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La revolución en el mundo árabe sigue como uno de los centros de la situación política mundial. Egipto, uno de los países que conmovió al mundo con la caída de Mubarak en 2011, continúa viviendo un proceso revolucionario, con flujos y reflujos.


La fuerza y el heroísmo de las masas en acción fueron capaces de derrocar los gobiernos de Mubarak y de Morsi. Pero el régimen militar se mantuvo. Los militares desataron un proceso represivo violento, que ahora se expresa en la condena de 682 miembros de la Hermandad Musulmana (HM) en el norte y la ilegalización del Movimiento 6 de Abril. Junto con esto buscan legitimarse con la elección del mariscal Al-Sisi a finales de este mes de mayo.

Los reflujos y retrocesos coyunturales del proceso revolucionario fueron erróneamente interpretados por sectores de la izquierda mundial como su fin. Ahora, una vez más, estamos viendo cómo esas previsiones se chocan con la realidad de una revolución viva.

Una serie de huelgas obreras retoma la dinámica de la revolución, que puede apuntar el futuro.

Fuerzas Armadas y Hermandad


Los trabajadores egipcios luchan por escapar de una miseria espantosa. Las masas empobrecidas entraron en acción queriendo determinar su futuro en una revolución que emocionó al mundo.

Pero el proceso egipcio es extraordinariamente complejo. Existen particularidades en la realidad egipcia, fundamentales para explicar su evolución. Una de las más importantes es el papel de las Fuerzas Armadas. En Egipto, los militares controlan 40% de la economía, con la alta oficialidad haciendo parte de la burguesía. Tienen mucho que perder con el proceso revolucionario. Por otro lado, tuvieron la capacidad política de sobrevivir al ascenso adecuándose a la situación para seguir en el poder.

Otra particularidad es la HM, una organización burguesa de base islamista, de gran peso en el país. Fue una oposición tolerada en los tiempos de Mubarak, y asumió el gobierno en las primeras elecciones presidenciales del país. El gobierno Morsi, neoliberal en su plan económico, bonapartista y teocrático en términos políticos, entró en choque feroz con las masas, siendo derrocado en 2013.

Lamentablemente, no existe una alternativa propia de los trabajadores, contraria a esas dos fuerzas burguesas reaccionarias. Existe, en realidad, un vacío de dirección revolucionaria. La izquierda es muy frágil, las alternativas independientes en el movimiento sindical aún están iniciándose, no existen partidos revolucionarios de peso ni siquiera en la vanguardia.

Cuando la furia de las masas paralizó al gobierno Mubarak en 2011 y dividió a las FFAA, la cúpula del ejército evitó reprimirlas directamente (lo que llevaría a una posible fragmentación de las Fuerzas Armadas) y forzó la renuncia de Mubarak. Con eso, los militares preservaron su prestigio y el régimen, a pesar de la caída del gobierno. Después, intentaron legitimarse en las primeras elecciones presidenciales con Ahmed Shafik, pero perdieron con el candidato de la HM.

La interpretación de este hecho político llevó a innumerables equivocaciones en la izquierda mundial. Muchos vieron apenas el golpe de los militares sin ver la acción revolucionaria de las masas, que repitieron actos gigantescos (algunos de los más grandes de toda la historia mundial) y derrocaron a Morsi. Los militares, con su golpe, sólo buscaron preservar el régimen, usurpando la victoria de las masas.

Las masas egipcias, de este modo, no salen derrotadas con la caída de Morsi. Salen victoriosas, pero con una enorme confusión en su conciencia. Consideran a las FFAA, el centro del poder burgués y su mayor enemigo, como un aliado que ayudó a derrocar a Mubarak y a Morsi. La crisis de la dirección revolucionaria y la inexistencia de una alternativa propia de los trabajadores tienen consecuencias terribles en la realidad egipcia.

Represión contra el pueblo para detener la revolución

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La HM sufrió la mayor derrota de su historia con la caída de Morsi; reaccionó con movilizaciones en todo el país, denunciando el golpe y exigiendo su retorno.

Quien entendió la caída del gobierno islamista simplemente como un golpe militar debería estar de acuerdo con la reivindicación de la Hermandad. Nosotros, por el contrario, entendemos la caída de Morsi como una victoria de la revolución, aun cuando usurpada por los militares. En este sentido, definimos las movilizaciones de ese momento de la Hermandad como contrarrevolucionarias, con las cuales no se podría tener ningún tipo de unidad, y sí de denuncia. No apoyamos el retorno de Morsi ni las reivindicaciones por su libertad. Es un criminal, responsable por la muerte de centenas de personas.

