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La actual coyuntura en que la crisis económica mundial viene reduciendo significativamente los ingresos por exportaciones y la recaudación fiscal en Latinoamérica, y particularmente en Perú, es aprovechada por la patronal y sus ideólogos para justificar una mayor ofensiva de reformas neoliberales.

Esto no porque la economía nacional ya esté en crisis, sino que buscan “aprovechar el pánico” para mantener o aumentar las ganancias capitalistas de años anteriores. En el plano ideológico, imponen la idea de que no hay otra salida que seguir hundiendo al país en el actual modelo neoliberal que agudiza la desigualdad y mantiene a la clase trabajadora en el borde de la sobrevivencia.

El gobierno de Ollanta Humala es el ejecutor convicto y sin reservas de esa ofensiva, que ya emprendió con varias leyes, muy celebradas por la patronal, y que pretenden continuar, entre otras cosas, con la flexibilización de las relaciones laborales también en el sector privado, y con más políticas de aceleración de inversiones.

La “milagrosa” predisposición de los partidos de la “oposición” para desfilar por un diálogo ante un gobierno venido a menos y un premier al que en la víspera pedían su salida, es producto de la disciplina que la patronal está imponiendo a sus organizaciones y líderes políticos para defender las citadas reformas. Ese alineamiento es prácticamente lo único que sostiene al gobierno, pues en las calles crece el repudio popular, como también se aprecia a través de los sondeos de opinión.

Justamente, en la acera de enfrente, se vienen agrupando los primeros sectores de la clase trabajadora y el pueblo que han decidido enfrentar esta ofensiva, y que darán su siguiente paso con el Paro Nacional del 26 de setiembre, que ya constituye un gran paso, pues supone entender que su única salida es organizar una lucha nacional centralizada para derrotar esta ofensiva, lo cual está ineludiblemente asociado a la derrota del gobierno Humala, el mismo que hasta hace muy poco era defendido por la cúpula de la principal central sindical.

Para el pueblo siempre las vacas flacas

El gobierno ya dijo que los ingresos del canon para las regiones disminuirán como consecuencia de la disminución de las exportaciones, lo que no dijo es que parte de esos ingresos fueron arrebatados por el gobierno central a las regiones cuando se negoció el gravamen minero en el 2011. Por eso varias regiones como Arequipa, Cajamarca y Cusco han iniciado una protesta que viene creciendo.

Para los ricos, sin embargo, las vacas no han dejado de estar gordas. La inversión privada creció 9.3% en el segundo trimestre según el Banco Central. La construcción crecerá este año más de 13% según el gremio empresarial Capeco. Aris Industrial, conocida por su despótico trato a los obreros de su fábrica textil, acaba de invertir 10 millones de dólares en una moderna planta de cerámicos en Lurín, muy cerca de donde el grupo Celima Trébol invirtió otros 80 millones de dólares en una nueva planta. En Arequipa la empresa Yura está invirtiendo 200 millones de dólares en una nueva planta de cemento. El grupo Gloria inició una inversión de 300 millones de dólares también en una nueva planta cementera en el Cusco.

Por otro lado, la clasificadora Standards&Poor’s, calificó la economía peruana de estable en el largo plazo, confirmando que en este país es posible seguir amasando ganancias. La flor, por supuesto, vino con segundas, porque condiciona esta proyección a que se continúen los proyectos mineros y la política económica. El presidente de la Confiep ha dicho que “Tenemos una economía robusta, y tenemos que cuidarnos adecuadamente. Para eso está el Gobierno, para protegernos de todo y cuidarnos de las amenazas. Hay que seguir manteniendo las mismas políticas que se han dado en el Perú”.

La patronal, como se ve, ha logrado cerrar filas con el gobierno y sus partidos con el proceso de “diálogo”, para “mantener las mismas políticas”, es decir para enfrentar la protesta popular y evitar que desemboquen en políticas alternativas frente a la crisis como aumento general de salarios, estabilidad laboral, más impuestos a las transnacionales y grandes empresas, más presupuesto a las regiones o el reclamo de salud y educación públicas, gratuitas y de calidad.

La respuesta

La política del gobierno a favor de la patronal, no han hecho más que endurecer la situación económica de los trabajadores y el pueblo, cuyas protestas vienen en crecimiento hacia el próximo paro nacional del 26 de setiembre. Los trabajadores del Estado están dispuestos a continuar su lucha hasta la derogación de la Ley de Servicio Civil; los trabajadores del sector Salud entrarán en huelga nacional para ser excluidos de esa ley. Como se ha dicho más arriba, varias regiones se están movilizando para recuperar los ingresos del canon arrebatados por el gobierno central, el cual ha tenido que anunciar la entrega de 800 millones de soles para tratar de evitar el estallido.

El proyecto de presupuesto del sector público para el 2014 ya está siendo repudiado porque significa menos recursos para los gobiernos regionales y municipales. Por otro lado, está creciendo la movilización popular contra los proyectos mineros, que ahora se imponen sin la consulta previa por obra de la política de aceleración de inversiones.

Los dirigentes de la central sindical, no están mostrando la misma convicción en su responsabilidad de organizar el paro nacional, que hasta ahora viene sustentado en las acciones de las bases en conflicto. Parece más entusiasmada por su turno en el “diálogo” con el gobierno, como parte de su agrupamiento “Frente Amplio”, cuyo máximo pedido es la renuncia del ministro de Economía, como si ese fuera todo el problema.

La proyección del paro nacional es muy fuerte. Eso es bueno, porque plantea la posibilidad de derrotar al gobierno y abrir el camino a la solución de las demandas, como de hecho lo han conseguido ya algunos sindicatos y gremios. Sin embargo, es importante asegurar su mayor contundencia, y sobre todo debe ser al servicio de la plataforma obrera y popular, y no al servicio de ningún proyecto electorero ni de conseguir prebendas particulares.