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“Cómo ganar mucho dinero mintiendo para el mundo y con la sangre de los inocentes”.

Por: Asdrúbal Barboza

El gobierno de Arabia Saudita, dicho sea de paso, una monarquía absolutista dirigida despóticamente por el multimillonario Mohamad Bin Salman (el país es el mayor exportador de petróleo del mundo), anunció un ataque con drones contra sus refinerías, llevado a cabo por Rebeldes houthis de Yemen, que habría provocado incendios en dos instalaciones petrolíferas el 14 de setiembre, llevando a un corte de más de la mitad de la producción de petróleo del país. Consecuencia: reducción del abastecimeinto y con eso un “gran aumento” en los precios de las commodities.

La petrolífera estatal Saudi Aramco, afirmó que los ataques llevarían a una caída de 5,7 millones de barriles diarios en la producción del país, lo que representa más de 5% del abastecimiento mundial de petróleo. Eso generó pánico en los mercados financieros e hizo que el barril de petróleo subiese, el lunes 15 de setiembre, casi 20%, impactando en todo el mundo y haciendo que las grandes compañías de petróleo ganasen mucho dinero.

Pero la verdad es que posiblemente el ataque de los houthis no haya sido tan preciso y ni haya causado tanto daño, y, por lo tanto, la reducción de la producción duró pocos días y fue compensada por los stocks acumulados por los sauditas. Pero nada de eso hizo que la monarquía árabe y la industria petrolera dejasen de ganar mucho con el pánico causado.

Guerra de intereses

El gobierno saudita también ganó políticamente, pues incluso identificando a los houthis como autores de los ataques, junto con el gobierno de los Estados Unidos, a través del secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, culpó a Irán. “Teherán hizo un ataque sin precedentes contra el abastecimeinto mundial de energía”. Y el servicial Boris Johnson, se puso enseguida del lado de Trump.

Alegan que los diez drones difícilmente habrían sido lanzados por Yemen, porque los blancos estaban a más de 500 km del territorio yemení. No obstante, eso no prueba que fueron los iraníes los que lanzaron el ataque. Mientras, el gobierno de Teherán niega su participación. Vale la pena recordar que el gobierno saudita es aquel que envió secretamente un equipo de agentes hasta Turquía para eliminar al periodista opositor Jamal Khashoggi, que fue envenenado, torturado, descuartizado y muerto, y hasta ahora no asumieron la responsabilidad por este crimen.

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Guerra genocida

La verdad es que la monarquía saudita, siempre aliada al imperialismo, no tiene escrúpulos para mantenerse en el poder y garantizar sus ganancias. Por eso, tradicionalmente, interviene en Yemen, que considera como su patio desde hace muchos siglos. Siempre sabotearon la unificación de Yemen, apoyaron varios golpes y fomentaron guerras civiles y conflictos y asesinatos en este pobre país.

Como el del coronel Ibrahim al Hamadi, a quien apoyaron contra sus opositores en la década de 1970, pero cuando se salió de “control”, el rey Faiçal mandó a matarlo, así como a su sucesor, apoyando un nuevo golpe, esta vez del entonces mayor Ali Abdulla Salen, en 1978. Conspiraron contra la única República en la región en la década de 1990 y la nueva constitución adoptada, bastante progresiva para el mundo árabe, que no reivindicaba la sharia y daba derecho de voto a las mujeres, y que proporcionó la libertad de expresión y la liberación de todos los presos políticos.

Como el nuevo gobierno que surgió de ese proceso estuvo contra la invasión de Irak por el impeirlaismo, Arabia Saudita expulsó a un millón de trabajadores yemeníes que enviaban dinero para su país, y saboteó la producción de petróleo de Yemen, reivindicando pozos en territorios fronterizos.

En 1994, la monarquía saudita apoyó el reinicio de una guerra secesionista por parte de Yemen del Sur y, como fruto de eso, la entrada del partido Islah en el gobierno, que cambió la Constitución e hizo que el Estado adoptase la Sharia. Como en 1997 el partido del Congreso General del Pueblo tuvo una notoria victoria electoral contra los islamitas radicales, en 1998 Arabia Saudita hizo un ataque miitar en el mar Rojo ocupando algunas islas de Yemen.

