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En 1994, la crisis financiera mexicana tuvo un fuerte impacto internacional al que se llamó “efecto tequila”. Actualmente, la crisis que vive la moneda turca (la lira) también comienza a expandirse a otros países. ¿Ha comenzado el “efecto raki”[1]?  

Por: Alejandro Iturbe

El detonante de la actual crisis de la lira turca fue el reciente anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de que gravaría la importación del acero y el aluminio de origen turco con aranceles de 50% y 20%, respectivamente. El gobierno de Recep Erdoğan respondió aumentando los aranceles de productos que importa desde Estados Unidos, tales como bebidas alcohólicas, arroz y automóviles[2]. Es un nuevo paso en la escalada de tensión política y económica entre ambos gobiernos.

De inmediato, la lira turca sufrió una devaluación de 20% en los mercados y acumula una pérdida de valor de 40% en el año, tocando su piso histórico[3]. Se estima que en los próximos cuatro meses, la inflación será de 22% y que en todo 2018 podría llegar hasta 50%[4]. No fue este el único impacto negativo sobre la economía turca. Tres agencias internacionales de calificación de la situación económico-financiera de los países (Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch) rebajaron la categoría de la deuda externa turca de largo plazo al cuestionar la “estabilidad de los bonos turcos” y considerar que las medidas tomadas hasta ahora por Erdoğan son “insuficientes” y que “es poco probable que estabilicen la moneda y la economía de manera duradera”[5]. Esta caída de calificación significa que las nuevas colocaciones de estos bonos deberán pagar un interés más alto que el que pagaban antes.

Hasta ahora, la deuda externa turca (430.000 millones de dólares) tenía calificaciones buenas y estaba relativamente bajo control del gobierno de Erdoğan, con una relación razonable con el PIB del país (algo menos de 50%) según los parámetros actuales de Estados sobreendeudados[6]. Sin embargo, por el rápido debilitamiento que sufre la lira es muy probable que el país deba recurrir cada vez más al financiamiento externo y que este no solo le saldrá más caro sino que, además, seguramente el imperialismo le exigirá al gobierno de Erdogan ajustes económicos mucho mayores.

Un poco de historia

La actual República de Turquía es el resultado del desmantelamiento del imperio turco-otomano que llegó a ocupar en el siglo XIX un extenso territorio en Asia, el norte de África (Libia y Egipto) y el oriente de Europa (los Balcanes). Diversas potencias europeas buscaban desalojarlo de Europa y África, alentando en algunos casos procesos independentistas y, en otros, apropiarse de las colonias.

En 1866, Egipto rompe con el imperio turco y se “asocia” al británico; en 1911, la “guerra italiana” llevó a la pérdida de Trípoli y Cirenaica (actual Libia) y, en 1913, la derrota en la Guerra de los Balcanes significó la pérdida de Albania, Bulgaria, Grecia, Montenegro y Serbia (sus territorios europeos quedaron reducidos a las franjas costeras de la región de Mármara, donde se encuentra Estambul, la principal ciudad del país). Ese mismo año, debió aceptar que Kuwait pasase a ser «Emirato independiente bajo protectorado británico».

La derrota en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), donde combatió junto con Alemania y Austria-Hungría contra la Entente (Gran Bretaña, Francia y Rusia), significó el desmantelamiento del imperio turco en los territorios asiáticos, lo que fue ratificado en la Conferencia de París (1919). El Tratado de Sevres (1920), entre Francia y Gran Bretaña dividió esos territorios en áreas de influencia y buscaba profundizar las consecuencias de la derrota turca. Incluso, Gran Bretaña intentó, a través de Grecia, desalojarlo de los pocos territorios europeos que le quedaban y quitarle Estambul en la llamada Guerra Greco-Turca (1919-1922), considerada por los turcos como Guerra de Independencia. Durante parte de la guerra, tropas británicas ocupaban varias regiones del país. El intento greco-británico fue derrotado, y las tropas británicas, desalojadas del territorio turco.

