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De: Michael Roberts

La pandemia de Covid-19 marca el fin de la mayor expansión económica ya registrada en los Estados Unidos, que presentará la mayor contracción económica desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Figura 1: EEUU: La expansión más larga ya registrada (número de meses, mínimos y máximos)

La economía mundial estaba enfrentando el peor colapso desde la Segunda Guerra Mundial cuando el coronavirus comenzó a atacar en marzo, mucho antes del auge de la crisis, de acuerdo con el último índice de rastreo de la Brookings-FT.

Figura 2: Economía global a la vera del abismo. Línea azul, economías avanzadas; línea roja, economías emergentes (índice compuesto por una gama de indicadores)

2020 será el primer año de caída del PIB global desde la Segunda Guerra Mundial. Y fue solo en los años finales de la Segunda Guerra Mundial/pos guerra que la producción cayó.

Figura 3: PIB mundial real (%, base anual). Flecha muestra la previsión para 2020.

Los economistas del banco JP Morgan calculan que la pandemia podría costar al mundo por lo menos U$S 5,5 billones en pérdida de producción en los próximos dos años, un valor superior a la producción anual del Japón. Y esa pérdida sería permanente. Eso representa casi 8% del PIB hasta el final del próximo año. El costo, solo para las economías desarrolladas, será semejante al de las recesiones de 2008-2009 y 1974-1975. Incluso con niveles sin precedentes de estímulo monetario y fiscal, es improbable que el PIB retorne a su tendencia pre-crisis hasta por lo menos 2022.

El Banco de Compensaciones Internacionales alertó que esfuerzos nacionales desconectados pueden llevar a una segunda ola de casos, un escenario que dejaría el PIB de los Estados Unidos cerca de 12% abajo del nivel pre-virus hasta el final de 2020. Eso es mucho peor que en la Gran Recesión de 2008-2009.

Figura 4: Caída acumulativa del PIB durante recesiones

La economía de EEUU perderá 20 millones de empleos, de acuerdo con estimaciones de la Oxford Economics, haciendo que la tasa de desempleo suba en mayor grado desde la Gran Depresión (2008-2009) y afectando severamente 40% de los empleos.

 

Figura 5: Tasa de desempleo subirá 12% en abril, cuando la economía perderá 20 millones de empleos (EEUU: hoja de pagos y tasa de desempleo). Línea roja, hoja de pagos; línea azul, tasa de desempleo. A la derecha: más de 40% del empleo total será severamente impactado (por sector económico)

Y existe la situación de las llamadas “economías emergentes” del hemisferio sur. Muchos de estos países son exportadores de commodities básicas (como energía y agroalimentos) que, desde el final de la Gran Recesión, vieron caer en picada los precios.

 

Figura 6: Retorno de la venta de commodities anualizado, cada diez años

Y ahora, la pandemia intensificará esa contracción. Se prevé que la producción económica en mercados emergentes caiga a -1,5% este año, la primera caída desde que comenzaron los registros confiables, en 1951.

Figura 7: Crecimiento del PIB de mercados emergentes

El Banco Mundial calcula que la pandemia llevará al África Subsahariana a la recesión en 2020, por primera vez en 25 años. En su informe Africa Pulse, el banco dijo que la economía de la región se contraerá de 2,1% a 5,1%, ante un crecimiento de 2,4% el año pasado, y que el nuevo coronavirus costará al África Subsahariana de U$S 37.000 millones a U$S 79.000 millones en pérdidas de producción este año, debido a la interrupción del comercio y de la cadena de valor, entre otros factores. “Estamos viendo un colapso del precio de las commodities y un colapso del comercio global, diferente de todo lo que vimos desde los años 1930”, dijo Ken Rogoff, ex economista jefe del FMI.

Más de noventa países ‘emergentes’ consultaron sobre rescates del FMI –casi la mitad de las naciones del mundo– mientras por los menos sesenta intentaron valerse de los programas del Banco Mundial. Las dos instituciones juntas tienen recursos de hasta U$S 1,2 billones, que estarían disponibles para combatir las consecuencias económicas de la pandemia, pero ese número es pequeño si lo comparamos con las pérdidas de renta, PIB, y fuga de capitales.

