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Turquía y Estados Unidos cerraron esta semana un acuerdo para el retiro de las fuerzas kurdas de la ciudad de Manbji, en el norte de Siria. El acuerdo fue anunciado luego de una reunión entre Melvut Cavusoglu, canciller de Turquía, y el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo.

Por: Romerito Pontes

Las autoridades turcas anunciaron un calendario para el retiro de las fuerzas kurdas de Manbji. Mientras tanto, los estadounidenses no confirmaron la existencia de un fecha establecida para eso, lo que sugiere que no hubo acuerdo con el plazo.

Manbji está ubicada en el noroeste de Siria, próxima a la frontera con Turquía, y tiene cerca de 100.000 habitantes. En 2012, ya durante la Revolución Siria, pasó a ser controlada por fuerzas del Ejército Libre de Siria. En 2014 fue tomada por el Daesh (autodenominado Estado Islámico) y en 2016 fue retomada por las Fuerzas Democráticas Sirias. Desde entonces, la ciudad está bajo control de las milicias kurdas llamadas Unidades de Protección Popular (YPG), que es parte de la coalición.

Los intereses de Ancara

Para el gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan la ciudad es estratégica por lo menos por tres motivos. El primero de ellos es por hecho de que Turquía recibió muchos refugiados sirios desde el inicio del conflicto. Se estima que, en total, el país haya recibido tres millones de refugiados venidos del país vecino. El control kurdo sobre la ciudad sería un impedimento para el retorno de parte de esas personas. Principalmente de la parte más pobre de los refugiados que sufre presión para retornar, ya que para aquellos que poseen cursos superiores y otras especializaciones profesionales les fue concedida ciudadanía por el gobierno turco.

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El segundo motivo es el conflicto en sí, envolviendo a Turquía y los kurdos que reivindicaban para sí la formación de un Estado autónomo –el Kurdistán–, que asumiría el control de un parte significativa de tierras que hoy están bajo el control de Ancara.

Los kurdos son, por lo tanto, a los ojos de Turquía, un movimiento separatista. Incluso el PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, es considerada una organización terrorista por el gobierno turco, que acusa a las YPG de ser [una agencia del PKK].

Por fin, y no menos importante, el acuerdo tiene impactos sobre las elecciones presidenciales marcadas para el día 24 de junio. Erdogan lidera con cerca de 48%.

Vale recordar que Turquía vive un “estado de emergencia” desde la tentativa de golpe de junio de 2016. En la ocasión, el gobierno acusó a Fethullah Gülen de haber liderado la conspiración a partir de los Estados Unidos, donde vive. Como parte de ese acuerdo, Ancara intentó negociar la extradición de Fethullah, pero no tuvo éxito.

Las milicias kurdas Unidades de Protección Popular (YPG).

Una presión por el negocio de armas

Para los Estados Unidos, el acuerdo parece haber tenido dos motivos. El primero de ellos es el hecho de que Turquía adquirió en diciembre cien unidades del F-35, un avión militar. La entrega del primer lote está indicada para el día 21. Mientras tanto, el gobierno de Ancara también ha demostrado tener interés en la adquisición de unidades del S-400, un sistema de misiles antiaéreos de origen ruso. Frente a esto, congresistas americanos se han preocupado con la posibilidad de que la adquisición de los cazas estadounidenses sea usada para suministrar informaciones para el desarrollo del sistema antiaéreo ruso. Se especula que Washington haya presionado a Turquía a no cerrar el acuerdo con los rusos, amenazando suspender el abastecimiento de piezas y mantenimiento para los cazas.

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Además, comentaristas especulan que el acuerdo EEUU-Turquía puede ser parte de una política de aislamiento de Irán en la región. Vale recordar que este año EEUU se retiró unilateralmente del JCPOA (Plan de Acción Conjunto Global), una especie de acuerdo internacional sobre el desarrollo del programa nuclear iraní, y que Israel bombardeó posiciones iraníes en Siria, en mayo. Con eso, EEUU intenta restringir la influencia de Rusia en la región.

Reunión de los presidentes de Rusia, Turquía e Irán.
La segunda reunión trilateral de los jefes de Estado, garantes del proceso de Astana para facilitar el acuerdo de paz sirio, fue realizada en Ancara. Vladimir Putin con el presidente de Irán, Hassan Rouhani (izquierda) y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en la reunión trilateral. Foto Kremlin.

Hipocresía imperialista

El acuerdo, sin embargo, no pasa de retórica diplomática e hipocresía política. Comenzando por el hecho de que las propias milicias kurdas de las YPG –que tienen un pacto de no agresión con el dictador Assad– son apoyados por EEUU, ya que son parte de la coalición apoyada por Washington contra la dictadura de Bashar en Siria. Aun cuando hayan negociado ese retiro, EEUU va a mantener su influencia sobre las posiciones al este del río Éufrates, con la cual controla una serie de campos de petróleo.

La negociación de las posiciones en Manbji con Turquía muestran que no hay ningún compromiso con el fin de la guerra en Siria ni con los refugiados o la estabilización de la región. Por el contrario. Usan el conflicto como parte de las negociaciones del mercado de armas y sacan provecho de la división del conflicto regional para mantener la influencia política sobre la región y los intereses económicos en los campos de petróleo en el norte de Siria.

No es posible contar con el apoyo del imperialismo estadounidense y no podía ser diferente. Lo que no significa, no obstante, que para combatir su influencia se deba apoyar el régimen de Damasco y a Rusia. Ambos actúan sacando provecho económico y político del conflicto y no tienen ningún compromiso con el pueblo sirio. La solución para el conflicto no vendrá de ninguno de ellos.

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Artículo publicado en: https://www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.