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Cuando se cumple el sexto aniversario del estallido de la revolución popular en nuestro país, la lucha popular por la liberación y la historia de nuestro país entra en una nueva etapa. Todas las causas políticas, económicas y condiciones sociales estaban presentes para provocar la explosión de ira popular contra el régimen burgués corrupto y tiránico. Esa rabia popular sólo necesitaba una chispa para encenderse.

La revolución popular de masas en marzo de 2011 sucedió en el contexto de lo que vino a llamarse la “primavera árabe”, que recorrió toda la región y los países árabes, y en el contexto de la intensificación de la crisis capitalista global que vino acompañada por un aumento de luchas a escala global. Las revoluciones en nuestra región no fueron sino la esperada y necesaria respuesta frente a regímenes que eran todos, a pesar de las diferencias en sus etiquetas, tiránicos y hostiles con las masas, monopolizando recursos a favor de pequeñas élites y practicando una violenta represión contra cada movimiento popular, sindical, político e incluso cultural. Regímenes anquilosados cuyos tiempos ya pasaron y que tienen que ser destruidos para que nuestras sociedades progresen y puedan liberarse.

Los regímenes imperantes han hecho todo lo posible para detener la ola de revoluciones en nuestra región, y lo han conseguido en buen grado gracias a la destrucción masiva y la sangre vertida, especialmente en Siria. El régimen ha destruido estratégicamente todas las fuerzas democráticas protagonistas de la lucha popular usando arrestos, asesinatos y desplazamientos forzados, y gracias a su política de tierra quemada en las zonas liberadas, que ha destruido ciudades y pueblos junto a su infraestructura, convirtiendo a los residentes en refugiados y desplazados y abriendo la oportunidad para que los extremistas dominaran la escena, al liberar a los yihadistas encarcelados y permitiéndoles formar grupos armados cuyo primer enemigo no es el régimen, sino las fuerzas de la revolución popular.

Los gobiernos que han declarado “apoyar al pueblo sirio” no han actuado de manera diferente al régimen. Estos países de la región (Turquía, Arabia Saudí, Qatar y otros) han apoyado fuerzas reaccionarias. Estos gobiernos sintieron tanto pánico ante la posibilidad de una victoria de una revolución popular y radical como Assad. En esto, los yihadistas y extremistas de las banderas negras se expandieron por las áreas fuera del control del régimen a costa del movimiento popular y las banderas de la revolución. El régimen, las fuerzas imperialistas y las potencias regionales lograron, de igual forma quienes se declaran aliados del régimen o contra él, hacer cumplir su propia profecía. ¿No fue el régimen quien desde el primer mes tachó a los manifestantes pacíficos de infiltrados, luego vándalos, luego salafistas, luego bandas armadas, luego terroristas, luego radicales y ahora takfirís? No hay duda del intento de retratar a los revolucionarios sirios como terroristas, y que parte de eso fue creación del régimen.

Desafortunadamente, hoy estamos viviendo en lo que el régimen planeó ayer, cuando decía que no había ninguna revolución y hablaba de la “crisis” o los “eventos” que ocurrían como una conspiración. Era el mismo régimen que pidió el apoyo de Irán y Rusia y de muchas milicias sectarias de Afganistán, Líbano e Irak, convirtiendo nuestro país en un territorio ocupado por varias fuerzas imperialistas y regionales: Rusia y los Estados Unidos, Irán y Turquía, además de otras fuerzas fascistas, reaccionarias y sectarias. El régimen, además de las fuerzas recién mencionadas, contribuyó a prender el sectarismo facilitando los esfuerzos por doblegar y abortar la revolución si podían. Mientras tanto, la oposición burguesa aislada se escindía en dos grupos similares con diferencias superficiales: los primeros reciben órdenes de los países del “grupo de amigos del pueblo sirio” y los segundos de Rusia y los países aliados al régimen….

Lo que complica la situación en Siria es que la contrarrevolución no tiene “dos cabezas”, sino muchas luchando entre ellas por la influencia y el control de la economía del pueblo sirio. La confluencia de varias fuerzas contrarrevolucionarias contra nuestro pueblo y nuestro país, así como la falta de un liderazgo popular para nuestra revolución, y los horrores de la destrucción y la matanza son las principales razones del debilitamiento del movimiento revolucionario y popular, pero incluso si es derrotado, sus raíces seguirán vivas preparadas para volver a levantarse en cualquier momento.

Todas las conferencias que los países imperialistas y potencias regionales están convocando para llegar a acuerdos sobre Siria, como Génova o Astaná, son exclusivamente limitados a los grupos que los obedecen y no tienen independencia sobre sus decisiones como pueden ser el Consejo de la Oposición o el Alto Comisionado para la Negociación, o las facciones militares que comparten esas negociaciones y cuya subordinación es conocida. El régimen no es mejor en este campo, ya que su subordinación a Rusia e Irán no deja ningún espacio a la independencia.

Parar los bombardeos, la destrucción y los asedios, la liberación de los prisioneros y secuestrados y el retorno de los desplazados son demandas esenciales y una ventana política para que las masas puedan volver a respirar y reorganizarse ellas y el movimiento popular por la liberación de cualquier tiranía y explotación. El fin de la junta gobernante y la evacuación de todas las fuerzas sectarias extranjeras de nuestro país y la construcción de una Siria libre y democrática, con igualdad y justicia social para todos sus ciudadanos, sin tener en cuenta su orientación religiosa, racial o sexual.

Las fuerzas de la izquierda revolucionaria, popular y democrática tienen que movilizarse en un frente unificado que consiga los objetivos de la revolución y que reequilibre la situación en favor del pueblo sirio, tras los grandes sacrificios que han pagado por su libertad.

La revolución no está acabada, pero nos encontramos en una fase de notable avance de la contrarrevolución multi-partita. La ausencia de una alternativa revolucionaria que sea popular, social y democrática, si continúa, significará que el futuro de nuestro país, por un largo periodo, será determinado por esas fuerzas hostiles a la revolución.

Las tareas de los Revolucionarios Socialistas hoy en nuestro país incluyen la construcción de un partido obrero socialista enraizado en todas las formas de lucha; la movilización de nuestras fuerzas para levantar un frente unido; el compromiso con la lucha para que las masas se reorganicen autónomamente; la continuación de la lucha por derrocar el gobierno del régimen y todas las formas de tiranía y explotación, y por la independencia de nuestro futuro como pueblo sin tutela imperialista ni de potencias regionales. Es una lucha social y democrática por la liberación nacional.

No a Washington y no a Moscú.
No a Teherán, no a Riad y no a Ankara.
No al ISIS, no a Nusra y sus pares y no a Assad.
Todo el poder y los recursos para el Pueblo.

Corriente Siria de Izquierda Revolucionaria
18 de marzo de 2017.