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“Si queremos que todo continúe como está es preciso que todo cambie”. La famosa frase presente en el romance “El Gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, retrata la política de las clases dominantes de hacer cambios ilusorios para mantener la situación como está. Tal vez sea esta una de las mejores frases para definir la posición de los gobiernos americanos sobre el uso de armas químicas de destrucción en masa por el dictador sirio Bashar al Assad. Las convenciones internacionales impiden el uso de estas armas, pero el dictador las ha utilizado regularmente durante los siete años de levante contra su régimen.

Por: Fábio Bosco

En 2013, luego de un ataque en Ghouta en el que fueron muertas más de mil personas, el [entonces] presidente Barack Obama hizo un acuerdo intermediado por el gobierno ruso, para el retiro de todas las armas químicas del régimen sirio, a cambio de evitar una represalia militar. En 2014, el entonces Secretario de Estado, John Kerry, anunció que el retiro de todas las armas químicas había sido concluido. Nada más ilusorio.

En 2017, el presidente Donald Trump lanzó misiles sobre la base aérea de Khairat en Siria, de donde partiera el avión que lanzó armas químicas sobre la población siria en Idlib. Antes de atacar, avisó al gobierno ruso, de manera de permitir que Assad vaciase la base aérea y la reconstruyese rápidamente después del ataque.

Frente al nuevo ataque con armas químicas en Douma, el gobierno Trump y sus aliados, la británica Thereza May y el francés Macron, lanzaron más de cien misiles terrestres y aéreos sobre “componentes fundamentales de la infraestructura de armas químicas del régimen”, conforme afirmó el Teniente General Kenneth McKenzie, del Pentágono.

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A pesar de la destrucción provocada, aparentemente el régimen sirio ya se había prevenido, puesto que no hay noticias de muertos o heridos hasta el momento. Y ni siquiera de un eventual derramamiento de materiales químicos.

Además, las armas químicas empleadas por el dictador sirio son basadas en cloro y gas sarín, ambos de fácil acceso y fabricación.

Estos hechos demuestran que los misiles de Trump y sus aliados no redujeron la capacidad del gobierno sirio de llevar a cabo ataques con armas químicas. Y confirman que el objetivo del gobierno americano no es prohibir armas químicas o derrocar el gobierno sirio. Su temor es que la población trabajadora derroque el régimen a través de la vía de la revolución social. Una victoria revolucionaria tendría un tremendo impacto en todo el mundo árabe y pondría en riesgo la dominación imperialista en toda la región.

La única posibilidad de poner fin a la catástrofe impuesta a la población siria por el dictador Bashar al Assad y sus aliados rusos e iraníes es el derrocamiento del régimen y su sustitución por un nuevo gobierno formado por las fuerzas revolucionarias: los consejos de coordinación locales y las milicias rebeldes.

La única contribución que Trump, Thereza May y Macron pueden dar para poner fin a las armas químicas en la región es retirar sus tropas de Siria y parar de impedir que los rebeldes tengan acceso al armamento pesado que necesitan para parar los mortíferos ataques aéreos de la aviación siria y rusa.

Traducción: Natalia Estrada.