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Como parte del ascenso mundial de la lucha de las mujeres por demandas democráticas y económicas, las mujeres iraníes, a pesar de toda la opresión en que viven, también se manifestaron el 8 de marzo de este año.

Por: Lena Souza

El último intento de manifestación el día internacional de la mujer fue en 2006, año en que las mujeres reunidas escucharon de los policías: “esta manifestación no está autorizada, por favor, dispérsense”, antes de ser dispersadas violenta e inmediatamente.

El llamado fue clandestino y divulgado anónimamente, debido al riesgo de ser presas. No fue por casualidad que la manifestación fue convocada frente al Ministerio del Trabajo, pues la crisis económica siempre tiene graves consecuencias para las mujeres trabajadoras.

Los/las iraníes tomaron nuevamente las calles en diciembre del año pasado para protestar contra el aumento del costo de vida y la corrupción. Las mujeres han sido parte activa de las manifestaciones[1]. Junto al movimiento general de los trabajadores y las trabajadoras, las mujeres vienen enfrentando a las autoridades y luchando contra la opresión y las desigualdades. El día 27 de diciembre, una mujer fue a la Calle de la Revolución, en la región central de la capital, Teherán, y retiró su hijab (velo sobre la cabeza). Estuvo presa durante un mes y solamente fue liberada después de pagar una fianza de cincuenta salarios base. Pero su acto viralizó en internet y está siendo acompañado por muchas otras mujeres.

En Irán, desde 1979, las mujeres son obligadas a usar el hijad en presencia de hombres adultos, que no sean parientes. Esa práctica es vista como señal de modestia de la mujer, ante el adulto desconocido.

El movimiento iniciado en diciembre creció y ganó el nombre de “La chicas de la Calle de la Revolución”, donde varias mujeres ya tiraron su velo en señal de protesta. Esa actitud radicalizó aún más el “Miércoles blanco”, un movimiento surgido en internet a mediados del año pasado, que estimula el uso de ropas blancas este día de la semana como un símbolo contra las reglas de la vestimenta femenina.

Hasta febrero, la policía ya había detenido alrededor de 30 mujeres, que se habían quitado su velo. La pena, que hasta 1997 era de 74 latigazos, pasó a ser de hasta dos meses de prisión o multa. El acto de quitarse el velo es divulgado en las redes sociales, a través de un sitio llamado “MyStealthyFreedom”, creado por la periodista MasihAlinejad, que vive fuera de Irán, desde las revueltas de 2009 y que define el movimiento como de desobediencia civil.

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El desahogo de Fatmeth, ingeniera mecánica, muestra el significado del movimiento: “Tener que cubrirse el cabello para salir a la calle no es el mayor de mis problemas como mujer en Irán. Pero es lo que más odio porque simboliza nuestra discriminación”[2]. Durante 2014, de acuerdo con estadísticas oficiales, fueron advertidas 2.917.000 mujeres por el uso incorrecto del hijad.[3]

La molestia no es el único problema relacionado al uso del velo. Esa imposición retrógrada, que viene acompañada de la prohibición de uso de maquillaje y la obligatoriedad de uso de ropas que cubran las piernas y los brazos de las mujeres, las expone a la violencia a través de actos, que van desde insultos en la calle hasta la muerte.

“En octubre del año pasado en Isfahan, cuatro mujeres, según portavoces del gobierno, y por lo menos ocho, según las denuncias de varios usuarios de Facebook en sus cuentas, fueron atacadas por hombres que les lanzaron ácido en sus rostros. Las víctimas eran todas menores de 30 años y, por lo que parece, mostraban parte de sus cabellos. Una de ellas murió como resultado de las heridas y el resto perdió la visión total o parcialmente”[4].

También hay ataques con cuchillos contra las mujeres que no usan la “vestimenta adecuada”. Y todo eso es estimulado por las autoridades clericales, que instigan a los fieles a organizar patrullas ciudadanas para llamarles la atención a las mujeres, que estén rompiendo el código de vestimenta. De acuerdo con el informe sobre la situación de Irán[5], en 2016, 64.000 mujeres recibieron “avisos” por vestimenta inadecuada.

