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Las migraciones masivas

Las migraciones masivas de los países pobres a los centros imperialistas son un fenómeno generado por el propio sistema capitalista. En realidad, es un proceso imprescindible para su funcionamiento.

En un polo del proceso, la pobreza, la miseria y el hambre, que el saqueo imperialista provoca en los países colonizados, hacen que, para millones de latinoamericanos, la única alternativa de supervivencia sea emigrar a EE.UU., intentar conseguir  trabajo allí y, con grandes sacrificios, enviar algún dinero a su familia en el país de origen. Para esas familias, ese dinero representa, en muchos casos, la diferencia entre poder comer o morir de hambre. Un fenómeno similar se da en Europa con los países árabes, africanos y asiáticos. O en la propia Latinoamérica con la emigración hacia los países un poco más desarrollados, como los paraguayos y bolivianos que emigran a Brasil y Argentina o los nicaragüenses que van a El Salvador.

La necesidad es tan acuciante que se desafían todos los riesgos e, incluso, la muerte en el cruce de la frontera o el viaje en frágiles embarcaciones a través del mar Caribe. Millones de mexicanos, centroamericanos, ecuatorianos, brasileños han seguido ese camino. Al mismo tiempo, esta necesidad ha dado lugar al siniestro comercio del tráfico humano, como el de los llamados «coyotes», en la frontera entre México y EE.UU.

 

Un gran negocio

Para las burguesías latinoamericanas, este proceso representa un doble beneficio. Por un lado, les sirve de «válvula de escape» para aliviar la presión poblacional y el desempleo en sus propios países. Por el otro, las remesas de dinero de los emigrados a sus familias se transforman en una importante fuente de ingresos del país. México recibe 20.000 millones de dólares (sólo es superado por la India en cantidad de ingresos por ese concepto). En otros países, como El Salvador, República Dominicana o Ecuador, esos ingresos representan porcentajes cada vez más altos del PBI nacional y son claves para sus economías.

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En el otro polo del proceso, a través de la inmigración, la burguesía imperialista tiene a su disposición un numeroso «ejército industrial de reserva»: mano de obra barata para realizar los peores trabajos en los servicios, la industria y el agro, con trabajadores que tienen muy pocas posibilidades de organizarse y luchar. Esto le permite a la burguesía imperialista reducir la masa total de salarios pagados y mejorar la tasa de ganancia promedio de la economía.

Recientemente, en Argentina, varios trabajadores bolivianos murieron en un incendio en una fábrica textil clandestina lo que sacó a la luz la situación de miles de inmigrantes ilegales que trabajan en condiciones de virtual esclavitud y sin ninguna condición de seguridad laboral.

En EE.UU., los trabajadores inmigrantes incluso sirven como «carne de cañón»: el ejército estadounidense en Irak tiene un alto porcentaje de soldados «hispanos», muchos de ellos contratados con la promesa de recibir después la «green card» (permiso de residencia). No es casual que uno de los manifestantes llevaba una pancarta que decía en inglés: «Bush, mi hijo mexicano murió en Irak».