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Datos dan cuenta de que el Estado sionista perdió en los últimos años 46% de las inversiones externas en función del BDS.

Por: Soraya Misleh, para Carta Capital.-

Además de servir para encubrir el régimen de apartheid israelí, decisiones de artistas como Milton Nascimento de ignorar las apelaciones de millares de fans en todo el mundo y mantener su show en Tel Aviv son utilizadas como propaganda contra la campaña central de solidaridad al pueblo palestino: BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones). Sionistas celebran la ida de esos artistas reconocidos mundialmente como demostración de lo que afirman, no es de hoy, es un movimiento fracasado. La realidad es muy distinta.

Llamado por la sociedad civil palestina el 9 de julio de 2005, el BDS acaba de cumplir catorce años. Basado en la campaña de boicot que ayudó a poner fin al apartheid en África del Sur en los años 1990, trae como demandas: el fin de la ocupación y colonización de todas las tierras árabes y el derrumbe del muro de apartheid en Cisjordania; el retorno de los millones de refugiados a las tierras de donde fueron expulsados; derechos iguales para los palestinos que viven donde hoy es Israel.

En poco más de una década, colecciona innumerables victorias. Datos dan cuenta de que el Estado sionista –fundado el 15 de mayo de 1948 mediante la limpieza étnica de Palestina, para los árabes la Nakba (catástrofe)– perdió en los últimos años 46% de las inversiones externas en función del BDS. En ocasión de los 14 años del BDS, el sitio del movimiento (bdsmovement.net) divulgó un comunicado en el que enfatiza victorias recientes. Así, destaca que la hashtag Apartheid [#apartheid] fue la segunda más popular durante el Festival de la Canción Eurovisión en Tel Aviv, explicando en parte el fracaso de la competencia en atraer más de 5.000 personas, en contraste con los “40.000 o 50.000 esperados”.

De acuerdo con el informe, “más de 100 actividades comerciales, culturales y deportivas en Italia se declararon libres del apartheid israelí en junio, juntándose a las decenas de consejos municipales y espacios culturales en el Estado español y en toda Europa”.

Incluso entre las victorias, la selección argentina de fútbol canceló el año pasado un amistoso con Israel, como informa el movimiento, “después de recibir pedidos de palestinos y grupos de solidaridad internacional”.

También en 2018, Natalie Portman, Shakira, Lana del Rey, entre otros artistas destacados, cancelaron shows en Israel, y decenas de DJs y otros músicos se juntaron al boicot cultural al apartheid. Entre ellos, la rapper brasileña Linn da Quebrada, que escuchó la apelación hecha por la intelectual y activista feminista Angela Davis, también simpatizante del BDS, así como el líder sudafricano Desmond Tutu.

Esos artistas conscientes se unen, así, a nombres como Roger Waters, Snoop Dog, Lenny Kravitz y Elvis Costello, entre muchos otros. Y a los 55 artistas de distintas nacionalidades que en 2014 divulgaron una carta abierta de repudio al patrocinio israelí a la 31° Bienal Internacional de Arte de San Pablo. Como resultado, el año en que Israel masacró en Gaza a 2.200 personas, entre ellas 530 niños, la Fundación Bienal acató el pedido. Al comunicar al mundo la importante victoria, los artistas reiteraron el rechazo a “apoyar la normalización de ocupaciones conducidas continuamente por Israel en Palestina”.

“Creemos que el apoyo cultural del Estado de Israel contribuye directamente para mantener, defender y limpiar sus violaciones de leyes internacionales y derechos humanos”.

Los artistas de este evento no solo mostraron que tienen organización al demandar “transparencia respecto del financiamiento de eventos culturales, sino también plantearon la cuestión fundamental de cómo el financiamiento puede comprometer y minar la razón de la existencia de sus trabajos”. Y enfatizaron: “La lucha por autodeterminación del pueblo palestino se refleja en los trabajos de muchos artistas y participantes de la Bienal, involucrados con derechos humanos y luchas populares en escala global. La opresión de uno es la opresión de todos”.