Desde la salida de Morsi, el gobierno militar del general Al-Sisi lidera los esfuerzos bonapartistas para frenar la revolución. Al inicio, intentó conformar un gobierno de unidad nacional con la incorporación del liberal El Baradei al ministerio, llamando incluso a la Hermandad Musulmana para su composición. Con el fracaso de este plan, los militares lanzaron una fuerte represión a la HM, además de una represión un poco más selectiva sobre el resto de las luchas, represión esta que luego fue ampliándose. Utilizaron el repudio popular a la HM para justificar una “guerra contra el terror”. Declararon proscripta a la Hermandad y la tasaron de organización terrorista.

El objetivo del gobierno militar es justificar la represión contra el conjunto del movimiento, no sólo contra la Hermandad. Ataca a los refugiados palestinos, sirios y yemenitas, hostilizados públicamente a través de campañas xenófobas, y a los medios de comunicación no alineados, particularmente Al Jazeera.

Así, ya son casi 3.000 los muertos y 22.000 los presos políticos en el país, según denuncias. Fruto de la ley contra la libertad de expresión, manifestación y organización, las marchas son violentamente reprimidas y los activistas son presos y condenados.

El líder de la HM, Mohamed Badie, y otros 682 reos islamistas fueron condenados a muerte por un tribunal egipcio en abril, sin ningún derecho real de defensa. Badie tiene una responsabilidad diferenciada en relación con los otros militantes de la Hermandad por estar involucrado en la represión promovida por el gobierno Morsi. Pero la condena a muerte de todos ellos es una señal del carácter fascistoide de ese régimen militar.

El Movimiento 6 de Abril –una de las organizaciones más importantes que estuvieron al frente de la lucha por la caída de Mubarak– tuvo dos de sus dirigentes presos y condenados a tres años de prisión en diciembre pasado. Ahora, en abril, fueron también proscriptos, ilegalizados, y sus sedes cerradas.

Los tiempos en la política
 
La defensa de las libertades democráticas nunca es un principio para los marxistas. Es siempre una cuestión relativa, subordinada a la lucha de clases. Para localizar nuestra posición debemos responder a las cuestiones: ¿libertades democráticas para quién? ¿Libertades democráticas para qué? En otras palabras: ¿represión para quién y para qué?

La represión a las movilizaciones de la HM tenía una justificación en el momento inmediato a la caída de Morsi. En aquel momento existía una posibilidad de que las movilizaciones de la HM pudiesen conseguir el retorno del gobierno de Morsi e imponer un gobierno ya derrotado por la movilización revolucionaria de las masas. Esa represión evidentemente no incluía las masacres, rápidamente denunciadas por nosotros. No obstante, el gobierno y el régimen consiguieron estabilizarse. A partir de ahí, se fue alejando cualquier posibilidad de victoria militar de la HM. Existe una brutal superioridad militar de las FFAA. Por otro lado, la Hermandad tiene extremadamente desgastado su prestigio frente a las masas con la caída de Morsi.

En realidad, hoy las movilizaciones de la Hermandad tienen el objetivo de defenderse de los durísimos ataques por parte del régimen militar.

Aquí se clarifica la discusión sobre la relación de las libertades democráticas con la lucha de clases. No estamos a favor de retorno de Morsi al poder. Defendemos que permanezca preso por su papel en la represión contra las masas, así como todos los jerarcas de la HM responsables por los crímenes de estado contra los trabajadores y el pueblo. Por otro lado, estamos contra la represión actual a la HM, porque esa es la legitimación del régimen para el ataque contra el conjunto del movimiento de masas.

Dos ejemplos ilustran esa diferencia de la política, en tiempos distintos. Durante el golpe imperialista en Venezuela, contra Chávez, en 2002, nosotros defendimos una represión mucho más dura contra los golpistas. Denunciamos a Chávez por no encarcelar a todos los golpistas y expropiar sus bienes.

En 2005, cuando Chávez cerró RCTV para atacar a la oposición burguesa, nosotros estuvimos en contra, aunque fuera una oposición imperialista, la misma que pocos años antes había sido la base social del golpe militar. Nosotros apoyamos la posición de Trotsky, que alertaba que la represión desencadenada por un gobierno burgués, aun cuando sea contra otro sector burgués, va a acabar fortaleciendo a ese gobierno para reprimir a la clase obrera.

