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Mi nombre es Erek Slater. Soy chofer de ómnibus de Chicago desde hace diez años. Mis compañeros me han elegido como su delegado sindical y miembro de la mesa ejecutiva del Sindicato Unido del Transporte (Local 241). Correo Internacional me ha pedido que dé algunas opiniones sobre la situación de los trabajadores en Estados Unidos. Este artículo está basado en el discurso que pronuncié en Corea, en noviembre de 2016[1].

Por: Erek Slater – Chicago, Estados Unidos

Fui despedido ilegalmente de mi trabajo como chofer en febrero de 2016, por mi actividad sindical y política. Quiero compartir con ustedes una buena noticia: nuestro sindicato obtuvo recientemente una victoria y logró reincorporarme al trabajo.

Además del apoyo de cientos de trabajadores y sindicalistas en Estados Unidos, quiero agradecer a todos los que escribieron pronunciamientos y enviaron su solidaridad, desde Corea hasta Brasil y Francia.

Sobre mis compañeros de trabajo

En mi garaje de Chicago, trabajan alrededor de 100 trabajadores de mantenimiento y 600 conductores de ómnibus. Junto con 7.000 trabajadores del transporte, movilizamos 1,5 millones de personas todos los días. Cada uno de nosotros es cabeza de familia y de nuestras comunidades.

Sin embargo estamos bajo constante ataque de los gobernantes de la ciudad y de sus gerentes designados. Se nos falta el respeto, se nos acosa y se no fuerza a condiciones de trabajo extremadamente peligrosas. Algunas de nuestras principales preocupaciones son [sin orden específico]:

  1. Falta de respeto, especialmente por la gerencia, para el duro, complejo e importante trabajo que hacemos.
    2. Nos hacen pagar más por la jubilación.
    3. Nos fuerzan a pagar más por menos servicios de salud.
    4. Programas peligrosos de trabajo y descanso. No hay tiempo suficiente ni locales seguros para usar el baño.
    5. Dos sistemas laborales (tiempo parcial vs tiempo completo) haciendo el mismo trabajo con condiciones dramáticamente diferentes de trabajo y salario (similar al trabajo irregular vs. trabajo regular en Corea).
    6. Violencia por la legítima bronca de los pasajeros, las tarifas demasiado altas y los recortes masivos en los servicios para los discapacitados físicos y mentales, los sin techo y los pobres.
    7. Lesiones por esfuerzo repetitivo y criminalización de trabajadores que intentan tener licencias por salud o ayudar a nuestra familia.
    8. Vigilancia masiva de nuestro trabajo junto con una política de disciplina y castigos excesivos.

Actualmente, estamos trabajando bajo el contrato que expiró en 2015. Nuestro último contrato mostraba significativos incrementos a los costos de nuestro plan de salud. Ahora los jefes quieren sacarnos más concesiones e intentan destruir nuestros sindicatos.

Debemos movilizarnos para encabezar nuestras comunidades de trabajadores para revertir estos ataques mientras luchamos por una masiva expansión del transporte público (y otras necesidades sociales), en tanto miles de trabajadores desempleados son despedidos de trabajos de primera línea, y pierden beneficios y salarios sindicalizados.

Algunas palabras sobre la situación actual en los Estados Unidos

Es importante discutir primero, brevemente, la historia moderna del movimiento de trabajadores estadounidense. El movimiento de trabajadores aumentó su fuerza durante las secuelas de la gran depresión (1929), al punto que los patrones tenían miedo de que los trabajadores pudieran tomar el control del país. Los patrones usaron su Estado (justicia, policía, militares y prensa) para encarcelar a líderes sindicales y revolucionarios. La Segunda Guerra Mundial fue usada como pretexto para estas y otras medidas antidemocráticas contra los trabajadores. Lo que quedaba de la dirección sindical trazó un curso de sumisión de los trabajadores a la patronal, atando a los trabajadores a marcos legales que debilitaban nuestra capacidad de usar nuestro poder colectivo.

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La producción industrial de los principales competidores de los Estados Unidos fue ampliamente destruida por la guerra y los patrones estadounidenses hicieron enormes ganancias. Fueron capaces de sobornar a una generación de trabajadores con salarios relativamente mejores. Desde esos tiempos, nuestras condiciones de vida y de trabajo han sido sistemáticamente rebajadas con relativamente poca resistencia efectiva de los trabajadores organizados. Durante este período, el movimiento de los trabajadores ha olvidado muchas de las lecciones aprendidas cuando combatió abiertamente el poder de los patrones sobre nosotros (con importantes excepciones, tales como el movimiento por los derechos civiles). Por eso, los trabajadores estadounidenses tienen mucho que aprender de los trabajadores del mundo y nuestras luchas compartidas.

El ataque global sobre las condiciones de vida y trabajo, la protección laboral y los derechos democráticos también está en curso en EEUU. Nuestras necesidades públicas, como la vivienda, la salud y el transporte público están siendo recortadas. Nuestro trabajo se hace más duro y peligroso. Nuestro salario real de bolsillo ha sido rebajado por generaciones.

La resistencia a estos ataques se ha desarrollado en luchas nacionales, como el combate contra la violencia policial y los encarcelamientos en masa, la lucha contra el racismo y la xenofobia, y la lucha por un salario mínimo digno.

La lucha por el salario mínimo de 15 dólares la hora y la organización sindical

Cerca de 9 de cada 10 trabajadores estadounidenses no están sindicalizados. Millones de trabajadores han sido forzados a empleos temporarios, de tiempo parcial o “irregulares”. Los trabajadores de los fast-food y otros de bajos salarios han sido apoyados por el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios en su lucha por un salario de 15 dólares la hora, sistema de trabajo de horario completo y la sindicalización. Algunas ciudades y Estados han elevado el salario mínimo a 15 dólares, aunque en muchos casos esto es demorado por varios años y muchas categorías de trabajadores han sido excluidas. El reconocimiento sindical ha sido lo más duro de conseguir.

