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Una burguesía que nace parasitando al Estado

El Estado venezolano ha sido fructífero en dar origen y apalancar el surgimiento de poderosos grupos económicos y sectores burgueses. No es el objetivo de este artículo describir históricamente este proceso (para eso sería necesario un trabajo mucho más amplio), pero es ineludible mencionar que casi todos los grupos económicos y sectores burgueses existentes (y algunos desaparecidos) han surgido a partir de parasitar la renta petrolera, de usufructuar el presupuesto nacional y de los favores recibidos desde el Estado por los gobiernos de turno. Ejemplo de esto han sido los grupos Alfonzo Rivas (desaparecido al ser adquirido por la estadounidense Cargill), Delfino y Mendoza, por mencionar solo algunos. Bajo el régimen chavista, no ha sido esto una excepción.

Por: Leonardo Arantes

Boliburguesía es un vocablo devenido de la combinación de las palabras “bolivariano” y “burguesía”. Fue el término acuñado por el periodista Juan Carlos Zapata para designar a un nuevo sector burgués surgido en el transcurso de los años de gobierno Chávez (continuando con el de Maduro) y estrechamente ligado a su régimen. La expresión engloba tanto a aquellos que, teniendo un origen de clase distinto, se convirtieron en empresarios multimillonarios a partir de los negocios lícitos o ilícitos facilitados por los gobiernos Chávez-Maduro, como a los que siendo ya empresarios de alta, mediana o poca monta, desde sus inicios hicieron parte del proyecto chavista e incrementaron sus fortunas a partir de los mismos negociados.

¿Cuáles son los orígenes de este nuevo sector burgués? ¿Cuáles son sus características? ¿Qué sectores lo integran? Son todos interrogantes a cuyas respuestas este artículo intentará aproximarse.

Las bases materiales para el surgimiento de la boliburguesía y sus mecanismos de acumulación

Un elemento a tomar en cuenta es la heterogeneidad de la composición social del movimiento chavista desde sus inicios. Tal como en cualquier movimiento con una estrategia electoral y un programa reformista, es esto lo que explica la coexistencia en un mismo movimiento de sectores tan disímiles como activistas del movimiento popular, militantes de los partidos de izquierda reformista, viejos políticos reciclados de los partidos de la derecha tradicional, militares, banqueros, empresarios y burócratas sindicales, entre otros.

En el curso de los primeros ocho años del chavismo (en 2006, se empezaría hablar por primera vez de la existencia de una boliburguesía), se comenzó a hacer evidente la tendencia, directamente como parte la dirección chavista o de sectores cercanos a la misma, de parasitar el Estado en beneficio propio y como forma de enriquecimiento, teniendo un papel privilegiado en esto los militares, banqueros y el empresariado.

Este proceso, que ha continuado hasta ahora, tuvo como base material la abundancia fiscal que comenzó en 1999, cuando Chávez encontró el petróleo a nueve dólares el barril y vino luego la racha alcista que lo colocaría en sesenta y dos dólares y que, pasado 2006, lo elevaría hasta más de cien dólares el barril.

Hoy, cuando la dinámica es la contraria, el precio del petróleo decrece y las cuentas fiscales son deficitarias, el parasitismo y la rapiña van en aumento.

Los mecanismos de enriquecimiento han sido diversos: servir como intermediarios en los negocios entre las empresas privadas y el imperialismo con el Estado, recibir sobornos y favores para el otorgamiento de los contratos públicos, las “empresas de maletín” (de fachada), el desvío de partidas presupuestarias, la corrupción, el fraude cometido principalmente desde las gerencias de las empresas estatales con el otorgamiento de las divisas para importaciones de alimentos, repuestos y demás (cuestión que también ocurre en empresas privadas), han sido, entre otros, los medios empleados para amasar o incrementar fortunas.

Desde la dirección de ministerios, instituciones, PDVSA (estatal petrolera), empresas básicas y otras empresas estatales, bancos públicos y privados, aseguradoras, todos han sido espacios propicios para el enriquecimiento y la constitución de poderosos grupos económicos, cuyas fortunas son imposibles de justificar lícitamente.

