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Cuando una reivindicación justa es mal entendida y puede usarse en contra de los intereses de los trabajadores.

Por PST-Perú

No se falta a la verdad cuando se estima que gran parte de los graves problemas que nos aquejan (la corrupción, la desigualdad social y el modelo económico neoliberal), echan raíces en la constitución fujimorista del año 93, y que por eso se precisa cambiarla. Con justa razón, diversos sectores, incluidos de la clase obrera, demandan una Nueva Constitución, y por la misma razón los grandes empresarios y los corruptos del país se oponen férreamente a cambiar, aunque sea una sola letra de ella.

En el PST compartimos las mismas aspiraciones democráticas de los trabajadores y sectores populares que reclaman Nueva Constitución y una Asamblea Constituyente, para refundar la república y para que resuelva los problemas estructurales que están en la base de la situación que nos aqueja.

Sobre esto pareciera haber acuerdo general con la “izquierda”, pero no es así. Nuestras posiciones disienten claramente en torno al uso que le dan ellos a esta reivindicación, y que es ponerlo al servicio de sostener a Vizcarra y a reformar el sistema para salvarlo de un inminente hundimiento. Nosotros, en cambio, estamos por orientar las luchas actuales con el eje de Fuera Vizcarra, y por una salida revolucionaria de fondo para los problemas nacionales.

Constituyente y coyuntura

Entre los que plantean la reforma constitucional figuran desde honestos demócratas como César Hildebrant, y pasan por Nuevo Perú, el Frente Amplio, la dirigencia de la central, hasta Goyo Santos y Antauro Humala; todos con el sueño de que alcancemos una sociedad más o menos justa dentro del capitalismo.

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Pero todos sabemos que aun las “reformas” más inocuas no son fáciles de conseguirlas en el actual sistema. No se trata de plantear simplemente Constituyente como si fuera una fórmula mágica, sino centralmente la lucha y la movilización que hará posible conquistar las demandas y entre ellas la misma Constituyente. Es como el Pliego de Reclamos: la patronal no lo resuelve sólo porque lo pides, lo atiende y soluciona solo cuando hay lucha, y se gana tanto como se lucha.

Pero, además, con la Constituyente no solo podemos ganar sino también perder. En 1979, producto de un poderoso ascenso revolucionario en el país, la burguesía fue obligada a convocarla y aceptar una nueva Constitución que otorgó algunos derechos, ganando tiempo para años después volver al ataque. Pero 1993 ocurrió lo contrario: con una correlación a su favor facilitada por el golpe de Fujimori, la burguesía tomó la iniciativa de redactar una nueva Constitución en un sentido reaccionario, y lo hizo con un Congreso Constituyente elegido.

La actual coyuntura ha producido la posibilidad de algunas reformas limitadas a la reforma política y judicial. Pero el problema esencial de la Constitución que establece un modelo económico neoliberal y le coloca candados, nadie por arriba desea tocarlo ni con el pétalo de una rosa. Mientras esta situación no cambie, no existe ninguna posibilidad de cambios de fondo en la Constitución, menos de una Asamblea Constituyente.

Para conquistar estos cambios se requiere derrotarlos a todos ellos: a Vizcarra, la CONFIEP y la Sociedad de Minería, con una huelga general o una insurrección popular. Lo correcto sería decir huelga general para que se vayan todos y una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Constitución donde se incorpore las demandas obreras y populares. Es lo que en estos días se plantea en Chile insurrecto. Pero aquí la CGTP y la “izquierda” hacen lo contrario: hablan de Constituyente mientras desmovilizan a los trabajadores, haciéndola en los hechos imposible.

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“Constituyente” en lugar de la lucha para echar a Vizcarra

Pero la Constituyente en boca del Frente Amplio, Nuevo Perú y la dirigencia de la CGTP tiene un efecto práctico en el actual momento contrario a nuestras luchas. Después de haber sostenido a Vizcarra pitando al fujiaprismo como el “enemigo principal”, ahora lo quieren sostener hasta el 2021. Ellos no dicen Fuera Vizcarra y que se vayan todos. Ellos dicen que se quede Vizcarra hasta el 2021 y convoque a una Constituyente.

Peor aún: cuando le piden a Vizcarra que convoque una Constituyente están ofreciéndole más poder. ¿Y qué hará Vizcarra con una Constituyente si no es usarla para aplicar la reforma laboral y cumplir con la agenda de la CONFIEP, para no hablar ya de que la use para entornillarse en el poder como hicieron Fujimori o Maduro?

Claro, esa “izquierda” envuelve esta política claudicante con otro discurso: voten por nosotros para que seamos “mayoría” en el nuevo Congreso, “ahí haremos que el nuevo Congreso sea Constituyente, o desde ahí llamaremos a una Constituyente, o al menos aprobaremos cambios a la actual Constitución”. Todo suena bonito, pero es puro engaño al servicio de ganar votos al más puro estilo burgués de prometer cualquier cosa con tal de ser elegido.

Para esta “izquierda” y para la cúpula de la CGTP lo central no son las luchas sino las elecciones: las de enero donde aspiran a ganar más curules, y las del 2021 para las que ya se preparan Marco Arana y Verónika Mendoza, entre alianzas espurias.

Los trabajadores, definitivamente, no tenemos ninguna salida con estas direcciones y nos urge poner en pie otra, centrado en la lucha y con una perspectiva revolucionaria acorde a la gravedad de la situación que vivimos.