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El 19 de setiembre fue bombardeado, por fuerzas aéreas de Estados Unidos, un Hospital de Médicos Sin Fronteras en Kunduz*, provincia al norte de Afganistán. El saldo fue de 22 muertos, de los cuales 12 eran médicos de la ONG y 10 eran pacientes, entre ellos 3 niños; además de casi 40 heridos de gravedad.

Por: Ari Russo

Más allá de la justificada tristeza por las víctimas y la indignación frente al bombardeo –hecho que no es novedoso en el país ni mucho menos en la región sino que, por el contrario, cada vez se repite con más frecuencia– cabe preguntarse cuáles son los motivos de fondo del ataque, el cual, en palabras del propio Director General de la ONG en España, Joan Tubau, “fue preciso contra un objetivo claro”.

Las mil y una versiones… 

A lo largo de este mes, Estados Unidos ha cambiado varias veces su explicación de los hechos. Inicialmente aseguró que se trataba de un “daño colateral”, en el marco del enfrentamiento contra las fuerzas del Talibán[1]. Pero el bombardeo generó demasiada repercusión internacional, entre otras cosas porque todos los muertos y heridos eran civiles, y el argumento acabó siendo poco útil ya que sólo confirmó que Estados Unidos realizó los ataques de forma consciente y, además, tomando la actitud de legitimarlos, justificándolos (por cierto, muy consecuente con el cinismo del imperialismo, que se llena la boca hablando de democracia mientras bombardea hospitales matando médicos y niños).

Por leyes humanitarias, los ataques a centros sanitarios están explícitamente prohibidos por los organismos internacionales.

Estados Unidos se vio entonces obligado a justificar su respuesta, bajo el riesgo de que se vea el lobo por detrás del disfraz de oveja: intentando desligarse de la responsabilidad, John Campbell, máxima dirección militar estadounidense en Afganistán, aseguró que el bombardeo fue en respuesta a un pedido de auxilio por parte de las fuerzas de seguridad del régimen afgano, ‘asediadas por fuego talibán’, informando de la presencia de talibanes escondidos en el Hospital en ese momento.

Pero Médicos Sin Fronteras (MSF) desmintió públicamente esta versión, informando no sólo que no había habido enfrentamientos en los alrededores de la institución ni había en el Hospital más que médicos y pacientes, sino confirmando también que, cuatro días antes, habían pasado las coordenadas exactas del hospital a la alianza EEUU-Ghani[2], precisamente para prevenir bombardeos por accidente.

mapa-kunduzPor si eso no fuese suficiente, después del primer ataque (fueron cinco en total, durando 70 minutos), MSF informó de este a Kabul y a Washington, sin obtener respuesta alguna. Después de eso, el bombardeo aún continuó por media hora más.

Frente a esta situación, sin ninguna posibilidad de desligarse de la responsabilidad, EEUU cambia una tercera vez su argumento, y Campbell reconoce los ataques, explicando que ‘ha sido un error, y que responde a una decisión tomada exclusivamente dentro del mando militar estadounidense’, cargando así la responsabilidad de lo sucedido apenas sobre la cúpula militar, desligando al gobierno de EEUU. Mientras tanto, Obama llama por teléfono a Joanne Liu, presidenta de MSF, para disculparse por lo sucedido, y garantizar que se llevará a cabo una “investigación transparente, exhaustiva y objetiva”.

Es decir: el lobo ya se vio; ahora intentan convencernos de que es un lobo bueno.

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… y las verdaderas razones de fondo

Las razones de fondo sólo pueden entenderse en el marco de la política general del imperialismo para la región, y la situación actual de Medio Oriente en su conjunto.

En 2001 y 2003 respectivamente, EEUU invade Afganistán e Irak, con el objetivo de la colonización de esta región estratégica (tanto por su localización geográfica como por sus reservas de petróleo), y utilizando el discurso de “combate al terrorismo”, valiéndose del ataque del 11 de setiembre de 2001 [ataque a las Torres Gemelas, Nueva York].