Su génesis, sectores y características

El economista de izquierda, periodista e historiador Domingo Alberto Rangel [1] señalaba la existencia de tres grandes grupos económicos. El primero y más fuerte gira en torno a Diosdado Cabello y Rafael Sarría, ambos militares retirados. Las propiedades de ese grupo incluirían bancos, varias plantas industriales y participación como accionistas en empresas de servicios. Posiblemente, después del grupo Polar, es el primer imperio financiero del país.

Un segundo grupo es el esbozado en torno a otro militar retirado, Jesse Chacón. Su hermano sería el dueño o líder aparente de este grupo, que en los primeros ocho años de chavismo habría adquirido un banco, una de las fábricas de leche en polvo más grandes de Sudamérica, y varias haciendas.

Por último, se refería a un tercer grupo oligárquico cuyos cabecillas serían Ronald Blanco La Cruz y Edgar Hernández Behrens, militares retirados ambos, gobernador de Estado Táchira el primero (2006), y el otro, banquero, presidente del Fondo de Garantías de Depósitos (Fogade), de CADIVI (Comisión de Administración de Divisas) y de SUDEBAN (Superintendencia de Bancos) durante un largo período. En aquel momento, eran los tres grupos económicos entre los cuales se repartía sus efectivos la entonces naciente boliburguesía.

A estos grupos debíamos sumar a los empresarios y banqueros que acompañaron a Chávez desde sus inicios (o que se acercaron en sus primeros años) y que con el chavismo vieron incrementar su fortuna. Entre ellos están Alberto Cudemus, presidente de FEPORCINA; Alberto Vollmer dueño de Ron Santa Teresa y hoy representante de Venezuela en el Mercosur; Miguel Pérez Abad presidente de FEDEINDUSTRIA; Víctor Vargas Irasqüín, dueño del Banco Occidental de Descuento (BOD), llamado en su momento“el banquero preferido de Chávez”, y suegro de Luis Alfonso de Borbón (duque de Anjou y bisnieto del dictador Franco); Víctor Gil, presidente del extinto banco Fondo Común; Wilmer Ruperti, multimillonario naviero petrolero, quien luego de ayudar a Chávez durante el paro petrolero de 2002, vio crecer su fortuna hasta los 10.000 millones de dólares; Luis Van Dam, empresario metalúrgico, chavista desde 2005 (en 1988 estuvo involucrado en un escándalo por una pretendida estafa a la Nación por el orden de 70 millones de dólares, en el caso de un contrato para la repotenciación de unos tanques AMX30), y hoy en el negocio petrolero y eléctrico.

También son señalados por los medios como “boliburgueses” José David Cabello (hermano de Diosdado), ministro de la Infraestructura desde 2006 hasta 2008 y, desde entonces, director del SENIAT (Servicio de Impuestos y Aduanas).

Todo el comercio exterior de entrada y salida de mercancías está en sus manos; todos los impuestos, tasas, desacuerdos, pleitos y procesos son manejados por él. Rafael Ramírez Carreño (ex presidente de PDVSA y ex ministro de Energía y Petróleo hasta su destitución por parte de Maduro) participaba del programa de alimentación del gobierno que importa la comida a través de PDVAL, de la construcción de viviendas (Gran Misión Vivienda) y del financiamiento de las misiones sociales, todo esto junto al negocio energético. Se estima que por lo menos manejaba 150.000 millones de dólares anuales.

Muchos se han beneficiado de parasitar la renta petrolera y el presupuesto nacional (constituido mayoritariamente por ingresos fiscales). Millonarios regionales han surgido gracias a su relación con el régimen chavista. Y están también aquellos cuyas fortunas y negocios trascienden las fronteras nacionales constituyéndose en verdaderos “magnates boliburgueses”.

