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Hugo Chávez fue, sin dudas, una de las figuras políticas más influyentes de la primera década del siglo XXI. Sus propuestas tuvieron la simpatía de millones de trabajadores en Venezuela y en todo el mundo.

Por: Alejandro Iturbe

Gran parte de la izquierda internacional, con sus organizaciones y militantes, lo apoyó con distintas argumentaciones. A lo largo de estos años, a través de numerosos artículos y publicaciones, hemos debatido con esas posiciones desde una ubicación revolucionaria y de clase.

La realidad permite ahora hacer un balance claro sobre las diferentes posiciones. No se trata solo de “cerrar cuentas” con lo que ya es, en gran medida, una experiencia fracasada. Se trata, fundamentalmente, de extraer conclusiones para el presente y para el futuro.

Cuatro posiciones sobre el chavismo

En trazos gruesos, hubo en la izquierda cuatro análisis sobre el proceso iniciado en Venezuela en 1999. Tres de ellos sacaban como conclusión una política de apoyo al chavismo (sea de modo incondicional o haciéndole alguna crítica). La LIT-CI, por su lado, se oponía a este apoyo. En los artículos de la serie “¿La Venezuela de Chávez marcha hacia el socialismo?” (publicados en la revista Marxismo Vivo N.°15, julio de 2007), señalábamos:

“En sus consideraciones sobre Chávez, este amplio espectro de la izquierda elabora, de modo esquemático, tres caracterizaciones diferentes. Los PCs y las corrientes castro-guevaristas sostienen que Venezuela, tal como afirma Chávez, ya está marchando hacia el socialismo. Por su parte, algunos sectores provenientes del trotskismo expresan que este camino aún no se ha iniciado, pero que está planteado como una posibilidad real. Finalmente, otras organizaciones trotskistas analizan que, por el carácter burgués del chavismo, es imposible que encabece un proceso de revolución socialista pero que, bajo sus gobiernos, Venezuela se transformó de una semicolonia yanqui en un país independiente del imperialismo.”

La realidad venezolana actual (que analizamos en varios artículos de esta revista) muestra de modo contundente que estas tres caracterizaciones estuvieron equivocadas.

Para nosotros, la raíz común del error de estos análisis es que confundieron la forma del proceso chavista con su contenido real. Chávez y el chavismo se vistieron de “rojo” y tuvieron un discurso radicalizado (el “Socialismo del Siglo XXI”).

Pero esta apariencia encubría un proyecto burgués hasta la médula, que mantenía y profundizaba el modelo capitalista semicolonial basado en el rentismo parasitario de la producción petrolera. Por eso, no solo no había ninguna posibilidad de “avance hacia el socialismo” sino tampoco de un avance en la independencia del país respecto del imperialismo. Ahí está la raíz de clase del fracaso del proyecto chavista.

Un falso análisis sobre la relación entre el Caracazo y el chavismo

El punto de partida de esas caracterizaciones equivocadas es un análisis falso de la relación entre el surgimiento del chavismo y el Caracazo de 1989. Recordemos que este último fue un estallido insurreccional en la capital venezolana contra el “paquetazo” económico aplicado por el entonces presidente Carlos Andrés Pérez (AD), quien respondió con una brutal represión militar y policial que ocasionó miles de muertos (la cifra real nunca se conoció).

El Caracazo tuvo dos profundas consecuencias políticas. Por un lado, dejó en ruinas el llamado régimen político de Punto Fijo, que entró en una situación agónica, y la burguesía tradicional no tenía posibilidad de reconstruirlo ni un plan para reemplazarlo.

Por otro lado, se había abierto otra peligrosísima grieta en el Estado burgués al fracturarse las FF.AA. frente a la represión en el Caracazo.

Muchos soldados y suboficiales, que vivían en los mismos barrios en los que se les ordenaban disparar, se negaban a hacerlo. Según informes no oficiales, cerca de 3.000 efectivos debieron ser detenidos por “insubordinación”. Otros que sí reprimieron (como el propio grupo inicial de Chávez) salieron con una crisis y una desmoralización muy profundas.

Si combinamos los elementos que hemos analizado (un gran ascenso de las masas, hartas de la situación existente, y una profundísima crisis política de la burguesía, de su régimen y de su Estado), el resultado es lo que Lenin denomina una “situación revolucionaria”, como marco de todo el proceso posterior.

En general, en la izquierda hay acuerdo sobre la importancia histórica del Caracazo y sobre que el régimen de Punto Fijo quedó mortalmente herido y agonizando. También en el hecho de que no se puede entender el surgimiento de Hugo Chávez y del chavismo sin el Caracazo.

