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Para aquellas que escogieron el deporte, la lucha contra el machismo es diaria.

Por: Gabriela Hipólito

El año es 1983. Después de 40 años prohibido, el fútbol de mujeres es reglamentado en el Brasil.

Juego de fútbol femenino en 1941.

La prohibición, que data de 1941, en realidad estaba en gestación décadas antes, cuando el surgimiento del fútbol. Siendo un deporte traído por Inglaterra y practicado por las elites como un hobby, no solo las mujeres sino también los trabajadores eran presionados para no practicarlo. Otro rechazo explícito era la participación de personas negras en los clubes. En los años de 1930, no obstante, comienza esa reglamentación rumbo a la profesionalización de los hombres en el fútbol. A contramano de ese proceso, ya durante los años de 1920, el fútbol de mujeres pasa a ser atracción de circos y de todo y cualquier espacio que no lo caracterizase como deporte.

Prohibido en la era Vargas [Getúlio Vargas, presidente del país entre 1934 y 1945, y nuevamente entre 1951 y 1954] y con una legislación endurecida a partir de la dictadura militar, jugar fútbol siendo mujer era caso de policía. Incluso con toda esa represión, las mujeres no pararon de jugar. Un hecho curioso es que la propia Policía Militar tenía su equipo de fútbol entre las mujeres. Otro factor que impedía el avance de la modalidad era la represión cultural al deporte, en el cual se juzgaba peyorativamente la participación de las mujeres en los ambientes familiares y de trabajo.

Con la presión internacional para el avance de la modalidad (que también fue impedida por décadas en países como Inglaterra, Alemania y Francia), el Brasil lo reglamenta, pero solo pasa a tener su primera selección de mujeres en 1988.

De 1991 (primera) hasta hoy, el Brasil estuvo en todas las ediciones del Mundial, pero, al contrario del fútbol de los hombres, el reconocimiento a la modalidad aún está lejos de ser satisfactorio en el país. En tiempo de Mundial abierto en red nacional, al ver a nuestra selección jugando de igual a igual con grandes equipos del mundo, puede parecer que no existe un abismo entre hombres y mujeres. Pero él está ahí.

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El abismo de la desigualdad

Si los salarios son sabidamente incomparables en el fútbol para hombres y para mujeres, cosas más básicas, como el propio uniforme, este año presenta una versión inédita. Eso mismo: en el país del fútbol, la selección de mujeres jugaba con sobras de material y diseños de los hombres. Pero esos pequeños “detalles” son solo la punta de un iceberg de desigualdad.

La selección femenina de fútbol fue subcampeona en el Mundial de 2007.

En 2017, Cristiane, ya estrella del equipo al lado de Marta y Formiga, decidió abandonar la selección brasileña luego de que la primera técnica mujer fue despedida. Tiempo récord si lo comparamos con el de los hombres, todos con como mínimo un año de trabajo. El movimiento comenzado por Cristiane llevó al total de cinco jugadoras para afuera de la selección en señal de protesta. En aquel momento reivindicaban condiciones de trabajo dignas y más visibilidad para el fútbol hecho por ellas. La protesta iniciada por Cristiane tuvo eco. Algunos elementos estructurales fueron alterados y se establecieron mejores condiciones. El año pasado, la jugadora resolvió ceder a los innumerables pedidos de regreso a la selección y justificó la decisión con los cambios, que ella considera insuficientes pero importantes.

Si a nivel nacional la selección brasileña siempre oyó que solo existe porque “la masculina sostiene” la modalidad, en los Estados aún es tratada como amateur, con pocos equipos organizados y estructurados. Hoy, para todo club de la categoría A del fútbol brasileño se exige la creación de equipos de mujeres. Pero esa definición tampoco garantiza la profesionalización, o sea, que las mujeres puedan tener el fútbol como única profesión. Esa definición, lejos de ser un pionerismo de la CBF [Confederación Brasileña de Fútbol], en realidad responde a las exigencias internacionales para los equipos profesionales de los hombres, previendo puniciones en caso de que son sean cumplidas.

Ser madre y atleta

Si en el mercado de trabajo en general es difícil tomar la decisión de tener un hijo, para las mujeres del fútbol eso es algo casi impensable. Estamos acostumbrados a ver a los hijos de los jugadores; al final, poco se transforma en su rutina de atleta por tener un hijo. En cambio si es mujer, sin embargo, la realidad es bien diferente. En toda la selección, la única jugadora que tiene un hijo es Tamires. Él nació en el inicio de la carrera profesional de su madre, y ella dejó el deporte dos veces, la segunda priorizando el trabajo del marido, también futbolista. Solo en los últimos años consiguió conciliar el fútbol con la maternidad, actuando en un equipo danés y llevando con ella a toda la familia.

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Fútbol para superación

Si en los equipos de fútbol de los hombres vemos muchos casos de superación y salida de la pobreza, en el fútbol femenino esas historias también ocurren. A pesar de la poca profesionalización, muchas jóvenes ven en el deporte una carrera y una forma de cambiar la vida. La mayor barrera sigue siendo la misma: la inversión en ellas. Marta, después del fin del equipo de mujeres del Vasco [da Gama], se vio sin club hasta recibir el apoyo de una entrenadora del interior de Minas Gerais que la convidó para jugar allá, en el inicio de los años 2000. Ludmila, joven atacante promisora, utilizó el deporte para driblar la marginalidad a la cual fue lanzada por la incapacidad de la madre para criarla y la muerte prematura de la hermana por dependencia química.

La lucha dentro y fuera del campo debe seguir, como hizo Cristiane en 2017, e ir más allá. Dignidad en las condiciones de trabajo, combate al machismo, y respeto a las profesionales que dedican completamente sus vidas al deporte y son vistas como un producto por los clubes, patrocinadores y federaciones.

El deporte como actividad emancipadora

Defender la libertad de las mujeres para practicar cualquier actividad deportiva, principalmente aquellas a las cuales la sociedad recrimina o hasta prohíbe, es también una lucha por igualdad de derechos. Sabemos que en el capitalismo todo aquello que puede dar ganancia se transforma en producto y es así también en el fútbol. Si hoy la modalidad está teniendo más inversiones, principalmente por la lucha de todas las mujeres que en el pasado osaron jugar al fútbol y ser reconocidas, las grandes empresas las ven como una inversión promisora y un mercado inmenso a ser generado.

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El deporte, la recreación y la cultura son derechos de los seres humanos por excelencia. Las actividades humanas que desarrollan el cuerpo, la mente y la creatividad son aquellas que caracterizan nuestra esencia. Además, la cooperación, el trabajo en equipo y la confraternización que pueden y deben ser características del deporte, son también una forma de construir seres más humanos.

En una sociedad igualitaria, lejos de la búsqueda por los enfermizos límites del cuerpo y de la competencia (que lesiona y mata a muchos atletas), dejando de lado las diferencias de sexo y de género, el deporte puede ser derecho de todos, así como la formación científica y artística.

Para profundizar

Libro: Mulheres Impedidas: A proibição do futebol feminino na imprensa de São Paulo, Giovana Capucim e Silva, editora Multifoco.

Geração Peneiras – vea el filme sobre jóvenes jugadoras del deporte, 2019.

Artículo publicado en: www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.