Los oficiales de segunda graduación, que habían logrado esa victoria turca (formados políticamente, desde hacía una década, en el movimiento de los “jóvenes turcos”), se levantaron y derrocaron el régimen del sultanato imperial, al que responsabilizaban por las derrotas anteriores y por la decadencia turca. El proceso fue encabezado por Kemal Ataturk (1881-1938), a través del Movimiento Nacional Turco, y la República fue declarada oficialmente a finales de 1922.

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El kemalismo y el pos-kemalismo

El kemalismo fue un movimiento nacionalista burgués laico que construyó un régimen político del tipo que Trotsky denominó bonapartista “sui generis”, para que, sin romper los marcos del capitalismo, la burguesía turca pudiese resistir la presión imperialista y disputar un espacio económico-político mayor. Buscó modernizar las instituciones del Estado, su infraestructura, e impulsó cierto desarrollo económico sobre la base de una fuerte intervención estatal. En ese marco, estableció una alianza con la joven URSS, a partir del Tratado de Kars/Erevan (1922), que estableció las fronteras y la paz definitiva entre Turquía y las repúblicas soviéticas del sur del Cáucaso (Armenia, Azerbaiyán y Georgia).

El kemalismo siempre tuvo aspiraciones de que Turquía jugase un papel de “potencia de influencia regional”. Luego de la Segunda Guerra Mundial inició un “giro hacia Occidente”, es decir, de alianza con las potencias imperialistas. Esto incluyó, a partir de 1946, el abandono del sistema de partido único (el kemalista Partido Republicano del Pueblo) y la institución de un sistema multipartidario con la posibilidad de candidatos “independientes”, aunque varios de los presidentes electos por el Parlamento eran de origen militar.

En 1952, ingresó a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, formada como bloque militar conjunto contra el “bloque soviético”). Actualmente, la OTAN posee en el país 14 bases, sedes o centros de inteligencia y formación, incluida la base aérea de Incirlik (bajo control de Estados Unidos), que posee armas nucleares. En 1962, ingresó a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) integrada por los países imperialistas y algunas pocas naciones de “confianza”. Desde su creación, en 1999, integró el G-20.

El modelo económico capitalista relativamente autónomo y con fuerte peso del Estado comenzó a mostrar claros síntomas de agotamiento a partir de la crisis económica de la década de 1970 y la reducción del espacio internacional para este tipo de modelos. La burguesía turca inició una transición hacia la “liberación económica” capitalista predominante en esos años. Una expresión de ello fue la presidencia del economista Turgut Özal (1989-1993) y su política de  concesiones de determinados servicios administrados por el Estado a empresas privadas y la privatización de otras empresas estatales.

Recep Erdoğan

Los herederos del kemalismo se dispersaron en varias fuerzas políticas que, cuando llegaban a gobierno, aplicaban planes de ajustes y privatizaciones que socavaban el nivel de vida de las masas. Una expresión de eso fue la gran emigración hacia Alemania: actualmente, casi tres millones de nacidos en Turquía viven en ese país y se estima que, con sus hijos ya nacidos en tierras germanas, suman más de seis millones,

En ese marco, agravado por la crisis financiera de 2001, creció la oposición popular y se fue fortaleciendo otra alternativa burguesa: el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de ideología islámica, encabezado por Recep Erdoğan, que ganó las elecciones de finales de 2002 y que, con distintas variantes de alianzas, se ha mantenido en el poder hasta ahora.

Erdoğan impulsó dos planes para una Turquía “potencia regional”. El primero fue avanzar a fondo con las privatizaciones y el estímulo a las inversiones extranjeras: solo en sus dos primeros años vendió la empresa pública de telecomunicaciones, acerías, fábricas de licor y la aerolínea estatal Turkish. Después concesionó incluso ríos, lagos y otras fuentes de agua. Desde el punto de vista de la macroeconomía burguesa no le fue mal: el PIB creció entre 2003 y 2007 a un ritmo de 5,8% anual y entre 2008 y 2015 a 3,7%. En 2016, se desaceleró a 3,2%, pero en 2017 dio un salto a 7%, aunque sobre la base de una política keyenesiana de crédito y exenciones fiscales. Turquía ocupaba a finales de ese año, el 17º lugar entre las economías mundiales. A partir de allí, se produjo lo que los economistas burgueses llaman un “sobrecalentamiento”, que sentó las bases de la crisis actual. En el plano político, Erdoğan postuló su régimen político como el “islamismo civilizado”, aliado de los países imperialistas, capaz de jugar un papel pacificador, nexo entre Europa y los países musulmanes.  

