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En los últimos cincuenta años la historia venezolana estuvo marcada por importantes movimientos económicos y políticos que determinaron un intrincado y complejo juego de ajedrez político, donde fueron creándose las bases para el desarrollo de una generación comandada por Hugo Rafael Chávez Frías.

Por: Fernando Damasceno y Cesar Neto

Se creó, así, una nueva forma de hacer política pero con el mismo y viejo contenido capitalista y semicolonial.

En ese período, los avances tecnológicos en las industrias llevaron a que el petróleo, la principal fuente de combustible, pasase a ser una materia prima fundamental en la industria química, petroquímica, farmacéutica y hasta en la alimenticia. Y esta nueva utilización del petróleo llevó a un incremento de su consumo y a la elevación de los precios internacionales. Eran los tiempos de la ufana expresión: la Venezuela saudita.

En los años setenta, los excedentes de capitales en los Estados Unidos, Europa y el Japón propiciaron un gran flujo de capitales hacia América Latina, que fue la base del enorme endeudamiento de los países de la región en los años ochenta y noventa. Esos capitales, en el caso venezolano, fueron utilizados en la primera ola de nacionalización de la explotación petrolera y la consecuente creación de PDVSA (Petróleos de Venezuela S. A.). Así, el imperialismo y sus transnacionales, aparentemente eran dispensados de los negocios petroleros pero, en realidad, dejaban de invertir en la exploración de nuevos pozos y en la construcción de refinerías. A las transnacionales ya no les interesaba esa parte del negocio. Solo les interesaba la distribución y comercialización del petróleo en la forma de materia prima o de combustible. El mismo fenómeno se dio en la industria minera y en las llamadas industrias básicas: se crearon Sidor, Venalun, Alcasa y Ferrominera, y sus productos minerales siguieron siendo distribuidos por Glencore y Techint.

También causó mucho impacto, a nivel de la vanguardia obrera y socialista, la Revolución Cubana. El viejo estalinismo pro soviético aceleraba su decadencia y al mismo tiempo surgían nuevas corrientes que defendían la lucha armada como forma de lucha, y otras corrientes se aproximaban programáticamente de las posiciones de León Trotsky.

En el ámbito interno ocurrieron tres grandes fenómenos que merecen una especial atención a la hora de comprender a la Venezuela de hoy. Son ellos: a) Pacto de Punto Fijo; b) Caracazo; y c) Movimiento chavista. Veamos cada uno.

El Pacto de Punto Fijo, en 1958, fue un importante acuerdo que unificó a la burguesía y disminuyó el peso de los militares –que gobernaron dictatorialmente por años el país– en el reparto de las rentas petroleras. El ciclo de gobiernos militares se agotaba y en ese período se construye un gran pacto de gobernabilidad que involucra a los tres principales partidos burgueses. La URD (Unión Republicana Democrática), COPEI (Partido Social Cristiano) y AD (Acción Democrática).

La idea era fortalecer las instituciones del régimen democrático burgués, en especial el parlamento y el poder judicial. Y para hacer funcionar el nuevo régimen, sin sobresaltos, se pactó la alternancia de poder en la presidencia de la República. Luego, la URD se retiró del Pacto de Punto Fijo y, prácticamente desapareció del escenario político.

Desde el punto de vista de la disputa por la renta petrolera, el nuevo régimen se encargaba de la “división equitativa” entre ellos. Y la mejor manera para que la burguesía participara de la distribución de la renta era alistarse detrás de Acción Democrática (AD) o del Partido Social Cristiano (COPEI).

Las dos principales características de esa burguesía era su carácter rentista, es decir, que vivía de la renta petrolera, y la otra es que vivía de parasitar el Estado. Poco de la renta petrolera sirvió para industrializar el país. Se decía en la época, que era una Venezuela Saudita, basada en el consumo desmesurado. André Gunder Frank, estudioso marxista, denominaba ese fenómeno como “lumpen burguesía”.

Esa lumpen burguesía que vivía de la renta petrolera, miraba el mapa de Venezuela y veía los centros de explotación petrolera. Miraba el mapa de los Estados Unidos y veía la paradisíaca Miami, a la que viajaban para dilapidar dinero. Con esa visión económica, Venezuela nunca desarrolló un sector agrario fuerte y mucho menos un importante parque industrial que generase un crecimiento sólido para el país. Hasta hoy, el país sigue siendo importador de bienes de consumo. Se importa desde huevos y carne hasta electrónicos de baja complejidad.