Diversos medios (como los opositores Reportero24 y Sexto Poder) señalan a los siguientes como parte de los principales exponentes de la boliburguesía: Diego Salazar Carreño, alias el “Rojo de Oro”, hijo de un guerrillero y poeta de los años ’’60 y primo del mencionado Rafael Ramírez Carreño, quien le otorgó el multimillonario contrato de la póliza de seguros y reaseguros de PDVSA, pasando de vendedor de pólizas de seguros a ser uno de los hombres más ricos del país. Alejandro José Andrade Cedeño (teniente del Ejército, participó en el intento de golpe de 1992). Se le calcula una fortuna de 5.000 millones de dólares. Pedro Torres Ciliberto, con un patrimonio de 700 millones de dólares. Se lo señala como testaferro del periodista chavista José Vicente Rangel. Leonardo González Dellán, ex presidente del Banco Industrial de Venezuela (de capital mixto entre el Estado y la banca privada); se le calcula una fortuna de 1.000 millones de dólares. Eudo Carrullo Perozo (hijo de Eudomaro Carrullo, ex director de PDVSA que prestó a Chávez colaboración durante el paro petrolero), posee aparentemente un patrimonio de 500 millones de dólares. Baldo Sansón, ex asesor financiero de PDVSA, se le calcula una fortuna de 600 millones de dólares. Armando Capriles Capriles (vinculado a las empresas de la familia, amigo del ex ministro de Finanzas Nelson Merentes y primo del opositor Henrique Capriles Radonsky), se le estima una fortuna de 2.000 millones de dólares.

La lista continúa: Samark José López Bello (de origen humilde con padres profesores), es actualmente el presidente de Profit Corporation (empresa cuyos principales clientes son PDVSA, PDVSA GAS y el Ministerio de Relaciones Interiores). Está involucrado en los escándalos de la importación de comida descompuesta a través de PDVAL. Posee un capital de 1.000 millones de dólares. Raúl Antonio Gorrín Belisario (“El hombre de los guisos en Venezuela”).

Asociado a negocios ilícitos, con apoyo de hombres poderosos del gobierno, se dice que actúa como testaferro de dueños de medios. Aparece como comprador del canal Globovisión (por un monto de 68 millones de dólares). Es dueño de Seguros La Vitalicia, y su riqueza asciende a 2.000 millones de dólares. Hay otros como Walid Makled (llegó a comprar la línea aérea AEROPOSTAL); Eligio Cedeño, Leopoldo Castillo Bozo (dueño de Banvalor, casa bursátil), y Miguel Mawad, todos ellos poseedores de riquezas exorbitantes y relacionados con funcionarios y ex funcionarios gubernamentales (Freddy Bernal, Aristóbulo Istúriz y Luis Felipe Acosta Carles, entre otros).

Cometieron actos ilícitos tan escandalosos que el gobierno, para no ser salpicado por ellos, abrió procesos judiciales en su contra (también motivados por faltar a su “lealtad” al gobierno). Por ejemplo, Makled amenazó al gobierno de revelar nombres y secretos de altos oficiales vinculados al “cártel de los soles” (relacionado con el narcotráfico), y Cedeño financió la fuga de Carlos Ortega (ex presidente de la CTV y líder del patronal paro petrolero de 2002-2003). Hoy son prófugos de la justicia venezolana. Sus relaciones giraban en torno a empresas estatales como PEQUIVEN y el BANDES (Banco Nacional de Desarrollo).

Hay dos fenómenos más recientes, aún poco conocidos: el surgimiento de los llamados “bolichicos” y los “bolichoros”. El primero se trata de un conjunto de jóvenes de entre veinte y treinta años, convertidos en millonarios por jugosos contratos con las empresas del Estado. En algunos casos, más que contratistas son testaferros de altos funcionarios del régimen.

En general, son jóvenes de refinados gustos, provenientes de familias adineradas, que estudiaron en los mejores colegios y universidades del país y se desenvuelven en la alta sociedad. Nada tienen que ver con algo que se parezca a antiimperialismo y/o socialismo. El segundo es el de militares que se dedican al narcotráfico, la extorsión, e incluso manejan redes de delincuencia organizada, actividades a través de las cuales acumulan grandes cantidades de dinero.

[1] Artículo publicado en “Correo del Caroní”, 20/04/2006.

Artículo publicado en Correo Internacional n.° 14, diciembre de 2015.-

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