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El bombardeo de Assad, Rusia e Irán sobre la región de Idlib, en Siria, provocó desde el 1 de diciembre pasado la huida de 520 mil personas, 80% de ellas mujeres y niños. Se calculaba, hasta el inicio de marzo de este año, 370 muertes, 97 de ellas niños.

Por: Em Luta

De acuerdo con el relato de una psicóloga que estuvo en el terreno, los niños sirios que vivieron ese drama, desarrollan un comportamiento impasible, “robótico, sin risas, sin tristezas, nada”. Se tornó famosa la historia de un padre que enseñó a la hija de 3 años a reír del barullo de los ataques aéreos, como si fuesen provocados por fuegos artificiales. Estas familias huyeron para la frontera con Turquía, con la esperanza de salvarse ellos y sus hijos.

En ese país ya viven 3,5 millones de refugiados sirios. Turquía tiene un acuerdo con la Unión Europea, desde 2016 por el cual recibiría 6 mil millones de euros como cambio por acoger refugiados. El problema es que ese dinero no fue previsto por el presupuesto de la UE para este año, y a Turquía eso no le gustó. Resolvió el asunto abriendo sus fronteras para que los refugiados pasaran a la UE.

Al llegar a Grecia, el país más próximo, fueron recibidos con bombas de gas lacrimógeno y balas de goma en la frontera terrestre. Por el mar, barcos que los transportaban fueron apuntados por la policía griega. Los periodistas describieron la escena en que una embarcación de guarda costera griega provocaba olas para intentar derribar un barco con refugiados.

Ante esos acontecimientos ¿cuál fue la reacción de la UE? El presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, agradeció al gobierno de derecha griego de haber cumplido el papel de “escudo” de Europa. “Nuestra primera prioridad es asegurar el mantenimiento del orden en la frontera griega, que es también una frontera europea”, declaró a la prensa. A su lado estuvieron en la frontera entre Grecia y Turquía para demostrar su apoyo al primer ministro griego, el presidente del Parlamento Europeo y el Consejo Europeo.

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Además de tratar a los refugiados de guerra como criminales, Grecia decidió suspender la concesión de asilo, ignorando la convención de Ginebra sobre los derechos de los refugiados, firmada en 1951. La UE quiere que Grecia y Turquía cumplan el papel de muro de contención de refugiados, y para eso financia verdaderos campos de concentración en las islas griegas.

Cuando, como sucedió ahora, Turquía se rebela contra el calote europeo, acusan de chantaje y culpan por la violencia en las fronteras. Grecia, por su parte, pide más dinero a la UE, y consigue hasta 700 millones de euros, no para mejorar las condiciones de vida de los refugiados, o para implementar un plan de realojamiento dentro del continente, pero para priorizar su papel de policía de fronteras: nuevos navíos de patrulla costeras, dos helicópteros, un avión, tres vehículos con termovisión y 100 guardias, además de los 530 actuales.

Es claro que ese tipo de comportamiento solo fortalece a la extrema derecha. Varios grupos fascistas llegaron a agredir voluntarios que intentaban ayudar a los refugiados en los campos griegos, privándolos hasta de recibir comida. Ante el mal provocado por la actitud de los dirigentes europeos, la presidenta de la Comisión Europea anunció que cinco países de la UE irán a acoger 1500 menores desacompañados de los campos de refugiados.

Solo en los campos de Grecia viven alrededor de 5.500 niños y jóvenes. La actual crisis de descolocados, provocada por el bombardeo de Idlib, se considera la mayor de los últimos nueve años de la guerra en Siria. Ante los refugiados de guerra, en gran parte niños, la burguesía europea responde con tiros, prisión e hipocresía. Olvidan la historia de los refugiados europeos en las guerras mundiales del siglo pasado.

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Los niños de Idlib, los niños sirios, afganos y kurdos presos en los campos de concentración de refugiados quieren estar libres al lado de sus padres para tener una vida digna y en paz. Un derecho que la Unión Europea no les da.

Traducción: Cristian González