Además de eso, la mujer trabajadora sufre opresiones y discriminaciones mucho mayores. Comienza por la necesidad de aprobación del marido para poder trabajar. O sea, si el marido entiende que el trabajo no es compatible con las obligaciones de la mujer, puede impedirle ejercer el derecho al trabajo[6].

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También está la trasmisión en el parlamento del Plan de Excelencia de la Población y la Familia, que busca aumentar la tasa de embarazo para el crecimiento poblacional, orientando, como consecuencia, preferencia en la contratación de hombres en detrimento de la contratación de mujeres, tanto en empresas públicas como privadas. “Según datos oficiales, a fines de 2014 había un 39% de desempleo femenino, entre mujeres con edad entre 15 y 29 años, contra un 17,9% entre los hombres de la misma edad”.[7] Para agravar aún más la condición de la mujer trabajadora, los hombres ganan, como promedio, cinco veces el salario que gana una mujer.

Esas condiciones impuestas por el gobierno sobre la mujer restringen todavía más su posibilidad de independencia financiera y, consecuentemente, las obliga a someterse a todo tipo de violencia.

En Irán, así como en el resto de los países, la opresión se impone con mucha más fuerza sobre las mujeres pobres y trabajadoras, como muestra una entrevista realizada a una arquitecta que vive en Teherán[8]: “Por suerte, como ella dice, encontró una grieta en el sistema. Vive sola al norte de la ciudad, la zona rica de la capital. Es el único lugar donde no es estigmatizada, ni denunciada por llevar una vida de soltera. Y dice: si tienes dinero, tienes libertad. Esa es una de las grandes contradicciones de la República Islámica de Irán.”

Y la opresión no para por ahí, las mujeres iraníes enfrentan otros problemas como:

– Necesitan un tutor (primero el padre y después el marido) para darles permiso para realizar actividades como viajar, sacar pasaporte y hasta hacerse algunas cirugías.

– La declaración de una mujer, en un proceso, tiene que ser confirmada por otra mujer para que sea válida, mientras que la de los hombres no requiere tal procedimiento.

-La ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente) prevé el castigo igual al crimen cometido, si los involucrados son dos hombres. Si el crimen se realiza contra una mujer, el castigo pasa a ser la mitad del crimen.

-No es permitido mantener relaciones sexuales antes del matrimonio. La mujer puede ser rechazada por el marido y, si eso ocurre, la familia queda desmoralizada.

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– El divorcio solo es permitido si el marido acepta. En caso de que la mujer se divorcie, pierde la custodia de los hijos con más de 7 años, si son varones, y con más de 13, si son niñas.

– Las mujeres no pueden ir a un campo de fútbol.

Eso por no mencionar los matrimonios por obligación a que muchas mujeres son sometidas. Las chicas, legalmente, pueden casarse a los trece años. Eso por sí solo ya es una forma de violencia. Sin embargo, hay mujeres que se casan teniendo menos de la edad establecida. Entre 2013 y 2014, 41,000 niñas se casaron con edades entre 10 y 14 años. Además, la poligamia es permitida solo para los hombres.

Por todo eso, aunque sea de lejos, tenemos que darles todo nuestro apoyo a la lucha y a la rebeldía de las mujeres en Irán e incentivar su organización para que, junto a la clase trabajadora como un todo, que debe asumir sus banderas, luchen para acabar con todas las formas de opresión y explotación que sufren. 

Traducción: Davis

Notas:

[1] Ver artículo en https://litci.org/pt/mundo/oriente-medio-mundo/ira/mudando-historia-da-resistencia-popular-do-ira/

[2] http://periodismohumano.com/mujer/la-batalla-diaria-de-ser-mujer-en-iran.html

[3] Ídem

[4] Ídem

[5] ReportoftheSpecialRapporteuronthesituationofhumanrights in theIslamicRepublicof Iran. Março de 2017

[6] http://www.ohchr.org/EN/HRBodies/SP/CountriesMandates/IR/Pages/SRIran.aspx

[7] http://periodismohumano.com/mujer/la-batalla-diaria-de-ser-mujer-en-iran.html

[8] https://elpais.com/elpais/2017/02/16/planeta_futuro/1487255523_665346.html