Nuestra profunda diferencia, antagónica diríamos, con la mayoría de las corrientes de izquierda que reivindicaron al chavismo radica en que, para ellas, el chavismo, su triunfo electoral y su posterior gobierno son el producto directo del Caracazo y del ascenso que lo continuó, es decir, su genuina y revolucionaria (o progresiva) expresión política.

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Salvar el Estado burgués

Para nosotros, en cambio, siendo un producto del Caracazo y del ascenso, el chavismo es un movimiento de la segunda línea de la oficialidad militar, que se montó sobre el ascenso (y la crisis del régimen) para frenarlo (o, por lo menos, controlarlo y desviarlo) para que no desbordase hacia la revolución socialista. Esencialmente, buscaba cerrar la fractura de las FF.AA. y así reconstruir plenamente el Estado burgués.

El chavismo creó un nuevo régimen político en el país pero lo hizo en el marco del Estado burgués y del capitalismo semicolonial.

Con respecto a la revolución obrera y socialista, este movimiento y este régimen no cumplieron un papel progresivo de impulsarla sino, por el contrario, un papel regresivo: reconstruir las FF.AA. y defender la propiedad capitalista. Y, para ello, debían frenar y controlar férreamente la movilización de masas.

De modo adicional, digamos que el chavismo expresó también la aspiración de esa segunda línea de la oficialidad militar (de origen pequeñoburgués o plebeyo) de llegar al gobierno para apropiarse de una parte de la renta petrolera y así poder transformarse en lo que hoy es conocido como “boliburguesía”.

Es imposible entender objetivamente los hechos posteriores (como su política durante y después del golpe de abril y del lockout patronal de ese año, que analizamos en artículos específicos) y la realidad actual de Venezuela y del chavismo si no partimos de estas definiciones básicas.

La derrota del golpe de abril de 2002 y del lockout patronal posterior profundizaron la situación revolucionaria abierta con el Caracazo: la movilización independiente de las masas y de los trabajadores industriales los había derrotado y, en esas movilizaciones y luchas, surgían organismos propios y genuinos. La burguesía tradicional y el imperialismo estaban derrotados y completamente a la defensiva.

Es decir, estaban dadas las condiciones objetivas para un avance del proceso revolucionario (la “relación de fuerzas”). Pero el chavismo, lejos de aprovechar esas condiciones objetivas para impulsarlas, buscó por todos los medios frenar este avance y desgastarlo (lo que era previsible dado el carácter burgués hasta la médula que hemos caracterizado).

Se da así una situación altamente contradictoria. Desde un punto de vista central, el proyecto chavista fue “exitoso”: logró salvar el Estado burgués y al capitalismo. Sin embargo, al mismo tiempo, sembró las bases de su propia crisis y su decadencia.

Este análisis refuta las posiciones de la que hemos llamado corriente castro-chavista, formada esencialmente por los Partidos Comunistas latinoamericanos y las organizaciones que derivaron de los movimientos guerrilleristas de la década de 1970. Para ellos, Venezuela y Cuba eran los “últimos bastiones del socialismo”, caracterización totalmente equivocada ya que no solo no hubo ningún “avance hacia el socialismo” en Venezuela (por política del propio chavismo) sino que la propia Cuba retrocedía de ser un Estado obrero hacia la restauración del capitalismo (también por política de la dirección castrista). En muchos materiales y publicaciones de la LIT-CI hemos fundamentado esta definición, por lo que no vamos a reiterarla aquí.

“Estar con las masas”

En este artículo, en cambio, queremos profundizar el debate con las corrientes que provienen del trotskismo e incluso del morenismo y de la LIT-CI. En especial, la formada por el MST de la Argentina, el MÊS brasileño (integrante del PSOL) y Marea Socialista de Venezuela, que rompió con la LIT-CI en la década de 1990.

Esta corriente ha desarrollado una profunda revisión de la teoría de la revolución permanente elaborada por Trotsky, para fundamentar su apoyo al chavismo en Venezuela, a Evo Morales en Bolivia y a Rafael Correa en el Ecuador. En el artículo “En defensa de la revolución permanente” (publicado en la revista Marxismo Vivo Nueva Época n.° 3, setiembre 2013) realizamos un debate con la concepción teórica de esta corriente. Por un lado, señalamos que se trata de una vuelta a la concepción etapista de la revolución, formulada por los mencheviques rusos (entre 1905 y 1917), y por el estalinismo (a partir de la década de 1920), que se intentaba disfrazar bajo un manto de leninismo, trotskismo y morenismo.

