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Desde hace unos años, un clásico de los veranos son los cortes de energía eléctrica a causa de las tormentas o del uso masivo día en los días calurosos. En las zonas rurales o de las barriadas pobres hay que sumarle el fenómeno de la baja tensión que se sufren prácticamente a diario.

Por PT-Paraguay

La empresa responsable del suministro eléctrico es la estatal ANDE (Administración Nacional de Electricidad), responsable de la trasmisión y distribución del 98 % de la energía en el país, y por ende, es el blanco de todas las críticas y broncas de la población ante el deficiente servicio eléctrico.

No obstante, debemos reconocer que la ANDE conoció mejores días. Hasta hace unos pocos años, en la percepción de parte importante de la población era vista como una empresa eficiente y que tenía efectivamente un buen servicio.

Los datos oficiales de gestión de la Ande, incluso dan cuenta del deterioro del servicio. Uno de los indicadores revela el aumento de los cortes de energía debido a la potencia. En 10 años creció en un orden de 46 %. Otro ítems da cuenta del tiempo de duración de los cortes de la energía: en el 2007 era de 7.2 h/año en tanto que en el 2017 pasó a 30.8 h/año, es decir se incrementó en un 76%.

Otros problemas que siguen sin ser resueltos por la Ande, son 1) Instalación de nuevas subestaciones, 2) Mayor protección a las redes de distribución o red subterránea para líneas de media y baja tensión, 3) Compra y mantenimiento de transformadores, 4) Mejoramiento de las redes de media y baja tensión a nivel rural, y 5) La formación y contratación de más recursos humanos para el área técnica.

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Es incomprensible cómo en un país cuya capacidad de producción de energía eléctrica es de 60.000 GWh/año, una de las mayores del mundo en cuanto a generación eléctrica por habitante (9.000 kWh por habitante), sufra de los problemas antes descriptos.

La preguntas que surge es ¿cómo y por qué la ANDE llegó en esta situación?

Al igual que otras empresas públicas, la ANDE fue desfinanciada por años. Parte de sus utilidades no se utilizan para reinversión y mejoramiento de la empresa sino que se transfiere al Ministerio de Hacienda con el concepto de “aporte intergubernamental”, con dos claros propósitos: contar con recursos para equilibrar el déficit fiscal, evitando así cobrar impuestos a los ricos, sojeros, ganaderos, maquiladores, etc.; y deteriorar la imagen dela empresa en la percepción de los usuarios con el fin de crear condiciones para apelar como solución a la privatización de la estatal.

En esa misma orientación, en el presupuesto del 2019 se estableció la transferencia de  120.000.000.000 de guaraníes de la ANDE al Ministerio de Hacienda. Contradictoriamente, la empresa se endeudó con Bonos Soberanos, préstamos llave en mano y para proyectos de generación, trasmisión y distribución de energía. Se pretende que estos proyectos sean financiados por inversores de Catar.

Como a todo préstamo, se le debe sumar los gastos financieros e intereses, pero cabe prestar especial atención a la inversión de Catar, ya que su objetivo no sería el cobro de los intereses, sino tener “ventajas en las utilidades de las obras, que serán principalmente para mejorar la distribución de la energía eléctrica”, según indicó el presidente de la ANDE.

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Sin dudas la ANDE necesita invertir para tener un buen servicio y utilizar de mejor manera la amplísima generación eléctrica con la que cuenta el país; sin embargo el camino que tanto el gobierno, en santa alianza con el empresariado y los medios de comunicación proponen es, a todas luces, llevarla al sector privado, con una encubierta y fraccionada privatización del ente estatal. Ese camino llevará a una nueva entrega al altar de la ganancia de unos pocos.

La inversión que necesita la ANDE bien puede provenir de sus propias recursos, y además de la renta eléctrica de las binacionales de la cual en su 50 % es propietaria la ANDE.

Los desafíos del movimiento social es defender la ANDE como empresa estatal, que mejore su servicio con recursos provenientes del sector eléctrico e imponer nuestra soberanía sobre el 50 % de la energía generada por ITAIPÚ y YASYRETÁ.