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El último miércoles, 19 de diciembre del 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el retiro dos de los mil militares norteamericanos de Siria.

Por Fabio Bosco

Trump alegó que la organización autodenominada Estado Islámico (Daesh, en árabe) fue derrotada y que esa era la única razón para que  tropas americanas estuvieran en Siria. Al día siguiente, complementó afirmando que Rusia, Irán, Siria y otros son los enemigos locales del DAESH y que las tropas norteamericanas estaban haciendo el trabajo que les cabría en Siria. Y que, ahora, llegó la hora de que ellos asuman esa lucha.

El anuncio sorprendió a los propios aliados del presidente, dentro y fuera del país.

El día 11 de diciembre el enviado especial de Estados Unidos, en la coalición contra el DAESH, Brett McGurk, declaró que los soldados norteamericanos permanecerían en Siria, incluso después de la derrota del DAESH.

Dos meses antes, John Bolton, el consejero de seguridad nacional, afirmó que las tropas norteamericanas permanecerían en Siria, en tanto hubiese presencia iraní.

Los influyentes senadores republicanos Lindsey Graham y Marco Rubio criticaron la decisión.

También el Reino Unido y Francia criticaron la decisión. Benyamin Netanyahu evitó comentar la decisión. El portavoz del PYD, partido kurdo que administra Rojava, vio el retiro americano con malos ojos y pasó a aproximarse al régimen sirio.

La decisión llevó, incluso, a la renuncia del general norteamericano James Mattis, del Comando del Ministerio de Defensa, seguido por el enviado especial Brett McGurk. Jamis Mattis venía acumulando divergencias con Trump y el retiro de las tropas de Siria fue la gota que colmó el vaso.

Rusia, Turquía e Irán, sin embargo, saludaron la decisión norteamericana.

El día 20, el presidente turco, Recep Erdogan, y el presidente iraní, Hassan Rouhani, se reunieron en Ancara, capital de Turquía. Ellos se comprometieron a trabajar juntos por el fin del conflicto en Siria. Rouhani afirmó, incluso, que el destino de Siria debe ser determinado sólo por el pueblo sirio y que todos deben respetar la integridad territorial del país, en claro mensaje a los kurdos.

El mismo día, el presidente ruso Vladimir Putin afirmó que Trump estaba acertado en retirar las tropas norteamericanas de Siria.                                                                                                    Turquía se reaproxima al imperialismo norteamericano

El mismo día 19, el Departamento de Estado norteamericano anunció que fue aprobada la venta de US$ 3.5 billones para Turquía, referentes a 80 misiles Patriot, y 60 interceptadores de misiles PAC-3. Este anuncio, aparentemente, resolverá uno de los conflictos entre Turquía y Estados Unidos, alrededor de la adquisición, por Turquía, de misiles rusos S-400, anunciada hace un año.

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Este anuncio fue precedido de una declaración del presidente turco, hecha dos días antes, el 17 de diciembre, en la cual él se comprometió en retirar a los combatientes kurdos del norte de Siria, si es necesario. Dijo, incluso, que tuvo una conversación por teléfono con Trump, en la cual tuvieron acuerdo sobre la cuestión Siria.

Es importante recordar que Turquía ya tuvo una señal verde de Estados Unidos, con ocasión de la ofensiva militar turca sobre la provincia de Afrin, controlada por fuerzas kurdas del PYD, en marzo pasado. En junio la señal verde se extendió a todas las áreas bajo controle del PYD, al oeste del río Eufrates, lo que incluyó la estratégica ciudad de Manbej.

En los últimos días, Turquía desplazó sus fuerzas militares hacia la frontera, con el claro objetivo de tomar Manbej junto con milicias aliadas árabes.

Las áreas al este del río Eufrates, denominadas de Rojava por los kurdos, aparentemente dependen de un acuerdo con el gobierno sirio, para definir la extensión de la invasión turca (si todo el territorio de Rojava o apenas la franja fronteriza, para formar una zona tapón, a fin de separar a los kurdosde Turquía de sus hermanos y hermanas de Siria).

Este acuerdo y la consecuente agresión militar deben ser realizados antes de las elecciones en Turquía, fijadas para marzo del 2019. La cuestión kurda siempre fue utilizada por diversos gobiernos turcos para reunir el apoyo de la población al gobierno.                                                                                              Error del partido PYD amenaza la autonomía kurda

La población kurda siempre fue perseguida por el régimen sirio. Durante un período el régimen sirio permitió campos de entrenamiento de milicias del partido kurdo PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) que actúa en Turquía.

