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Entre la presión de la gente y el cartismo económico.

Por PT-Paraguay 

El gobierno de Abdo Benítez mantiene la iniciativa en cuanto a los gestos políticos hacia la gente, buscando apoyo ciudadano, movido en gran medida por el sofoco que le produce la falta de plata en las arcas del Estado y que algo debe mostrar ‘a la gente’ para no quedar tan expuesto por la actual parálisis social y económica.

Mario Abdo Benítez, hay que hacer notar, accede al poder en el marco de los golpes que venía recibiendo el gobierno de Cartes que intentaba seguir en el poder de la mano del lugo-llanismo atropellando todo en su camino con su estilo patrón-capomafioso de gobernar el Estado. 
El contexto, además, estaba caracterizado por una gran ira acumulada en el pueblo contra la corrupción imperante, la prepotencia y la impune violación de los derechos del pueblo trabajador en un Estado cada vez más manejado por los lugartenientes de la rosca cartista. Y, por otro lado, por un Estado infectado por el cartismo, el Congreso bajo el control de otras fuerzas políticas, y la burguesía, que venía muy apegada a la licencia cartista de usar, abusar y ganar a manos llenas, recelaba y condicionaba su apoyo al nuevo gobierno.

Ese marco general obligó al nuevo gobierno a buscar cobijo “en la gente” –ostentando en alto, pragmáticamente por cierto, la lucha contra la corrupción y el crimen organizado- ajustando, al mismo tiempo, cuentas con el cartismo a la sazón su mayor enemigo (OGD, ZI) y en cierta manera buscando construir alianzas firmes en las FF.AA que vienen siendo acunadas y bien servidas por el abdismo.

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La aceptación del acuerdo sobre Yacyreta conveniente a Argentina, los desalojos campesinos, el apoyo entusiasta a los sojeros, la falta de medicamentos en los hospitales, la violación sistemática e impune de los derechos de los/as trabajadores/as en todo el país, el paraíso fiscal para los ricos, el acogote social en el Presupuesto alimentado por el dinero del pueblo pero inservible al mismo, el endeudamiento a toda máquina, el conservadurismo en toda la línea, expresan a cuerpo entero al gobierno de Abdo Benítez.

En efecto, el gobierno continua, en lo esencial, con lo que podría llamarse el cartismo económico, a través de su hermano Benigno López –conocido por sus medidas antisindicales y por la entrega del dinero de la jubilación para la ganancia capitalista- quién maneja la batuta económica completamente servil a los intereses de los grandes ricos y capitalistas del país a quienes les exonera de impuestos mientras expolia al pueblo trabajador. 
Marito mantiene lo novedad política a través de los golpes a los políticos corruptos y al narcotráfico y, y por ahora mantiene el apoyo político en un sector importante de la ciudadanía, que le sirve para seguir timoneando un gobierno con sus precarias alianzas.

El nuevo ambiente político fue olido por el pueblo trabajador que apretó y sigue apretando para que la persecución a la corrupción sea real y no mera apariencia y que la impunidad reinante para los ricos y poderosos ya no prospere tan fácilmente.

Pero las masas están usando no sólo están usando el poder político de la movilización para pedir castigo a los corruptos, abusadores y prevaricadores, sino para exigir derechos y, sobre todo, para impulsar y reactivar sus organizaciones de tal manera a alistarlas para las luchas que ya están en curso y que, estamos seguros, van a arreciar en el futuro.

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El gobierno o sectores del mismo, buscarán, en lo posible, tranzar la paz con la rosca cartista y otros grupos de poder para acordar una entente. Sin embargo, la presión por abajo es lo suficientemente fuerte como para que eso pueda hacerse sin que el gobierno salga golpeado y desprestigiado. Los casos de Sandra MacLeod y del autoblindaje de los diputados, ambos intentos reaccionarios, han fracasado por la fuerte presión de la gente hastiada de tanta podredumbre.

Se aflojaron las ataduras y el pueblo puede y debe aprovechar al máximo para reorganizarse al calor de las luchas actuales y proyectar una mayor recuperación y conquistas en el corto plazo.