Señalamos también que se trata en realidad de una “teoría-justificación” de su política de apoyo al chavismo y de integración a su gobierno. Por eso, cuando el debate pasa del plano teórico-programático a uno más concreto, responden a nuestras críticas con el argumento de que el apoyo y la integración de esos gobiernos “es la única política posible” porque expresa tanto la “relación de fuerzas” como el “nivel de conciencia de las masas” en ese momento. Por lo tanto, si queremos “estar con las masas” (y así poder dar un salto en nuestra construcción) es una política sectaria y ultraizquierdista querer ir “más allá” (como la que proponía la LIT-CI).

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Analicemos cada uno de los pasos de este razonamiento. Comencemos por la “relación de fuerzas”. Para las corrientes marxistas, este concepto define la situación de la lucha de clases en un período determinado. ¿Quién está a la ofensiva y quién a la defensiva: la burguesía y las clases dominantes o los trabajadores y el pueblo? ¿Qué triunfos sobre el adversario alcanza esta ofensiva? Existen también situaciones de “equilibrio” pero la definición principal para evaluarla es precisamente ver quién avanza y quién se defiende en la lucha de clases.

Ya hemos analizado que consideramos que, en Venezuela, el Caracazo (1989) y la lucha y el triunfo contra el golpe y el lockout (2002-2003) mostraban un fuerte proceso de ascenso revolucionario y de auto-organización de los trabajadores y las masas, y una situación de profunda defensiva de la burguesía tradicional y el imperialismo. Es totalmente falso considerar que fue “la relación de fuerzas” el factor que impidió un avance del proceso revolucionario.

El tema de la conciencia es mucho más complejo, dinámico y contradictorio, porque el nivel de conciencia de los trabajadores y las masas es el resultado de un proceso de interacción permanente entre sus convicciones actuales (construidas por su experiencia histórica), los hechos de la realidad, y las conclusiones que van sacando de sus propias acciones frente a esa realidad. Y en esas convicciones actuales entran también las falsas ilusiones (o falsas conciencias, como las llamaba Marx).

Esta combinación contradictoria se expresaba en Venezuela en que, por un lado (basadas en su experiencia previa y en su voluntad de conseguir un cambio profundo de la realidad), las masas venezolanas realizaban acciones revolucionarias y se organizaban para ello. Pero, por el otro, lo hacían confiando en que una dirección burguesa (Chávez y el chavismo) conduciría el proceso. Este último era el aspecto más negativo y regresivo de la realidad venezolana (en el que el propio chavismo se apoyaba para intentar frenar y desmontar la revolución).

Un papel regresivo

Para una corriente revolucionaria, la tarea era apoyarse en los factores progresivos y revolucionarios (la movilización y la organización de las masas) para combatir el elemento negativo y así ayudar a las masas a hacer su experiencia con el chavismo y romper con él. Sin este avance en la conciencia, el proceso revolucionario venezolano estaba condenado a la derrota o al retroceso. Pero la línea de “estar con las masas” (es decir, adaptarse a sus falsas ilusiones) llevó a estas corrientes por el camino opuesto: “embellecieron” al chavismo, ayudaron a reforzar su influencia en las masas y, con ello, su política de frenar la revolución.

¿Qué hubiera pasado en Rusia después de febrero de 1917 si Lenin, Trotsky y los bolcheviques hubieran aplicado la política de “estar con las masas”? En lugar de impulsar la “explicación paciente” sobre que la salida de fondo era que los soviets tomaran el poder (la dictadura del proletariado), impulsar la movilización independiente de las masas por “paz, pan y tierra”, y combatir la política de las corrientes reformistas (mencheviques y socialistas revolucionarios, que eran mayoría entre las masas al inicio del proceso), tendrían que haber apoyado (e incluso entrado) al gobierno provisional burgués, porque era esa la “conciencia de las masas”. Es decir, no habría habido Revolución Rusa ni se habría construido el primer Estado obrero de la historia.

En lugar de ayudar a hacer avanzar el proceso de movilización y organización revolucionarias de los trabajadores y las masas en Venezuela, esa política contribuyó a debilitar la posibilidad de construir una alternativa obrera y de izquierda al chavismo, y hoy su crisis y decadencia es capitalizada mayormente por la derecha. Se perdieron años de una verdadera construcción revolucionaria en el país, y eso va a tener su costo.

