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Las últimas semanas han sido muy intensas en Siria y todo el Próximo Oriente. Diversos medios de comunicación se han hecho eco de la enorme fragilidad del régimen de Assad, que se encuentra más solo que nunca.

 

Incluso sus socios más cercanos, como Rusia e Irán, empiezan a hablar de una transición negociada. Crece diariamente el número de soldados que desertan. Las intrigas de poder en el interior del régimen son constantes. Desde el inicio de la revolución, el carnicero de Damasco nunca se había visto en una situación tan difícil. Pese a esta grave crisis, sigue descargando toda su crueldad contra la población civil desarmada, con el único objetivo de mantenerse con el poder y derrotar a la población que se levantó contra uno de los regímenes más crueles del mundo.

Los avances militares de los rebeldes

Los rebeldes, por un lado, e ISIS, por el otro, han conquistado victorias importantes recientemente. En el sur, en el norte y en el centro del país.

En el Frente Sur (formado en febrero de 2014 en la región de Daraa, Quneitra y Rif Dimashq), la razón de los avances fue la unificación de más de 50 brigadas asociadas al Ejército Libre Sirio, para luchar contra el Régimen, Hezbollah y la Guardia Revolucionaria de Irán. Recientemente han hecho pública una declaración en la cual se diferencian de Al-Nusra y le desautorizan a hablar en nombre de la revolución en esta zona (alegando la conexión de Al-Nusra con Al-Qaeda) y rechazando cualquier forma de colaboración política o militar con este grupo o con cualquier otro con el mismo tipo de mentalidad extremista. El detonante de este distanciamiento por parte del Frente Sur fue la sospecha de la colaboración de Al Nusra con ISIS durante el reciente ataque de estos últimos sobre el campo palestino de Yarmouk. Según diferentes fuentes, el Frente Sur recibe apoyo del Centro de Operaciones Militares de Amman, en Jordania, que coordina la actuación militar de los distintos grupos.

En el Norte, el principal avance ha sido la conquista de Idlib por una alianza de brigadas del Ejército Sirio Libre y el Frente Jeish Al-Fatah, una coalición de grupos islamistas. En este caso, los grupos involucrados de carácter islamista como Al Nusra o Ahrar a-Sham se han comprometido a no buscar el control unilateral, actuar siempre en cooperación con los demás grupos y no interceder en los asuntos o formas de vida de la población civil. Estos avances se han hecho posibles por la coordinación militar impulsada por Arabia Saudí, Qatar y Turquía, que quieren aumentar su influencia en la zona como una reacción a la ofensiva de Irán en el Yemen, donde supuestamente financia la rebelión de los Houthi chiíes contra el actual gobierno, aliado de Arabia Saudí.

En la región central de Siria el gran cambio ha sido la toma de Palmira por ISIS, que está asociada no solo a la crisis interna del régimen, sino también a la estrategia de Assad de permitir la expansión de ISIS, fortalecerlo y ocasionar mayores enfrentamientos entre éstos y los rebeldes para, de esta manera, ganar tiempo antes de su derrota final. El avance hacia Palmira abre la vía para que ISIS llegue a Damasco, donde tiene muy poca presencia y apoyo popular, y a Aleppo, donde el régimen está sufriendo importantes derrotas. Los rebeldes han cortado a principios de junio la principal línea de suministro de las tropas leales a Assad entre Aleppo y Latakia, lo que las deja totalmente aisladas.

El objetivo del régimen es transformar la lucha actual entre la Revolución y el Régimen en una lucha entre ISIS y la Revolución. Las tropas del régimen, por ejemplo, antes de retirarse de Palmira, abandonaron un almacén lleno de armas y tanques. Un regalo de Assad a los fundamentalistas de ISIS.

El papel contrarrevolucionario de Al-Nusra

El Frente Al-Nusra nunca negó sus vínculos con Al-Qaeda, pero siempre trató de definirse como un grupo más tolerante que las demás facciones islamistas. La realidad es que su base está formada principalmente por sirios cuyo principal objetivo es derrocar a Assad, habiéndose unido para ello al grupo que dispone de más armas y recursos, más allá de su ideología. ISIS, en cambio, cuenta con un gran contingente de combatientes extranjeros con una agenda neo-colonialista y abiertamente fascista-teocrática.

Hay activistas sirios que dicen que, a pesar de que Al-Nusra cuenta con una base poco interesada en fundamentalismos, la dirección del grupo asume un discurso islamista para atraer fondos. Al Jolani, el líder de Al-Nusra, en una entrevista reciente a Al-Jazeera, cuando fue preguntado sobre sus diferencias con la Hermandad Musulmana, afirmó que éstos se habían desviado de las enseñanzas islámicas al haber aceptado las “normas democráticas modernas”. También reafirmó su afiliación a Al-Qaeda, negando los rumores de que el grupo se desligaría de la organización terrorista fundada por Bin Laden para vincularse más directamente a Turquía, Qatar y Arabia Saudí.

EEUU intenta llegar a un acuerdo con Irán y Rusia

Las últimas victorias militares de los rebeldes han dejado a EEUU y las demás superpotencias bastante preocupados, sobre todo porque hay una gran incertidumbre con relación a lo que vendrá después de Assad. La revolución siria se decidirá en gran medida en la arena internacional.

El posible acuerdo entre EEUU e Irán no trata simplemente del programa nuclear iraní sino también del papel que Irán cumplirá en la región en su conjunto. La disputa por la hegemonía en el Medio Oriente entre Arabia Saudí y el país de los Ayatolás ha ganado dimensiones internacionales con la eclosión de la crisis en el Yemen. Por otro lado, Rusia no quiere perder su influencia en Siria, donde mantiene su única base militar en el Mediterráneo.

Súmese a esta situación la crisis internacional y los bajos precios del petróleo en el mercado mundial, lo que afecta fuertemente y de manera muy desigual a las economías de Arabia Saudí, Irán y Rusia, tres de los países más implicados en Siria. Las potencias regionales e internacionales no han llegado a un acuerdo de reparto del país y tampoco han logrado, de momento, ganarse a un sector de la oposición sobre el terreno para su proyecto de salida negociada con el régimen.

Reforzar la solidaridad internacional con la revolución siria

Los revolucionarios sirios y sirias han sobrevivido a más de cuatro años de bombardeos y ataques intermitentes, llevados a cabo con la complicidad de la denominada “comunidad internacional”. Siguen luchando, porque no les queda otra alternativa, están cercados por todos lados. El imperialismo quiere que Siria se convierta en un ejemplo de cómo serán tratadas las revoluciones en el futuro, pero todavía no la han derrotado y es nuestro deber seguirla apoyando con todas nuestras fuerzas.

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