U.S.+ADVISERS+RUN+THE+WAR+IN+EL+SALVADOR)+AND+date(all)&p_field_advanced-0=title&p_text_advanced-0=(%22HOW+U.S.+ADVISERS+RUN+THE+WAR+IN+EL+SALVADOR%22)&xcal_numdocs=20&p_perpage=10&p_sort=YMD_date:D&xcal_useweights=no

[2] https://www.pewresearch.org/fact-tank/2019/06/12/migrant-apprehensions-and-deportations-increase-in-mexico-but-remain-below-recent-highs/