Frente a esto, es totalmente secundario si Marea Socialista creció en su construcción. En primer lugar porque, como vimos, ese crecimiento fue al costo de incidir negativamente en el avance del proceso revolucionario venezolano. Pero, además, ese crecimiento y esa construcción no se hicieron como organización revolucionaria sino como “otra cosa”, como una “tendencia de izquierda” del chavismo.

Desde hace algunos meses, Marea Socialista está saliendo del PSUV (el partido del chavismo) y realiza algunas críticas al gobierno de Nicolás Maduro. Pero lo hace sin ninguna autocrítica sobre la política de todo el período anterior. Por el contrario, sus principales dirigentes, como Gonzalo Gómez y Nicmer Evans, declararon que “se alejaban del PSUV, por la imposibilidad de ejercer la democracia interna” pero seguían apoyando al gobierno de Maduro. Hacen un llamado a “defender las conquistas del proceso” (una especie de vuelta al “chavismo de los orígenes”) y aclaran que no se postulan como una “tercera vía” sino como un “muro de contención” para que los desmoralizados “no voten por la derecha”[1].

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Tal como apoyaron a Chávez y al chavismo, esta concepción de “estar con las masas” los ha llevado recientemente a apoyar el gobierno de Alexis Tsipras y Syriza (que, en pocos meses, traicionó la lucha y las aspiraciones del pueblo griego). De esta forma, han contribuido a la campaña de la prensa imperialista hacia los trabajadores y las masas: “quien ha fracasado es la izquierda”, y contribuyeron a un posible aumento del escepticismo sobre la posibilidad de una alternativa obrera y socialista frente a la debacle capitalista. Aunque no haya sido su intención, ayudaron así a que resulten más creíbles, para todo un sector del movimiento de masas, las recientes declaraciones de Pablo Iglesias (del Podemos español): “No hay alternativa al capitalismo”.

Sí, hay alternativas

Para nosotros, sí existen alternativas. No solo frente al capitalismo sino frente a la capitulación a que nos lleva la línea de “estar con las masas”.

Nosotros también queremos “estar con las masas”, pero no para adaptarnos a los aspectos más atrasados de su conciencia sino para que esta avance cada vez más, al compás del avance de su movilización y organización independientes.

Es un camino aparentemente más difícil, porque inicialmente (y a lo largo de todo un proceso de experiencia de las masas) “estaremos en minoría” (como decía Lenin), dado que chocamos con sus falsas ilusiones. Pero es el “único camino posible” si realmente queremos que el proceso revolucionario avance en la perspectiva de la toma del poder por los trabajadores y las masas.

La experiencia de la Revolución Rusa, en la que el Partido Bolchevique pasó de ser una minoría a dirigir a las masas y la revolución, nos muestra que es perfectamente posible. ¿Las condiciones para ello? Acá citamos de memoria a León Trotsky: un núcleo de cuadros y militantes sólido, construido desde hacía varios años (el partido revolucionario), claridad estratégica (explicándola pacientemente) y flexibilidad táctica para impulsar e intervenir en cada momento de la lucha, y así fortalecerse y fortalecer cada vez más el proceso revolucionario. Tal como señalamos en el debate sobre Grecia (revista Correo Internacional n.° 13): “Continuamos considerando plenamente vigente la elaboración de Lenin (y uno de sus mayores aportes al marxismo): el avance en la conciencia de las masas debe ‘objetivarse’ y realimentarse en la construcción de un partido revolucionario que, en el seno del proceso vivo de la lucha de clases, dispute y gane la dirección de las masas a las corrientes reformistas que quieren ‘parar’ la revolución o limitarla a estadios previos a la toma del poder. Sin esta dirección revolucionaria que impulse conscientemente el proceso de la lucha hasta el final, toda revolución está condenada a una derrota casi segura o, en el mejor de los casos, a ‘dar vueltas en círculos’. Por eso, su construcción es actualmente la tarea estratégica (y a la vez una necesidad concreta) que tienen planteado los trabajadores y la izquierda revolucionaria”. Creemos que es una conclusión válida para Venezuela, para Grecia y para todo el mundo. Por el contrario, la línea de “estar con las masas” (entendida como una adaptación a sus falsas ilusiones) nos ha llevado y nos seguirá llevando a la derrota.

[1] Ver declaraciones y documentos en la página http://mareasocialista.com.ve/ y en http://www.aporrea.org/ideologia/n253330.html.

Artículo publicado en Correo Internacional n.° 14, diciembre de 2015.-

Lea más en www.litci.org – Especiales: “Crisis del chavismo”