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La muerte de George Floyd a manos de la policía de los Estados Unidos está siendo una palanca para que ocurran movilizaciones contra el racismo y la violencia policial en todo el mundo.

Por: Amílcar Costa, desde París

En Europa hay racismo y explotación hace siglos, fruto de la esclavitud y la segregación, que continúa en los días de hoy. En 2005, Oury Jalloh, un solicitante de refugio de Sierra Leona fue quemado vivo, amarrado a un colchón en su celda en la delegación de policía en Dessau, en Alemania. En 2022, en Londres, el negro Mark Duggan, fue baleado y muerto por la policía. En Portugal asistimos a las represiones policiales en los barrios del Jamaica y Cova de Moura[1], y ahora la reciente tentativa por parte de la policía de encubrir el asesinato por motivos racistas del artista Bruno Cande. Desde 1990 se calcula que por lo menos 159 no blancos murieron bajo custodia policial o por balas policiales en Europa[2].

En Francia, la lista de muertos sobre custodia policial es muy grande: Adama Traoré, Amine Bentounsi, Lamine Dieg, Guaye Camara, Salom y Matisse, en Lille… donde están ocurriendo las mayores manifestaciones contra la represión policial racista.

Como en varios países del continente, decenas de millares de manifestantes fueron a las calles en Roma, Berlín, Hamburgo, Frankfurt, Londres y París. En Londres, con cánticos como: “El Reino Unido no es inocente”; en Bristol los manifestantes derribaron la estatua del traficante de esclavos Edward Colston; en Alemania, casi cien personas fueron presas en manifestaciones antirracistas, de las cuales participaron cerca de 15.000 personas.

En Francia, las primeras protestas reunieron 20.000 personas frente al Tribunal de Grandes Instancias y en la Plaza de la République, en París, a pesar de ser prohibidas por el gobierno. El sábado 18 de julio, los manifestantes volvieron a las calles para señalar los cuatro años de la muerte de Adama Traoré en Beaumont-sur-Oise, suburbio al sur de París.

Adama Traoré, de 24 años, murió en la delegación de los alrededores de París, cerca de dos horas después de ser preso. La investigación policial concluyó que él sufría de una enfermedad cardíaca preexistente, que habría causado su muerte. Pero un informe de peritos independientes, contratados por la familia, concluyó que él murió debido al peso de los tres policías que lo mantuvieron acostado, presionando el cuerpo del joven, durante la operación de detención. En el plano judicial, jueces pidieron recientemente nuevas investigaciones y un nuevo parecer de médicos belgas.

El efecto Floyd amplió la causa de Adama Traoré. En esta actual protesta llevaban fajas con frases como “déjennos respirar” o “sin justicia no hay paz”.

La burguesía francesa consideró la manifestación “Inadmisible”, a través de su portavoz el senador Bruno Retailleau, alegando que los agrupamientos de más de diez personas están prohibidos por causa de la crisis sanitaria, y el gobierno las prohibió alegando la pandemia. Periodistas y políticos intentaron desacreditar el movimiento, evocando un carácter “segregacionista” y no universal. Pero esta estrategia vergonzosa se deparó con la extensión política y la dimensión del movimiento, una vez que hasta las organizaciones ambientalistas, como “Alternatiba”, también convocaron a la manifestación, y su representante declaró: “La lucha climática también denuncia el sistema de opresión y dominación. La ecología debe ser social, popular y solidaria”. Los chalecos amarillos también estaban presentes.

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Frente al racismo social de la burguesía, todos los componentes del movimiento social que sufren la violencia policial se unieron ese día.

Cuando los manifestantes comenzaban a dispersarse, ocurrieron enfrentamientos con la policía, que respondió con balas de goma y bombas de gas lacrimógeno. Los manifestantes salieron por las calles vecinas, y levantaron e incendiaron barricadas. Dieciocho personas fueron presas y el ministro del Interior, Christopher Castaner, felicitó a las fuerzas de seguridad.

Frente a la crisis de la burguesía proponen cambios cosméticos

Miembros del Partido Demócrata en el Congreso de EEUU, frente a la crisis desencadenada por las manifestaciones multitudinarias, presentaron a debate un proyecto de ley para reformar el sistema policial, con propuestas mínimas que no cambian la esencia de la institución; el Consejo Comunal de Minneapolis fue más lejos y votó desmantelar la estructura de la policía y reconstruir la corporación basada en un modelo comunitario, en lo que sería un “nuevo modelo de seguridad pública”.

