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Al ser removido de su cargo, Jorge Giordani, ahora ex Ministro de Planificación, se encargó de hacer públicas sus divergencias con el gobierno. Además de sus críticas en el terreno económico fue durísimo con Nicolás Maduro:




“…Resulta alarmante y doloroso ver una presidencia que no transmite liderazgo y que parece afirmarlo en la repetición, sin la debida coherencia, en los planteamientos como los formulaba el Comandante Chávez…” (El Universal, El Tiempo, 19/6/2014).



Salieron a solidarizarse dirigentes chavistas como el ex Ministro de Educación Héctor Navarro, quien exigió a Maduro respuestas sobre la carta de Giordani y “actuar como estadista” afirmando que “traidores son los que asignaron a empresas de maletín los dólares que hoy requieren los hospitales o necesarios para la producción y para satisfacer las necesidades del pueblo”(Aporrea 24/06/2014). Navarro fue separado de su cargo en la Dirección Nacional del PSUV, organismo que según las mismas palabras del ex Ministro no se reúne hace más de un mes, y pasado al Tribunal Disciplinario del partido.



También organizaciones de base chavistas, como la Coordinadora Simón Bolívar, hicieron público un documento titulado: "Esa carta desgraciada puño y letra de mi amada", defendiendo a Giordani de los ataques de la vocería oficialista.



Esta sucesión de declaraciones, en este momento de crisis por la que atraviesa el gobierno, no hace más que expresar el “mar de fondo” que hay dentro del oficialismo. Desde el chavismo y el propio Maduro salieron a denunciar a “los vacilantes y desleales con ropaje de izquierda” y también “traidores”, en alusión a Giordani  y los demás.



Por supuesto que en apariencia, esto no es nuevo, ni son una novedad las diferencias profundas entre las corrientes que hay al interior del chavismo. Ya en vida de Hugo Chávez las crisis y diferencias se expresaron con mucha claridad en la caída de votos y el crecimiento de la oposición, el descontento y enfrentamiento con los trabajadores. Pero el prestigio y el carisma del Comandante, entre amplios sectores, lograban cerrar las grietas que se abrían.



Ahora, sin Chávez, las cosas son distintas. Las peleas de las corrientes internas para que los platos rotos de medidas antipopulares los paguen otros se hacen más violentas y riesgosas. Sobre todo en medio de una gran crisis económica mundial que se mete con todo en nuestro país, y con un gobierno decidido a hacer un brutal ajuste contra los trabajadores y el pueblo, reduciendo el gasto público, aumentando la electricidad, los precios regulados, el precio de la gasolina, etc. Giordani y sus seguidores quieren aparecer diciendo “Yo no fui”.



Fracaso del proyecto del nacionalismo burgués



A pesar de que el petróleo se ha mantenido en un promedio de 100 dólares el barril (y un costo de producción de menos de diez, según Ramírez) Venezuela se ha tenido que endeudar para seguir entregando dólares baratos para alimentar a la boliburguesía y multinacionales, importadores y empresas de maletín.



Durante todos estos años en vez de reducirse la dependencia de la renta petrolera, esta creció (de un 70%  en 1998 a un 96% de las exportaciones en la actualidad). La deuda total de Venezuela se ha disparado y asciende a más de 122 millardos de dólares. Y no hay suficientes dólares en las reservas del Banco Central. Los inmejorables precios del petróleo podrían haber posibilitado sentar las bases de un desarrollo independiente de la industria y la producción del campo.

 

Sin embargo, Venezuela hoy, después de 15 años, es más dependiente de las multinacionales petroleras y de los buitres financieros multinacionales con los que se han contraído las deudas y  son realmente los que se beneficiaron con las políticas del chavismo.



Nicolás Maduro debe enfrentar entonces esta situación, sin un PSUV unificado y [con] sus aliados cada vez más críticos. Pero, por sobre todas las cosas, con una pérdida creciente de apoyo popular que lo deja muy frágil.



El diálogo produjo una crisis a dos puntas



La “mesa de diálogo” le sirvió a los empresarios para lograr mucho de lo que exigían, y ahora quieren más. Y al gobierno, con el aval de un sector de la MUD, le sirvió como un respiro en medio de las movilizaciones de febrero. Pero Maduro no pudo avanzar en concesiones políticas como la liberación de Simonovis y otras exigencias de la MUD, por el rechazo en las bases chavistas.



Esto produjo una crisis en la Mesa de Unidad Democrática, porque después de darle un respiro al gobierno no consiguió algunas concesiones para mostrar como logros. Y también crisis en el gobierno, ya que se sentó con los empresarios que hacían una supuesta “guerra económica” y con sus ejecutores políticos, la MUD, sin lograr, de acuerdo a las expectativas creadas, atenuar siquiera algunos de los principales problemas como la escasez, la inflación, etc. Por eso el diálogo se paralizó, ya que amenazaba al gobierno y a la oposición burguesa.