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En el plano interno, sin embargo, las cosas no eran tan simples. Si bien el crecimiento económico le daba una importante base electoral de apoyo, debía enfrentar la oposición de los diferentes sectores sociales afectados por los ajustes y las privatizaciones; la oposición de los fuertes sectores laicos contra la creciente islamización del Estado y el grave problema de las nacionalidades oprimidas, especialmente de los kurdos que representan el 20% de la población del país y son ampliamente mayoritarios en casi 25% del territorio turco[7].

La respuesta de Erdoğan fue ir construyendo un régimen político que, aunque mantiene las formas parlamentarias, se torna cada vez más bonapartista, autoritario y represivo. Este proceso se acentuó a partir de la derrota de lo que el gobierno turco calificó como un “intento de golpe de Estado” en julio de 2016, y que fue aprovechado por Erdoğan para depurar el ejército, los cuadros del Estado, y encarcelar a miles de opositores.

Las tensiones con el imperialismo

Aunque Turquía es una aliada de los países imperialistas en los terrenos político, económico y militar, las relaciones con el régimen de Erdoğan vienen aumentando su tensión en los últimos años.

Por un lado, está la respuesta negativa, ya casi definitiva, al histórico pedido de la burguesía turca de ingresar a la Unión Europea (UE). Entre otros factores, la UE no quiere “comprar” el represivo régimen turco, el grave problema kurdo, ni en ese marco dar un “pase libre” por toda Europa a los ciudadanos turcos.

Por el lado de EEUU, la tensión aumentó a partir del estallido del proceso revolucionario contra Assad en Siria, en 2011, su transformación en guerra civil, y la autonomía que lograron los kurdos en Rojava. Toda la situación se hizo aún más compleja y peligrosa para EEUU a partir de la irrupción del ISIS. La debilidad político-militar en que quedó el imperialismo estadounidense en esa región, luego de su derrota en Irak y Afganistán, llevaron a los gobiernos de Obama a establecer una política de alianza privilegiada y de apoyo militar a la dirección kurda de Rojava: el PYD (Partido de la Unión Democrática), muy ligado al PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán en Turquía)[8]. Al mismo tiempo, Turquía se veía desplazado como el aliado central del imperialismo en esa región.

Esto representó una señal roja para Erdoğan: una extensa “frontera armada” con Siria, dominada por un enemigo que también estaba presente en su propio territorio a través del PKK. Trump continuó y profundizó la política de Obama y apoyó la formación de las FDS, una fuerza militar de 50.000 soldados, con mayoría kurda, que terminó de derrotar al ISIS y amplió el dominio kurdo sobre territorios sirios hacia el sudeste del país. Quería fortalecer su influencia en el marco del acuerdo con Putin sobre la división de Siria en dos áreas de influencia, al este y al oeste del río Éufrates (bajo el control de las fuerzas de Assad, Rusia e Irán).

En ese punto, desde 2016 el ejército turco realizó dos invasiones a territorio sirio. La primera para detener el avance kurdo hacia el oeste. La segunda para desalojar a las fuerzas kurdas del cantón de Afrín, el más occidental de los que dominaba, ubicado el oeste del Éufrates, y dominar ese tramo de la frontera de ambos lados. Trump dejó correr el ataque turco pero seguramente quedó enojado por haber sido realizado sin consultarlo y, peor aún, luego de un acuerdo de Erdoğan con Putin y el régimen iraní[9].

Otro aumento de tensión se da porque el pastor estadounidense Andrew Brunson fue juzgado y condenado en Turquía, acusado de «terrorismo» y «espionaje». Estados Unidos pide su liberación inmediata, mientras el gobierno de Ancara solicita la extradición de Fethullah Gülen, predicador turco exiliado desde hace años en Estados Unidos, a quien el gobierno turco atribuye ser el ideólogo del frustrado golpe de Estado de julio de 2016[10].