Un nuevo gobierno de Abdulla Salen acentuó los trazos bonapartistas y autoritarios del régimen, y se fue aproximando cada vez más de los sauditas y aliándose a los Estados Unidos, ahora alegando la “lucha contra el terror”, y con eso valiéndose de la tortura y las prisiones arbitrarias contra sus opositores. En 2002, los Estados Unidos enviaron sus asesores militares, y comenzaron las protestas contra su presencia y la de los asesores israelíes.

En 2011, la Primavera Árabe llegó a Yemen, y los manifestantes exigieron la renuncia de Abdulla Salen. Presionado por esta situación, en mayo de ese año, el jeque Sadiq al Ahmar, jefe de la tribu hashids rompe con el gobierno y apoya a la oposición y junto con ella toma muchas posiciones de gobierno. En junio atacan el palacio presidencial y dejan a Salen y asesores heridos. Salen huyó y fue a tratarse en Arabia Saudita.

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El vice, Mansur al Hadi, asumió la presidencia interinamente. Salen volvió en setiembre, pero las relaciones se deterioraron aún más y por eso en novimebre huye, nuevamente, para Arabia Saudita y transfiere el poder definitivamente a Mansur, y, a seguir, a los Estados Unidos. Al Hadi es electo presidente en febrero de 2012, supuestamente con 99,8% de los votos. Abdulla Salen deja el poder después de 33 años.

En 2015, los houthis, ahora aliados de Abdulla Salen, y denunciados como aliados del gobierno de Irán, atacan militarmente el gobierno de Abad Rabbuh Mansur Hadi, que huye para el país saudita, siendo recibido por Bin Salman Al Saud, que autoriza un ataque sin precedentes de la fuerza aérea contra la capital, Adén, con apoyo de los Estados Unidos, y que mató a 310 personas.

La monarquía de Arabia Saudita intervino con ocho países más (Marruecos, Jordania, Sudán, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Bahrein), y con su principal aliado, además de los países imperialistas, Abdel Fattah al Sissi, de Egipto. En 2017, Abdulla Salen hace un acuerdo con los sauditas.

Los houthis que mantuvieron su resistencia junto con la mayoría del pueblo yemení, tomaron el palacio presidencial y atacaron la casa de Salen, en Sanaa, y lo mataron.

Hoy, Arabia Saudita comanda una coalición militar que interviene en Yemen contra los rebeldes houthis. Esta coalición es el “Consejo de Cooperación del Golfo”, del cual forman parte ocho países árabes, apoyados por los gobiernos de Estados Unidos, Francia, el Reino Unido e Israel, todos contra los houthis de Yemen.

Un conflicto que llevó, de acuerdo con la ONU, a por lo menos 10.000 muertos (la mayoría causados por ataques aéareos), que es una estimación baja, pues el verdadero número es mucho mayor, ya que, en virtud del boicot marítimo que sufre el país, hay por lo menos ocho millones de personas pasando hambre, y el cólera infectó a por lo menos un millón de personas.

Fruto del bloqueo a cualquier barco en los puertos controlados por las fuerzas houthis, incluyendo navíos con alimentos o medicamentos, Yemen depende en 90% de importaciones para sus necesidades básicas. Este bloqueo solo es posible con el apoyo técnico y logístico americano.

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El monarca saudita Bin Salman está realizando un verdadero genocidio contra el pueblo de Yemen, y la destrucción total del país y de todas sus infraestructuras básicas. La invasión denominada “Operación Tempestad” cuenta con centenas de miles de soldados, equipamiento militar moderno y muchos millones de dólares[1], que van para los países imperialistas a través de la venta y el mantenimiento del material bélico usado por las tropas de la coalición.

La coalición genocida realiza diversos crímenes de guerra como el bombardeo sistemático de hospitales y a la población civil. Y también se utilizan drones, que solo en 2014 realizaron por lo menos 20 ataques, causando la muerte de centenas de civiles.

La verdad por detrás de la guerra es que el gobierno saudita ocupa los pozos de petróleo yemení y toda su producción, además de pretender construir un oleoducto que pueda transportar su petróleo más rápidamente por el puerto de Adén. El control de los puertos por las fuerzas imperialistas es su prioridad.

En una guerra de rapiña imperialista más, contra un pueblo que paga el precio de su resistencia con sangre y sufrimiento, todo nuestro apoyo espara el pueblo de Yemen.

Nota:

[1] Hay un paquete de 110.000 millones de dólares para la compra de armas en los próximos diez años, por parte del Reino Saudita. Los Estados Unidos suministran estas armas desde la administración Obama.

Traducción: Natalia Estrada.