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Los efectos de la pandemia sobre la tendencia que ya existía de declinación de la economía mundial están provocando que ya se estén desinflando varias burbujas especulativas y que otras amenacen estallar.

Por Alejandro Iturbe

Las burbujas especulativas son el resultado de la afluencia de capitales excedentes de la producción que no consiguen una tasa de ganancia satisfactoria para reinvertirse y buscan otro destino y, a la vez, otra fuente de ganancia.

Esa afluencia a un determinado mercado (acciones, inmobiliario, materias primas, etc.) aumenta el precio de lo que se cotiza en él por arriba de su valor real, y quienes invirtieron en ellos obtienen ganancias rápidas. Es una acción especulativa porque no crea nuevo valor, sino que se apropia de una parte del que fue generado en la producción.

Este aumento de precios se expresa como una aparición “mágica” de ganancias y va generando un capital ficticio que no solo es especulativo, sino que ni siquiera proviene de nuevo valor generado en la producción, sino que ya es resultado de la propia actividad especulativa.

En otros casos, la inyección de capitales no tiene por objetivo aumentar los precios sino evitar que una burbuja se desinfle de modo definitivo. Fue lo que ocurrió luego del “pinchazo” de la burbuja del mercado inmobiliario estadounidense y su efecto en cadena: la amenaza de provocar la quiebra del sistema financiero-bancario mundial, que tenía, además, una dinámica de depresión mundial igual o peor que la de 1929.

Los gobiernos y bancos centrales de los países imperialistas y otros “inyectaron” billones de dólares a los “mercados”, que fueron utilizados por los bancos para “recapitalizarse”. Así consiguieron evitar la quiebra del sistema bancario y frenar el “plano inclinado” de la dinámica de la economía en su conjunto. Sin embargo, a la vez, gastaron una gran cantidad de “municiones” y mantuvieron casi intactas las bases que habían generado la crisis anterior [1].

La burbuja de la deuda global

Incluso las agravaron, como en el caso de las “deudas soberanas” de los Estados, generadas por su endeudamiento para ayudar a los bancos. Son parte de una burbuja, posiblemente la más grande de todas, llamada “burbuja de la deuda”.

Según el informe “Global Waves of Debt” (“Oleadas mundiales de deuda”), la deuda  global (Estados + empresas + particulares) viene creciendo a ritmos anuales acelerados “tanto en el sector público como en el privado y prácticamente en todas las regiones del mundo”[2].

La deuda global acumulaba a mediados de 2019 un 320% del PIB mundial. Si bien EEUU y China representaron el aumento de 60% del volumen de la deuda, fueron las economías emergentes las que tuvieron un ritmo de crecimiento más acelerado (7% anual) [3].

Esta situación provoca agudas crisis de pago que, en el caso de Argentina, licuó su moneda y, solo en 2018, perdió la mitad de su valor y enfrentaba, incluso antes del efecto coronavirus, una gravísima crisis económica con el cierre o la reducción de numerosas de empresas y miles de despidos [4].  El impacto de las medidas contra la pandemia solo ha agravado el cuadro, en el marco de la política, en gran parte impotente, del nuevo gobierno kirchnerista de Alberto Fernández. Situaciones parecidas, pero más atenuadas vivieron Turquía y Sudáfrica [5].

La burbuja de la deuda global no se reduce: como vimos, se expande. Incluso se expandirá más con el dinero que se destinará a combatir la pandemia y sus efectos, y al intentar reactivar la economía, esencialmente ayudando a las empresas. Lo hace para autosostenerse porque si se desinfla arrastrará a toda la economía mundial en un caída catastrófica, peor que las de 1929 y 2007/2008.

