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“En las paredes de la prisión, muchas mujeres dejan sus nombres como manchas de sangre. Sea con un delineador olvidado en un bolso de mujer, o un rayón de botón, o con las uñas, ellas arañan la dura cara de la verdad, materializada por las paredes de la prisión sobre la cual la vida comienza y termina. O, tal vez, ellas simplemente hayan escrito sus nombres para asegurar que aún existen y que sus nombres no serán dejados en el olvido”.

Por: Soraya Misleh

Los versos de la palestina Dima Yousef retratan lo que ella misma vivió en dos semanas en una prisión del sanguinario régimen del dictador Bashar al-Assad, antes de ser obligada a buscar un nuevo refugio, esta vez en Argel, capital de Argelia. La joven, nacida en el campo de refugiados de Yarmouk, en Siria, luego de que su familia fuera expulsada durante la Nakba (catástrofe que significó para los palestinos la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948), expresa la resistencia por medio de sus versos. Es parte de la nueva generación de poetisas que se suman a las luchas de las mujeres en la región, en todos los campos. Su historia es contada por la activista Budour Hassan en su blog.

Son muchas las poetisas palestinas al servicio de la causa. Otro ejemplo es la joven Dareen Tatour, que, luego de recitar el 11 de octubre de 2015 su poema “Resiste mi pueblo, resiste a ellos” en YouTube, se encuentra en prisión domiciliaria, impedida de acceder a internet. Nacida en la ciudad de Nazareth (dentro de lo que hoy es Israel), está entre los cerca de 400 detenidos en los últimos tiempos por expresarse en los medios sociales.

La tentativa de silenciamiento, que incluye ahora una ley recién aprobada por el Knesset (Parlamento israelí), la cual prohíbe la entrada en Palestina ocupada de activistas de la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel, no ha callado las voces femeninas, en todas partes del mundo. Un legado que es parte de la historia de la resistencia. En esa lista, constan nombres como el de la también poetisa palestina Fadwa Tuqan (1917-2003). Sus poderosos versos desafiaban de tal forma al verdugo ocupante, que el ministro de Defensa israelí en 1967, Moshe Dayan, declaró: “Cada uno de sus poemas hace diez guerrilleros”.

De las letras a los campos de batalla, las mujeres utilizan las armas de que disponen: hace 70 años, Nariman Khorsheed (1927-2014) fundó en la ciudad de Yafa –juntamente con su hermana Moheeba– la primera brigada femenina palestina, denominada Al Zahrat al-Uqhuwan (Flores de Crisantemo), para luchar contra la expulsión por las fuerzas paramilitares sionistas de sus tierras. En 1948, surgieron otras brigadas femeninas e incluso un grupo mixto, de 100 combatientes, liderado por Fatma Khaskiyyeh Abu Dayyeh. En la revolución palestina de 1936-1939 contra el mandato británico y la colonización sionista –cuyas causas y análisis de la derrota están explicitados por el revolucionario Ghassan Kanafani en La revuelta de 1936-1939 en Palestina–, ella estuvo en el comando del local de almacenamiento de las armas de los revolucionarios.

Son heroínas desconocidas y en su mayoría invisibilizadas por la historia, como ocurre en todo el mundo, en todos los procesos de lucha. Son, además, representadas erróneamente como “aquellas que precisan ser salvadas por haber nacido en una región y cultura de bárbaros y no civilizados, lo que las torna más sumisas que cualquier otra”. Una visión “orientalista” que lamentablemente se volvió sentido común, endosada hasta incluso por un tipo de “feminismo colonial”, y “desconstruirla” es tarea central para avanzar en las luchas.

No es verdad que las mujeres árabes y palestinas necesiten ser salvadas. No es verdad que son más oprimidas por la naturaleza social/religiosa o por la delimitación geográfica. La opresión ocurre aquí y allá, en cualquier sociedad patriarcal, al servicio de un proyecto de dominación capitalista/imperialista. Ellas –así como todo el conjunto de la sociedad palestina– precisan de la solidaridad internacional activa, no de “salvación”. Los movimientos feministas en la región son anteriores a los de los Estados Unidos y Europa, como nos cuenta la feminista egipcia Nawal El Saadawi en su libro La cara oculta de Eva – Las mujeres en el mundo árabe”. Entablan la doble lucha, contra el patriarcado y el colonialismo.