Ese fenómeno de la existencia de una burguesía rentista impidió la industrialización y, como consecuencia, el desarrollo de una camada proletaria numerosa y proporcional al potencial desarrollo económico del país. Hubo y hay un sector proletario en las industrias petroleras, en las industrias básicas de Ciudad Guayana, y también en Maracay y Valencia. Sin embargo, en esta parte del texto queremos llamar la atención para otra categoría que estudió Gunder Frank: el lumpen proletariado que vive de los favores de los partidos burgueses y sus organizaciones. Ese lumpen proletariado, tan evidente en la sociedad venezolana, se tornó presa fácil para las futuras “Misiones” chavistas.

La crisis de la economía mundial acaba con la fiesta

Las crisis económicas de finales de los años ’70 y de los años ’80 provocaron la retracción de la economía mundial, recesión, y lo más grave para los venezolanos: la caída del consumo mundial de petróleo y su consecuente desvalorización.

Incluso con la caída de los precios del petróleo hubo cierto respiro en ese período con el aflujo de capitales que servirían para la construcción de empresas como PDVSA, SIDOR, CANTV, etc. Era un crecimiento ficticio, en la medida en que era construido sobre la base de un enorme endeudamiento externo.

Ya a finales de los años ’80 el país estaba virtualmente quebrado. La elección de Carlos Andrés Pérez (CAP) en 1988, es ya expresión del descontento popular con la crisis que se profundizaba día a día.

Una semi-insurrección llamada Caracazo

Andrés Pérez asumió el poder en enero. Buscó mostrar para la población que era un gobierno fuerte y prestigiado. En su toma de posesión estaba el brasileño José Sarney, el primer presidente civil después de dos décadas de dictadura militar. Gobiernos europeos de distintas tendencias estuvieron presentes, además del vicepresidente de los Estados Unidos. La estrella de la fiesta, Fidel Castro, hablaba maravillas del socialdemócrata Andrés Pérez.La fiesta mal había acabado y CAP firmó un acuerdo con el FMI. El acuerdo eran las imposiciones típicas a los países, en aquellos años. Las principales medidas eran: restricción del gasto social, congelamiento de salarios, aumento de las tasas de interés, reducción del control de precios, aumento de 100% en la gasolina, liberación del control de remesas de divisas, etc. Y como si todo eso fuese poco, los empleados públicos estaban y continuaron con los salarios atrasados, entre ellos, los policías.

La gasolina aumentó 100% e igual valor exigían los dueños de ómnibus en el aumento de pasajes. El gobierno impuso 30% y los transportistas impusieron el 100% que fue rápidamente rechazado por la población. La posesión de CAP fue el día 2 de febrero de 1989 y el día 27 del mismo mes estalló una semi-insurrección que quedó conocida como Caracazo.

El precio del pasaje fue el estopín. Todo comenzó con 50 estudiantes que fueron a manifestar en la terminal de ómnibus de Caracas, encontraron a la policía fuertemente armada, e inmediatamente la población se incorporó a la manifestación. En la ciudad dormitorio, Guarenas, la población también cercaba los ómnibus manifestando contra e aumento. De repente, un tiro en el neumático de un ómnibus, asestado por un oficial militar, y comienza el tumulto.

A partir del estallido en Guarenas la revuelta se irradia hacia Caracas y casi todas las capitales del Estado y ciudades importantes. Fueron cinco días de saqueos, represión, violencia y asesinatos. La población se organizaba para saquear comercios y conseguir los alimentos que su dinero no podía comprar o que estaban escondidos por los empresarios.

La población se movía en grupos desde los barrios pobres. La policía con sus salarios atrasados hacía la “vista gorda” como se ve en fotos de la época. Algunos participantes cuentan que hubo lugares en que la policía con el salario atrasado organizaba “filas” para los saqueos. Los saqueos seguían en la madrugada. La lista a ser saqueada se fue ampliando, pasando de alimentos para TV, ventiladores, heladeras y todo lo que estuviese a la mano.

