Compartir

Acaban de conocerse los resultados de las elecciones de “medio término” en EEUU, en las que se renueva parte de las dos cámaras legislativas y de los gobernadores de los Estados. Donald Trump planteó estas elecciones como un “plebiscito” sobre su gobierno y, considerado en esos términos, sufrió una derrota electoral. Sin embargo, no fue una derrota contundente sino parcial.

Por: Alejandro Iturbe

Las elecciones de “medio término” (llamadas así porque se realizan en la mitad del mandato presidencial de cuatro años) son consideradas un test sobre la fortaleza política de un presidente y de su gobierno. Un triunfo de su partido y sus candidatos lo fortalece mientras que una derrota lo debilita. Si esta derrota es muy fuerte, será un lame duck (un “pato manco”) porque “caminará con muchas dificultades” (su poder muy disminuido) hasta el final de su mandato.

El tono dado por Trump (y también por los demócratas) valorizaron la importancia de estas elecciones: tuvieron un récord de participación de votantes (113 millones), transformándolas en la más importante elección de “medio término” de la historia del país [1]. Recordemos que el voto en EEUU no es obligatorio y las elecciones se realizan un día hábil: los trabajadores tienen que pedir permiso en sus empleos y les descuentan el salario de las horas no trabajadas. En ese marco, los demócratas consiguieron una importante “movilización” de su base electoral en las grandes ciudades.

¿Por qué decimos que estas elecciones fueron una derrota parcial de Trump? En primer lugar, si se suman los resultados obtenidos por los candidatos de ambos partidos, los republicanos sacaron menos votos populares que los demócratas. En segundo lugar, perdieron 26 escaños en la Cámara de Representantes (diputados) y, con ello, la mayoría que tenían en esta. En tercer lugar, perdieron siete gobernaciones de Estados. Por otro lado, atenuando esta derrota, Trump mantuvo (e incluso amplió) su mayoría en el Senado.

En términos de funcionamiento institucional, el hecho de que cada Cámara quede bajo el control de partidos diferentes, determina una especie de empate. La Cámara de Representantes es la que tiene la potestad de poner en marcha las propuestas legislativas o de trabar las propuestas del Poder Ejecutivo. También puede exigirle al Presidente, por ejemplo, que haga públicas sus declaraciones de renta o que explique el “escándalo ruso” (las relaciones con Putin y su supuesta injerencia en la campaña electoral de 2016). Por su parte, al controlar la Cámara de Senadores, Trump puede trabar las iniciativas legislativas de los demócratas y frenar cualquier posibilidad de impeachment (destitución por juicio político) si los demócratas intentaran impulsarlo.

Una situación de este tipo puede resolverse con un mecanismo de negociación permanente que seguramente se dará en cuestiones impostergables como el presupuesto anual. Pero existe la posibilidad de que lleve a una situación de parálisis o impasse institucional. En este marco, Trump vuelve a ser Trump: declaró que se consideraba “triunfador” y, cuando fue consultado por la nueva mayoría demócrata en la Cámara baja, respondió: “que hagan lo que quieran, que yo haré lo que quiera”[2].

Lea también  Latinoamérica: el avance del dominio imperialista (Parte 1)

El contenido político

Hasta aquí, nos hemos referido a las consecuencias institucionales del resultado. Vamos a intentar esbozar ahora su contenido político. Los demócratas volvieron a mostrar su predominio y se fortalecieron en las grandes ciudades más industrializadas, modernas y cosmopolitas, como Nueva York y Filadelfia, e incluso avanzan en otras de tradición republicana, como Houston y Oklahoma City. Los republicanos se mantienen fuertes y se consolidaron en los distintos estratos sociales de su base agraria, las pequeñas ciudades del medio rural o las ciudades más conservadoras [3].

Los debates de la campaña apenas rozaron las necesidades de los trabajadores y las masas. Recordemos que los demócratas ya habían frenado el proceso de ascenso y movilizaciones que se dio en los primeros meses del gobierno Trump. Coherentes con esa política, ahora centraron su campaña en “retomar el Congreso” [4]. Es decir, “no hay que luchar porque todo se resuelve si obtenemos la mayoría”.