En Francia, la policía francesa es brutal en la represión a los sectores más pobres de la sociedad, particularmente contra negros e inmigrantes. Lo que genera repudio social.

Por eso, el presidente Emmanuel Macron (que se había sacado una foto en enero contra la violencia policial, durante la visita al Festival del Cómic de Angulema) y el ministro Christopher Castaner anunciaron reformas cosméticas y hipócritas, tales como la punición de agentes que cometieron actos discriminatorios o dijeron palabras discriminatorias; la prohibición de la técnica de inmovilización por estrangulamiento, mientras “la técnica del estómago” (planquage ventral)[3], que tiene los mismos efectos, permanece. Anunciaron también el refuerzo de uso de cámaras fotográficas para filmar las operaciones de arrestos en las calles.

Las propuestas presentadas por estos sectores burgueses imperialistas son en realidad solamente una “cortina de humo” en el sentido de mantener la esencia del papel de la policía como un instrumento de represión de clase que tiene el objetivo de contener las movilizaciones.

Los recién electos “Verdes”, victoriosos en las elecciones municipales, están garantizando la mantención de la represión policial en sus ciudades, como anunció Grégory Doucet, de “Europa Ecología Los Verdes”, electo alcalde de Lyon, y la franco-tunesina Yasmine Bouagga.

Organizaciones reformistas y centristas como el NPA (Nouveau Parti Anticapitalista) presentan la propuesta de “¡Disolución del BAC! ¡Desarme de la policía!”[4], sin nada por la positiva y sin apuntar en el sentido estratégico de la división para la destrucción de estos aparatos de represión como instrumentos de la clase burguesa, y construir nuevos organismos que sean controlados por la clase trabajadora. Dejando a la clase desprotegida, tanto frente a la acción represiva del Estado como del crimen organizado y de los aparatos paramilitares y las milicias burguesas.

La disolución de cuerpos más brutales y odiados de la Policía sin un plan de control por parte de las entidades de los movimientos sociales podría favorecer, incluso, la formación de milicias de extrema derecha.

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El Estado de represión en Francia

La Policía Nacional posee 150.000 agentes y la gendarmería 100.000, lo que significa que los principales aparatos de represión cuentan con 250.000 personas. La policía es comandada por la Dirección General de la Policía Nacional (DGNP), cuyo director es nombrado por el presidente de la República y se reporta al Ministerio del Interior.

Al no existir estadísticas étnicas, como en varios países del viejo continente, es difícil presentar los números. Pero estudios muestran datos de este racismo institucional, por ejemplo, en las prisiones próximas a París: “negros y árabes representan dos tercios de los presos y más de tres cuartos de los menores de 30 años”[5], 80% de jóvenes negros o árabes ya pasaron por algún control policial[6] principalmente en los ‘banlieues’ [barrios de la periferia urbana]. La juventud de estos barrios es aún más reprimida, blanco de la policía diariamente. Control facial, insultos y racismo son banalizados[7]. La violencia del Estado mata en los barrios a jóvenes y trabajadores, muchos de los cuales están en las prisiones, o bajo custodia policial por pequeños hurtos, mientras líderes políticos y jefes de Estado corruptos están libres o gozan de beneficios legales. Es emblemático el ejemplo de Sarkozy, autorizado a interrumpir su custodia policial para ir a cenas y dormir en casa.

Hay una represión grande a los movimientos sociales, generalmente violentas, basadas en los “métodos franceses de contrainsurgencia” utilizados en las luchas anticoloniales, como los empleados recientemente contra los “chalecos amarillos” y que resultaron en heridas y mutilaciones, junto con un creciente proceso de criminalización de las protestas sociales, crímenes de opinión que llevan a la prisión de activistas. El caso de Roland Veuillet es emblemático del asedio y las persecuciones judiciales que afectan a estos activistas contra las reformas antisociales. Imágenes de brutalidades y graves lesiones físicas sufridas por muchos manifestantes, transmitidas en las redes sociales, hicieron a todos entender de lo que es capaz este gobierno capitalista a través de una policía racista que profiere injurias contra negros e inmigrantes en las redes sociales y discute la posibilidad de una “guerra civil racial”.

