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La escalada retórica sobre un posible ataque a Siria va y viene. Hoy es “inminente”, mañana no tanto.

Por Daniel Sugasti

Luego de que Trump anunciara que lanzaría “misiles bonitos, nuevos e inteligentes” contra Siria, el secretario de Defensa, Jim Mattis, puso paños fríos a la crisis y declaró ante el Congreso que cualquier ataque en este momento puede desencadenar una “escalada fuera de control”. Admitió además que “una de mis mayores preocupaciones es evitarlo”. El ataque a Siria, por ahora, no ha sido decidido.

Jim Mattis, secretario de Defensa de EEUU

Ante la impronta imprevisible del hombre que representa un “huracán de impulsos”, como en cierta ocasión lo calificó The Washington Post, el Pentágono ahora muestra cautela. Rusia advirtió que una intervención más decidida de EEUU plantearía un “punto de no retorno” y que existía “riesgo de guerra”.

La inestabilidad de una región socialmente explosiva, la multiplicidad de actores e intereses en juego y las secuelas de la derrota de la invasión a Irak que comenzó en 2003, explican las indecisiones y las declaraciones contradictorias.

El propio Trump, zigzagueante, publicó otro tuit: “Nunca dije cuándo iba a ocurrir el ataque a Siria. ¡Podría ser muy pronto o no tan pronto! En todo caso, los Estados Unidos, bajo mi Administración, ha realizado un gran trabajo limpiando la región del ISIS”.

“Muy pronto o no tan pronto”, tal es la ambigüedad en la que navega la Casa Blanca. En 2013, a Obama le pasó lo mismo.

Esto complica también a los gobiernos de Francia y el Reino Unido, que como de costumbre se apresuraron a apoyar  las decisiones de Washington y están discutiendo el alcance de su participación.

Macron también relativizó su decisión de atacar: “Habrá que tomar decisiones a su debido momento, cuando lo juzguemos más útil y eficaz”. Esto le plantea un problema: en junio de 2017 dijo que el uso de armas químicas por parte del régimen sirio marcaba una “línea roja” a la que “si usted no sabe hacerlas respetar, es que ha decidido ser débil”. Ahora, el jefe del Elíseo dice que lo principal para Francia debía ser continuar el ataque contra el autodenominado –y extremamente debilitado– Estado Islámico y que la intervención en Siria ocurriría “cuando se hayan verificado todas las informaciones”. El presidente francés añadió que: “en ningún caso Francia permitirá que haya una escalada”. Macron corre el riesgo de aparecer como “débil”, según sus propias palabras, justo en el momento en que traba una lucha cotidiana y que se prevé larga en contra de los sindicatos para imponer su plan de ajuste y privatizaciones.

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El gobierno del Reino Unido, por su parte, anunció cínicamente que “ha estado de acuerdo en la necesidad de actuar para aliviar la angustia humanitaria e impedir el uso continuado de armas químicas por el régimen de Al Assad”. La primera ministra, Theresa May, intenta mostrarse más decidida a secundar los berrinches de Trump, pero se enfrenta a la oposición laborista en el parlamento. May tiene en manos la difícil decisión de pedir o no autorización al parlamento. No es fácil, puesto que teme exponerse al papelón que David Cameron sufrió en 2013, cuando defendió un ataque a Siria y fue derrotado en la Cámara.

En un artículo anterior hemos discutido el sentido de las amenazas de Trump. Las idas y venidas retóricas de los principales líderes imperialistas no significan que no habrá un ataque, aunque sea uno bien “quirúrgico”. Lo que nos parece importante señalar es la crisis política en la que se mueve el imperialismo, que le genera dificultades para actuar como le plazca.

Evidentemente, no le falta poder militar. Ni Rusia ni mucho menos Assad podrían resistir un ataque serio y contundente de EEUU y sus aliados europeos. Lo que falta son condiciones políticas. Lo se conoce como “síndrome de Irak” permanece en la opinión pública. El proceso revolucionario, que comenzó a fines de 2010, impuso otro tablero político y, con desigualdades inevitables, trastocó el “orden” regional anterior. Se impuso una situación más inestable, más polarizada, más impredecible. Es verdad que existieron derrotas importantes en el marco de las revoluciones de Medio Oriente y el norte de África, pero eso no significa que el imperialismo haya retomado el control de la situación. Todo es muy frágil y el propio Trump es un factor interno de inestabilidad. De ahí la preocupación de no facilitar “una escalada fuera de control”.

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Insistimos: no se puede descartar un ataque. Pero si esto ocurre, lo más probable es que sea limitado, puesto que para el imperialismo es más difícil poner “botas sobre el terreno” desde Irak y Afganistán.

Nosotros rechazamos categóricamente cualquier agresión imperialista a Siria. Se engañan aquellos que piensan que el imperialismo pueda cumplir algún tipo de papel “humanitario”. No. Es el principal genocida de la humanidad. La matanza de civiles, en realidad, nunca fue una “línea roja” para las grandes potencias. En 2013, Assad lanzó un ataque químico en Guta Oriental; en 2014 usó cloro en Kafr Zita; en 2015 repitió la dosis en Sarmín; en 2016 en Alepo; y el año pasado en Jan Sheijún. Pero la “comunidad internacional” mantuvo a Al Assad como un “mal menor”. Incluso un ataque en este momento, estaría al servicio de forzar una negociación con Rusia y no de “derrocar” inmediatamente al tirano sirio.

La oposición tenaz a cualquier intervención imperialista no significa defender al eje Assad-Rusia-Hezbolá-Irán, como lo hacen las corrientes estalinistas y castro-chavistas. Esto es un crimen político. Ellos se oponen para defender a un dictador sanguinario. Nosotros para defender la soberanía de un pueblo oprimido y que está protagonizando, con total justicia, un proceso revolucionario para derrocar a ese dictador.

La revolución siria debe abrirse camino, superando a sus propias direcciones burguesas y pro imperialistas, y enfrentar tanto al régimen genocida de Assad –apadrinado por Putin– como al eje “democrático” de Trump-Macron-May.

Ambos bloques son contrarrevolucionarios. Assad bombardea sistemáticamente al pueblo sirio. El imperialismo propone…bombardear al pueblo sirio. Y de hecho lo está haciendo desde 2014. La revolución siria debe triunfar contra estos dos bloques de genocidas.