Las bolsas y las acciones

Un ámbito especialmente propicio para el desarrollo de burbujas es el mercado bursátil  (las bolsas de acciones y valores). En ellas, con una fracción relativamente pequeña del capital total de las empresas y los papeles que se cotizan puede generarse un alza considerable de su precio. Se trata de un mercado con ingreso y salida diaria de dinero y, por lo tanto, muy sensible y sujeto a grandes oscilaciones. La crisis de 1929 se inició precisamente con un desinfle de la burbuja de la Bolsa de Nueva York (Wall Street) [6].

En ese marco, analicemos la dinámica de la Bolsa de NuevaYork, la principal del mundo y que, en gran medida, marca la dinámica de las demás. Con las diferentes oscilaciones a las que me he referido, desde marzo de 2009, los índices generales que marcan su dinámica (Dow Jones, S&P-500, NASDAQ, FANG [7]) venían en un proceso ascendente.

Que esta dinámica se dé en medio de la influencia del impacto negativo de la crisis de 2007-2008 tiene una primera explicación. La política de la FED (Reserva Federal – Banco Central) estadounidense ha sido prestar dinero a tasas bajas. En ese marco, el mercado de acciones resultaba un destino más atractivo para los capitales excedentes que fueron formando esta burbuja. Dentro de esa alza general, el NASDAQ creció a un ritmo superior al del Dow Jones y el S&P 500, y el FAANG aún con porcentajes mayores (siete veces) [8].

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A distintos ritmos, desde inicios de marzo, todos los índices han comenzado a caer. El más afectado ha sido el Dow Jones. “La reciente caída de la bolsa de Nueva York fue mucho más rápida. Al coronavirus solo le bastaron 18 días para destruir 35% del valor del índice Dow Jones mientras que en 2008 se tardaron 122 días…” [9]. El artículo agrega que la velocidad actual de circulación y procesamiento de la información (el Big Data) hace que los “mercados” ajusten más rápidamente sus decisiones. Pero inclusive el FAANG también comienza a ser afectado: el 9 de marzo cayó 3% [10].

La tendencia general de Wall Street es hacia la baja, reflejando la tendencia general de la economía estadounidense. Pero, en ese punto comienzan a jugar  dos factores contradictorios. Por un lado, el paquete de Trump de ayuda a las empresas puede atenuar un poco el cuadro.

¿Una burbuja tecnológica?

Por el otro, las FAANG se han mostrado hasta ahora como las más resistentes y las más dinámicas de las empresas cotizantes, las que actuaron como locomotora de todas las demás. Este papel tiene una base objetiva: el peso creciente de la tecnología y de sus productos en la vida cotidiana de las personas (generando un gran cambio de hábitos de consumo) y, en ese marco, el crecimiento acelerado de estas empresas y del valor de su capital en el mercado. En medio de procesos de crisis y de retroceso de otras ramas económicas tradicionales, estas empresas aparecen como las “joyas del mercado” y la apuesta al futuro. Baste ver, por ejemplo, la batalla mundial por el control de la tecnología 5G.

Pero la pregunta que muchos analistas se hacen es si esto puede sostenerse en el tiempo y si, montada sobre una base real, no se está creando una “burbuja tecnológica”. Como vimos, desde 2013, el índice FAANG creció 700%. El valor total de su capital en acciones es de 4.723 billones de dólares [11].

En ese marco, existe un debate entre los analistas. Algunos como Peter Oppenheimer y Guillaume Jaisson de Goldman Sachs, afirman en un informe que “a diferencia de la manía tecnológica de la década de los 90, la mayor parte del éxito actual puede explicarse por fundamentos sólidos, ingresos y beneficios en lugar de especulaciones sobre el futuro” [12].

Mientras que otros, como el profesor John Colley, Warwick Business School, aseguran que “la situación es muy similar a la que se vivió hace casi dos décadas” [13]. En 2000, cayó la empresa ENRON y otras empresas tecnológicas del sector de telecomunicaciones que habían tenido un crecimiento exponencial en los últimos años. En esa caída, arrastraron hacia abajo el precio de las acciones de empresas como Google y Cisco, que también traían una gran dinámica inicial [14].

