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Ya se conocen los resultados del llamado “supermartes” (votación en 14 estados) en las elecciones primarias que definen los candidatos presidenciales de los dos tradicionales partidos burgueses imperialistas: los republicanos y los demócratas.

Por Alejandro Iturbe

Ambos partidos expresan coaliciones de distintos sectores burgueses imperialistas. Al mismo tiempo, tradicionalmente, tienen bases sociales electorales diferentes: los republicanos se asientan sobre el votante blanco de clase media, con mayor peso en el interior y las ciudades menores, y de visiones reaccionarias; la base demócrata era la clase obrera y las minorías (fundamentalmente negros y latinos), con mayor peso en las grandes ciudades de las costa este y oeste, una visión de mayores libertades democráticas y de cierta asistencia social de Estado.

Esto hace que existen estados en los que siempre gana los demócratas y otros en que siempre ganan los republicanos, con un sector intermedio que oscila entre uno y otro partido, y determina el resultado específico de cada elección, en un régimen político basado en la alternancia de los partidos en el poder.

¿De nuevo Trump?

En la elección presidencial pasada, con su discurso, a la vez reaccionario y populista del “America first” (“Estados Unidos en primer lugar), Trump logró quebrar parte de esa hegemonía demócrata entre los obreros blancos y así derrotar a Hillary Clinton, en 2016 [1].

En estas primarias, es prácticamente segura la nominación final de Donald Trump por parte de los republicanos. Fortalecido por haber derrotado el proceso de impeachment en la Cámara de Senadores y por una situación económica que, por ahora se mantiene estable, iría por su reelección a la Casa Blanca.

Trump ingresó al partido en el marco de la profunda crisis y el fraccionamiento que este vivía después del fracaso del proyecto de George Bush en las guerras de Irak y Afganistán, y logró ganar su nominación contra el tradicional aparato partidario. Posteriormente, en el marco de una polarización, se ve beneficiado por cierto desgaste electoral de los demócratas y, de modo un tanto inesperado, es electo presidente.

No era el hombre preferido por sectores imperialistas de la burguesía imperialista estadounidense pero allí estaba. Algunas de sus visiones políticas y su estilo grosero provocaron varias crisis nacionales e internacionales. Pero podemos decir que esos sectores burgueses han aprendido a coexistir con él. Por un lado, intentan moderar sus exabruptos; por el otro, lo aprovechan con temas tales como la reforma fiscal impositiva (muy favorables para las empresas) y la renegociación de los acuerdos de libre comercio con México y Canadá, o las relaciones comerciales con China.

Con respecto, al movimiento de masas, en el propio inicio de su gobierno, debió enfrentar fuertes movilizaciones de la juventud y las mujeres. Luego hubo una gran movilización contra algunas de sus medidas de ataque al ingreso legal de inmigrantes o al retorno de los que ya vivían en Estados Unidos. Hubo también luchas de la clase trabajadora, entre las que se destacan una muy masiva por el salario mínimo de 15 dólares la hora, en los sectores de servicios, y la huelga sin precedentes de los docentes de diversos Estados del país, en la primavera boreal de 2018. Estos hechos marcaron un cambio en la dinámica de la lucha de clases en el país, en una ola de luchas que aún no está cerrada. Cabe agregar ahora, las grandes movilizaciones recientes contra el deterioro climático en las que Trump, por sus posiciones, es claramente el “enemigo”.

El Partido Demócrata (o sus cuadros en el movimiento de masas) impulsaron y participaron de algunas de esas movilizaciones, pero, en el marco de su estrategia electoral, siempre lo hicieron para controlarlas y evitar que desbordasen hacia una lucha generalizada contra Trump.

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Más allá de las bravuconadas de Trump, se trata de un gobierno relativamente débil, condicionado tanto por la división de la burguesía imperialista estadounidense como por la relación con el movimiento de masas. Esa debilidad relativa se acentuó luego de las recientes elecciones parlamentarias de “medio término”, la derrota parcial de Trump frente a los demócratas y la pérdida de la mayoría en la Cámara de Representantes, que llevó a una situación de impasse el régimen institucional burgués de EEUU.

Hablamos de debilidad relativa pero no es un gobierno paralizado o que no impulse ofensivas. Por ejemplo, ha logrado nombrar numerosos jueces conservadores y ha depurado la administración del Estado como no lo había hecho ningún otro presidente. Hasta el momento, ha nombrado 2 jueces del Supremo Tribunal, 44 jueces de los Federal Circuit Courts y 112 de los Distric Court Judges. Es decir, que más o menos 1 de cada 4 jueces hoy en ejercicio ha sido nombrado por Trump.

