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El pasado 7 de julio murieron más de 100 civiles debido a los bombardeos sauditas en Yemen. Durante la madrugada del domingo, otro ataque aéreo mató a 33 personas e hirió otras 67 en Harez, en el noroeste del país.

Por Daniel Sugasti

El blanco de los agresores fue un populoso mercado: “Estaba en el mercado y de repente cayó la primera bomba, luego le siguieron otras dos. Todo estaba lleno de cuerpos. Una masacre”, relató Abdalá Alí, uno de los sobrevivientes[1].

El rasante sobrevuelo de aviones, el tableteo de las armas antiaéreas y el estruendo de las bombas se hizo moneda corriente para la población local. Un joven yemení resume la situación al diario El País: “O te mueres de sed o te mata una bomba”. En efecto, durante el último fin de semana, la capital Saná soportó los bombardeos más intensos desde marzo.

El hecho es que, desde hace cuatro meses, Yemen enfrenta la brutal agresión militar de una coalición liderada por la monarquía de Arabia Saudita y apoyada abiertamente por el imperialismo estadounidense[2]. Los bombardeos son una respuesta contrarrevolucionaria a un levantamiento popular, encabezado por las milicias huthies del norte, que tomaron la capital en setiembre de 2014 y derrocaron al entonces presidente Abd Rabbo Mansur Hadi, en febrero de este año. Cabe señalar que Hadi, antes de asumir el poder en enero de 2012, había sido el vicepresidente de Alí Abdulá Saleh, el siniestro dictador que debió renunciar en 2011 ante la primera ola de protestas. La caída de Hadi fue una victoria del pueblo yemení, que a fuerza de movilizaciones y resistencia armada expulsó del país al segundo dictador en menos de cuatro años.

Según anunció la ONU, el conflicto causó hasta ahora más de 3.000 muertos, aproximadamente 15.000 heridos, y un millón de desplazados en tres meses.

Actualmente, el país está casi paralizado: sin electricidad, sin combustible, con el sistema de salud colapsado. Arabia Saudita, además de bombardear poblaciones civiles y las principales infraestructuras locales, impuso un bloqueo criminal que impide a los yemeníes acceder a lo más básico para sobrevivir. La ONU ha declarado situación de “crisis humanitaria”: 80% de la población necesita de asistencia básica. Sobre un total de 24 millones de habitantes, 13 millones sufren escasez alimentaria y 9,4 millones casi no acceden al agua. Las epidemias crecen a la par de la destrucción de los hospitales públicos: 8.000 casos de malaria en tres meses y 590 muertos; 3.000 casos de dengue. La situación humanitaria en Yemen es catastrófica. Sobre todo si se considera que, antes de la agresión extranjera, el país importaba 90% de los alimentos y 80% de las medicinas para consumo local.

Estas son horas duras, en las que el pueblo yemení necesita ser rodeado de la más completa solidaridad.

Como hemos señalado, los ataques a la soberanía de Yemen no tienen otro fin que aplastar el proceso revolucionario en ese país e intimidar al resto de la región.

Los revolucionarios no podemos permanecer “neutrales”. Tenemos un lado. Nuestro lugar es junto al  pueblo yemení en contra del imperialismo y sus agentes sauditas y sionistas. Esta primera definición es fundamental: estamos incondicionalmente a favor de la victoria militar de Yemen y en contra de sus agresores, dirija quien la dirija esa resistencia nacional.

Ninguna fuerza política que se reivindique “socialista” o “democrática” puede eludir esta tarea antiimperialista primordial. Esta posición, evidentemente, no significa confiar ni mucho menos apoyar políticamente el programa de las milicias huthies. Significa asumir, codo a codo con el pueblo yemení, que esta es también “nuestra guerra”. Solo a partir de esta ubicación será posible mantener la independencia de clase y combatir a la dirección huthi. Solo al calor del enfrentamiento contra los invasores de Yemen será posible apuntar una salida obrera y socialista para la guerra y la revolución que está en curso.

En tal sentido, reafirmamos nuestra posición: “La lucha nacional y antidictatorial del pueblo yemení debe, en el marco de su propio curso, superar a la dirección huthi. Esta es y será siempre inconsecuente. La apuesta de los revolucionarios/as en un conflicto de esta naturaleza debe ser forjar, al calor del enfrentamiento concreto, una dirección política capaz de movilizar a la clase trabajadora y a todos los sectores populares para que estos asuman la completa conducción del proceso. Y esta dirección revolucionaria, a su vez, deberá plantear como salida un programa socialista que indefectiblemente parte de los problemas democráticos más sentidos, comenzando por la derrota de los agresores extranjeros.

La más amplia unidad de acción en contra del imperialismo, de Arabia Saudita y de Hadi debe combinarse con la más resuelta independencia de clase. Tal es el camino para conquistar la liberación nacional y, en el mismo proceso, la liberación social del pueblo yemení”[3].


[2] Los países que están atacando Yemen son Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Kuwait, Bahrein, Catar, Sudán, Egipto, Jordania y Marruecos.

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