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A propósito de los resultados de la izquierda reformista en las elecciones de Perú. 

Por Víctor Montes

Las elecciones del pasado 26 de enero, no sólo pasaron factura a los partidos directamente identificados con la corrupción, como el Partido Aprista, Solidaridad Nacional o Contigo.

También han golpeado de manera importante a la izquierda reformista (Frente Amplio y Juntos por el Perú, frente conformado por el Partido Humanista, Patria Roja, el Partido Comunista y Nuevo Perú).

Todas estas organizaciones se sentían las grandes ganadoras con el cierre del Congreso en septiembre del año pasado y esperaban convertir ese triunfo en votos… Pero finalmente no ha logrado siquiera igualar los 20 curules obtenidos en 2016.  ¿Por qué?

LA “IZQUIERDA” QUE LA PATRONAL NECESITA

No faltan las voces que hablan de la falta de “unidad” de parte de las organizaciones de izquierda, como explicación de los resultados obtenidos. La verdad es que quienes piensan de esa forma no logran dar en el blanco.

Hace mucho que las organizaciones que se llaman “de izquierda” han abandonado el programa del poder obrero, y abrazan la “democracia” como su máxima aspiración política. Y con eso, han abandonado su base social original, y se han convertido en grupos de profesionales “progresistas” que buscan diseñar “políticas públicas” dentro de los márgenes del Estado burgués.

De ahí que aspiren a administrar el Estado de los patrones, apenas oponiéndose a las acciones y tendencias más represivas que viven dentro del llamado régimen democrático.

Por eso han sido incapaces de capitalizar el sentir de quienes quieren un cambio profundo y radical frente a la corrupción que campea en el país y sus principales problemas. Sector que expresó su voluntad el año pasado en la consigna “Que se vayan todos”.

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Ni el programa de Juntos por el Perú, ni el del Frente Amplio, ha puesto en el centro el ataque a los intereses de la gran patronal: sus ganancias, sus propiedades y su poder.

LA “IZQUIERDA” SE HA HIPOTECADO A VIZCARRA

Pero hay más, Esa “izquierda” definió ser la escudera de Vizcarra, en tanto creyeron ver en él su oportunidad para “acabar” con el fujimorismo. Fueron el principal apoyo del gobierno cuando éste disolvió el Congreso. Y tomó con beneplácito la convocatoria a elecciones, renunciando a cualquier camino de lucha para dedicarse a promocionar candidatos/as.

El problema es que los que se quedaron con el crédito del cierre del Congreso fueron Vizcarra y Salvador del Solar. ¿Y la “izquierda”? Como era de esperar… nada.

UNA TÍPICA CAMPAÑA PATRONAL

Finalmente, la “izquierda” se dedicó a hacer una típica campaña de ofrecimientos y promesas, dejando de lado la lucha cotidiana de los trabajadores y el pueblo, que no ha dejado de enfrentar, tras el velo del proceso electoral, el abuso patronal y el saqueo de sus recursos naturales.

Ni siquiera han hecho eje en la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Y es que en lugar de levantar una campaña profundamente política, que ponga en cuestión las bases del modelo económico y el régimen democrático que hacen agua, se han dedicado a ofrecer proyectos de ley que ni siquiera podían garantizar que serían aprobados por el Congreso.

EN CONCLUSIÓN

Por todo esto vale decir que el fracaso electoral de la izquierda era una muerte anunciada.

Queda claro que mientras más tibia se hace esa “izquierda”, menos posibilidades tiene de expresar los problemas de las clases obreras y populares, y por tanto, de captar su voto.

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Esto no cambia por llevar en sus listas algunos/as dirigentes/as obreros/as. Para la clase trabajadora, esa izquierda está de espaldas a sus problemas.

Para nosotros, una verdadera candidatura obrera, clasista y revolucionaria, debe supeditar todo su accionar a impulsar la lucha inmediata y unitaria contra el gobierno de turno, cabeza de los intereses patronales y de la corrupción que hace parte de sus negocios. Es justamente a esto a lo que ha renunciado esa “izquierda”.

Por eso urge construir una alternativa política propia de la clase obrera. Un partido político clasista y revolucionario, que dé la pelea por colocar a la clase obrera y sus luchas en la escena política y se convierta en dirección de la misma para llevarla a la toma del poder.

¿Antauro Humala es la alternativa?

¿Cómo explicar el resultado obtenido por Unión por el Perú (UPP), organización electoral hoy ligada a Antauro Humala y a etnocacerismo?

Está claro que un importante sector de la población que hasta el 2016 votaron por la izquierda reformista, hoy ha elegido al etnocacerismo para expresar su voluntad de echar por tierra todo el régimen democrático podrido de los patrones.

¿Pero realmente el “antaurismo” es una salida en la que la clase obrera puede confiar?

Antauro Humala y su organización tienen una mirada militarizada de la sociedad, además de una concepción racista, xenófoba y homófoba, que en lugar de identificar la lucha entre la clase trabajadora y la clase empresaria como la que estructura nuestra sociedad, ubica la pugna entre “patriotas” y “traidores” en el centro de su discurso.

Su discurso radical, sin embargo, con propuestas como establecer la pena de muerte para delitos de corrupción, terminan ganando la simpatía de importantes sectores que quisieran terminar de una vez y para siempre con los problemas que aquejan al país. Sin embargo, no es así.

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Ningún caudillo, y menos uno militar, ni un proyecto ultranacionalista puede tener en sus manos la salida a los problemas del país. Es la clase obrera, aliada a los sectores pobres y oprimidos la que puede y tiene que liderar esa transformación. De ahí que el crecimiento del “antaurismo” deba ser combatido por quienes, desde una mirada marxista, pretendemos construir una salida obrera para el país.