En el ámbito académico, según el comunicado del BDS del 9 de julio, “hace dos semanas, la Sociedad Británica para Estudios en el Oriente Medio (Brismes) adoptó el boicot a las universidades israelíes por su complicidad en la planificación, implementación y justificación de las graves violaciones de los derechos humanos por Israel. La Brismes se junta a varias asociaciones académicas americanas que adoptaron el boicot en los últimos años. La Semana Israelí del Apartheid de 2019 fue un gran éxito, a pesar de la creciente represión antidemocrática en los Estados Unidos y en Europa”.

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En el Brasil, los simpatizantes del BDS, además de acompañar el calendario y las campañas globales, centenas de académicos firmaron carta de adhesión al boicot –a ejemplo de lo que hicieron 300 profesores e investigadores en Inglaterra, en los últimos años–. Además del brillante científico Stephen Hawking (1942-2018).

Hay también varios simpatizantes entre los movimientos sociales y sindicales. Según el comunicado del BDS, el mayor sindicato holandés, FNV, con 1,1 millón de miembros, rompió contrato con la Hewlett-Packard, “debido a la complicidad de las empresas de la marca HP en el apartheid de Israel y a las violaciones del derecho internacional”. Y, todavía, “la acción online global #StopCemex alcanzó más de un millón de personas, transformando efectivamente el esfuerzo anual de propaganda de la gigante del cemento (mexicana) en una campaña poderosa contra la complicidad de la Cemex en la construcción de los asentamientos y muros ilegales de Israel”.

En cuanto a las sanciones gubernamentales, el BDS resalta que “la presión sobre los gobiernos continúa. El Congreso Nacional de Chile aprobó el año pasado la prohibición de productos de asentamientos israelíes ilegales construidos en tierras palestinas robadas, mientras la campaña para excluir de mercados europeos productos de asentamientos está en curso”.

La mayor compañía privada militar de Israel, la Elbit Systems –implicada en la construcción del muro del apartheid y en el desarrollo de drones responsables por ataques a Gaza, además de otras tecnologías y armas– ha enfrentado tanto la desinversión de compañías de seguros como sanciones gubernamentales. Fondos de pensión en Suecia, Noruega y Dinamarca retiraron inversiones hechas en la empresa y, en 2016, Francia anunció que no compraría más sus drones.

En el Brasil, activistas consiguieron impedir en 2014 que la empresa construyese un parque aeroespacial militar en Porto Alegre (Rio Grande do Sul). La campaña sigue para que la subsidiaria de la Elbit –AEL Sistemas– cese definitivamente sus actividades en la capital gaúcha. Esa acción se inserta en la movilización por embargo militar a Israel –el Brasil lamentablemente en los últimos años se tornó uno de los cinco mayores importadores de tecnologías usadas antes en “cobayas” palestinas y, con Bolsonaro, la promesa es de más acuerdos–.

“Lo que hace de la adhesión al BDS, en este momento, un contrapunto a un gobierno que declara su amor por Israel abiertamente”.

La empresa israelí Mekorot, responsable por el apartheid del agua en la Palestina ocupada, también ha sido blanco del BDS. En el ámbito nacional, dos victorias ya son contabilizadas en los últimos años, con el fin de acuerdos de cooperación tecnológica entre la compañía israelí y empresas públicas de saneamiento en San Pablo y en Bahia.

Represión y criminalización

El BDS es una herramienta de solidaridad poderosa, tanto para aislar el apartheid como para concientizar al mundo sobre los crímenes contra la humanidad cometidos por Israel, ampliamente demostrados por el Derecho Internacional. Consciente de esto, el primer ministro sionista Benjamin Netanyahu llegó a considerarlo “amenaza estratégica”. La preocupación es tanta que el BDS es considerado asunto prioritario por su gobierno.

Con el crecimiento del boicot, sobre todo en Europa, el 11 de julio de 2011, el Knesset –parlamento israelí– aprobó una ley que permite que una persona u organización que llame por el BDS pueda ser procesada por los [propios] “objetivos” del boicot sin necesidad de probar que sufrieron daños. Según divulgó el periódico israelí Haaretz en la época, “el tribunal entonces decidirá cuánto de indemnización debe ser paga”. Todavía conforme el reportaje, “la segunda parte de la ley dice que una persona o una empresa que declare un boicot a Israel o a los asentamientos no podrá concurrir en licitaciones del gobierno”. Y el 6 de marzo de 2017, a través de la Enmienda 28 a la “Ley de Entrada en Israel”, aprobada en el Knesset, simpatizantes internacionales del BDS pasaron a ser prohibidos de entrar en la Palestina ocupada.

