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La marcha de inmigrantes le muestra al mundo el drama de millones de personas con hambre, desempleo y miseria.

Por Soraya Misleh, de São Paulo (SP)

La gigantesca caravana de migrantes, oriundos de países de América Central, como Honduras, El Salvador y Guatemala, que atraviesa México hace aproximadamente diez días, rumbo a los Estados Unidos, le expone al mundo la tragedia de la política colonial, impuesta por el imperialismo. Según un reportaje de la BBC, la iniciativa partió de un grupo de mil hondureños que salieron de su ciudad – San Pedro Sur – como resultado del desempleo y la violencia. Millares de personas se sumaron con el paso de la caravana.

Caminando kilómetros bajo el sol, en la oscuridad, con niños en los hombros o en los brazos cansados y con las manos llenas de callos, dicen que quieren, además de escapar de su destino “manifestado” por el imperialismo, mostrarle al mundo su sufrimiento. Lo han venido logrando. Rompieron la usual invisibilidad en los medios tradicionales. Han llamado la atención hacia una situación que no se restringe a la región, en que los tratados de libre comercio son los grandes villanos, ya que profundizaron la privatización y la flexibilización de las relaciones de trabajo, ampliando la pobreza, el hambre y el desempleo. Entre los hondureños, que son los mayores representantes de la caravana, casi el 70% se encuentra en la pobreza en un total de 8,8 millones de habitantes (vea la nota de la Liga Internacional de los Trabajadores “¡Rodear de solidaridad la caravana de los migrantes”!).

La masa de personas que ha conmovido al mundo trae a la luz un problema global. En pleno siglo XXI, ante la crisis mundial del capitalismo, el número de refugiados y dislocados por el hambre, la pobreza o los gobiernos tiranos dio un salto, a partir de 2016, para 65,6 millones de personas. Es la mayor crisis migratoria desde el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.
La mayoría proviene de África y del Oriente Medio – siendo los sirios la mitad de los que componen el flujo anual, ante la bárbara represión del dictador Bashar Al-Assad a la poderosa revolución, iniciada en marzo de 2011 en la llamada Primavera Árabe en países vecinos, que derrocó tiranos y puso en jaque al orden imperialista.

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En la onda de los que salen de Siria, también están palestinos – cuya gran parte de la población vive fuera de sus tierras y enfrenta la situación de refugio más larga de la era contemporánea, desde la Nakba (catástrofe que representó la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948, mediante una limpieza étnica). Muchos de los que vivían en campos en Siria fueron obligados a dejar el país árabe en busca de un nuevo refugio para no morir de hambre o de bala, a manos de Assad, o ser presos o torturados. Hoy suman 5 millones en los campos, reconocidos por la Naciones Unidas, más los millones que están en la diáspora. Un tragedia que solo acabará con el fin del proyecto colonial mantenido por el imperialismo, en alianza con los gobiernos tiranos en la región.

La crisis migratoria fue objeto de la campaña que eligió Trump – dividiendo a los trabajadores con su discurso xenófobo de que los inmigrantes les robarían el empleo a los estadounidenses. El fracaso de la imágenes de separación de los niños de sus padres en centros de detención de inmigrantes, a mediados de este año, lo obligó a rever esa iniciativa absurda – pero los dislocados de sus países por la acción del imperialismo, en alianza con los gobiernos locales, continúan estando en la mirilla.

El tema sigue siendo importante internamente. Hace prácticamente una semana del pleito para el Congreso estadounidense. Como recuerda el reportaje en el Portal G1, “acabar con la inmigración ilegal fue una de las principales promesas de campaña de Trump cuando disputaba la presidencia y la caravana es exactamente el tipo de cuestión que puede movilizar a sus apoyadores”. Ellos han afirmado que la acción tiene motivación política y que sus opositores están por detrás de todo eso. Su aliado, el presidente de México, Peña Nieto, intentó impedirles la entrada al país, pero la caravana rompió el bloqueo.  El gobierno mexicano ha estimulado el pedido de asilo para los que entraron en el territorio y ha buscado convencerlos de no seguir viaje.

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Además de reforzar la presencia militar en la frontera, Trump amenazó con cortarles la ayuda a los países de origen de los migrantes – lo que culminó en la repatriación por parte del gobierno hondureño, de 3,4 mil, además de una propaganda para que los ciudadanos abandonen la caravana y no se sumen a ella. Sin nada que perder, ellos perseveran.

Es urgente rodear de solidaridad a los migrantes y a todos los refugiados, además de fortalecer la organización de la clase trabajadora en todo el mundo, por el fin de las políticas coloniales y contra toda forma de opresión y explotación. ¡Ningún ser humano es ilegal!