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El discurso de la semana pasada del presidente de la Federal Reserve, Jay Powell, en el Instituto Peterson de Economía Internacional, Washington, fue realmente chocante. Powell dijo a su audiencia de economistas que “el alcance y la velocidad de esta crisis no tienen precedentes modernos”.

De: Michael Roberts

Un hecho chocante que él anunció fue que, de acuerdo con una pesquisa especial del FED sobre ‘bienestar económico’ entre las familias americanas: “Entre las personas que trabajaban en febrero, casi 50% de las familias que ganaban menos de U$S 40.000 por año habían perdido el empleo en marzo”.

Powell avisó por el Zoom a su público bien pago, sentado en casa, que “aunque la respuesta económica haya sido oportuna y adecuadamente grande, tal vez no sea el capítulo final, ya que el camino a seguir es altamente incierto y sujeto a riesgos negativos significativos”. De hecho, si el rebajamiento continuo de las previsiones de crecimiento global continúa, el número de optimistas sobre una recuperación en forma de V quedará reducido solo a los líderes de gobiernos y ministros de finanzas.

Figura 1: Previsiones de crecimiento global deterioran desde marzo; recuperación prevista para mediados de 2021.

Otro estudio proyecta que el PIB de EEUU caerá 22% en comparación con el periodo anterior al Covid-19 y que 24% de los empleos en los EEUU probablemente serán extintos. Se estima aún que los efectos adversos sean más fuertes para los trabajadores con bajos salarios, que pueden sufrir reducciones de empleo de hasta 42%, mientras se estima que los trabajadores con altos salarios experimenten solo una reducción de 7%.

Powell estaba preocupado con el hecho de que ese colapso pudiese causar daños permanentes a la economía americana, dificultando cualquier recuperación rápida o significativa. “Los datos muestran que recesiones más profundas y más largas pueden dejar daños permanentes a la capacidad productiva de la economía”, dijo Powell, repitiendo los argumentos ya presentados por mí sobre las ‘cicatrices’ de la economía.

Powell consideró que el principal problema para conseguir una recuperación luego del término de la pandemia era que “una recesión prolongada y una recuperación débil también podrían desalentar la inversión y la expansión de los negocios, limitando aún más el resurgimiento de empleos, el crecimiento del capital accionario y el ritmo de la evolución tecnológica. El resultado puede ser un periodo prolongado de bajo crecimiento de la productividad y de ingresos estancados”.

Y hay un serio riesgo de que, cuanto más tiempo se demore la recuperación, mayor será la posibilidad de quiebras y de cierre de empresas e incluso de bancos, pues “la recuperación puede llevar algún tiempo para ganar impulsos y la demora puede transformar problemas de liquidez en problemas de solvencia”.

De hecho, la semana pasada, el Federal Reserve (FED) divulgó su Informe Semestral de Estabilidad Financiera, en el cual concluyó que “los precios de los activos permanecerán vulnerables a caídas significativas de precios si la pandemia sigue un curso inesperado, si las consecuencias económicas se mostrasen más adversas o si las tensiones en el sistema financiero volviesen”. El informe del FED alertó que los acreedores pueden enfrentar “pérdidas materiales” por los préstamos a mutuarios que no consiguen encarrilarse de nuevo luego de la crisis. “Las tensiones en los balances patrimoniales y comerciales de los choques económico y financiero desde marzo probablemente crearán fragilidades que durarán por algún tiempo”, escribió el FED. “Dicho esto, la perspectiva de que pérdidas en las instituciones financieras creen presiones en el mediano plazo parece elevada”, dijo el Banco Central.

Por lo tanto, la caída de la economía debido al coronavirus será profunda y duradera, con una recuperación débil a seguir, y podrá causar un colapso financiero. Y los trabajadores sufrirán severamente, especialmente aquellos que están en la parte inferior de la pirámide de renta y especialización. Ese es el mensaje del director del Banco Central más poderoso del mundo.