Desde enero, cerca de U$S 96.000 millones salieron de mercados emergentes, de acuerdo con datos del Institute of International Finance, un grupo bancario. Eso es más que el triple de la salida de U$S 26.000 millones durante la crisis financiera global de una década atrás. “Ciertamente vendrá una avalancha de crisis de deuda de los gobiernos”, dijo él, y “el sistema simplemente no puede lidiar con tantos rescates y reestructuraciones al mismo tiempo”, dijo Rogoff.

No obstante, reina muchas veces el optimismo de que, una vez terminados los bloqueos, la economía mundial se recuperará de una ola de demanda reprimida liberada. Las personas volverán al trabajo, las familias gastarán más que nunca, y las empresas recuperarán su antiguo cuerpo de empleados y comenzarán a invertir para un futuro más brillante pos pandemia.

Como dijo el gobernador de la (minúscula) Islandia: “El dinero que ahora está siendo economizado porque las personas se quedan en casa no desaparece; él volverá a la economía así que la pandemia termine. La prosperidad estará de vuelta”. Esa visión fue replicada por el timonel de la mayor economía del mundo. El secretario del Tesoro de los EEUU, Mnunchin, habló bravamente y dijo que: “Esta es una cuestión de corto plazo. Puede demorar algunos meses, pero vamos a superar esto, y la economía estará más fuerte que nunca”.

El ex secretario del Tesoro y gurú keynesiano, Larry Summers, tendía a concordar: “la recuperación puede ser más rápida de lo que muchos esperan, porque es como la recuperación de la depresión total que afecta una economía como la de Cape Cod[1] todo los inviernos o la recuperación del PIB de los Estados Unidos que ocurre todos los lunes por la mañana”. En efecto, él estaba diciendo que los EEUU y la economía mundial están como Cape Cod fuera de temporada; solo lista para reabrir en el verano sin daños significativos para las empresas durante el invierno.

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Eso es algo optimista. Pues, cuando esos optimistas habla sobre una rápida recuperación en forma de V no reconocen que la pandemia de Covid-19 no está generando una recesión ‘normal’ y está afectando no solo una región sino toda la economía global. Muchas empresas, principalmente las menores, no retornarán luego de la pandemia. Antes de los bloqueos [de las ciudades], había algo entre 10% y 20% de las empresas en EEUU y en Europa que mal ganaban lo suficiente para cubrir los costos operacionales y los intereses de sus deudas. Esas empresas, llamadas zombis, pueden haber encontrado en el invierno de Cape Cod el último clavo de sus cajones. Ya varias cadenas medias de venta y recreación entraron con pedido de quiebra y compañías aéreas y agencias de viajes pueden hacer lo mismo. Un gran número de empresas de petróleo de xisto también está debajo del agua (no del petróleo).

Figura 8: Zombis están entre las menores empresas, clasificadas por valor de mercado.

Como concluyó uno de los principales analistas financieros, Mohamed El-Frian: “La deuda ya está probando ser una línea divisoria para las empresas que corren para adaptarse a la crisis, y un factor crucial en la competencia por la sobrevivencia de los más aptos. Las empresas que entraron en la crisis altamente endeudadas tendrán más dificultades para continuar. Aquellos que lo consigan, verán un escenario en el que muchos de sus competidores desaparecieron”.

Por lo tanto, llevará mucho más tiempo para retornar a los niveles de producción anteriores a los bloqueos. Los economistas de la Nomura calculan que es improbable que el PIB de la Zona Euro solo exceda el nivel del cuarto trimestre de 2015 ¡en 2023!

Figura 9: Recuperación del PIB a los niveles pre-virus puede llevar tiempo, PIB del tercer trimestre de la Zona Euro + 100. Flecha indica previsión de la Nomura

Y recuerde, como expliqué en detalles en mi libro La Larga Depresión, luego de la Gran Recesión no hubo retorno a la tendencia de crecimiento anterior. Cuando el crecimiento fue retomado, fue más lento que antes.

Figura 10: PIB real per cápita y tendencia de 1947 a 2007. Línea llena: PIB real per cápita; línea punteada, tendencia 1947-2007. Flecha roja: por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial no hubo retorno a la tendencia de crecimiento anterior

Desde 2009, el crecimiento medio anual del PIB per cápita de los EEUU es de 1,6%. En el final de 2019, el PIB per cápita estaba 13% abajo de la tendencia de crecimiento anterior a 2008. En el final de la recesión 2008-2009, estaba 9% abajo de la tendencia. Así, a pesar de una expansión de una década, la economía de los EEUU cayó aún más bajo de la tendencia desde que terminó la Gran Recesión. La diferencia ahora [entre los períodos pre y pos 2008-2009] es igual a U$S 10.200 por persona, una pérdida permanente de renta. Y ahora, el Goldman Sachs está previendo que la nueva caída del PIB per cápita ¡acabaría con todo lo ganado en los últimos diez años!