Pero, a diferencia de lo que esperaban y de lo que le vendieron al pueblo estadounidense, de que sería ‘una guerra fácil y rápida’, se enfrentaron con una impresionante resistencia de masas que acabó por extender las guerras más de una década y, finalmente, por imponerle al dueño del mundo una derrota militar fuertísima, en lo que se conoce como “Síndrome de Vietnam”.

El presupuesto volcado para la guerra no se justificó con resultados positivos visibles; muy por el contrario, las bajas de soldados estadounidenses en servicio crecen considerablemente, de forma progresiva.[3]

Esto fue provocando el desgaste de las masas estadounidenses, quienes no sólo retiraron su apoyo a las guerras sino que comenzaron a manifestarse en contra de ellas. Este es uno de los motivos principales por los que Estados Unidos se vio obligado a cambiar de política, y junto con ello, al gobierno que la llevaría a cabo. Reemplazó la figura de Bush, un presidente blanco, con una clara línea de derecha y “guerrista”, por Obama, un presidente negro, más popular, con un discurso mucho más democrático, y cuya campaña electoral incluyó, como uno de los puntos fundamentales, el fin de las guerras.

Sin querer entrar en el debate sobre la caracterización de la dinámica actual de la política de EEUU, hay algo sobre lo que no hay ningún tipo de dudas: el plan inicial de Estados Unidos, llevado a cabo por el gobierno de Bush, no pudo ser implementado producto de la resistencia de las masas.

Es cierto que Obama, hoy por hoy, interviene militarmente en distintos países (Libia, Siria, Irak, etc.). Y es que el imperialismo sigue siendo imperialismo, y sus objetivos estratégicos siguen siendo los mismos. Pero a diferencia de Bush, que tenía una política ofensiva de guerra, Obama va corriendo atrás de los estallidos sociales y políticos en los diferentes países de la región, intentando sofocar los procesos revolucionarios que se abrieron con la llamada “Primavera Árabe”. Utiliza, para eso, diferentes tácticas: intervención militar en algunos lugares y momentos (aliado a los regímenes o contra ellos, según le convenga), o intentando negociar, llamar a elecciones, o cooptar a las direcciones de los procesos, en otros.

Estados Unidos adoraría sacarse Afganistán de encima, pues desde hace años le genera más dolores de cabeza que cualquier otra cosa.[4] Sin embargo, no es tan fácil, pues la realidad está cargada de elementos contradictorios.

En el marco de la situación general en Medio Oriente, retirarse de una guerra “fácil”, después de 14 años, sin haber conseguido controlar/estabilizar políticamente la región, sería reconocer una derrota política que traería grandes consecuencias, tanto para el gobierno de Obama dentro de Estados Unidos como para el plan más estratégico del imperialismo en Medio Oriente.

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Por eso, pese a las contradicciones y el desgaste, este último jueves 15 de octubre, casi un mes después del ataque, Obama confirmó públicamente que no reducirá la cantidad de soldados en Afganistán (en un momento se barajó reducir los efectivos a 5.500, en perspectivas de una retirada total en 2017), sino que mantendrá los 9.800 efectivos que actualmente ocupan el país[5].

Una vez más, la justificativa es la ‘cooperación’ con el régimen afgano contra el terrorismo. Una vez más, la realidad es que el imperialismo no tiene límites ni escrúpulos cuando se trata de defender con uñas y dientes (o bombas) sus intereses.

Esto abre mil discusiones, que no son el objetivo de este texto pero que no podemos perder de vista como elementos para la discusión de fondo, en su dinámica.

¿Cómo afecta a las masas estadounidenses la ruptura de la promesa de campaña de Obama en relación con la guerra de Afganistán? ¿Cómo se reflejará esto en las elecciones de 2016? ¿Cómo se relaciona la política para este país con la política más general y estratégica de EEUU en la región? ¿Hasta qué punto se sustenta la discusión de democracia versus terrorismo, con una situación mundial que cada vez deja más en evidencia los crímenes de guerra de EEUU, incluso frente a los organismos internacionales del propio imperialismo –ONU, OTAN, Cumbre de Ginebra, etc.–?

Profundizar todos estos elementos nos ayudará a entender la dinámica de la situación política mundial y dar respuesta a ella.

