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Luego de haberse ampliado la resistencia palestina contra las más recientes medidas de control anunciadas para entrar en la Mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén, Palestina ocupada en 1967, el mundo presionó e Israel sufrió una importante derrota: después de 13 días, el 27 de julio, fue obligado a retroceder. Tuvo que retirar las cámaras de vigilancia y los detectores de metal instalados a las puertas del lugar sagrado para musulmanes, situado en la Explanada de las Mezquitas, donde se divisa al lado la imponente Mezquita Domo de la Roca. Además, en un primer momento, revió la prohibición a palestinos con menos de 50 años para entrar a rezar en Al-Aqsa, pero revirtió esto al día siguiente, provocando así nuevas protestas.

Por: Soraya Misleh

La victoria costó la vida de al menos cuatro palestinos en los últimos diez días, cuyos cuerpos inicialmente Israel se negaba a devolver para la realización de los funerales –que se han transformado en grandes manifestaciones en homenaje a los mártires caídos en la resistencia–, y sobre lo que también tuvo que volver atrás. Hubo, incluso, mil heridos entre los millares que adhirieron a las protestas. Según el portal de noticias Maan News, hasta el último viernes (21), el mes de julio contabiliza 14 víctimas fatales en las manos de las fuerzas de ocupación, y desde el comienzo de 2017 son ya 53 personas.

Israel intenta ofuscar la celebración por la victoria, que tomó las calles de Jerusalén desde la madrugada del día 27. Una hora después del retiro de las medidas de control, nueva represión y un saldo de 40 heridos. No obstante, el orgullo de quien reconoce que su sangre no es derramada en vano parece indestructible. Muestra que el mito de invencibilidad israelí está superado, lo que viene siendo probado en los últimos tiempos.

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Otra victoria parcial reciente que da muestras de eso fue la obtenida el 27 de mayo último, luego de 40 días de huelga de hambre de cerca de 1.500 presos políticos palestinos –movimiento que contó, en su favor, con el apoyo de los trabajadores locales, los cuales protagonizaron una huelga general el 28 de abril último–.

Las imágenes de las calles vacías y los comercios cerrados en Palestina muestran la amplia adhesión a esa paralización. El resultado fue que Israel tuvo que aliviar mínimamente el martirio de los más de 6.000 que se encuentran en sus cárceles por el simple hecho de resistir a una ocupación criminal. Entre las conquistas está la ampliación de visitas familiares, el acceso a la educación y las mejoras en la asistencia médica.

En la cuenta de las derrotas políticas de Israel aún está la destrucción de su imagen ante el mundo –y de su moral–, luego del bombardeo a Gaza por 51 días, lo que dejó como saldo alrededor de 2.200 muertos, incluyendo más de 500 niños. Israel no consiguió mantener la operación terrestre, dada la resistencia palestina, frágilmente armada pero absolutamente determinada. La fuerza de los que no tienen nada que perder a no ser sus cadenas, de los que ponen su vida al servicio de una causa justa, de los de abajo contra los de arriba, es el gran diferencial que ha garantizado victorias parciales pero importantes contra la cuarta potencia bélica del mundo. Esa fuerza está fermentando desde 2011, inicio del proceso revolucionario en el mundo árabe, sin llegar a realizar una nueva Intifada (levante popular), pero como un proceso continuo y de masas.

Lo que demuestra es que el camino no solo está abierto sino que es posible que germine cuando menos se lo espere. La gota de agua puede ser el mayor control en Al-Aqsa, puede ser otra medida racista por parte de Israel. El terreno está fértil –el proyecto sionista de exclusividad étnica, concretado con la creación del Estado de Israel (la Nakba, catástrofe palestina frente a la expulsión de la población nativa no judía) hace casi 70 años, y la creación del problema de los refugiados, están definitivamente destruidos.

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En el ámbito de la solidaridad internacional, el incremento de la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel, que hizo que este sufriese una caída de 46% de las inversiones extranjeras, se encaja en este escenario. La criminalización del movimiento y la mayor represión por parte de Israel son un signo de esto.

Abierta omisión

Si por un lado esa suma de victorias apunta en tal dirección, la de Al-Aqsa en especial revela que si aquellos gobernantes que se manifestaron contra las medidas de control no se callasen frente a las atrocidades diarias que comete Israel desde 1948, Palestina sería libre hace ya mucho tiempo, del río al mar. Más aún: el proyecto sionista no se habría consolidado.

Frente al incremento de las protestas en Jerusalén, gobiernos de todo el mundo –desde Arabia Saudita hasta Estados Unidos– condenaron a Israel y demandaron el retiro inmediato de las medidas. La sirviente Autoridad Palestina, creada para gerenciar la ocupación a partir de los tristemente célebres Acuerdos de Oslo en 1993, anunció la suspensión de los acuerdos de cooperación de seguridad con Israel, demostrando así el nefasto papel de esa colaboración para la causa palestina. La cereza de la torta fue la exigencia hecha por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que determinó para la potencia ocupante hasta el viernes 28 de julio como plazo para retroceder.

La causa palestina sigue siendo usada como propaganda; los esfuerzos de esas entidades han sido para contener la resistencia. Sus enemigos –apuntados por el revolucionario palestino Ghasan Kanafani en su análisis sobre las causas de la derrota de la revolución de 1936-1939 en Palestina– siguen actuales: el imperialismo/sionismo, los regímenes árabes y la burguesía árabe/palestina. La retórica ahora dominante era que se debería defender Al-Aqsa como lugar sagrado y no por ser parte de la lucha por la Palestina libre, que debe continuar.

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Para ellos, el retiro de las medidas de control significa desmovilización, acabar con las protestas. A los que no se rinden debe animarles la resistencia, y servirle de inspiración el llamado de aquellos que luchan contra la opresión y la explotación en todo el mundo.

Traducción: Natalia Estrada.