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Contra las detenciones, torturas y asesinatos de mujeres por Israel, al final de los años de 1960, adolescentes de Al-Zahra Secondary Girls School en Gaza –escuela de nivel medio para jóvenes en Gaza– realizaron protestas en las que levantaron carteles que decían: “Somos todas fedayeen”. La palabra árabe usada en referencia a los combatientes por la libertad y guerrilleros generalmente está asociada a los héroes del género masculino, en resistencia a la ocupación israelí.

Por: Soraya Misleh

Las mujeres son invisibles en los procesos de lucha, y en Palestina la regla no es excepción. Por el contrario, frente a las representaciones sobre las mujeres árabes, descritas por el intelectual palestino Edward Said en “Orientalismo: el Oriente como invención del Occidente”, es lugar común la idea de que ellas están distantes de las calles y se mantienen sumisas en sus hogares. En el caso de las palestinas, en esa construcción de un “Oriente” atrasado y de bárbaros, ante un “Occidente” civilizado, que sirve a la dominación imperialista, cuando son reconocidas como fedayeen (en excepción a un universo erróneamente considerado homogéneo), son tasadas de “mujeres bomba”, “terroristas”.

Las palestinas árabes en general no están confinadas al espacio reservado por su naturaleza, tampoco son terroristas. Enfrentan los mismos desafíos que las mujeres de todo el mundo frente a sociedades patriarcales, y conjugan esa lucha contra la opresión de género con la liberación y la justicia. En esa dirección, históricamente, sobran ejemplos de su integración a la heroica resistencia contra la ocupación, la colonización y el apartheid israelí.

Se enfrentan con un feminismo que sirve a la dominación al no ver la diversidad del mundo árabe y fundarse en estereotipos sobre las mujeres árabes. Son movimientos de mujeres que basan su “solidaridad internacional” en la concepción falsa de que sus congéneres árabes deben ser salvadas de los atrasos impuestos por una región de bárbaros, bajo la bandera de los “derechos humanos” –pero pierden la perspectiva de la lucha internacional, así como muchas veces en sus propios lugares se desvían del necesario enfrentamiento al capitalismo, cuyo machismo es el instrumento–. Contra esta caricatura, en el mundo árabe gana espacio el llamado “feminismo anticolonial”.

Las mujeres en la historia

Un paso importante en esa desconstrucción es el reconocimiento de la localización de las mujeres palestinas en la historia. Como apunta la feminista egipcia Nawal El Saadawi, en “La fase oculta de Eva – Las mujeres del mundo árabe”, fueron ellas las pioneras en las protestas contra los primeros asentamientos sionistas a finales del siglo XIX, al servicio de la colonización de tierras y la conquista del trabajo, que integraban el proyecto sionista de limpieza étnica para la constitución de un estado exclusivamente judío en Palestina (Israel). Ya en 1903, período que marca el comienzo de la segunda ola de inmigración sionista, crearon una asociación de mujeres.

En los años ’20, su actuación se fortaleció y formaron varios comités populares para articular protestas y demás acciones de desobediencia civil, así como garantizar auxilio a heridos en manifestaciones. En 1921, Emilia As-Sakakini e Zalikha Ash-Shihabi formaron la primera Unión de Mujeres Árabes-Palestinas, que organizó protestas contra el mandato británico, la colonización sionista y la Declaración Balfour, en la que Inglaterra garantizaba la constitución de un hogar nacional judío en tierras palestinas. Activistas famosas en la época incluyen a Maryam Izz-Din Al-Qasam, Nabiha Nasir y Aqilah Al-Budeiri.

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En agosto de 1929, participaron de una manifestación, reprimida violentamente por Gran Bretaña. Entre los 116 participantes muertos, nueve eran mujeres. Muchas otras fueron heridas, presas o golpeadas. En el mismo año, se realizó entre el 26 y el 29 de octubre el primer Congreso de Mujeres Árabes en Jerusalén, con el objetivo central de organizar el movimiento de mujeres de cara a la situación política concreta, con el aumento de la colonización sionista. Las más de 300 participantes concordaron en llamar al boicot de productos británicos y establecer un centro de información al mundo sobre lo que estaba ocurriendo en Palestina, así como promover nuevas protestas. La conferencia aprobó el envío de una delegación formada por 14 mujeres para la entrega al Alto Comisariado Británico de su demandas: la cancelación de la Declaración Balfour, el impedimento de la inmigración sionista y la sustitución de un procurador general judío por su conocido racismo. Luego de la reunión, las 14 mujeres se sumaron a otras 100 en una marcha por las calles de Jerusalén, con parada frente a la embajadas extranjeras.

En la década siguiente, la lucha se amplió. En abril de 1933, mujeres de diversas partes de Palestina marcharon en Jerusalén contra la visita a los lugares sagrados por el general británico Edmund Allenby. En la revolución de 1936-1939 contra el mandato británico y la colonización sionista –cuyas causas y análisis de la derrota están explicadas por el revolucionario marxista Ghassan Kanafani en “La revuelta de 1936-1939 en Palestina”–, las mujeres también se destacaron. El 4 de mayo de 1936, 600 estudiantes realizaron una conferencia en Jerusalén y protagonizaron una huelga que duró seis meses. En otras partes de Palestina organizaron grandes marchas y comités populares. Además de promover protestas, recogían fondos para asistencia a las familias de los muertos y prisioneros y auxiliaban en el transporte de insumos básicos y armas. En las aldeas luchaban lado a lado con los hombres para defender sus tierras. Una de esas heroínas es Fatma Ghazal, muerta en combate el 26 de junio de 1936.