Es cierto que sus candidatos hablaron del “gana pan”, es decir, de los problemas económicos de los sectores populares, pero lo hicieron de modo totalmente desligado de la realidad asociada a ese aumento de la pobreza, tales como el salario mínimo, el racismo, los ataques a los inmigrantes, la brutalidad policíaca, etc.[5]. No podían hacerlo porque el balance del gobierno Obama es muy negativo en este aspecto.

Hubo sí un tema entre las necesidades populares que fue centro de las campañas: el sistema de salud y su reforma. El ACA (American Care Assistances) contiene un sistema de salud pública débil para un país imperialista. Pero los republicanos han querido tumbarlo y no han podido. Los demócratas hicieron campaña para salvaguardarlo y expandir los frágiles sistemas de salud como Medicaid y Medicare. Incluso su ala izquierda propuso un “Medicare for all” (“salud pública para todos”), una consigna que viene ganando fuerza. Muchos trabajadores votaron en ese partido por este motivo.

Pero sin reflejar el conjunto de los problemas de los sectores más explotados y oprimidos, su campaña parecía estar dirigida solo a disputar la minoría de la clase obrera blanca que había votado por Trump en 2016. Por su parte, Trump y sus candidatos se apoyaron en una coyuntura económica favorable y acentuaron su discurso de odio, racismo y xenofobia, que les había dado resultado en las elecciones anteriores.

Algunos datos interesantes sobre la evolución de una parte del electorado hacia la izquierda en estos temas de racismo y discriminación: en Colorado fue electo gobernador Jared Polis, el primero en toda la historia del país en asumirse públicamente como homosexual; Ilhan Omar (una refugiada somalí que concurrió por los demócratas en Minnesota) y Rashida Tlaib (nacida en EEUU, de padres palestinos, en Michigan) son las primeras mujeres musulmanas en llegar al Parlamento. También fueron electas dos mujeres jóvenes de los pueblos originarios[6].

Debemos destacar la elección en Nueva York de Alexandria Ocasio-Cortez, de origen portorriqueño que, con 29 años, es la mujer más joven en entrar al Congreso. Representa el sector más a la izquierda de los demócratas (el ala Sanders) y se identificó públicamente con el “socialismo”. En su campaña llamó a “abolir la ICE/Migra” (el aparato de persecución y represión a los inmigrantes indocumentados), aunque luego agregó que proponía reemplazarla con “una policía más humana”[7].

Lea también  G20: rechacemos a Trump, el FMI, y a Macri que los invita

Los dilemas de los demócratas

El resultado final de esta elección, tal como vimos, fue una derrota parcial de Trump y una situación de empate que puede derivar en un impasse o semiparálisis institucional. A nuestro modo de ver, este hecho es un nuevo episodio del lento proceso de crisis que está viviendo el régimen político estadounidense y que hemos analizado en diversos materiales anteriores[8].

Este sistema está basado en la alternancia en el poder de los dos partidos burgueses imperialistas (Demócrata y Republicano), que se apoyan en franjas sociales y políticas diferentes del electorado (con un sector intermedio que oscila entre ambas). El partido republicano entró en una profunda crisis luego del fracaso del proyecto de George W. Bush: en los hechos, está dividido en tres fracciones y debió aceptar el predominio de Trump (un outsider con equipo propio) sobre los sectores más tradicionales.

Los demócratas también expresan una coalición que, bajo la dirección de un sector de la burguesía imperialista, incluye a sectores sindicales, movimientos sociales y minorías. Vivieron un “momento de gloria” con la elección de Obama. Pero el fracaso de sus gobiernos en resolver los problemas reales de los trabajadores y las masas, le produjeron un fuerte desgaste que se expresó en la derrota electoral de 2016, así como en incipientes rupturas electorales por izquierda y el surgimiento de procesos de lucha por fuera de su control. Recordemos que Obama tuvo políticas muy duras en aspectos como la inmigración y, frente a la crisis de 2008, realizó un claro salvataje de bancos y grandes empresas, en detrimento de las necesidades de las masas.

Su crisis es más lenta y menos explosiva que la que vivieron los republicanos: todavía es capaz de frenar o retardar los procesos de movilizaciones y de cooptar direcciones. Ahora ha recibido un poco de aire electoral e institucional (aunque no fue de la magnitud que esperaban) e, incluso, podría ganar las elecciones presidenciales de 2020. Evitaron la profundización de la crisis y lograron frenarla, pero no la resolvieron.