Por otro lado, a pesar de esa debilidad relativa, en estos momentos, una combinación de factores puede llevar a que sea reelecto.

La situación de los demócratas

Uno de los factores centrales que contribuyen a ello es la indefinición en su candidatura que vive el partido demócrata. El hombre apoyado por el aparato partidario es Joe Biden, de 77 años, ex vicepresidente de Barack Obama [2]. Es un político un tanto gris que desarrolló toda su carrera en el aparato del partido, en el Parlamento y en el Estado. Se trata, por lo tanto, de un hombre “confiable” para la burguesía imperialista, con un perfil público que lo ubica a medio camino entre la imagen conservadora de Hillary Clinton y la de “progresista de izquierda” de Sanders.

Sin embargo, no estaba consiguiendo “despegar” en las elecciones primarias. Uno de los factores que incidía fueron las denuncias de corrupción empresarial en el exterior de su hijo Hunter, detonadas por Trump [3]. En las primarias iniciales obtuvo malos resultados y parecía que su pre-candidatura agonizaba

Sin embargo, la última elección realizada en Carolina del Sur, marcó un punto de inflexión a partir del apoyo masivo de la base electoral negra. Esto se confirmó en el super-martes en que superó a Bernie Sanders en 10 de los 14 estados y ya acumula mayor cantidad de delegados a la convención demócrata que es la que elige el candidato definitivo (345 a 27) [4]. Otros precandidatos como Buttigieg y Klobuchar desistieron de sus postulaciones y llamaron a apoyarlo. Fue una maniobra exitosa del aparato demócrata.

Pero la elección primaria demócrata está lejos de estar definida: se necesitan 1.991 delegados para asegurarse la nominación y aún faltan las votaciones en Estados que eligen muchos delegados como Nueva York, Florida, Ohio y Pensilvania. Lo que ya parece claro es que la alternativa será entre Joe Biden y Bernie Sanders y que los otros postulantes (la senadora Elizabeth Warren, el millonario Michael Bloomberg, Pete Buttigied) van a terminar declinando su precandidatura y orientado a sus delgados elegidos a apoyar a uno u otro.

Bernie Sanders

El principal adversario de Joe Biden en estas primarias es el senador por Vermont Bernie Sanders, de 78 años. Es una figura muy particular dentro de la política estadounidense: se presenta a sí mismo como “socialista democrático”, crítica al capitalismo y propone medidas como servicios de salud gratuita para todos (en un país donde este rubro es uno de los más caros del mundo) y recortar el poder económico y político de las grandes empresas y bancos.

Aunque intenté aparecer como tal, Sanders no es en realidad un outsider del sistema político burgués: cumple el papel de presentar un discurso de izquierda para canalizar un sector de la base electoral demócrata que se ha radicalizado y es cada vez más escéptico con este sistema político y con el propio capitalismo. Es un dique de contención para evitar que esa base rompa con los demócratas y los desborde. Su papel no es impulsar el “socialismo” sino por el contrario evitarlo [5].

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Sin embargo, independientemente del verdadero papel político de Sanders, lo cierto es ese discurso le ha permitido ganar un gran espacio entre los trabajadores, las minorías y esencialmente entre la juventud.

El fin del “sueño americano”

Esto se debe a que se acabó, desde hace varias décadas, el llamado “sueño americano” en las masas que creían que con, “trabajo duro” y esfuerzo, toda familia de trabajadores estadounidenses podía mejorar cada vez más su nivel de vida. Esa ilusión ya no puede sostenerse ni “venderse”. En el país más rico del mundo, en 2017, las estadísticas estimaron que más de 13% de la población del país vivía debajo de la línea de pobreza (23.000 dólares de ingresos anuales para una familia de cuatro personas). Hablamos de casi 41 millones de personas, pero el porcentaje es mayor en las comunidades negra y latina.

Es necesario resaltar que el índice de pobreza es más que el triple del porcentaje de desempleo el mismo año (que había caído a poco más de 4%). Para millones de familias, tener un empleo estable y recibir un salario fijo no es suficiente para no ser pobre [6].

Un sector de las masas cada vez cree menos en el “sistema”. Por eso, aumentan las huelgas y luchas, un sector de la población se radicaliza políticamente y lo expresa electoralmente en el apoyo a Sanders y su discurso “socialista”.  Como tal, este fenómeno es muy progresivo, aunque Sanders pretenda llevarlo a una vía muerta.