Breve historia

Pioneras al final del siglo XIX en las protestas contra las olas inaugurales de la inmigración sionista con fines coloniales, las palestinas fundaron la primera asociación de mujeres en 1903. En los años de 1920, su actuación se fortaleció y formaron varios comités populares para articular protestas y demás acciones de desobediencia civil, así como garantizar auxilio a los heridos en manifestaciones. En 1921, Emilia As-Sakakini y Zalikha Ash-Shihabi formaron la primera Unión de las Mujeres Árabes-Palestinas, que organizó protestas contra el mandato británico, la colonización sionista y la Declaración Balfour, en que Inglaterra garantizaba la constitución de un lar nacional judío en tierras palestinas. Activistas famosas en la época incluyen a Maryam Izz-Din-Al-Qasam, Nabiha Nasir y Aqilah Al-Budeiri.

En agosto de 1929 participaron de una manifestación reprimida violentamente por Gran Bretaña. Entre los 116 participantes muertos, nueve eran mujeres. Muchas otras fueron heridas, presas o golpeadas. En el mismo año, ocurrió entre el 26 y el 29 de octubre el primer Congreso de Mujeres Árabes en Jerusalén, con el objetivo central de organizar el movimiento de mujeres de cara a la situación política en el terreno, con el aumento de la colonización sionista. En la década siguiente, la lucha se amplió. En abril de 1933, mujeres de diversas partes de Palestina marcharon en Jerusalén contra la visita por el general británico Edmund Allenby a los lugares sagrados. En la revolución de 1936-1939, las mujeres también se destacaron. El 4 de mayo de 1936, 600 estudiantes realizaron una conferencia en Jerusalén y protagonizaron una huelga que duró seis meses. En otras partes de Palestina organizaron grandes marchas y comités populares. Además de promover protestas, recogían fondos para asistencia a las familias de los muertos y prisioneros y auxiliaban en el transporte de insumos básicos y armas. En las aldeas luchaban lado a lado con los hombres para defender sus tierras. Una de esas heroínas es Fatma Ghazal, muerta en combate el 26 de junio de 1936.

Ya frente a la consolidación del proyecto sionista, en 1965 fue creada la Unión General de las Mujeres Palestinas vinculada a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Al final de los años de 1960 e inicios de los de 1970, diversas mujeres partieron para la acción directa, frente a la omisión internacional a la violación cotidiana de derechos humanos y la expansión israelí, que en 1967 resultó en la ocupación por parte de esa potencia bélica de toda la Palestina histórica. La más conocida en todo el mundo es Leila Khaled. Entonces, con apenas 24 años, participó del secuestro de aviones a cambio de prisioneros políticos y puso en evidencia la causa palestina. Fue detenida en una de las acciones y salió luego de otra operación de género.

En las intifadas (levantes) de 1987-1993 y 2000-2004, nuevamente las mujeres fueron a las calles. En la primera, para tener una idea, un tercio de las bajas era de la parcela femenina. El número de mujeres detenidas pasó de centenas a inicios de la década de 1970 para millares en los años de 1980.

En los últimos 45 años fueron 10.000 presas políticas. En 2011, hubo intercambio de prisioneros y pasaron a nueve. A partir de octubre de 2015, con el preanuncio de nueva intifada, 106 fueron detenidas –un incremento de 70% en relación con 2013– y hoy permanecen en las cárceles israelíes 55 de ellas, quienes se han sumado a las constantes huelgas de hambre contra las malas condiciones a que son sometidas, así como los 7.000 palestinos detenidos ilegalmente por las fuerzas de ocupación.

En todos los campos, las palestinas ponen sus conocimientos y su fuerza por la liberación. Están en la línea del frente, dentro y fuera de las tierras ocupadas por Israel. Ayer, hoy y sin duda mañana. Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es menester sumar nuestras voces a las de cada una de ellas, para que todas seamos libres.