Por medio del lobby sionista, leyes que criminalizan a simpatizantes del movimiento se expanden también por Europa y los Estados americanos. Caso emblemático es que Alemania declaró recientemente que el BDS es un movimiento “antisemita” –argumento tan antiguo cuanto mentiroso para intimidar a críticos al Estado del apartheid israelí, colocando falsamente un signo igual entre la discriminación contra semitas y la oposición al proyecto político colonial sionista–. Al publicar una petición firmada por 240 activistas e intelectuales judíos contra la nueva ley alemana, el director del Museo Judaico de Berlín, Peter Schäfer, renunció a su cargo en junio último, frente a la presión del lobby sionista.

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En el mismo mes, en Alemania, el escritor palestino Khaled Barakat fue prohibido de participar de cualquier actividad sobre Palestina o pronunciarse al respecto bajo riesgo de expulsión (hay una campaña internacional de denuncia y solidaridad promovida por la Samidoun –Red de Solidaridad a los Prisioneros Políticos). Él no es el único en enfrentar el cerco a la libertad de expresión en Alemania. En el mismo mes, un festival en el país europeo canceló una performance del rapper Talib Kweli por su negación a renunciar a su apoyo al BDS. La activista palestina Rasmea Odeh es otro ejemplo: en marzo de este año, fue impedida de hablar en una actividad de solidaridad a la lucha de la mujer palestina, entre ellas centralmente la poetisa Dareen Tatour, condenada en 2018 a cinco meses de detención por Israel después de recitar versos contra la ocupación en las redes sociales –antes había permanecido por más de un año en prisión domiciliaria–. Luego, recibió la orden de expulsión de Alemania.

Propaganda y complicidad

Al lado de las acciones represivas, la invitación a artistas como Milton Nascimento es parte de la iniciativa denominada “Brand Israel” (algo así como “Marca Israel”). Se trata de un esfuerzo de propaganda en el cual se han invertido millones de dólares para intentar revertir la creciente imagen negativa en el exterior de la potencia que ocupa Palestina.

No se limita a artistas. Busca atraer también turistas, expositores, intelectuales. Algo que no está fuera de los padrones de un Estado fundado en la limpieza étnica: Israel históricamente invierte tanto en la militarización como en las relaciones públicas, dos frentes importantes para sostener un proyecto colonial hace más de 71 años.

Para los artistas que aceptan presentarse y servir al marketing del apartheid, según ya denunció la coordinación del BDS, los cachés acostumbran ser más elevados que los pagos en Europa, y las cláusulas mucho más rígidas en el caso de cancelaciones. Incluso así, luego de informados sobre lo que representaría su show, muchos han vuelto atrás, en respeto al llamado por boicot cultural hecho por los palestinos.

Milton Nascimento lamentablemente no es uno de ellos. No solo ignoró el pedido y todos los alertas hechos por solidarios del mundo entero, de América Latina a Europa, [sino que] luego de un mes y medio sin dignarse a dar cualquier atención a los innumerables pedidos individuales y colectivos, así como a una carta firmada incluso por diversas organizaciones del movimiento negro, líderes indígenas, y por el escritor Milton Hatoum, postó el 29 de junio –un día antes de su presentación en Tel Aviv– en su página de Facebook, una respuesta pública que parece haber sido escrita por los llamados “sionistas de izquierda” (que confunden solidaridad al hablar de diálogo y paz, pero no abren mano de la “defensa” y “seguridad” de un Estado colonial y ocupante, e históricamente estuvieron al frente de la limpieza étnica en Palestina).