El problema es que para el aparato demócrata (y el sector de la burguesía imperialista que lo controla) la función de Sanders es ser un “dique de contención”, no el candidato del partido y menos aún el futuro presidente. Ese papel está reservado para Joe Biden. Entre otras cosas porque si Sanders gana la presidencia las masas pueden exigir que cumpla con sus promesas “socialistas”.

Por eso, están haciendo lo imposible para que esto no suceda y todo el aparato y los demás precandidatos se unen contra él: a los que desistieron antes de la primaria, ahora se suma Bloomberg (que declaró su apoyo a Buiden) y Elizabeth Warren, que dijo que se retira, pero aún no decidió si apoya a alguien o no.

En la convención, les queda además el recurso de los “superdelegados”: cerca de 800 participantes que no son electos sino designados por los aparatos partidarios. Finalmente, digamos que la convención no está obligada a elegir el candidato con más delegados, sino que puede elegir otro, si considera que las circunstancias lo justifican.

Por supuesto que el objetivo es lograr que Biden sea electo por los canales normales (elecciones primarias y convención) pero no podemos descartar que, si no lo logra, algunos sectores demócratas impulsen “medidas extraordinarias” para evitar la nominación de Sanders o incluso boicotear su campaña si, a pesar de todo, el partido se ve obligado a nominarlo [7]. Claro que cualquiera de las últimas alternativas dejaría al partido con una profundísima crisis ya que sería casi como decir que “es preferible que gane” Trump.

Tal como hemos dicho, la tendencia de la primaria demócrata está indefinida con varias hipótesis posibles y también con varias alternativas del resultado de la elección presidencial final contra Trump. Sin embargo, este breve análisis sobre qué expresa este protagonismo de Bernie Sanders es válido para cualquiera de las alternativas posibles.

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El lema de fondo de los demócratas sigue siendo “todo será mejor con nosotros” (por la vía electoral y dentro del sistema capitalista-imperialista). Esto es válido tanto si el candidato es Biden o Sanders, aunque el discurso de Sanders sea más radicalizado y atractivo para las masas, especialmente para la juventud.

Muchos sectores de izquierda en Estados Unidos y en el mundo “compran el paquete completo” de Sanders sin diferenciar lo que es el fenómeno progresivo de la radicalización electoral que expresa de su verdadero papel de contención en el juego político estadounidense. Y llamar a apoyarlo electoralmente o, peor aún, a confiar en él y en un posible y futuro gobierno.

Por nuestra parte, creemos que los trabajadores y las masas estadounidenses no debe oír este “canto de sirena” de los demócratas. Por el contrario, deben redoblar sus luchas contra el gobierno de Trump y un posible futuro gobierno demócrata y sus ataques. Así podrán avanzar en su organización independiente de toda variante burguesa. Por otro lado, los últimos gobiernos demócratas de Barack Obama ya mostraron que no será con ellos [representantes de una fracción de la burguesía imperialista estadounidense] que los problemas de los trabajadores, las trabajadoras y las masas tendrán solución.

Sabemos que muchos activistas no comparten nuestra opinión sobre Sanders y que lo consideran un político progresivo que está luchando honestamente por combatir al sistema y difundir las ideas socialistas. Ya hemos dicho que no tenemos acuerdo con esto, pero lo que es claro es que ese combate no puede darse dentro del aparato de un partido burgués imperialista como los demócratas y en la perspectiva de una Convención que un “juego de cartas marcadas” para que gane Biden.

Sanders por su parte, ha dicho que apoyara al candidato demócrata que salga electo, tal como hizo con Hillary Clinton en la elección anterior. Es decir, siempre acaba disciplinándose al aparato del partido. Si Sanders es realmente independiente y honesto tiene una forma muy clara de demostrarlo: que rompa con el partido demócrata y se presente como candidato independiente. Llamamos a sus apoyadores y electores a que impulsen esta propuesta.

Notas:

[1] Sobre este tema recomendamos leer la revista Correo Internacional 16, enero de 2017.

[2] Ver artículo en https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/el-impeachment-a-trump/

[3] Ídem

[4] https://www.nytimes.com/?auth=linked-google1tap

[5] Ver artículo https://litci.org/es/menu/lit-ci-y-partidos/partidos/workers-voice-eeuu/elegir-bernie-sanders-2020-ayuda-la-lucha-socialismo-la-historia-las-contradicciones-la-politica-electoral-reformista/

[6] Ver artículo https://litci.org/pt/mundo/america-do-norte/eua/o-sonho-americano-morreu/

[7] https://vientosur.info/spip.php?article15663