Fue la llamada “crisis de las punto.com” que golpeó duramente al índice NASDAQ (el FAANG aún no existía). Fue también el fin de la llamada Nueva Economía. Esta teoría delirante afirmaba que, además de la economía destinada a la producción de bienes físicos, (sujeta a la ley del valor y con límites y ritmos objetivos de crecimiento), ahora existía una “nueva economía” productora de conocimiento e información y que, por ser “productos inmateriales” no estaba sujeta a las mismas leyes, ni tenía límites objetivos en la acumulación de nuevo valor [15]. La crisis de 2000 derribó rápidamente esta teoría.

Posteriormente, empresas como Google, Cisco y otras recuperaron lo perdido en el precio de sus acciones y, acompañando su expansión como compañías, iniciaron una tendencia al ascenso de dos décadas.

Esto reabre la pregunta de si existe una burbuja tecnológica o no. Desde mi punto de vista, los analistas de Goldman Sachs tienen razón al considerar una tendencia creciente y real del uso de tecnología y su aplicación en la vida cotidiana y en los cambios de hábitos de consumo. Desde ese punto de vista, la situación de estas empresas es mucho más sólida que la que generaba la “contabilidad creativa” de la ENRON y otras empresas (capitalizando valor inexistente).

Sin embargo, al mismo tiempo esa solidez se da en el marco de una economía mundial que ya se frenaba y que ahora sufre el impacto de la pandemia del coronavirus, con el resto de las ramas económicas en claros retrocesos. Entonces, es inevitable que allí (“en el puerto más seguro”) se esté formando una burbuja. ¿Cuál de los dos factores va a predominar? La respuesta la dará la realidad.

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La burbuja de la “deuda corporativa”

En Estados Unidos, las empresas debían en 2018 alrededor de 10 billones de dólares, una cifra que representaba 47% del PIB del país. Esta deuda creció hasta 2010, cayó hasta 2013, y luego volvió a subir para alcanzar ese año 2018, su máximo valor histórico.

Es importante destacar que este crecimiento está ligado a la “burbuja bursátil”, ya que la mayor parte de esta deuda está destinada a la recompra de sus propias acciones para evitar la caída de su cotización. Otra parte está destinada a la recompra de los “bonos basura” en que muchas empresas habían invertido antes de 2007, y cuyo precio deben sostener para que no se derrumbe ese “capital podrido” [16].

La “burbuja china”

La situación de la economía china también es objeto de preocupación permanente de las entidades y analistas del imperialismo. Observan de modo especial, su altísimo nivel de endeudamiento global (suma de la deuda pública y la privada) que, en 2017, superaba el 300% del PIB [17].

Es cierto que posee grandes reservas monetarias en moneda extranjera (una de las mejores proporciones mundiales entre reservas y moneda circulante). Pero estas reservas, muy importantes en la coyuntura, pueden ser muy poco en caso de un acelerado “desinfle” de la burbuja y una corrida monetaria sobre el yuan.

Según las estadísticas oficiales, en 2017 la deuda pública total de China (gobierno central y gobiernos locales) rozó 40% del PIB del país (en 2016 representaba 36,7%) [9]. El ministro de Finanzas consideró que «Los riesgos de la deuda de la Administración china están, en general, bajo control» y que ese nivel de endeudamiento público “es relativamente bajo respecto de otros países” [18].  Es decir, por ahora, no parece haber riesgo de que el Estado chino llegue al punto de no poder pagar sus deudas, dado su alto nivel de reservas.

La situación de la deuda privada (84% de la deuda total) es totalmente distinta y mucho más explosiva. El riesgo del “no pago” está siempre latente y también su posible “efecto dominó”. En 2015, el “desinfle” de la burbuja del mercado inmobiliario (basado en un crecimiento artificial impulsado con créditos desde 2008) y su impacto sobre las Bolsas puede habernos mostrado un anticipo de un cuadro posible. Acá entra el “factor coronavirus” y su impacto en el conjunto de la economía china, que hemos analizado en un reciente artículo [19].