Figura 11: PIB real per cápita, dólares de 2012. Línea roja, real; línea azul, tendencia 1970-2007. Punto rojo: previsión del Goldman Sachs

Después, existe el comercio global. El crecimiento del comercio mundial fue relativamente igual al crecimiento del PIB global desde 2009 (línea azul), muy por debajo de la tendencia anterior a 2009 (línea punteada). Ahora, hay una trayectoria más baja (línea amarilla punteada). Pero, la Organización Mundial del Comercio (OMC) no ve retorno a esa trayectoria más baja por los menos por dos años.

Figura 12: Tendencia del comercio mundial. Línea azul: comercio actual; línea verde: escenario optimista [pos 2020]; línea roja: escenario pesimista; línea punteada gris: tendencia 1990-2008; línea punteada amarilla: tendencia 2011-2018

Pero, ¿y las inyecciones gigantescas de crédito y préstamos que están siendo hechas por los bancos centrales de todo el mundo, y los enormes paquetes de estímulo fiscal de los gobiernos en todo el mundo? ¿Eso no cambiará las cosas más rápidamente? Bien, no hay duda de que los bancos centrales y hasta las agencias internacionales como el FMI y el Banco Mundial entraron para inyectar créditos a través de la compra de títulos del gobierno, títulos corporativos, préstamos para estudiantes y hasta ETFs en una escala nunca vista antes, incluso durante la crisis financiera global de 2008-2009. Las compras [de títulos] por el FED ya están al frente de los programas anteriores de flexibilización monetaria.

Y los gastos fiscales aprobados por el Congreso de EEUU el mes pasado superan el programa de gastos durante la Gran Recesión.

Figura 13: EEUU: Fondos autorizados por el Congreso. Columna roja: desde la primera muerte por Covid-19 en China (11 de enero de 2020); columna azul: desde las primeras señales de la crisis financiera (7 de agosto de 2007)

Hice una estimación del tamaño de las inyecciones de crédito y paquetes fiscales anunciados globalmente para preservar economías y negocios. Calculo que alcanzó más de 4% del PIB en estímulos fiscales y otros 5% en inyecciones de crédito y garantías del gobierno. Eso es el doble del valor en la Gran Recesión, con algunos países importantes empeñándose aún más para compensar trabajadores desempleados y pequeñas empresas cerradas.

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Figura 14: Paquetes fiscales (% del PIB) al 12 de abril

Esos paquetes son aún más abarcadores. Envíos directos de dinero por el gobierno a familias y empresas son, en verdad, lo que el infame economista monetarista del mercado libre, Milton Friedman, llamó de “dinero de helicóptero”, dólares cayendo del cielo para salvar al pueblo. Olvídese de los bancos; coloque el dinero directamente en las manos de quien precisa, que ellos gastarán.

Economistas pos keynesianos que pidieron por dinero de helicópteros, o dinero del pueblo, son así justificados.

Además, de repente, la idea, que hasta ahora fue rechazada y descartada por la política económica convencional, se tornó altamente aceptable, a saber: gastos fiscales financiados, no por la emisión de más deuda (títulos del gobierno) sino simplemente ‘imprimiendo dinero’, es decir, el FED o el Banco de Inglaterra depositan dinero en la cuenta del gobierno para que este pague como quiera.

El comentarista keynesiano Martin Wolf, que ya se había aproximado de la MMT[2], ahora dice: “abandone las costumbres ultrapasadas. Los gobiernos ya desistieron de antiguas reglas fiscales, y con razón. Los bancos centrales también deben hacer lo que se fuere preciso. Eso significa financiamiento monetario de los gobiernos. Los bancos centrales fingen que lo que están haciendo es reversible y, por lo tanto, no es financiamiento monetario. Si eso los ayuda a actuar, todo bien, aunque sea probablemente falso… No hay alternativa. A nadie debe importarle. Existen maneras de administrar las consecuencias. Hasta el ‘dinero de helicóptero’ puede ser totalmente justificable en una crisis tan profunda”.