Desde las grandes huelgas con bloqueos de las décadas de 1940 y 1950, los sindicatos han reducido su tamaño y su poder. Los dirigentes sindicales pro-patronales se han rehusado a movilizar a las bases y le dicen a los trabajadores que no podemos hacer nada salvo votar a los políticos patronales. La lucha por un salario mínimo más alto así como aquella por similares condiciones de trabajo para toda la clase obrera ayudan a unir a la clase. Sin embargo, los dirigentes oficiales de los trabajadores no quieren hoy organizar e impulsar la actividad autónoma y la militancia de la clase trabajadora. Esta tensión entre la estrategia ineficaz y las necesidades urgentes de los trabajadores ha creado una crisis dentro del movimiento, que ha explotado parcialmente en la lucha por los 15 dólares.

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Algunas palabras sobre la política en EEUU

Donald Trump es el nuevo presidente electo de EEUU. Como había dos opciones malas, muchos trabajadores votaron por Trump. La gran mayoría no lo hizo porque apoye su machismo, su racismo contra los negros, su xenofobia o los ataques a los musulmanes. La mayoría votó por Trump a pesar de su retórica. La campaña de Clinton, el partido demócrata y las direcciones sindicales que la apoyaron nos ofrecieron muy poco salvo más de los mismos ataques a nuestras condiciones de trabajo y de vida. Muchos de los sectores dominantes preferían un candidato tipo Obama para proyectar una falsa imagen de comprensión para cubrir su hipocresía y sus agresiones imperialistas internacionales. Hoy la máscara cayó.

Las recientes manifestaciones de miles en muchas ciudades de EEUU protestando contra la elección de Trump son una advertencia a la clase dominante: si intentas atacarnos habrá resistencia.

Ahora, todas las armas del gobierno (Cámara de Diputados, Senado, Presidencia y, pronto, la Suprema Corte) son controladas por el sector del partido republicano de la burguesía. Este partido representa casi los mismos intereses de clase que el partido demócrata. Sin embargo, generalmente impulsa una confrontación más abierta y directa con la clase trabajadora.

La riquísima clase dominante estadounidense no quiere hacer lo que la crisis del capitalismo la fuerza a hacer: atacar a la clase trabajadora y provocar nuestra resistencia, organización y la reapertura del potencial de construir una alternativa a su injusto dominio.

En Estados Unidos no existe actualmente un tercer partido de masas. Ambos partidos patronales están en crisis. No hay un partido laborista pro-capitalista o “socialista” que libere el vapor de las luchas de la clase. Bernie Sanders es un reflejo de esto. Tanto la retórica “anti-establishment” de Sanders como la de Trump muestran que hay un inmenso espacio para una acción política de masas de la clase trabajadora, destinada a construir un gobierno por y para el pueblo trabajador en Estados Unidos. Si no lo hacemos, hay un peligro real de que la clase dominante vuelva al fascismo o a la guerra mundial para salvar su sistema y su injusto dominio.

Sobre la conexión entre los trabajadores del mundo y los de Estados Unidos

Recientemente, en Seúl, pude asistir a una gran manifestación organizada por la Confederación Coreana de Sindicatos. Fue impresionante. ¡Mostraron con su lucha disciplinada que la clase obrera es capaz de dirigir Corea del Sur!

Sin embargo, los gobiernos de Estados Unidos no respetan los derechos del pueblo coreano ni de muchos otros en el mundo. Apoyan dictaduras, hacen invasiones y mantienen bases militares por todo el mundo. Incluso cuando en muchos países hay gobiernos electos, la mayoría está al servicio de mantener el dominio de las corporaciones internacionales.

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La clase trabajadora de los Estados Unidos, junto con los trabajadores de todo el mundo, puede forzar el retiro de estas bases miliares e impedir invasiones. La clase trabajadora estadounidense puede hacer pagar un precio político tan alto que ayude a tener gobiernos legítimos en esos países. Lo hemos hecho antes: en 1945, cuando las tropas que volvían a casa (después de la Segunda Guerra Mundial) dijeron ¡No! a atacar China. Lo hicimos en la década de 1970 junto con la victoria militar del pueblo de Vietnam: los soldados estadounidenses se rebelaron al igual que muchos en Estados Unidos.

Es vital que el pueblo trabajador estadounidense comprenda la lucha de los pueblos del mundo y que debemos tomar un rol activo en nuestra mutua emancipación. La organización de la clase trabajadora en el mundo y en los Estados Unidos necesita urgentemente desarrollar lazos directos de comunicación, educación y lucha compartida.

Por muchas generaciones, los Estados Unidos han sido el centro de la dominación imperialista. La clase dominante estadounidense han hecho recientemente un giro hacia una renovada dominación económica, diplomática y militar de los pueblos del mundo. Esta provocación es un peligro para todo el mundo. La clase trabajadora estadounidense no tiene intereses objetivos en la dominación de otros pueblos trabajadores. En última instancia, nuestro futuro es el mismo que el de ellos: debemos unir nuestros brazos internacionalmente para superar la época capitalista y construir una nueva sociedad mundial.

[1] El discurso sobre el que este artículo fue tomado está disponible completo en: https://www.scribd.com/document/331489317/Speech-to-Korean-Workers-and-International-Delegations-Nov-14-2016 y en YouTube, aquí: https://www.youtube.com/watch?v=jlycfElW5PY

Artículo publicado en la revista Correo Internacional n.° 16, enero de 2017.-