Pero el otro mensaje que Jay Powell quería enfatizar para su público económico fue que esa caída aterrorizante no fue culpa del capitalismo. Powell se esforzó al afirmar que la causa de la caída fueron el virus y los lockdowns, y no la economía. “La actual crisis es única, pues es atribuible al virus y a las medidas tomadas para limitar sus consecuencias. Esta vez, inflación alta no fue el problema. No hubo ninguna burbuja económica que amenazase estallar y ninguna explosión de un boom insostenible. El virus es la causa, no los sospechosos de siempre –algo que vale la pena recordar cuando respondemos–”.

Esa declaración me recordó lo que dije a mediados de marzo, cuando el virus fue declarado una pandemia por la Organización Mundial de la Salud. Tengo certeza de que, cuando este desastre termine, la economía tradicional y las autoridades alegarán que fue una crisis exógena sin nada que ver con fallas inherentes al modo de producción capitalista y a la estructura social de la sociedad. Fue el virus que hizo eso”. Mi respuesta fue entonces recordar a los lectores que: “Incluso antes de la pandemia, en la mayoría de las grandes economías capitalistas, sea en el llamado mundo desarrollado o en las economías ‘en desarrollo’ del ‘Sur Global’, la actividad económica estaba disminuyendo, con algunas economías ya sufriendo reducción de la producción y de inversiones, y muchas otras a la vera de eso”.

Luego del comentario de Powell, observé la tasa de crecimiento real del PIB global desde el final de la Gran Recesión en 2009. Sobre la base de los datos del FMI, podemos ver que el crecimiento anual estaba en trayectoria descendente y en 2019 la tasa de crecimiento global fue la más baja desde 2009.

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Figura 2: Crecimiento anual del PIB real (%).

Y, si comparamos la tasa de crecimiento del PIB real del año pasado con la media de diez años antes, todas las áreas del mundo presentan una caída significativa.

Figura 3: Crecimiento anual del PIB real de 2019 comparado con la media de diez años anteriores (%). EZ, zona del euro; G7; AE, economías avanzadas; world, mundo; EM, economías emergentes; AL, América Latina.

El crecimiento de la zona del euro quedó 11% debajo de la media de los diez años anteriores; el G7 y las economías avanzadas quedaron aún más bajos, y la tasa de crecimiento de los mercados emergentes fue 27% menor, de modo que la tasa de crecimiento general en 2019 fue 23% menor que la media desde el final de la Gran Recesión (2009). Adicioné a América Latina para mostrar que esta región ya estaba en crisis en 2019.

Por lo tanto, la economía capitalista mundial ya estaba entrando en recesión antes de la llegada de la pandemia de Covid-19. ¿Eso por qué? Bien, como Brian Green explicó en la live que tuve con él la semana pasada, la economía de los EEUU vivió en una burbuja alimentada por crédito los últimos seis años, permitiendo que la economía creciese aunque la lucratividad estuviese cayendo, así como la inversión, en la economía “real”. Así, como Brian dice, “la salud subyacente de la economía capitalista global era mala antes de la pandemia, pero estaba oscurecida por el dinero barato, impulsando ganancias especulativas que alimentaban la economía” (para los datos de Brian, consulte su site aqui).

En esa discusión, examiné la trayectoria de la lucratividad del capital globalmente. La Penn World suministra una nueva serie de datos llamados tasa externa de retorno sobre capital (TIR) para todos los países del mundo, desde 1950 hasta 2017. La TIR es una aproximación razonable para la tasa de ganancia sobre el capital accionario (valor de mercado) calculada por los conceptos marxistas, aunque, es claro, no sea lo mismo, porque excluye del denominador el capital variable y los stocks de materias primas (capital circulante). A pesar de esa deficiencia, la medida de la TIR permite considerar las tendencias y trayectorias de la lucratividad de las economías capitalistas y compararlas entre sí en una base semejante de evaluación.

