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El octavo aniversario de la revolución siria coincide con las revueltas del pueblo sudanés y argelino contra regímenes que están en el poder desde hace décadas, a pesar de las amenazas de los regímenes de seguir el ejemplo del dictador sirio, es decir, avanzar hacia la destrucción total de la sociedad y su arquitectura en el intento de detener a la población y obligarla a aceptar la sumisión y renunciar a cualquier cambio por miedo a vivir el mismo destino.

Por: Victorios Shams

La revolución siria comenzó en marzo de 2011, influenciada por los movimientos populares que comenzaron en Túnez, seguidos por Egipto, Libia, Yemen y Bahréin, y que luego se expandieron hacia Líbano, Jordania, Irak y otros, aunque en diversos niveles.

A pesar de las similitudes con las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales, y los regímenes que están gobernando desde hace décadas el mundo árabe (regímenes totalitarios basados ​​en enormes recursos naturales, mientras sus pueblos sufren la opresión, la pobreza y privaciones de todo tipo), la revolución siria es notable por la extrema violencia empleada contra ella, tanto por el régimen local como por fuerzas extranjeras.

Los ejércitos norteamericano, sionista, británico, ruso, francés, turco e iraní, y muchas milicias sectarias extranjeras están, en su mayoría, involucradas en ataques y masacres contra el pueblo sirio. Algunas de esas masacres se realizaron alegando errores tácticos no intencionados, como los bombardeos de aldeas y ciudades y el asesinato de cientos de civiles por la “coalición” liderada por Estados Unidos, bajo el pretexto de confrontar a organizaciones extremistas islámicas.

Bajo los mismos pretextos, otras masacres fueron realizadas sin ningún disfraz, tanto por los ejércitos ruso e iraní como por las milicias asociadas a ellos, cuya presencia era exigida por el régimen sirio para enfrentar una supuesta “conspiración global” contra él.

Aunque negado por sus ejecutores, todas estas matanzas fueron documentadas y expuestas al mundo entero a través de los medios.

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Siria se ha convertido en un campo para probar y comercializar armas lo que ha sido reconocido por las fuerzas rusas más de una vez, de manera abierta y clara. Hay también relatos de experimentos realizados con los detenidos.

En 2014, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (UNHCHR) en Ginebra paró el censo de los mártires en Siria después de que el número de víctimas superó los 100.000 muertos en finales de 2013, considerando que «sus funcionarios no tienen acceso suficiente a las áreas de combate para obtener cifras precisas sobre el número de víctimas de la guerra en Siria”. Esto significa que los números ya eran mucho mayores.

La ONG Human Rights Watch, basada en un censo publicado por el Centro Sirio para la Investigación Política, publicó un informe confirmando que, en febrero de 2016, el número de muertos alcanzó 470.000, además de 90.000 detenidos y otras 60.000 desapariciones forzadas (aunque estas cifras pueden ser mucho mayores).

De los 90.000 detenidos, más de 8.000 son mujeres (entre ellas, 300 menores) detenidas hasta mediados de 2018. Algunas de ellas fueron tomadas como rehenes, hasta que sus parientes del sexo masculino se rindieses al régimen. Además, la mitad de la población siria fue expulsada de sus casas, sea por el desplazamiento interno como por la búsqueda de asilo en el exterior. El costo estimado de la reconstrucción del país es de alrededor de medio billón de dólares.

El régimen sirio y sus partidarios creen que ellos lograron su victoria sobre el pueblo sirio al aplastar la revolución por medio de una violencia excesiva, que forzó a los revolucionarios a lo que ellos llaman «reconciliación». Muchos de los que fueron forzados a la «reconciliación» fueron arrestados o tuvieron que huir.

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La provincia de Idlib, controlada por rebeldes, sigue aguardando la decisión final. El régimen sirio está al acecho mientras los cazas rusos bombardean el Éufrates Occidental y las fuerzas turcas a menudo hacen incursiones y amenazan varias zonas del norte.

Además, las fuerzas sionistas atacan el territorio sirio regularmente, pero tanto el régimen sirio como las fuerzas iraníes parecen estar acostumbradas a ellos, ya que esos ataques son ejecutados de acuerdo y por medio de comunicación previa con las fuerzas rusas.

El régimen volvió a erigir sus estatuas en las áreas en que fueron derribadas, como ocurrió recientemente cuando una nueva estatua del expresidente Hafez al Asad sustituyó a la antigua estatua destruida por los revolucionarios en 2011 en la ciudad de Deraa. Junto con las estatuas, llegaron funcionarios de los servicios de inteligencia.

En 2011, la División de Seguridad Política, liderada por el general Atef Najib, pariente de Bashar al-Assad, arrestó adolescentes en Deraa y dijo a los padres las palabras que desencadenaron la revolución: «¡Olvídate de los niños! Hagan otros o traigan a las madres aquí y nosotros realizaremos la tarea en su nombre».

De la misma forma, el comandante general Muhammad Mahla, jefe de la División General de Inteligencia, visitó la ciudad de Deraa, liderando una delegación de seguridad comisionada por Bashar al-Assad para reunirse con los dignatarios de la ciudad a finales de febrero de 2019.

Los representantes de la población de Deraa presentaron una petición con 13 reivindicaciones encabezadas por la reivindicación de libertad para los presos políticos. Mahla les sugirió olvidar a los que fueron arrestados antes de 2014 y se comprometió a liberar a los que fueron arrestados después de 2014 que aun estuvieran vivos. Él observó que los detenidos antes de 2014 están “en una situación crítica y tal vez la mayoría de ellos han muerto”, lo que llevó a la población a salir nuevamente en manifestaciones que se parecen a una segunda ola de la revolución.

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Aunque se esperaba que el pueblo sirio fuera subyugado, relegado a la obediencia y se convirtiera en un ejemplo para otros pueblos que desean libertad, la realidad probó que el régimen no aprendió las lecciones de los últimos ocho años. Las revoluciones sacudieron todos los regímenes árabes, del océano al Golfo, y cuando una revolución desaparece, otra irrumpe. Las exigencias son las mismas: un régimen con libertades democráticas y sin lugar para la corrupción, garantizando la dignidad humana en su tierra natal y garantizando justicia e igualdad para todos los pueblos.