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Los artículos constitucionales relativos al mandato del Presidente de la República en los países árabes son los más vulnerables a cambios, de la misma forma que la mayoría de los regímenes totalitarios. Cambiar esos artículos de acuerdo con las necesidades del gobernante es común, toda vez que el poder ejecutivo controla las instituciones del Estado (parlamento y poder judicial) y los medios, ayudados por servicios de inteligencia que no dudan en intervenir en cada movimiento y suprimir cualquier disidencia.

Por: Victorios Bayan Shams

Las prioridades de esos gobernantes no son la economía, la política, la educación, o las cuestiones sociales, sino dos temas: la lucha contra el “terrorismo” y la protección del país contra cualquier interferencia externa, incluso que el pueblo enfrente un descenso acentuado en las condiciones de vida, pobreza sin antecedentes, analfabetismo, falta de libertad de organización y de expresión, atraso, ausencia de seguridad, y diseminación de soborno, desperdicio, corrupción, y favoritismo.

Los jóvenes, cuyas energías son drenadas por el desempleo y por la desesperación, buscan mejores oportunidades fuera de sus países, hacia aquellos que poseen vasta riqueza, sea esta petrolera u otras.

Las Revoluciones Árabes, cuando los trabajadores se atrevieron a decir “no”, destruyeron los muros del terror. Pero el precio en vidas fue muy alto, superando lo que esos pueblos pagaron en su lucha a lo largo de su historia contra la invasión extranjera de sus países. Entonces surgió un nuevo concepto: “ocupación interna”.

Siria

En Siria, después que el ex presidente Hafez al-Assad falleciera en junio de 2000, los servicios de inteligencia instruyeron a la Asamblea del Pueblo a convocar y cambiar el artículo constitucional n.° 83 sobre la edad del presidente, de 40 a 34 años, entonces la edad de Bashar al-Assad. La Presidencia de la República fue heredada de padre a hijo. La constitución siria no especifica un límite para los mandatos presidenciales. Hafez al-Assad gobernó hasta su muerte en 2000, y su hijo continúa hasta hoy.

En violación de las normas constitucionales que exigen la elección de una asamblea nacional constituyente para redactar una nueva constitución o hacer enmiendas fundamentales en ella, las enmiendas de 1973 y de 2012 son las únicas en la historia de Siria que no fueron aprobadas por un parlamento electo. Se designaron Comités para cambiar la Constitución, y después someterla al referendo popular bajo la supervisión de los servicios de inteligencia.

Lo peor aún está por venir. Rusia presentó un proyecto en 2017 para enmendar 23 artículos de la Constitución siria de 2012, manteniendo el párrafo relativo al mandato del Presidente de la República y el número de mandatos que él puede servir. Los defensores del régimen sirio no se preocuparon con el hecho de que una potencia extranjera estaba cambiando la Constitución. Su preocupación era solo sobre el hecho de que Bashar al-Assad podría permanecer en el poder hasta 2028. Entonces, en 2018, Rusia, Turquía e Irán, en cooperación con las Naciones Unidas, formaron un grupo para tratar de cambios constitucionales.

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La revolución, desde el inicio, no trataba de cambiar la Constitución (que no es seguida particularmente en cuestiones relacionadas con los derechos humanos y la libertad de opinión y de expresión) sino en cambiar todo el régimen y sus servicios de inteligencia opresivos.

Egipto

La situación egipcia no es mejor. El Departamento de Inteligencia General, bajo la supervisión de Mahmoud al-Sisi, hijo del actual presidente, Abdul Fattah al-Sisi, preparó un proyecto de Constitución para ser sometido al parlamento para su aprobación en marzo de este año.

En el nuevo proyecto, el artículo 140, que especifica el mandato del Presidente de la República, será alterado de dos mandatos de cuatro años para dos mandatos de seis años, para que Abdul Fattah al-Sisi, que llegó al poder por medio de un golpe militar en 2013 y fue reelecto para un segundo mandato en junio de 2018, pueda continuar en el cargo hasta 2034.

Vale resaltar que el volumen de la deuda pública egipcia aumentó durante los mandatos de al-Sisi de 100,7% a 123,6% hasta 2018. De acuerdo con las estadísticas de Naciones Unidas 2018, el número de egipcios que viven en la pobreza subió para 30 millones sobre 100 millones de egipcios, mientras 3,5 millones están desempleados, además de una tasa de inflación de 8,3% según el Banco Central de Egipto.

