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En los artículos anteriores, señalamos que en Estados Unidos se está dando una combinación de la profundización de los elementos de crisis del régimen y una grieta interburguesa, por un lado, con un incipiente ascenso de masas, por el otro. Hemos dicho que el gobierno Trump, hasta ahora, no solo no cierra este cuadro sino que lo está agravando. Dijimos también que es un ascenso que tiene bases objetivas muy profundas y la realidad nos muestra que continúa expresándose en un proceso de movilizaciones que no se ha detenido prácticamente desde finales del año pasado (ver el cuarto artículo de esta serie “La resistencia del movimiento de masas”). Se puede poner la etiqueta que se quiera a esta situación. Pero lo importante es debatir el contenido del análisis que hemos realizado y la definición de que es una situación nueva en el país, en gran medida histórica, ya que hace décadas que esos elementos no se presentaban juntos.

Por: Alejandro Iturbe

A partir de allí, podemos barajar varias hipótesis sobre las posibles dinámicas de esta situación. Por supuesto, es imposible formular todas las variantes y combinaciones posibles desde la perspectiva que hoy tenemos. Pero trataremos de analizar algunas de ellas para luego poder contrastarlas con el curso de la realidad.

Hemos dicho que una de las alternativas posibles de la situación es que Trump logre derrotar a los trabajadores y a las masas estadounidenses y, en ese caso, sí se abriría una situación u onda reaccionaria.

Un camino para ello (aunque lo vemos como el menos probable) sería a través de movilizaciones reaccionarias que aplasten el ascenso por medio de grandes enfrentamientos. Otro camino es que la derrota de las masas sea realizada a través de la represión institucional, una vez que el gobierno logre la aprobación de las leyes en el Parlamento, o de los decretos ejecutivos en la Suprema Corte.

Pero creemos que ninguno de estos caminos (o una combinación de ambos) podrá ser llevado hasta el final sin un previo aumento extremo de la polarización social y fuertes luchas y enfrentamientos.

En el otro extremo, se ubica la hipótesis de que el ascenso se desarrolle y derrote claramente a Trump, incluso que sea derribado por la vía de la acción de las masas.

Esta alternativa requeriría, evidentemente, un salto en las características del ascenso y en su unificación. Fundamentalmente, debería superar el obstáculo que representan sus actuales direcciones políticas y sindicales, muchas de ellas muy ligadas al partido demócrata. Casi diríamos, debería “pasar por arriba” de estas direcciones. Es la alternativa a la que jugaremos todas nuestras fuerzas y a la que apuntan nuestras propuestas.

Entre ambos extremos, surgen toda una serie de variantes intermedias. Una de ellas, es que si se agranda la grieta interburguesa y las movilizaciones amenazan desbordar los “diques de contención”, un sector mayoritario de la burguesía defina sacar a Trump a través de un proceso de impeachment parlamentario. No sería la primera vez que eso sucede en el país: ya lo hizo en el pasado con Richard Nixon, en 1974, en el tramo final de la derrota en la guerra de Vietnam. Esta variante requeriría el voto de 2/3 de los integrantes de ambas cámaras, en la que los republicanos tienen la mayoría (aunque divididos en tres fracciones). Es decir que sería necesario un acuerdo de los demócratas con importantes alas republicanas para llevarse adelante. Pero no se puede descartar que eso se concrete si se agudiza la situación, como un intento de controlarla “dentro de las instituciones”. Tendría, claro, un costo de profundo debilitamiento del régimen, pero así la burguesía evitaría males mayores.

La última alternativa que analizaremos es aquella en que los demócratas y las direcciones logren mantener el ascenso bajo control y lo utilicen para desgastar, mientras Trump hace el trabajo sucio contra las masas. Al mismo tiempo, lo utilizarían para presionar a Trump a “rectificarse”. Una política que se vería fortalecida si el gobierno sufriera una derrota en las elecciones parlamentarias de “medio término”, a finales de 2018.

En esta hipótesis, la situación actual no daría un salto sino que los demócratas y otros sectores burgueses conseguirían “domesticar” a Trump y transformarlo en una herramienta de sus políticas “racionales”. Creemos que ese es el objetivo de estos sectores y la más favorable de las alternativas para ellos.

Claro que, incluso en esta variante menos “traumática”, no cabe esperar que Trump, por las características personales que ya hemos analizado, acepte pasivamente este camino sino que se resista y se produzcan crisis, aunque mucho menores que en los casos anteriores.