La Guardia Nacional, conocida por su violencia en las manifestaciones, no conseguía controlar la situación. Fue convocado el ejército: 10.800 soldados armados con fusiles y ametralladoras que abrieron fuego indiscriminadamente. La población reaccionaba, pero era casi imposible derrotar al ejército, que utilizaba métodos de guerra convencional. Oficialmente fueron 243 muertos. En realidad pasaron los dos mil. Muchos fueron arrojados en fosas comunes. Los activistas presos, desaparecían, y el cuerpo aparecía en las fosas.

Militarmente, la población fue derrotada. Políticamente, el Caracazo decretó el fin del Pacto de Punto Fijo y transformó el “fuerte” gobierno de CAP en un cadáver que acabó cayendo por las movilizaciones y acusado de corrupción; el ejército burgués se dividió: de un lado, aquellos que defendían el control y la represión a cualquier precio; del otro lado, los que defendían el control y la represión “sin tantas muertes”.

Nace otra Venezuela

El Caracazo abre una nueva y revolucionaria etapa de la lucha de clases en Venezuela. El gobierno CAP hecho harapos, los partidos AD y COPEI desmoralizados, el ejército dividido, y las masas contaban sus muertos y –a partir de las experiencias de lucha– planeaban el futuro.

En 1992, el coronel Hugo Chávez, ex comandante de la escuela de formación de militares, con mucha astucia, se junta con un grupo de jóvenes oficiales e intenta una salida a la crisis política a través de un golpe militar. Fueron derrotados y presos, y Chávez es condenado a 20 años de prisión. Como buen estratega, vio la derrota militar que sufrió, pero sabía que las masas buscaban una salida política por fuera del modelo hasta entonces vigente. Desde la prisión, Chávez siguió haciendo política y poco a poco fue conquistando simpatías y simpatizantes.

En 1993 cae CAP y se convocan nuevas elecciones. La desconfianza de los procesos electorales era tal que la abstención llegó a 60%. Rafael Caldera fue electo con apenas 25% de los votos. Presionado, Caldera indultó a Chávez, que se transformó en héroe.

En diciembre de 1998, Chávez ganó las elecciones presidenciales con 56% de los votos. Era la expresión distorsionada del proceso revolucionario que se había iniciado con el Caracazo, nueve años antes. Era necesario reorganizar el país y enseguida convocó a la Asamblea Constituyente, a la cual 73% de la población dio su aval. El Congreso unicameral recibió una leva de nuevos diputados con amplia mayoría chavista. Comenzaba un nuevo período… y un mito llamado Chávez.

El programa chavista para reconstruir Venezuela

Hugo Chávez llega después de casi diez años de crisis con sus altos y bajos. Las masas, a pesar de sus direcciones, seguían a la ofensiva; sin tener muy claro para dónde ir, incluso así sabían que tenían que cambiar.

Las Fuerzas Armadas (FFAA) seguían divididas y eso era el mayor peligro para el Estado burgués. Era necesario, en primer lugar, reunificarlas y recuperar su imagen junto a las masas, ya que estaban extremadamente desprestigiadas después de la carnicería en el Caracazo. Esa era la primera tarea del chavismo.

En segundo lugar, había que recuperar la imagen del régimen democrático burgués, en especial por cuenta de los sucesivos casos de corrupción que involucraban a los tres últimos presidentes de la República. Además, el sistema judicial era visto como una cueva de jueces corruptos y al servicio de los ricos. Lo mismo pasaba con el Congreso Nacional.

Y la tercera tarea era la más difícil: un gobierno burgués que se hiciera pasar por aliado de los trabajadores y el pueblo pobre. Era necesario cambiar el discurso. Y así se fue moldeando el perfil a ser presentado a las masas. En primer lugar tenía que ser “bolivariano”, es decir, basado en los postulados de Simón Bolívar, Libertador de América en el siglo xix, y con fuerte cuño antinorteamericano. Era necesario también aproximarse a las corrientes de izquierda sin comprometerse con el marxismo y, al mismo tiempo, definiéndose como “humanistas”.

Esas tres grandes tareas fueron cumplidas con maestría por el chavismo, en el sentido de controlar y –si fuera preciso– reprimir al movimiento de masas. Es verdad que muchas veces las luchas escapaban de sus manos. No tuvieron la fuerza para controlar el movimiento de masas como vimos en el peronismo argentino. Pero, tal como Perón, Chávez puede ser considerado como un gobierno tipo bonapartista sui generis.