No estoy afirmando que esa situación se va a producir de inmediato. Lo que digo es que es una amenaza siempre latente y que, por lo tanto, la economía china no se asienta sobre bases sólidas sino sobre esa burbuja inestable. Por lo tanto, le caben las generales de la ley de la actual economía capitalista especulativa y parasitaria.

Otras burbujas 

Voy a referirme también a otras dos potenciales burbujas existentes en Estados Unidos. La primera es la de los préstamos estudiantiles, aquellas que las familias o los propios estudiantes contraen para costear sus estudios universitarios y que van a pagar durante los primeros años de su vida profesional. Más de 50% de los estudiantes se endeudan y un 14% de los adultos debe pagar un préstamo estudiantil. En 2019, acumulaban 1,41 billones de dólares: un crecimiento de 6% sobre el año anterior y de 33% sobre 2014. En 2018, los préstamos promediaban 35.000 dólares cada uno y la tasa de morosidad era de 10,8%. Otro caso es el de los préstamos para compra de automóviles, que este año acumulaban 1,2 billones de dólares y que crecieron 50% desde 2010 [20].

Considerado en su conjunto, el endeudamiento de la población estadounidense alcanzó en 2019 un total de 4 billones de dólares, la mayor marca en la historia de país [21]. Ya hemos visto la incidencia en ese total de las deudas por préstamos estudiantiles y por compra de automóviles. Además, cada adulto acumula un promedio de 4.000 dólares adeudados en la tarjeta de crédito, a la que muchos apelaron para mantener un mínimo nivel de consumo y otros directamente para sobrevivir frente a ingresos que no cubrían las necesidades.

En la medida en que las cuotas de la deuda no se pagan en su totalidad, se acumulan intereses, la deuda aumenta en un verdadero círculo vicioso en el que muchos ni siquiera pueden cubrir el pago mínimo. La tasa de incumplimiento ya llegaba a 25% [22].

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¿Qué pasará ahora cuando, según el Departamento de Trabajo, en marzo pasado se produjeron diez millones de despidos? [23] En un mes, el “efecto coronavirus” devoró la misma cantidad de empleos que Trump se vanagloriaba de haber creado desde que asumió en 2017. Es evidente que este marco va a repercutir negativamente en el pago de las deudas personales aumentando la tasa de morosidad y la de créditos incobrables.

El mundo misterioso de las criptomonedas 

Dejé para el final otra burbuja (posiblemente ya existente) en un nuevo y sofisticado campo. Las criptomonedas son una moneda virtual utilizada como medio de cambio a través de transacciones por internet. Su creación y esas transacciones están basadas y protegidas en complejísimos códigos criptografados.

La primera de ellas fue el bitcoin, en 2009, aunque luego surgieron muchísimas otras, con criterios similares. A diferencia del sistema bancario centralizado, las criptomonedas operan de modo descentralizado a través de redes punto-a-punto de miles de computadores en el mundo. En 2017, se estableció un protocolo basado en la llamada “Plataforma de Ethereuem” (2015) para determinar algunos criterios comunes [24].

Las criptomonedas han creado una especie de sistema monetario paralelo en el que coexisten genios de la informática, aventureros especuladores, sectores que quieren dejar su dinero y sus transacciones fuera de los controles oficiales, etc.

En 2017, se estimaba que el total de las monedas virtuales movían unos 100.000 millones de dólares, apenas poco más de la diez milésima parte del total de las transacciones monetarias de esos años, pero equivalente o superior al PIB de muchos países pequeños. El bitcoin representaba 50% de este movimiento [25].