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Desde el punto de su visión política, esta medida de Trump “mata dos pájaros de un tiro”: por un lado es una señal para demostrarle a Erdoğan “quién manda en el mundo”; por el otro, se encuadra en su política general de gravar las importaciones de numerosos productos, que amenaza desatar una “guerra comercial mundial” 11] y que ya le ha provocado fuertes roces con sectores muy importantes del propio imperialismo estadounidense y con los otros gobiernos del G-7.

¿Un “efecto raki”?

Turquía podía haber sido un factor de estabilidad política y económica a favor del imperialismo. Actualmente es lo opuesto. En palabras de la revista británica “The Economist”: “Hubo un tiempo cuando las personas pensaban que una Turquía democrática y secular podría en algún momento acceder a la Unión Europea de los Estados liberales ricos, conocido como Occidente. Hubo un tiempo también, pocos años atrás, cuando Turquía era la preferida de los inversores en los mercados emergentes”[12]. La actual crisis monetaria es una expresión de esto y, esta situación, puede tener consecuencias en la lucha de clases turca y en acciones inesperadas del gobierno turco en su política exterior.

Al mismo tiempo, esta crisis ya tiene un impacto expansivo y los primeros indicios de un posible “efecto raki” en la economía mundial, especialmente en otros “países emergentes” miembros del G-20, que viven una acelerada salida de dólares. El golpe más duro se sintió en Argentina, con una situación económico-financiera y social explosiva: en pocos días, el peso se devaluó más de 6% frente al dólar, con un acumulado anual de pérdida del valor de 82% en el año, lo que se está devorando el “préstamo” de 50.000 millones de dólares que se pactó recientemente con el FMI[13].

No fue el único país del G-20 afectado: “En una semana, el rand sudafricano y el rublo ruso perdieron 8% ante el dólar, alcanzando en esta segunda su nivel más bajo en dos años”. El real brasileño se devaluó 4%. La “desconfianza” se extiende incluso a Europa: “El movimiento de aversión al riesgo ha derribado monedas de otros países emergentes y ganó fuerza el último viernes con la noticia de que el Banco Central Europeo estaría preocupado con la exposición de los bancos europeos” en esos países[14]. 

Es decir, la política de Trump, lejos de “fortalecer a América” (es decir al imperialismo estadounidense) lo debilita, porque agrega más leña al fuego tanto de una posible “nueva tormenta” de la crisis económica abierta en 2007-2008, como lo aleja de los que serían sus aliados naturales, debilitando crecientemente lo que ellos llaman el “orden mundial”.

[1] El raki es un licor derivado de la uva, con sabor anisado. Es la bebida alcohólica tradicional de Turquía.

[2] https://www.lavanguardia.com/economia/20180815/451328911090/turquia-aranceles-estados-unidos-lira.html

[3] https://g1.globo.com/economia/noticia/2018/08/13/entenda-a-crise-da-moeda-da-turquia-e-os-efeitos-para-emergentes-e-o-brasil.ghtml

[4] https://www.lanacion.com.ar/2161947-por-que-hay-crisis-en-turquia-y-que-problemas-puede-traerle-a-la-economia-argentina?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Echobox&utm_source=Facebook#Echobox=1534178707

[5] Ídem.

[6] https://www.indexmundi.com/map/?v=94&l=es

[7] Sobre este tema, ver https://litci.org/es/menu/teoria/sobre-la-lucha-del-pueblo-kurdo/

[8] Ídem.

[9] Sobre este tema, ver https://litci.org/es/menu/mundo/medio-oriente/kurdistan/defendamos-canton-kurdo-afrin-ante-ataque-del-ejercito-turco/

[10] https://g1.globo.com/economia/noticia/2018/08/13/entenda-a-crise-da-moeda-da-turquia-e-os-efeitos-para-emergentes-e-o-brasil.ghtml

[11] En este tema, ver https://litci.org/es/menu/economia/esta-detras-la-amenaza-guerra-comercial-trump/

[12] https://www.economist.com/leaders/2018/08/18/how-much-to-worry-about-turkeys-turmoil?cid1=cust/ednew/n/bl/n/2018/08/16n/owned/n/n/nwl/n/n/la/144433/n (traducción nuestra).

[13] Artículo ya citado de “La Nación”.

[14] Artículo ya citado de “O Globo”.