La situación de las masas afganas

Más allá de todas estas discusiones importantísimas, que requieren un análisis serio y profundo, la realidad hoy pide una respuesta a gritos. Porque mientras el imperialismo ataca impunemente por todos los frentes, los trabajadores y pueblos del mundo tienen cada vez menos salida. Para los pueblos invadidos por el imperialismo no se trata de una discusión sino de una batalla concreta por la vida o la muerte.

Pese a la fuerza de resistencia de las masas, el grado de pobreza y violencia en un país que lleva casi 15 años militarmente ocupado alcanza cifras realmente espeluznantes. Las condiciones de vida son insoportables (y eso, claro, si se sobrevive).

Este hospital, por ejemplo, era el único centro especializado de traumatología en toda la región noreste del país. Estamos hablando de millones de personas que acaban de quedarse sin su principal centro de salud.

Hablando de educación, por ejemplo, millones de niños no tienen condiciones de asistir a la escuela. Y estas cifras, que dejan ver la magnitud de la situación sobre la que estamos hablando, no dejan de ser vistas en el marco de nuestros parámetros “normales” de vida: trabajo, salud, educación; el parámetro de las masas afganas, en su amplia mayoría, se reduce a la supervivencia. No es casual que Afganistán sea el segundo país con más refugiados del mundo, sólo después de Siria, en una situación que supera los números de la Segunda Guerra Mundial.[6]

Angustia o indignación son términos suaves para esta realidad. Lo que estamos diciendo es que aquellos refugiados que logran sobrevivir a la travesía de escapar, y consiguen un techo bajo el cual dormir y trabajos esclavos sin las más mínimas condiciones humanas, son los ‘suertudos’ que lograron salir.

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Esta es la realidad del capitalismo imperialista y su ‘democracia’.

La única salida posible

No nos puede temblar la voz al decir que estamos categóricamente en contra de la invasión militar de Estados Unidos en Afganistán y en Medio Oriente.

Condenamos el ataque al Hospital de Kunduz, y repudiamos la política de Obama de manutención de efectivos en el país. Basta de bases militares del imperialismo; exigimos la inmediata retirada de las tropas imperialistas de Afganistán y de todos los países de Medio Oriente.

Nos sumamos al pedido de una investigación independiente del gobierno de Estados Unidos y el Pentágono, así como del gobierno afgano, frente al ataque. Pero esto solo no es suficiente. Porque no van a ser los organismos internacionales, dirigidos por el propio imperialismo, los que lleguen al fondo de la cuestión ni mucho menos los que resuelvan los verdaderos problemas de los pueblos explotados y oprimidos, porque ese sistema del que son su estructura es el problema de fondo. Y sólo las propias masas trabajadoras organizadas podrán encabezar la verdadera batalla de fondo, la lucha contra el imperialismo, para que no salga impune de este tipo de ataques, y más, para acabar con la destrucción que está llevando a cabo en todo el mundo.

*La ciudad de Kunduz se encuentra en el corredor comercial que conecta Kabul, capital de Afganistán, con Tayikistán.

[1] El lunes anterior al ataque, los Talibanes ocuparon Kunduz; desde entonces, Estados Unidos realizó en total doce ataques aéreos, siendo este el segundo en la región del centro de la provincia, donde se encontraba el Hospital.

[2] Ashraf Ghani Ahmadzai, Presidente de Afganistán.

[3] De 2003 al presente, el número de soldados estadounidenses muertos sólo en Afganistán supera los 2.000; es decir, un poco más de 20% de la cantidad de efectivos actuales. http://www.statista.com

[4] La guerra en Afganistán es la más larga de la historia de EEUU, y el presupuesto para la misma supera los 65 billones de dólares. Ver nota: “Afganistán, la guerra incómoda”, http://internacional.elpais.com, 7/10/2015

[5] “Obama anuncia adiamento da retirada de tropas americanas no Afeganistão”; Folha Online, 15/10/2015.

[6] “El número de refugiados en el mundo alcanza una cifra récord desde la II Guerra Mundial”; www.20minutos.es – Fuente: ACNUR