El precio del bitcoin ha tenido oscilaciones muy grandes, algunas de ellas también bruscas. En el momento de su lanzamiento en 2009, cada uno se cotizaba un poco menos de un dólar; en 2017, llegó casi a los 20.000 dólares; en 2018, se desplomó hasta 3.200; en 2019, subió a 13.800, y a inicios de 2020 bordeaba los 9.000 dólares [26].

¿Cuál será su dinámica en 2020 en medio del “efecto coronavirus”? Algunos, como Javier Pastor, director comercial de la empresa Bit2Me, dedicada a comprar y vender criptomonedas, sostienen que tendrá una dinámica claramente ascendente porque “es mejor refugio que el oro” [27].

Para otros, como Peter Schiff, jefe de Estrategia Global de la empresa de asesoría financiera Euro Pacific Capital, “el dinero digital es una burbuja clásica sin valor intrínseco” [28]. Para el economista Nouriel Roubini, el bitcoin es «la madre de todas las burbujas» en manos de «charlatanes y estafadores»; mientras que para el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz directamente “debería ser ilegalizado” [29].

Notas:

[1] Para una mejor comprensión de todo el proceso y su incidencia sobre la economía mundial, recomendamos leer el libro de Alejandro Iturbe “O sistema financeiro e a crise da economia mundial”, São Paulo: Editora Sundermann, 2009.

[2] https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2019/12/19/debt-surge-in-emerging-and-developing-economies-is-largest-fastest-in-50-years

[3] https://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/iif-deuda-mundial-escala-un-record-de-us250-billones-el-320-del-pib

[4] https://www.infobae.com/economia/2018/08/30/en-el-transcurso-de-2018-el-peso-argentino-perdio-mas-de-la-mitad-de-su-valor/

[5] https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/turquia-inicio-del-efecto-raki/

[6] Ver nota [1].

[7] El Dow Jones es el índice general de las empresas industriales cotizantes, el S&P-500 trabaja con una selección de las mayores compañías; el NASDAQ funciona de manera automática a través de transacciones electrónicas y considera las empresas de tecnología, telecomunicaciones y biotecnología; el FAANG es la sigla que reúne a Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Alphabet-Google. Luego se sumaron la empresas Alibaba, Baidu, NVidia, Tesla y Twitter.

[8] https://www.dinero.com/inversionistas/articulo/perspectivas-de-las-bolsas-en-estados-unidos/261299

[9] https://www.eleconomista.com.ar/2020-03-burbujas-financieras-crisis-y-coronavirus/

[10] https://www.infomoney.com.br/mercados/bolha-de-tecnologia-conheca-o-faang-grupo-de-acoes-que-esta-derrubando-a-nasdaq/

[11] https://www.fxstreet.es/analysis/5-burbujas-que-pueden-estallar-en-2020-y-como-pueden-impactar-al-dolar-202001161617

[12] https://www.lainformacion.com/management/2019-sera-el-ano-en-que-estalle-la-burbuja-tecnologica-igual-que-hace-20-anos/6489780/

[13] Ídem.

[14] https://byzness.elperiodico.com/es/opinion/20200310/tribuna-investing-burbuja-tecnologica-20-anos-despues-7881777

[15] http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-952X2005000200007

[16] Ver nota [11].

[17] https://www.datosmacro.com/deuda/china

[18] http://www.expansion.com/economia/2017/03/07/58be554ce5fdeab5528b458f.html

[19] https://litci.org/es/menu/mundo/asia/china/el-cononavirus-y-la-economia-china/

[20] Ver nota [11].

[21] https://www.bbc.com/mundo/noticias-49613406

[22] Ídem.

[23] https://www.todojujuy.com/mundo/estados-unidos-hay-10-millones-despedidos-dos-semanas-n132924

[24] https://ethereum.org/pt-br/

[25] https://dirigentesdigital.com/hemeroteca/el_dinero_virtual_mueve_mas_de_100-000_millones_de_dolares-NSDD55618

[26] https://www.bbc.com/mundo/noticias-51023616

[27] Ídem.

[28] Ídem.

[29] Ídem.