Eso es lo que está ocurriendo hoy con la represión de los militares sobre el conjunto del movimiento de masas siendo justificada por la “guerra al terror” contra la HM. El gobierno y el régimen militar son los principales enemigos del pueblo egipcio.

Los trabajadores vuelven a levantar la cabeza

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Existe un nuevo ascenso obrero en el país –a nuestro entender– más importante para la lucha de clases. Después de un reflujo en el segundo semestre de 2013, comenzó una fuerte ola de huelgas en febrero de este año, que desmiente categóricamente a los que ya habían decretado el fin del proceso revolucionario. Como las condiciones de vida del pueblo egipcio sólo empeoran, los militares no pueden contener el movimiento por mucho tiempo sólo con engaños.

Las huelgas comenzaron nuevamente en Mahalla y se extendieron a El Cairo, Alejandría, Suez y otras ciudades. Incluyeron distintos sectores, como transporte público, correos, ferroviarios, industria química y del acero, y salud. La reivindicación fue la de extensión, a todo el sector público y privado, del salario mínimo de 1.200 libras egipcias (170 dólares).

A pesar de no haber una unificación nacional de esas luchas, se formaron comités que agruparon varios sectores de trabajadores. La fuerza del movimiento obligó al gobierno militar a negociar y hacer concesiones. No tuvo cómo reprimir directamente las huelgas, aun cuando haya hecho algunas represiones selectivas, como ocurrió contra los activistas de las huelgas de los Correos. La renuncia de Beblawi –primer ministro desde la caída de Morsi– es una de las consecuencias de ese momento.

Elecciones fraudulentas para mantener a Al-Sisi en el palacio

La elección del 26 de mayo es una maniobra del régimen militar para legitimarse. La candidatura de Al-Sisi, hombre fuerte del gobierno, debe imponerse en estas elecciones fraudulentas.


El gobierno militar continúa con prestigio, que arrastra, por medio maniobras, desde Mubarak y Morsi. No obstante, no existen libertades democráticas en Egipto, y eso da a estas elecciones un carácter fraudulento. Las oposiciones son violentamente perseguidas, mientras todo el aparato del Estado y los medios apoyan a Al-Sisi.

La candidatura de oposición de Hamdeen Sabahi no es una alternativa real, a pesar de ser apoyada por sectores de la izquierda, incluso por la organización trotskista Socialistas Revolucionarios. Sabahi es un nasserista que alcanzó el tercer lugar en las elecciones de 2012, en las que Morsi resultó triunfante. Además de expresar una alternativa burguesa, ayuda a legitimar las elecciones fraudulentas y la victoria de Al-Sisi.

Los trabajadores precisan construir una alternativa

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Es más que necesario construir un campo de los trabajadores, alternativo a todas las agrupaciones burguesas, en particular contra el gobierno militar y la Hermandad Musulmana. Esa alternativa deberá estar apoyada en la movilización independiente de las masas, en particular en las huelgas obreras en curso.


El régimen militar tendrá ahora que asumir directamente el gobierno a través de Al-Sisi. El ascenso de las masas va a chocarse esta vez con el gobierno y el régimen. Revolución y contrarrevolución volverán a enfrentarse en Egipto, y tal vez ahora de forma más clara. El futuro de la revolución está ligado al surgimiento de una alternativa propia de los trabajadores frente a las falsas salidas burguesas.

¡Abajo el gobierno! ¡Abajo el régimen militar!
¡Anular el voto en las elecciones de mayo!
¡Todo el apoyo a las luchas de los trabajadores!
¡Fin de todos los organismos de represión!
¡Abajo la ley de restricción al derecho de expresión, organización y manifestación!
¡Castigo para los involucrados en la represión contra el movimiento obrero y popular de los gobiernos Mubarak, SCAF, Morsi y Al-Sisi!
¡Libertad a todos los presos políticos no involucrados en la represión!
¡Salario mínimo de 1.200 libras!
¡Trabajo, salud y educación gratuitos!
¡Por la reapertura de la frontera con Gaza!
¡No pago de la deuda externa!
¡Fin de los acuerdos con Israel y Estados Unidos!
¡Por una Constituyente democrática y soberana, sin los militares y cualquiera de las instituciones del antiguo régimen!
¡Ni militares ni Hermandad Musulmana!
¡Por una alternativa clasista y socialista, con un programa de destrucción del régimen militar!
¡Por un gobierno obrero y popular!

Traducción: Natalia Estrada.