¡Las políticas de la Teoría Monetaria Moderna (MMT) llegaron! Ciertamente, se supone que ese financiamiento monetario puro sea temporario y limitado, pero los entusiastas de la MMT están convencidos de que pueden tornarse permanentes, como invocan. O sea, los gobiernos precisan gastar y, entonces, deben crear dinero para llevar la economía al pleno empleo y mantenerla. El capitalismo será salvo por el Estado y por la moderna teoría monetaria.

Yo discutí en detalles, en varios posts, las fallas teóricas en la MMT, a partir de una visión marxista. El problema con esa teoría y política es que ella ignora el factor crucial: la estructura social del capitalismo. Bajo el capitalismo, producción e inversión existen para la ganancia, no para atender las necesidades del pueblo, y la ganancia depende de la capacidad de explotar a la clase trabajadora suficientemente en comparación con los costos de inversión en tecnología y activos productivos. No depende de que el gobierno provea suficiente ‘demanda efectiva’.

La suposición de los economistas radicales pos keynesianos/MMT es que, si los gobiernos gastan, eso llevará a las familias a gastar más y al capitalista a invertir más. Así, el pleno empleo puede ser restaurado sin ningún cambio en la estructura social de una economía (esto es, del capitalismo). Bajo la MMT, los bancos no serían tocados; ni las grandes empresas; los FAANGs[3] permanecerían intocados; el mercado de acciones continuaría el mismo. El capitalismo sería arreglado con la ayuda del Estado, financiado por el árbol mágico de dinero (MMT).

Michael Pettis es un conocido macroeconomista residente en Beijing. En un artículo convincente, titulado “MMT heaven and MMT hell”[4], él asume la suposición optimista de que imprimir dinero para aumentar los gastos del gobierno puede resultar. Él dice: “el punto principal es el siguiente: si el gobierno puede gastar esos fondos adicionales de manera de hacer crecer el PIB más rápidamente que la deuda, los políticos no precisan preocuparse con inflación descontrolada o acumulación de deuda. Pero, si ese dinero no fuera usado productivamente, lo opuesto es verdadero”.

Y agrega: “crear o tomar dinero prestado no aumenta la riqueza de un país, a menos que eso resulte directa o indirectamente en un aumento en la inversión productiva… Si las empresas norteamericanas dudaran en invertir, no porque el costo del capital es alto sino porque la rentabilidad esperada es baja, es improbable que ellos respondan al intercambio entre capital más barato y menor demanda invirtiendo más”. Usted puede llevar el caballo al agua, pero no puede hacerlo beber.

Sospecho que gran parte de la generosidad fiscal y monetaria acabe no siendo gastada, sino acumulada o invertida no en empleados y producción sino en activos financieros improductivos –no es de a sombrar que las bolsas de valores del mundo se recuperen, en la medida en que el FED y otros bancos centrales inyecten dinero y hagan préstamos a interés cero–.

De hecho, hasta el economista de izquierda Dean Baker duda del paraíso de la MMT y de la eficacia de estos enormes gastos fiscales. “En realidad, es posible que veamos mucha demanda si una explosión de gastos pos aislamiento supera la capacidad inmediata de restaurantes, compañías aéreas, hoteles y otros negocios. En ese caso, podemos en realidad ver una explosión de inflación, cuando esos negocios aumenten sus precios en respuesta a la demanda excesiva”; o sea, el infierno de la MMT. Por lo tanto, él concluye que “gastos genéricos no son aconsejables en este momento”.

Bien, la prueba del budín se hace al comerlo[5], por lo tanto, esperemos. Sin embargo, las evidencias históricas que yo y otros compilamos a lo largo de la última década o más, muestran que el llamado multiplicador keynesiano tiene efecto limitado en la restauración del crecimiento, principalmente porque no es el consumidor el que importa en la recuperación de la economía sino las empresas capitalistas.

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Y hay nuevas evidencias sobre el poder del multiplicador keynesiano. No es de uno para uno, o más de uno, como frecuentemente afirman. Esto es, el aumento de 1% del PIB en los gastos del gobierno no lleva a un aumento de 1% del PIB en la producción nacional. Algunos economistas observaron este efecto en Europa en los últimos diez años. Ellos concluyeron que “en contraste con las alegaciones anteriores de que el multiplicador fiscal fue mucho mayor que uno en el auge de la crisis, argumentamos que el ‘verdadero’ multiplicador ex post[6] permaneció debajo de uno”.