Las Fuerzas Armadas divididas y aún así al servicio de los patrones

Las Fuerzas Armadas pasaron por diversas fases en la segunda mitad del siglo XX. La primera sería el combate a las guerrillas de los años de 1960 y principios de 1970, cuando se mostraron muy integradas al plan norteamericano de “combate al comunismo” en América Latina. Pasada esta fase, se llega a la “paz de los cementerios”.

Posteriormente, contribuirían con algunos “servicios sucios” de represión en América Central, y con el Plan Cóndor en América del Sur. Pero, la prueba más dura vino con el desgaste por la represión al Caracazo.

Ellas vivieron una profunda corrupción de los comandantes y del generalato. Había una promiscuidad de los comandantes y su favorecimiento a los gobiernos, sumados a las cuestiones de narcotráfico en la frontera con Colombia. En 1975 comienza una fase que algunos llaman ‘humanismo’. En el primer grupo a ser formado en esa concepción estaba Hugo Chávez.

En la década de 1980 se profundizan las contradicciones, dada la intensificación de la corrupción y la introducción progresiva del neoliberalismo. En el interior del ejército fueron surgiendo diversas formas embrionarias de organización de jóvenes oficiales de naturaleza pequeñoburguesa o plebeya que, en última instancia, buscaban mantener el Estado burgués y su principal herramienta: las Fuerzas Armadas.

En ese contexto, el MRV-200 surge como una forma embrionaria en la década de 1970, bajo la dirección de Chávez, que promovía iniciativas de formación de grupos clandestinos dentro del ejército –por eso su primer nombre fue Ejército Bolivariano Revolucionario-200–. En el inicio, participaban solamente elementos del ejército, pero en los años de 1980, se incluyeron elementos de otras armas y también civiles, y el nombre fue cambiado por el de Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200).

El 4 de febrero de 1992 fue ese el grupo que intentó realizar un golpe militar en el gobierno CAP. El movimiento liderado por Chávez es derrotado militarmente, con la muerte de centenas de personas, y Chávez va preso junto con decenas de otros dirigentes.

Aun cuando los chavistas siempre niegan haber participado en la represión al Caracazo, su actuación a lo largo de los años fue tan represiva como en toda la historia militar venezolana. Tanto es así que de 2000 a 2007 el ejército, la policía y la Guardia Nacional venezolanos habían matado oficialmente a 7.243 personas. Este número no representa enfrentamientos con los órganos de represión, sino exclusivamente ajuste de cuentas y exterminio, o sea, son muertes de personas ya rendidas o indefensas. De estos 7.243 asesinatos, 45%, o sea, 3.267 personas fueron ejecutadas en regiones gobernadas por los “bolivarianos” de Chávez.

Se destaca todavía que esas muertes no son de individuos o burgueses que hubiesen estado contra las propuestas “socializantes” de Chávez, sino de personas arrojadas por la miseria a la criminalidad, dirigentes campesinos, estudiantes, trabajadores y sindicalistas. Como ejemplos podemos citar las ejecuciones ocurridas en noviembre de 2008, de tres reconocidos sindicalistas –Richard Gallardo, Luis Hernández y Carlos Requena– en el Estado Aragua, bajo la mirada del gobierno estadual del PSUV, y posteriormente, en febrero de 2009, de dos trabajadores –José Marcano y Pedro Suárez–, uno de la Mitsubishi y otro de la Macusa [manufacturas de cuero], en una ocupación de fábrica, asesinados a quemarropa con disparos de 9 mm en el pecho, hechos por la policía del gobernador Tarek William Saab, del PSUV.

Desde sus inicios, el movimiento de jóvenes oficiales bautizado Ejército Bolivariano Revolucionario-200 heredó los vicios anteriores de los militares, toda vez que eran parte de ese proceso. Por ejemplo, el ministro de Interior chavista, Ramón Rodríguez Chacín, uno de los principales líderes del grupo, participó del palco de masacres y operaciones en Centroamérica, en la era Reagan; Henry López Cisco fue el principal mentor y creador de los órganos de represión del Estado en la década de 1980, y el propio Chávez fue pieza de los palcos de combate a la insurgencia que luchaba contra el Pacto de Punto Fijo. La generación que compone el campo militar del MVR viene de una formación anticomunista, contrainsurgente, y algunos de ellos fueron alumnos de la Escuela de las Américas, del Curso para Comandantes y Oficiales de la Plana Mayor del Ejército, dictado en Panamá.