El objetivo del régimen sirio era, entonces presionar a Turquía a rediscutir la donación de una gran área litoreña, denominada Alexandretta (Iskenderum para los árabes y Hatay para los turcos) y de revisar las hidroeléctricas en construcción, en el río Eufrates, que afectarían el flujo de agua dulce para Siria.

Bajo intensa amenaza militar turca, se realizó el acuerdo de Adana, en octubre de 1998. En cumplimiento de este acuerdo, el régimen sirio prohibió todas las actividades del PKK y su principal líder, Abdullah Ocalan, tuvo que fugar del país.

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Cuando se inició la revolución siria, el 18 de marzo del 2011, la población kurda se identificó con las banderas de libertad y justicia social de la revolución.

Sin embargo, su principal partido, el PYD, trabajó para impedir la participación de la población kurda en la lucha revolucionaria contra el odiado régimen de Assad.  El PYD hizo un pacto informal de no agresión con el régimen sirio y eliminó disidentes, como el dirigente Mashaal Tammo, quien quería unir a kurdos y sirios en la revolución contra el dictador Bashar El Assad.

Posteriormente, el PYD se alió a Estados Unidos en el 2014, del cual recibió entrenamiento y armamento para ser exclusivamente utilizado en el combate contra el DAESH.

Los errores se pagan. La situación, en este momento, es que Trump traicionó la confianza de los kurdos. El va a retirar las tropas americanas que, objetivamente, sustentaban la autonomía kurda en Rojava y en algunos territorios más, al este del río Eufrates, cuya población es, en su mayoría, árabe.

Frente a los anuncios belicistas de Erdogan, el PYD envió una delegación a Moscú y a París, para discutir la situación de Rojava con los gobiernos ruso y francés. El, también, lideró una manifestación en las calles, la cual se combinaron las banderas kurdas con las banderas del régimen sirio. Su objetivo es aproximarse a su viejo enemigo, el régimen sirio.

Se trata de mucho más que un error

Rusia prioriza sus intereses económicos en todo este territorio al este del Eufrates. La región tiene tierras agrícolas, agua dulce del río Eufrates y el Tigris, y los pozos de petróleo del país. Rusia tiene interés de resarcir sus enormes gastos militares en Siria, a través del control del petróleo.

Irán quiere utilizar este territorio para tener comunicación terrestre contínua con Líbano, donde su aliado, Hezbollah, es la principal fuerza política del país. Además, no tiene interés en garantizar cualquier autonomía a la población kurda en Siria, que podría influenciar a la población kurda en el propio Irán.

Y Assad quiere retomar la integridad territorial de Siria, sin ninguna autonomía para los kurdos. Y, a depender del acuerdo con Turquía, puede reprimir duramente al PYD y entregar sus líderes a Turquía o, incluso, permitir que fuerzas turcas tomen Rojava, para después devolverla al régimen sirio, eventualmente con el reasentamiento de los 3 a 4 millones de refugiados sirios que se encuentran en Turquía, lo que cambiaría la demografía de toda el área.

La única alianza que sirve a los derechos del pueblo kurdoes con las fuerzas de la revolución siria, que lucha por libertades democráticas y por justicia social, contra la dictadura de Assad. Otras alianzas necesarias son con las fuerzas kurdas en territorios bajo el control de Turquía, Irak e Irán, y con la población trabajadora, que se moviliza en otros países árabes, como Túnez y Sudán.                                                                                                                                                                      

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– ¡Contra la agresión militar a los kurdos!;

– ¡Por el retiro de todas las fuerzas militares extranjeras de Siria, sean ellas americanas, rusas, iraníes, turcas, así como milicias como la libanesa, Hezbollah y la iraquí DAESH!;

– ¡Por el derecho a la autodeterminación nacional de los kurdos!;

– ¡Por plenas libertades democráticas para la población en Rojava! ¡Por el derecho de expresión y de organización! !Por una alianza de los partidos kurdos con las fuerzas de la revolución siria en lucha por libertad y justicia social!;

– ¡Por el apoyo mutuo entre las fuerzas en lucha, por libertades democráticas y justicia social en todo el mundo árabe, sea de las fuerzas de la revolución siria, de la resistencia palestina, de las huelgas generales en Tunísia, del levantamiento nacional del Sudán y otras en rumbo a una segunda oleada de revoluciones árabes!

Para entender la cuestión kurda, lea la serie de artículos de Alejandro Iturbe:

https://litci.org/es/menu/mundo/medio-oriente/kurdistan/rojava-kurdistan-sirio-las-alianzas-peligrosas-del-pyd/

https://litci.org/es/menu/mundo/medio-oriente/siria/rojava-kurdistan-sirio-un-estado-burgues-atipico-parte-1/

https://litci.org/es/menu/teoria/sobre-la-lucha-del-pueblo-kurdo/

Traducción Laura Sánchez