Otro nombre que merece destacarse en la historia palestina es el de Fatma Khaskiyyeh Abu Dayyeh. En la revolución de 1936-1939 ella estuvo en el comando del lugar de almacenamiento de armas de los revolucionarios y en 1948, durante la nakba (catástrofe palestina representada por la creación del Estado de Israel), comandó un grupo mixto de 100 combatientes. También se formaron en el período brigadas exclusivas de mujeres que se pusieron en la línea de frente contra la expropiación de sus tierras. Entre ellas, “The Sisters of Al-Qassam”, de Haifa; y “Zahrat Al-Uqhuwan” (el crisantemo), un grupo secreto fundado en Yafa en 1947 como una institución de caridad para ayudar a los estudiantes palestinos pobres, pero que se tornó un brazo armado después de que una de sus fundadoras, Moheeba Khorsheed, presenció el asesinato de un niño palestino.

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Ya frente a la consolidación del proyecto sionista, en 1965 fue creada la Unión General de las Mujeres Palestinas, ligada a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). En el inicio su papel era, con todo, limitado, reservado a la asistencia social y a los cuidados de salud. Pero la política no fue dejada de lado. Hacia finales de los años de 1960 e inicios de los ’70, varias de ellas partieron para la acción directa, frente a la omisión internacional a la violación cotidiana de derechos humanos y la expansión israelí, que en 1967 resultó en la ocupación por parte de esta potencia bélica de toda la Palestina histórica.

La más conocida en todo el mundo es Leila Khaled, del Frente Popular por la Liberación de Palestina. Expulsada de Haifa a los cuatro años, se tornó una refugiada y a los 15 comenzó a envolverse con la lucha armada. Entonces, con apenas 24 años, participó del secuestro de aviones a cambio de prisioneros políticos y puso en evidencia la causa palestina. Fue detenida en una de las acciones y salió después de otra operación de ese tipo. Por esa razón, es considerada un símbolo de la resistencia, y es lamentable que hoy se coloque contra la revolución en Siria, que tienen también entre sus protagonistas a muchas mujeres.

En las intifadas (levantes) de 1987-1993 y 2000-2004, nuevamente las mujeres fueron a las calles. En la primera, las que vivían en las áreas rurales asumieron papeles centrales, pero las que residían en la región urbana también marcaron presencia. Para tener una idea, un tercio de las bajas era de la parcela femenina. El número de mujeres detenidas pasó de centenas en el inicio de la década de 1970 a millares en los años de 1980.

En los últimos 45 años hubo 10.000 presas políticas. En 2011, se dio un intercambio de prisioneros y pasaron a nueve. A partir de octubre último, con el inicio de la nueva Intifada, 106 fueron detenidas –un incremento de 70% en relación con 2013– y hoy permanecen en las cárceles israelíes 60 de ellas, las cuales se han sumado a las constantes huelgas de hambre contra las malas condiciones a que son sometidas, así como los 7.000 palestinos detenidos ilegalmente por las fuerzas de ocupación. En la Intifada en curso, las mujeres, en su mayoría jóvenes, son 40%.

A lo largo de toda esa trayectoria, ellas se destacaron también en otras trincheras de lucha, como en el campo de las palabras. En el ámbito cultural, entre las que merecen ser recordadas se encuentra Fadwa Touqan, que nació en 1917 en la ciudad de Nablus, Cisjordania, y falleció en 2003. En las palabras de Moshe Dayan, jefe del ejército israelí en 1967, sus versos eran más subversivos que diez atentados.

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Muchas heroínas

Las mujeres son las que más sufren en situaciones de emergencia humanitaria, conflictos armados y frente a la ocupación de Palestina y la limpieza étnica. Pero no se intimidan. Representando casi la mitad de la población total de 3,9 millones en los territorios palestinos ocupados militarmente en 1967 (1,8 millones), están reunidas en diversas organizaciones, por educación, salud, trabajo, contra la ocupación y el sexismo. Allí, así como en los campos de refugiados, en que son millares, en la diáspora o donde hoy es Israel, siempre se hicieron y se hacen oír y notar, desafiando el proyecto sionista.

En la visita a Palestina, la voz femenina fue decisiva: “Antes salíamos de nuestra tierra, porque creíamos que volveríamos en breve. Hoy pueden destruir nuestras casas, robar nuestro olivares, agredirnos, no nos vamos. Ni que tengamos que vivir en una tienda, aquí es nuestra tierra”.

La historia palestina de resistencia está llena de nombres de heroínas que se negaron y se niegan a permanecer en silencio e inertes hasta que Palestina sea libre. Más allá de los nombres registrados en la historia, hay millares anónimas. Nawal El-Saadawi, en “La cara oculta de Eva”, concluye: “La extensa lista de mártires serviría para llenar las páginas de todo un capítulo. Sus hechos intrépidos un día serán admirados por las futuras generaciones.”

En este 8 de Marzo –Día Internacional de la Mujer–, recordarlas es lo mínimo. Es papel de cada una que cree en un mundo justo inspirarse en su legado y seguir su ejemplo de coraje y resistencia. “Somos todas fedayeen”.

Traducción: Natalia Estrada.