Asamblea Constituyente: un arma de doble filo

Las Constituciones, normalmente traen definiciones generales y con “carácter pétreo”, es decir, solo pueden ser alteradas por el Parlamento luego de atender varios requisitos. Definidos los conceptos pétreos, es obligatorio que el Congreso redacte y apruebe leyes que tomarán como base la Constitución. En la Constitución venezolana esas leyes no quedaron como prerrogativas del Congreso y sí de la Presidencia de la República, a través de las llamadas Leyes Habilitantes.

Las Leyes Habilitantes eran 49 leyes que el Presidente de la República sancionó el 13 de noviembre de 2001. Aun cuando fuese un acto constitucional legal, a partir de la legalidad burguesa, es alardeado por la misma burguesía como un “hecho inaceptable y autoritario” del Presidente. Es ahí que surgen los argumentos y los bombardeos de los medios, que posibilitaron crear el clima favorable al Paro del 10 de diciembre.

Las más vapuleadas fueron la Ley n.° 1 – Ley de Tierras y desarrollo Agrario; la Ley n.° 19 – Ley de Zonas Costeras; y la Ley n.° 35 – Ley de Pesca y Acuicultura. Toda fueron intensivamente bombardeadas como que eran el fin de la propiedad privada, de la democracia, y “el futuro del comunismo”.

La Constituyente modernizaba el Estado. Todos estaban dispuestos a defender la Constitución. El problema estaba en la propiedad de la tierra. Si un amplio sector de la burguesía se lanzó a la oposición por causa de la nueva Constitución, el chavismo la defendía con uñas y dientes. En realidad, defendía el régimen democrático burgués y sus instituciones. Cuando el golpe de Abril, los acusados de prepararlo fueron denunciados al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), y este los absolvió. Las masas enfurecidas salieron a las calles y exigían castigo a los golpistas. El vicepresidente, José Vicente Rangel, defensor del orden burgués, llamaba a la población a mantener la tranquilidad y a aceptar la decisión del máximo Tribunal. “Vivimos un juego democrático y tenemos que respetar sus reglas”, decía Rangel.

La acción del imán chavista sobre la izquierda marxista

El proceso revolucionario abierto planteó diversos desafíos políticos y teóricos. La combinación de fuerte ascenso de masas, la caída del Muro de Berlín, y la desilusión con el llamado socialismo real, y las contradicciones con el imperialismo y la burguesía golpista llevó a que un sector de la izquierda marxista viese la necesidad de un “frente antiimperialista” y considerase que el gobierno era “democrático y popular”.

Esos desafíos teóricos y políticos no fueron comprendidos por la izquierda marxista, que vio sus programas aproximarse del programa chavista. La resultante fue una enorme ola de capitulaciones. En ese período, organizaciones y dirigentes, o simples militantes, se pasaron con valijas y bagajes al lado del chavismo.

Fue un proceso tan profundo que hasta incluso la propia LIT-CI vio una sangría de cuadros y militantes pasarse al chavismo, actuando directa o indirectamente bajo las órdenes del “Comandante Chávez”.

Por otro lado, la Causa R. había ganado un gran prestigio a partir de su localización en la Universidad Central de Caracas, en la ciudad de Guayana (centro de grandes industrias básicas y mineras) y en la populosa zona de Catia, en Caracas, teniendo incluso disputa por la presidencia de la República en 1993, a través del dirigente sindical Andrés Velázquez, que obtuvo el segundo lugar en la votación, aun cuando muchos afirmen que en la elección hubo fraude por parte de Caldera. Una organización de ese porte no resistió el “vendaval oportunista” impuesto por el chavismo. En el golpe de abril de 2002, la Causa R. se posicionó del lado de los golpistas contra el chavismo, y firmó así su partida de defunción.

Por la izquierda y por la derecha, el chavismo cooptó o destruyó organizaciones. Por cada error teórico tenemos, siempre, un castigo en la práctica. Así fue en Venezuela, tanto con las organizaciones que se posicionaron por la derecha, como con las que lo hicieron por la izquierda.

Traducción: Natalia Estrada

Artículo publicado en Correo Internacional n.° 14, diciembre de 2015.-

Lea más en: www.litci.org – Especiales: “Crisis del chavismo”