Los mismos argumentos maniobreros para justificar la normalización del apartheid que se vieron durante la campaña en el sitio del Instituto Brasil-Israel (IBI), y para los cuales el BDS divulgó respuesta, incluso enviada a la producción de Milton Nascimento. Entre los tristemente célebres alegatos, el de que fuera invitado por un brasileño y que su show no tenía ningún incentivo del Estado de Israel, hasta el cuestionamiento de la propia campaña de boicot. “Durante la dictadura militar brasileña, yo jamás dejé de tocar en mi país. Entonces, ¿por qué dejaría de tocar ahora? ¿Por qué dejaría de compartir experiencias de amor y cambio mientas ocurre en el Brasil un gobierno de extrema derecha? Incluso divergiendo de las ideas de un gobierno, jamás abandonaré a mi público”, afirma todavía en el post el artista minero.

En respuesta al IBI, el BDS Brasil apuntaba: “La alegación de que deberíamos boicotear a otros países por su gobierno, como Bolsonaro o Trump, visa desviar la atención a la ocupación, apartheid, colonización y limpieza étnica promovidos por Israel históricamente, desde 1948. No es un problema de gobierno. Israel ocupa ilegalmente territorios palestinos, no respeta ninguna resolución de la Organización de las Naciones Unidas, viola cotidianamente el Derecho Internacional y los derechos humanos. El Brasil no está ocupando territorio soberano de otra nación. Por lo tanto, reiteramos que el problema no es el actual gobierno de Israel, es el comportamiento de un Estado institucionalizado de apartheid, fundado en un proyecto colonial y de segregación. Nada más, luchamos contra toda forma de opresión y explotación, sea en el Brasil o en Palestina. El boicot conecta esas luchas, una vez que las tecnologías militares que sirven al apartheid israelí son las mismas que promueven el genocidio de la población indígena y negra en las periferias brasileñas. ¡Esa lucha es una sola!”. Entre los ejemplos, la participación del BDS en las actividades del Julio Negro y en la campaña “¡Caveirão Não!” [1] llamados por los movimientos de las favelas de Rio de Janeiro, que se suman al boicot al apartheid, así como el movimiento Mães de Maio[2].

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En cuanto al argumento de que la invitación fue hecha por brasileño, Milton Nascimento fue alertado de que quien tenía origen palestino no podría estar allá para asistir a su presentación. Por lo tanto, apartheid –como en África del Sur–. La confirmación del artista de que cantó durante la dictadura, tal vez él y su producción lo hayan olvidado, pero en 1968 Milton hacía músicas como “Menino”, en homenaje al joven estudiante Edson Luís, asesinado por el régimen de excepción ese mismo año. El fragmento “¡Quien calla muere contigo! ¡Quien grita vive contigo!” fue adaptado en la carta que pedía a Milton Nascimento no ser cómplice del apartheid.

La respuesta de Milton Nascimento vino solamente después del pronunciamiento público de Roger Waters, que escribiera antes dos cartas privadas al artista brasileño. Lamentablemente, la decisión de Nascimento también confundió y dividió a oprimidos y explotados. Sin embargo, no hay derrota en eso para el BDS, que sigue en su ardua lucha para esclarecer y concientizar a partir del debate generado, inspirado en la resistencia palestina, que no se doblega.

La única derrota es la mancha en la bella trayectoria de un artista admirado y respetado incluso por sus posiciones, expresadas en letras igualmente bellas. Que Milton y otros artistas que perforaron el piquete internacional por boicot cultural se arrepientan y hagan la debida autocrítica. Que otros artistas brasileños entiendan que ese es un enorme error y rechacen la complicidad con el apartheid. Escuchen de hecho la voz del corazón.

Notas:

[1] Caveirão es el nombre de los carros blindados usados por el batallón de operaciones policiales especiales de la Policía Militar del Estado de Rio de Janeiro en incursiones en las favelas de la capital fluminense, ndt.

[2] Mães de Maio (Madres de Mayo) es el nombre de una organización de madres, familiares y amigos de las víctimas de los crímenes de mayo de 2006 en San Pablo, en el cual fueron muertas por lo menos 564 personas en 10 días, como consecuencia de la violencia de Estado, ndt.

Artículo publicado en Carta Capital, sección Justicia, 16 de julio de 2019.- Original disponible en: www.cartacapital.com.br

Traducción: Natalia Estrada.