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Un nuevo y espeluznante acto de barbarie del dictador Bashar Al-Assad en contra del pueblo sirio. En la noche del sábado, más de 80 personas, muchas de ellas niños y mujeres, murieron asfixiadas a raíz de otro ataque del régimen con armas químicas. Fue en Duma, el último bastión rebelde en Guta oriental, región periférica de Damasco.

Por Daniel Sugasti

El ataque, con gases tóxicos y bombardeos convencionales, se dio en el marco de la ofensiva que el ejército sirio retomó contra Duma, luego de diez días de “tregua”, donde, según la ONU, entre 80.000 y 150.000 personas están atrapadas dentro del cerco de la dictadura siria.

Según relatos de los equipos de  rescate de los llamados Cascos Blancos, helicópteros militares arrojaron barriles explosivos con gas sarín, un agente nervioso letal, además de gas de cloro, altamente tóxico. Existen no menos de mil heridos, por ahora. Según estimaciones, en siete años de guerra civil, el régimen utilizó armas químicas por lo menos en 200 ocasiones.

Niños de Duma siendo socorridos tras el ataque químico

El régimen de Assad hace tiempo demostró estar dispuesto a todo, a cualquier tipo de acción genocida, para aplastar a la revolución y mantenerse en el poder. Para ello, cuenta con el apoyo indispensable y decisivo de Rusia, Irán, China, y Hezbolá.

El presidente de los EEUU, Donald Trump, acusó a Rusia e Irán de apoyar al “animal” del dictador sirio, y advirtió que “pagarán un alto precio” por este tipo de crímenes. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá el lunes para “analizar” el caso. Todo indica que, fuera de las condenas “humanitarias” de rigor, las “potencias democráticas” no harán nada decisivo. Hace tiempo que existe un “acuerdo” tácito de mantener a Assad en el poder, considerado un “mal menor” desde el punto de vista de las perspectivas de derrotar a la revolución siria y retomar cierta “estabilidad” en la región.

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Al contrario de la narrativa castro-chavista de que EEUU quiere derrocar a un “líder antiimperialista”, la realidad muestra que los ataques aéreos de la coalición liderada por Washington nunca afectaron al régimen sirio, sino al “Estado Islámico”, que a su vez sirvió de excusa para bombardear a civiles y no pocas posiciones rebeldes.

Condenamos esta nueva atrocidad del régimen sirio. Pero condenar estos crímenes no es suficiente. Es necesario adoptar un lado en la guerra civil y en la revolución siria. La LIT-CI, sin apoyar a las direcciones burguesas y pro imperialistas de los rebeldes, sean “laicas” o “islamistas”, se posicionó desde el comienzo al lado del pueblo sirio en contra de la dictadura genocida de la familia Assad. Lo hacemos de la misma forma que apoyamos al pueblo tunecino, egipcio, libio, yemení, y a todos los procesos revolucionarios del norte de África y Medio Oriente.

Lamentablemente, no ha sido esta la posición de la mayoría de la “izquierda”, especialmente la estalinista y castro-chavista, que sin asco apoya a dictadores sanguinarios, como Assad y antes a Gadafi, en contra de la lucha de los pueblos. Así, estos partidos son cómplices de este y todos los crímenes cometidos por estor regímenes. Tienen las manos manchadas con la sangre del pueblo sirio y se posicionan directamente en el campo militar de la contrarrevolución.

Nosotros seguiremos apoyando la lucha del pueblo sirio, kurdo, y de todos los pueblos de la región en contra de las dictaduras pro imperialistas, del propio imperialismo, de Rusia, Irán, y del Estado de Israel. Sólo la victoria militar de la revolución puede acabar con el desastre humanitario en Siria. Esto significa derrocar a Al-Assad y destruir su régimen de terror. Este es el primer paso.

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