Si miramos para la TIR de las siete principales economías capitalistas, los países imperialistas, llamados G7, descubrimos que la tasa de ganancia en las principales economías tuvo un pico en el final de la llamada era neoliberal, hacia finales de los años ’90. Hubo una caída significativa en la lucratividad luego de 2005 y después una caída durante la Gran Recesión, comparables a los resultados de Brian para el sector no financiero de los EEUU. La recuperación desde el final de la Gran Recesión fue limitada y la lucratividad permaneció casi siempre baja.

Figura 4: G7, tasa interna de retorno sobre capital (ponderada por el PIB). De izquierda a derecha: edad dorada; crisis de lucratividad; recuperación neoliberal; larga depresión.

La serie de IRRs solo va hasta 2017. Sería posible extender esos resultados para 2019 usando el banco de datos de la AMECO, que mide el retorno líquido del capital de manera semejante a la IRR de la Penn. No tuve tiempo de hacer eso correctamente, pero una mirada directa sugiere que no hubo aumento de la lucratividad desde 2017 y probablemente una ligera caída hasta 2019. Por lo tanto, esos resultados confirman los datos de Brian Green para los EEUU, de que las principales economías capitalistas estaban ya significativamente débiles antes de la pandemia.

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Segundo, también podemos evaluar eso analizando la ganancia total de las empresas, no solo la tasa de ganancia. Brian hace eso también para los EEUU y para China. Intenté extender los resultados de ganancias corporativas de los EEUU y de China a una medida global, considerando las ganancias corporativas (divulgadas trimestralmente) para las principales economías seleccionadas: EEUU, Reino Unido, China, Canadá, Japón y Alemania. Esas economías constituyen más de 50% del PIB mundial. Lo que esa medida revela es que las ganancias corporativas globales pararon de crecer antes de la pandemia. Las dos caras de la ley de la ganancia de Marx estaban en operación[1].

Figura 5: Ganancias corporativas globales (media ponderada), % base anual. De izquierda a derecha: crisis de las economías emergentes; boom de las empresas de alta tecnología; boom de crédito; gran recesión; recuperación; crisis de la deuda del euro; minirrecesión; antes del virus.

El miniboom de ganancias iniciado en 2016 alcanzó el pico a mediados de 2017 para caer en 2018 y volver a cero en 2019.

Eso me lleva a la conexión causal entre ganancias y la salud de las economías capitalistas. A lo largo de los años, presenté argumentos teóricos para lo que considero sea la visión marxista de que son las ganancias que conducen a la inversión capitalista, no la “confianza”, no las ventas, el crédito, etc. Además, son las ganancias que conducen a la inversión, y no lo contrario. No es solo la lógica de la teoría que apoya esta visión; es también la evidencia empírica. Y hay un montón de ellas.

Pero, déjenme llamar su atención para un nuevo artículo de Alexiou y Trachanas: Previendo recesiones norteamericanas en la posguerra: un abordaje de modelo probit, de abril de 2020. Ellos investigaron la relación entre recesiones en los EEUU y la lucratividad del capital usando análisis de regresión multivariable. Ellos descubrieron que la probabilidad de recesiones aumenta con la caída de la lucratividad y viceversa. No obstante, los cambios en el crédito privado, en las tasas de interés y en el Q de Tobin (valores de mercado comparados a los valores de los patrimonios) no son estadísticamente significantes y cualquier asociación de esos factores con recesiones es “bastante pequeña”.

Concluyo, a partir de este estudio y de los otros anteriores, que, aun cuando el capital ficticio (crédito y acciones) pueda mantener la economía capitalista fluctuando por un tiempo, finalmente será la lucratividad del capital en el sector productivo que decidirá la cuestión. Además, cortar las tasas de interés para cero o menos; inyectar crédito en niveles astronómicos que aumentan la inversión especulativa en activos financieros (aumentando el Q de Tobin) y más gastos fiscales, no permitirán que las economías capitalistas se recuperen de esa caída pandémica. Eso requiere un aumento significativo de la tasa de ganancias del capital productivo.