Las tareas que proponemos

Por todo que hemos analizado, uno de los nudos de la situación y su dinámica pasa por la relación dialéctica entre las movilizaciones y las luchas, por un lado, y la política de dividirlas y mantenerlas bajo el control de las actuales direcciones (o la cooptación de las nuevas que están surgiendo o que puedan surgir en el propio proceso), por el otro.

En varios artículos de la revista Correo Internacional n.° 16 (y en otros publicados en este site), hemos presentado propuestas de lucha generales y para cada sector, escritas por las organizaciones de la LIT-CI en EEUU (Voz de los Trabajadores y Corriente Obrera), y dirigentes sindicales combativos. Por eso, no vamos a repetirlas.

En este artículo, queremos enumerar algunos criterios que guían esas propuestas. El primero es que llamamos a impulsar con todo la lucha contra Trump y su gobierno, y a no darle un minuto de descanso. Es lo que tratamos de expresar en las consignas: ¡No a Trump! ¡Todos a las calles!

El segundo es que hay que evitar la trampa de la división de los trabajadores y las masas que quieren montar Trump y la burguesía estadounidense. Por ejemplo, entre trabajadores blancos de las industrias y los de servicios, negros, latinos y otros inmigrantes. Es necesario unir la lucha de todos los explotados y oprimidos en un solo cauce común. Y, como primer paso, ser solidario con todo sector atacado. La gran solidaridad con los musulmanes frente al “muslim ban” o la importante participación de trabajadores y jóvenes blancos anglosajones en las recientes movilizaciones del “día sin inmigrantes y refugiados” (en Milwaukee, Los Angeles y varias otras ciudades) son buenos ejemplos a seguir y a extender.

El tercero: es necesario impulsar el ingreso de los trabajadores al proceso de lucha, con su organización y sus métodos (como las huelgas). No solo por sus reivindicaciones específicas sino también por las de los otros sectores atacados, como la comunidad negra, los inmigrantes, las mujeres, etcétera. Es necesario exigirle las direcciones sindicales que están apoyando a Trump (como la de la AFL-CIO) que rompan ese apoyo y se sumen a la lucha. Y a aquellas que no lo apoyan, que salgan de su pasividad. Que sigan el ejemplo del sindicato de los taxistas de Nueva York frente al “muslim ban” o el de los portuarios de Oakland-San Francisco. Si no lo hacen, será necesario “desbordarlos” desde abajo para luchar y enfrentar a Trump.

El cuarto criterio es que al calor de esta lucha se impulse el surgimiento de nuevas direcciones en cada uno de los sectores movilizados (trabajadores, negros, latinos, otros inmigrantes, oprimidos, etc.), independientes de ambos partidos burgueses, especialmente de los demócratas. E ir avanzando en la coordinación de esas direcciones para la acción unificada. Un ejemplo pequeño pero que muestra el camino a seguir es la plataforma Labor Rising Against Trump (el Movimiento Sindical se Levanta contra Trump) formada en el Área de la Bahía de San Francisco.

La propuesta se sintetiza en poner en marcha un gran movimiento independiente de los trabajadores y las masas contra Trump. Para el próximo 8 de marzo, en más de 20 países se está convocando a un paro y movilizaciones por el Día Internacional de la Mujer. Es una excelente oportunidad para avanzar en este sentido, en Estados Unidos. Otra será el 1 de mayo, día tradicional de lucha de los trabajadores del mundo.

En este camino, se trata también de avanzar en la tarea más estratégica: la construcción de un partido revolucionario socialista con la perspectiva más profunda del poder para los trabajadores y las masas. La base para esta tarea existe en la realidad. Varias encuestas del año pasado mostraban que el porcentaje de personas que simpatizaban con el “socialismo” crecía cada vez más.

Como reflejo de esto, miles de jóvenes se afilian a organizaciones que se reivindican socialistas, algunas de las cuales han duplicado sus apoyadores desde el año pasado. Es, por supuesto, una adhesión inicial y amplia al concepto de “socialismo”, pero se da en un país cuya burguesía y los medios a su servicio, desde hace más de un siglo, han atacado siempre al socialismo como “enemigo”. Es necesario abrir un diálogo con estos miles de jóvenes y trabajadores que se radicalizan.

Ninguna de estas tareas que proponemos es fácil. Pero la situación objetiva (que, como hemos dicho, es inédita en la historia del país) plantea la posibilidad de que sean llevadas adelante. Desde la LIT y sus militantes en Estados Unidos, nos ponemos al servicio de ellas.

Lea también los otros artículos de la serie “Los primeros pasos de Trump” en www.litci.org

  • “El primer mes de Trump”
  • “Trump y la burguesía estadounidense”
  • “Trump y el mundo”
  • “La resistencia del movimiento de masas”