Argelia

En Argelia, el artículo 74 de la Constitución, alterado en 2008, estipula que el mandato del Presidente de la República será de cinco años, con la posibilidad de mandatos ilimitados. O sea, el presidente puede permanecer en el poder para siempre. Es lo que ocurre con el actual presidente Abdelaziz Bouteflika, de 82 años, que llegó al poder en 1998 con el apoyo de los militares para gobernar por cuatro mandatos consecutivos y disputar el quinto mandato en las elecciones de abril de 2019.

A pesar de no haber violación constitucional para el quinto mandato, el artículo 88 de la Constitución de Argelia establece que “si el Presidente de la República no pudiera ejercer sus funciones debido a enfermedad grave y crónica, el Consejo Constitucional se reunirá y, luego de la verificación de la veracidad de este impedimento por todos los medios apropiados, propondrá por unanimidad el impeachment al Parlamento”.

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Desde su derrame en 2013, Bouteflika usa silla de ruedas y no ejerce más sus funciones. Es por eso que, siempre que es necesario, su cuadro es puesto en todas las ocasiones y reuniones oficiales para la que su presencia es necesaria. En los términos del artículo 88, él debe renunciar. Este embrollo llevó al pueblo argelino a salir a las calles cuando el presidente Bouteflika anunció su intención de concurrir al quinto mandato.

Según el Banco Mundial, cerca de un cuarto de la población de Argelia vive por debajo de la línea de pobreza (hasta U$S 15 por día de renta), mientras la producción diaria de petróleo y gas del país es de 2 millones de barriles y 4 millones de metros cúbicos, respectivamente.

Sudán

En 2018, el parlamento sudanés cambió la Constitución para permitir que Omar Hassan al-Bashir, en el poder desde 1989, se candidatease a la presidencia indefinidamente, luego de que termine su mandato en 2020.

El artículo 57 de la Constitución de 2005, que fue alterada para encajar en la sed de poder de Bashir, estipuló que “el mandato del Presidente de la República es de cinco años, pudiendo ser renovado una vez”.

El gobierno de Bashir estuvo marcado por muchos conflictos contra el pueblo. Además de la guerra civil con facciones del sur entre 1983 y 2005, que terminó con la secesión del sur, él luchó otra guerra en 2003, contra las tribus de Darfur. El Tribunal Internacional de Justicia lo acusó de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

En diciembre de 2018, Bashir visitó al presidente sirio Bashar al-Assad, como parte de la normalización de las relaciones oficiales árabes con el régimen sirio. Así que Bashir volvió a Jartum [capital de Sudán], manifestaciones populares exigieron su caída.

El 22 de febrero de 2019, las calles de Sudán esperaban que Bashir anunciase un cambio importante. Por el contrario, del mismo modo que Bashar al-Assad en marzo de 2011, él decidió ir al enfrentamiento total contra el pueblo: declaró estado de emergencia por un año entero y disolvió el gobierno, manteniendo todas las partes separadas. Además, mantendrá su dominio sobre Sudán a pesar del hecho de ser el principal obstáculo para acabar con el actual impasse.

La declaración de estado de emergencia significa el cambio de tribunales regulares por la ley marcial. De repente, Sudán pasó por nuevas situaciones que pueden acabar en otro desastre más allá de los que ya enfrenta: los malos indicadores de déficit público, desempleo e inflación que alcanzaron 68,6% al año, mientras las tasas de pobreza están en alrededor de 28% según la Organización Central de Estadísticas de Sudán.

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Sudán produce cerca de 100.000 barriles de petróleo por día, más de 75 toneladas de oro por año, y tiene enormes recursos agrícolas, pecuarios y turísticos.

La excepción: Mauritania

Contra la corriente, el presidente de Mauritania, general Mohamed Oud Abdel Aziz, que llegó al poder por un golpe militar en 2009, anunció a inicios de 2019 su oposición a los cambios en la Constitución elaborados por aliados con la intención de permitir que él permaneciese en el poder. Eso nunca ocurrió antes en el mundo árabe.

Entre los países semicoloniales, particularmente en el mundo árabe, donde los regímenes totalitarios recurren a leyes de emergencia implementadas tanto por el ejército como por los servicios de inteligencia, las enmiendas constitucionales son realizadas solo para atender las necesidades del gobernante, mientras principios fundamentales encontrados en el preámbulo de la mayoría de las constituciones, como los relacionados a los derechos humanos y a la libertad de opinión y de expresión, son dejados de lado.

Mientras no hay mejoras, el eslogan del gobernante árabe permanece: yo o nada.

Traducción del inglés al portugués: Fábio Bosco.
Traducción al castellano: Natalia Estrada.