Si observamos las tasas de inversión (medidas por la inversión total en relación con el PIB en una economía), descubrimos que, en los últimos diez años, la inversión total en relación con el PIB en las principales economías fue bajo. De hecho, en 2019, la inversión total (gobierno, familias y negocios) en relación con el PIB es aún menor que en 2007. En otras palabras, incluso la baja tasa de crecimiento real del PIB en las principales economías de los últimos diez años no fue acompañada por el crecimiento total de la inversión. Y, si usted saca el gobierno y las familias, la inversión de las empresas tuvo un desempeño aún peor.

Figura 6: Razones de ahorro e inversión de las economías avanzadas (% del PIB). Línea punteada: inversión; línea llena: ahorro.

A propósito, el argumento de los keynesianos de que el bajo crecimiento económico en los últimos diez años se debe a la “estagnación secular” causada por un “exceso de ahorro” no está confirmado. La tasa de ahorro nacional en las economías capitalistas avanzadas en 2019 no es mayor que en 2007, mientras la tasa de inversión cayó 7%. Hubo una escasez de inversión y no un exceso de ahorro. Esto es debido a la baja lucratividad en las principales economías capitalistas, forzándolas a buscar invertir en el exterior donde la lucratividad es mayor (la tasa de inversión en las economías emergentes aumentó 10%; volveré sobre este punto en un post futuro).

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Lo que importa para restaurar el crecimiento económico en una economía capitalista es la inversión empresarial. Y eso depende de la tasa de ganancia de esa inversión. Y, incluso antes de la pandemia, la inversión empresarial estaba cayendo. Vea Europa. Incluso antes de la pandemia, la inversión de las empresas en los países periféricos de Europa aún estaba cerca de 20% debajo de los niveles precrisis.

Andrew Kenningham, economista jefe de Europa en la Capital Economics, previó que la inversión empresarial de la zona del euro caerá 24% en 2020, contribuyendo para una contracción esperada de 12% en el PIB. En el primer trimestre, Francia registró su mayor contracción en la formación bruta de capital fijo, una medida de inversión pública y privada, ya registrada. La contracción del Estado español también fue casi récord, según datos preliminares de sus servicios nacionales de estadística.

En Europa, los fabricantes que producen bienes de capital –aquellos usados como insumos para la producción de otros bienes y servicios, como máquinas, camiones y equipos– sufrieron el mayor impacto en la actividad, según datos oficiales. En Alemania, la producción de bienes de capital cayó 17% en marzo en comparación con el mes anterior, más del doble de la caída en la producción de bienes de consumo. Francia y el Estado español registraron diferencias aún mayores.

Baja lucratividad y aumento del endeudamiento son los dos pilares de la Larga Depresión (o sea, bajo crecimiento de la inversión productiva, de la renta real y del comercio) en los cuales las principales economías están presas en la última década. Ahora, en la pandemia, gobiernos y bancos centrales están reforzando esas políticas, apoyados por un coro de aprobación de keynesianos de varias tonalidades (de la MMT[2] también), en la esperanza y expectativa de que eso consiga revivir las economías capitalistas luego del relajamiento o el fin de los lockdowns.

Es improbable que eso ocurra, porque la lucratividad permanecerá baja y puede hasta ser menor, mientras las deudas aumentarán, alimentadas por la enorme expansión del crédito. Las economías capitalistas permanecerán en depresión y, al final, serán acompañadas por el aumento de la inflación, de modo que esa nueva fase de la depresión puede transformarse en estagflación. El multiplicador keynesiano (gastos del gobierno) estará ausente, como en la década de 1970. El multiplicador marxista (lucratividad) probará ser una mejor guía para la naturaleza de los booms y las caídas del capitalismo y mostrará que las crisis económicas no pueden ser encerradas mientras el modo de producción capitalista continúe existiendo.

[1] Michael Roberts se refiere a la Ley del Valor y la Ley Tendencial de la Caída de la Tasa de Ganancia.

[2] MMT – Moderna Teoría Monetaria, que afirma que se puede crear dinero de la nada para hacer inversiones públicas y de esa forma levar a cero la tasa de desempleo.

Fuente: Michael Roberts, Profitability, Investment, and the Pandemic

Traducción del portugués: Natalia Estrada.