En su interior se desarrolla un gran debate: adoptar un perfil más moderado y concentrarse en la economía para disputar la base electoral de Trump o ir más a la izquierda y tomar problemas muy profundos como machismo, racismo, inmigración, derechos LGBT, etc. Un debate que los recientes resultados electorales no cierran (hubo triunfos y derrotas de uno y otro sector). Como reflejo de esa situación, sigue sin resolverse la “crisis de liderazgo” de cara a las próximas elecciones presidenciales. Un analista político bromeó diciendo “hay 7.000 demócratas que piensan que van a ser presidentes [en 2020][9], aunque este mismo analista dice que hay seis posibles candidatos que se destacan, con diferentes perfiles. En este marco, la mayoría de la actual dirección demócrata se inclina por no radicalizar el discurso.

El fin del “sueño americano”

Este proceso de lenta crisis del régimen tiene, como marco de fondo, el fin del “sueño americano”: la idea de que, cualquiera fuera su origen social, “con trabajo duro y honesto” era posible ir mejorando cada vez más las condiciones económicas. Este sueño comenzó a agonizar desde los inicios de los años ’80 y ahora ya ha muerto de modo definitivo[10]. En el país crece la pobreza e incluso la miseria: millones de trabajadores no consiguen garantizar el sustento de la familia con su salario; cada vez hay más personas viviendo en la calle; el costo de la salud es prohibitivo, y todo así por el estilo. Una realidad que se hace aún más dura para las comunidades latinas y negras, no solo en el terreno socioeconómico: los inmigrantes son perseguidos como criminales y los jóvenes negros son asesinados impunemente por las fuerzas policiales. Esa es la realidad del capitalismo, incluso en el país más rico del mundo.

Lea también  Las armadillas del foco de los Demócratas para “retomar” el Congreso

Ni los republicanos ni los demócratas (los dos partidos que expresan a diferentes sectores burgueses imperialistas) van a acabar con esta realidad. Aunque sus discursos son diferentes (uno es “popular” y “democrático”, el otro, reaccionario), ambos partidos solo van a agravar esta situación (como ya lo hicieron en el pasado). Esa es la razón más profunda de esta lenta crisis del régimen y de la posibilidad de que este posible impasse institucional la profundice.

Los trabajadores y las masas no pueden esperar nada de este régimen ni de ninguno de ambos partidos. Es necesario enfrentar con lucha esa realidad económico-social y, en especial, cada una de las decisiones del gobierno Trump que la empeoren, así como sus medidas originadas en el odio machista y contra los inmigrantes (como la amenaza de disparar contra los miles que integran la columna de centroamericanos que quiere entrar al país). No hay que caer en el “canto de sirena” de los demócratas: “volveremos en 2020 y resolveremos todo”. Las necesidades más profundas de los trabajadores y las masas exigen que esa lucha se organice y se fortalezca de inmediato.

Notas:            

[1] https://www.cbsnews.com/news/record-voter-turnout-in-2018-midterm-elections/

[2] https://www.lavanguardia.com/internacional/20181107/452787057260/trump-pierde-gana-elecciones-legistalivas.html

[3] https://www.nytimes.com/interactive/2018/11/06/us/elections/results-house-elections.html?action=click&module=Ribbon&pgtype=Article  

[4] Ver  https://litci.org/es/menu/debates/las-armadillas-del-foco-los-democratas-retomar-congreso/

[5] Ibídem.

[6] https://www.nytimes.com/2018/11/07/us/politics/election-history-firsts-blackburn-pressley.html?smid=fb-nytimes&smtyp=cur&fbclid=IwAR3zDjfai7J3bqK2EEIgmvuvdyPovrC2orV7b81tOK-DQeEhZM9cxYrmWME 

[7] https://www.cnbc.com/2018/11/06/alexandria-ocasio-cortez-is-now-the-youngest-woman-elected-to-congress.html

[8] Ver, por ejemplo, la revista Correo Internacional n.° 16 (enero de 2017).

[9] https://www.dn.pt/mundo/interior/democratas-de-olho-em-2020-5693084.html

[10] Ver https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/sueno-americano-ha-muerto/