Y hay pocas razones para que sea diferente esta vez. En otro artículo, otros economistas tradicionales sugieren que una recuperación en forma de V es improbable porque “la demanda es endógena y afectada por el choque de oferta y otras características de la economía, eso sugiere que el estímulo fiscal tradicional es menos eficaz en una recesión causada por nuestro choque de oferta…”. La demanda puede realmente reaccionar exageradamente al choque de oferta y llevar a una recesión por deficiencia de demanda por causa de la baja sustitución entre sectores y mercados incompletos, con consumidores limitados por la liquidez”, de manera que “varias formas de política fiscal, por dólar gastado, pueden ser menos eficaces”.

Pero, ¿qué más podemos hacer? Por lo tanto, “a pesar de eso, la política ideal para enfrentar una pandemia en nuestro modelo combina tanto el aflojamiento de la política monetaria como la previsión social abundante”. Y ese es el problema. Si la estructura social de las economías capitalistas permanece sin tocar, todo lo que resta es imprimir dinero y los gastos del gobierno.

Tal vez la propia profundidad y el alcance de esta caída pos pandemia cree condiciones en que los valores del capital sean tan desvalorizados por las quiebras, cierres y despidos que las empresas capitalistas más débiles sean liquidadas y las empresas tecnológicamente avanzadas o más exitosas resurjan en un ambiente de mayor lucratividad. Ese sería el ciclo clásico de expansión, retracción, y expansión, sugerido por la teoría marxista.

El ex jefe del FMI y aspirante a presidente francés, el famoso Dominique Strauss-Kahn, sugiere: “la crisis económica, destruyendo el capital, puede proveer una salida. Las oportunidades de inversión creadas por el colapso de parte del aparato de producción, como el efecto en los precios de las medidas de apoyo, pueden revivir el proceso de destrucción creativa descrito por Schumpeter”.

A pesar del tamaño de la crisis pandémica, no tengo certeza de que habrá destrucción suficiente de capital, principalmente porque gran parte del financiamiento de rescate mantendrá operando a las empresas, y no a las familias,. Por ese motivo, pienso que el fin de los aislamientos no causará una recuperación en forma de V o incluso un retorno a lo ‘normal’ (de los últimos diez años).

En mi libro La Larga Depresión, diseñé un diagrama esquemático para mostrar la diferencia entre recesiones y depresiones. Una recuperación en forma de V o de W es la norma, pero hay períodos en la historia capitalista en que la depresión domina. En la depresión de 1873-1897 (más de dos décadas) hubo varias caídas en diferentes países, seguidas de recuperaciones débiles que asumieron la forma de una señal de raíz cuadrada, donde la tendencia anterior de crecimiento no fue restaurada.

Figura 15: A partir de la izquierda: Recesión 1974-1975 típica (en V); recesión 1980-1982 típica (en W); depresión; depresión del fin del siglo XIX (1873 a los años 1880); gran depresión de los años 1930; larga depresión hasta ahora. Trend growth: tendencia de crecimiento

Los últimos diez años han sido semejantes al fin del siglo XIX. Y ahora parece que cualquier recuperación de la crisis pandémica será prolongada y también proporcionará una expansión por debajo de la tendencia anterior en los próximos años. Será una prolongación más de la larga depresión que experimentamos en los últimos diez años.

Notas:

[1] Cape Cod es una ciudad de veraneo en el litoral norteamericano.

[2] MMT: Moderna Teoría Monetaria (Modern Monetary Theory).

[3] Las empresas monopólicas de tecnología, Facebook, Google, etc.

[4] “El cielo y el infierno de la MMT”.

[5] Famoso dictado inglés que significa que la práctica es la única forma de juzgar la calidad o veracidad de algo. Los marxistas acostumbran decir que el criterio de la verdad es la práctica.

[6] Expresión que significa “basado en conocimiento, observación, y análisis”.

Fuente: Michael Roberts, The Post-Pandemic Slump
Traducción del original en inglés al portugués: Marcos Margarido.
Traducción del portugués: Natalia Estrada.