Vale destacar que la política de los principales dirigentes sindicales que están envueltos en el “Diálogo Social”[8] tiene como objetivo canalizar para ahí las reivindicaciones de los trabajadores y frenar las movilizaciones y las luchas, y con eso intentar aliviar al Estado de la intensidad de la represión, ya que no sería necesario un alto grado de violencia para refrenar el movimiento social.

Un histórico de represión y sangre

Engels, en “Introducción a la Guerra Civil en Francia”[9] denunció que la burguesía, cuando realizó la masacre de los comunardos lo hizo “como no se había visto desde los días de las guerras civiles que prepararon la caída de la República romana”, con la burguesía mostrando “a que loca crueldad vengativa podía llegar cuando el proletariado osa enfrentarla”. En el texto de Marx queda demostrado que el Estado burgués presenta su “siniestro esplendor donde quiera que los esclavos y los parias de esa orden osen rebelarse contra sus señores”, y su “justicia” muestra su “salvajismo sin máscara y su venganza sin ley”, dando colores vivos a la masacre realizada contra la Comuna de París, donde se estima se llegó a los 20.000 muertos.

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Lenin, en su obra de 1918, presenta que en todos los Estados burgueses, incluso los que buscan aparecer como democráticos, los aparatos de represión (la policía, las fuerzas armadas, el sistema carcelario, el poder judicial, etc.) son formados por una casta de profesionales, hombres y mujeres, entrenados para el empleo de la fuerza y de la violencia contra la población pobre.

Estos son elementos teóricos importantes para entender cómo los Estados de la burguesía, con sus aparatos de represión, sirven, incluso en tiempos que llaman de “paz”, para reprimir y oprimir al proletariado. Una necesidad de la clase explotadora “principalmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión exigidas por el modo de producción existente (esclavitud, servidumbre, trabajo asalariado)”[10].

Pero estos maestros no se quedaron solamente en el análisis, construyeron propuestas programáticas de cómo la clase obrera y los trabajadores deberían construir su autodefensa, en el sentido de destruir estas instituciones que servían para su opresión y construir nuevas que estuviesen realmente al servicio de la clase trabajadora. Un camino que debemos seguir.

Notas:

1] Ver artículos sobre Portugal, COVID-19: Uma pandemia que acelera a exclusão social de negros, imigrantes e ciganos

https://litci.org/pt/especiais/coronavirus/portugal-covid-19-uma-pandemia-que-acelera-a-exclusao-social-de-negros-imigrantes-e-ciganos/, Portugal | Como vencer o racismo? https://litci.org/pt/mundo/europa-mundo/portugal/portugal-como-vencer-o-racismo/

[2] https://www.spiegel.de/international/germany/everyday-racism-in-germany-enough-is-enough-a-66728be6-2409-458d-a505-2d85687fd801?sara_ecid=nl_upd_1jtzCCtmxpVo9GAZr2b4X8GquyeAc9&nlid=bfjpqhxz

[3] https://www.bing.com/videos/search?q=plaquage+ventral+police&&view=detail&mid=79EF3BE8A0775F8647A079EF3BE8A0775F8647A0&rvsmid=8DD4CFB7D90CA1A0ACA08DD4CFB7D90CA1A0ACA0&FORM=VDMCNR

[4] https://www.npa2009.org/actualite/societe/contre-les-violences-policieres-tarbes-clermont-ferrant-et-grenoble e https://www.npa2009.org/communique/il-faut-deboulonner-macron-et-sa-politique

[5] Estudio de 2013 del sociólogo Didier Fassin, publicado en el diario Liberacio.

[6] Informe del Defensor de los derechos, equivalente al Defensor del Pueblo, del veterano político conservador Jacques Toubon.

[7] Julien Talpin, Bailloner Les Quartiers

[8] El “Diálogo Social” son las reuniones realizadas por dirigentes sindicales con los representantes de los patrones y del Estado, para construir la “pacificación de la lucha de clases”.

[9] 18 de marzo de 1891.

[10] LENIN, V. I. El Estado y la Revolución.