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Nueva ley conjunta de republicanos y demócratas

El senador Edgard Kennedy fue uno de los principales oradores del acto realizado en Washington el 10 de abril. Al mismo tiempo, junto con otro senador demócrata, fue  autor de un proyecto de ley, alternativo a la HR 4437, que recibió el apoyo de varias organizaciones de inmigrantes (proponen que el objetivo de las movilizaciones sea la aprobación de esa ley). Creemos que es un grave error.

Es importante señalar, además, que, luego de la votación negativa en el Senado contra su proyecto original, el propio Kennedy está negociando con los republicanos una nuevo proyecto conjunto de ley que, según él, «incluye los principales puntos» de su proyecto (El Nuevo Día, 12/04/06). 

 

La ley negociada

 

¿Cuáles serían estos principales puntos? En primer lugar, a diferencia de la HR 4437, la nueva ley negociada elimina la figura de «criminal peligroso» para los inmigrantes ilegales y de «complicidad» para quienes los ayuden. Pero no dice una palabra sobre la actual legislación represiva que ya existe contra los inmigrantes indocumentados.

En segundo lugar, legalizaría la situación de quienes puedan demostrar que  han vivido en EE.UU. más de cinco años. Esos inmigrantes ilegales (calculados en cerca de 7 millones de personas) obtendrían un permiso de trabajo por cinco años y luego otro por seis años más. Cumplido ese plazo, si tienen un empleo, aprenden inglés, pagan impuestos atrasados y una multa, y no tienen antecedentes penales pueden pedir la ciudadanía. En otras palabras, una «legalización» totalmente precaria para los próximos once años y condicionada al cumplimiento de muy difíciles requisitos.


Al mismo tiempo, esto significa que los otros 5 millones de indocumentados serán, de hecho, expulsados del país, aunque puedan solicitar una visa legal desde sus países, para poder retornar a EE.UU. Como la ley propone un cupo anual de 325.000 visas provisorias de trabajo, la mayoría, de hecho, jamás podrá volver legalmente.
 

 

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Los imperialistas saen unidos

 

No es casual que el senador Kennedy sea uno de los impulsores de este proyecto de ley profundamente imperialista y contrario a las necesidades de los trabajadores inmigrantes. El partido demócrata al que él pertenece es una de las dos grandes organizaciones políticas de la burguesía imperialista estadounidense, junto con los republicanos de Bush. Kennedy expresan los intereses de la burguesía financiera de la costa este y siempre han tenido mucha peso dentro de ese partido (su hermano John fue presidente de EE.UU. y Robert también fue senador).

En este caso concreto, Edgard Kennedy, al igual que sectores importantes de la burguesía estadounidense, consideraron que el proyecto original de los republicanos era «extremista» y peligroso. Era necesario elaborar otro que evitase un choque frontal con los trabajadores inmigrantes (o, por lo menos dividiera, sus fuerzas) y, a la vez, sirviera a las necesidades burguesas de seguir explotando la mano de obra inmigrante. Eso es lo que tratan de lograr con esta nueva ley negociada.

Ante la dificultad de pasar el proyecto republicano originario, el propio Bush expresó: «Estoy satisfecho de que republicanos y demócratas estén trabajando juntos en el Senado de Estados Unidos para tener un proyecto de ley migratorio amplio» (El Nuevo Día, 12/04/06). Como en un juego de espejos, Kennedy declaraba: «Estoy orgulloso de que el Senado haya llegado a un acuerdo para tratar la necesidad urgente de una reforma migratoria amplia. Nuestro plan es duro y justo, y estoy alentado porque el Presidente ahora lo apoya» (id.).

En otras palabras, más allá de sus diferencias, ambos dirigentes imperialista se unen para atacar a los trabajadores inmigrantes. Es imprescindible, entonces, que los trabajadores nos unamos contra ellos.