Ahora nos encontramos con un gobierno extremadamente débil, con muchas dificultades para aplicar medidas de ajuste, requeridas tanto por los financistas multinacionales como por los empresarios.



Y con  una  oposición,  nucleada en la MUD, que primero se dividió alrededor de “la salida” a la crisis (Capriles y Acción Democrática por un lado y Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma por otro) y, ahora, en crisis y debilitada, no aparece como una alternativa al chavismo. Saben que no pueden voltear al gobierno con las raquíticas movilizaciones ni “guarimbas” y mucho menos con un golpe de estado. Seguirán apostando, seguramente por consejo del imperialismo, a un desgaste para recuperar y ampliar su base de apoyo en la Asamblea Nacional, en las parlamentarias de 2015.



Del “viejo” régimen bonapartista sui generis al “nuevo” bonapartista senil



Con Chávez teníamos un régimen que llamábamos bonapartista “sui generis”; con esa definición tratamos de explicar que había un “árbitro” entre todos los sectores del país, que se imponía apoyándose en las Fuerzas Armadas (estas ocupan cargos políticos y económicos importantes en el gobierno y en las industrias básicas), y también en los trabajadores y sectores populares. De esta forma estaba en mejores condiciones para conseguir una mejor porción de la torta que se llevan las multinacionales y el imperialismo.



Pero, muerto Chávez, Maduro  ha demostrado, en más de un año de gobierno que no puede cumplir este papel de árbitro. Más aún, ha ido perdiendo el respeto heredado a través de Chávez. Y así está cada vez más en el aire, tironeado por todos.



¿Qué tipo de régimen tenemos y hacia donde vamos?



El PSUV y el chavismo, con su tibio proyecto nacionalista burgués, no son un partido y un movimiento burgués corriente. Siempre necesitó del “Comandante”, que decidía prácticamente todo y “ordenaba” las peleas de intereses. El chavismo es un mosaico de corrientes y dirigentes que se cuadraban ante un caudillo como Chávez, pero no así con Maduro. ¿Cómo contenerlos ahora?



Lo más probable es que la crisis económica continúe y se profundice. Esta es el motor de la crisis política tanto a nivel del gobierno como de la oposición y el régimen todo. Hoy por hoy, ni la Asamblea Nacional ni los partidos políticos pueden jugar un papel de soporte al gobierno y al estado burgués.



La única institución que Chávez logró en gran medida recuperar son las Fuerzas Armadas. Y esto explica el creciente poder que ocupan, como decíamos, y las concesiones de todo tipo que han logrado (renovación de armamento, empresas de transporte, banco, canal de TV, aumentos salariales, empresa constructora, etc).



Posiblemente la veremos también jugar un rol más activo en el control de las luchas, las movilizaciones y también en las decisiones políticas, para que el gobierno garantice la aplicación del ajuste.



Hoy el régimen chavista está en decadencia, aunque en apariencia sea el mismo régimen sin Chávez. Todavía la burguesía no ha logrado instrumentar otros mecanismos alternativos al chavismo.



Los trabajadores pueden cambiar las cosas…



La clase obrera, todos los trabajadores y los sectores populares son los que están pagando con despidos, inflación, bajos salarios, congelamiento de convenciones colectivas y escasez, la fiesta que se dieron las multinacionales y la “boliburguesía” con el dólar barato para especular y rapiñar nuestras riquezas.



Si todavía no han salido a enfrentar y defenderse del ajuste en forma masiva y unificada es por el papel de control y la traición de muchos dirigentes sindicales y organizaciones, que no han organizado y preparado la lucha de toda la clase obrera. Por eso, cada empresa se defiende como puede, en forma aislada. Así, permitieron que los empresarios consiguieran liberar precios, despedir luchadores y poner sobre la mesa la discusión de otras conquistas, como la inmovilidad laboral.



Pero, lentamente, la situación va cambiando. Ya hay algunos intentos de organización en algunos estados y ciudades, como la organización y movilización de sindicatos en Barquisimeto. Y también en empresas comienzan a reagruparse compañeros para impedir el abandono y la total destrucción de las empresas básicas, como en SIDOR o los compañeros de SIDETUR.



Estas luchas y organización, y las que vendrán, son las que puede cambiar la actual situación. Es indispensable lograr la más amplia unidad para luchar y para apoyar a los que salen a pelear. Necesitamos un gran frente de lucha para que se coordinen y extiendan.



Impulsemos la construcción de una herramienta política independiente



Pero también necesitamos construir una alternativa política. Que enfrente los ajustes del gobierno y a la MUD, que no es ninguna alternativa para los trabajadores.



Hacemos un llamado a todos los honestos luchadores, sean chavistas o no, para  construir juntos esa herramienta política que se proponga gobernar el país, que sea independiente, obrera y popular para que la crisis la paguen quienes la causaron: los empresarios “boliburgueses” y las multinacionales.


Desde la Unidad Socialista de los Trabajadores nos comprometemos en esa tarea.

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