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Los pasados 15 y 18 de mayo se realizaron las primeras dos sesiones del llamado “Diálogo Nacional” en Nicaragua en el cual participan diversos sectores convocados por la Conferencia Episcopal del país.  Conforme avanzaron estas primeras sesiones va quedando claro que el objetivo de esa mesa y de la mayoría de sus integrantes no es discutir la rendición de los Ortega-Murillo, como lo planteó en un inicio la representación de los estudiantes y de los campesinos anti-canal.

El gobierno solo busca ganar tiempo en su carrera por desmantelar cualquier oposición interna, los empresarios por su parte sólo buscan preservar sus negocios en nombre de la “estabilidad” sin plantear la salida del gobierno, la mayoría de la Conferencia Episcopal (CEN) plantea una democratización, pero sin decir que la primera condición para esto es que acabe la actual dictadura. Los únicos discursos que plantearon la renuncia del gobierno fueron los de la representación estudiantil y de los campesinos, quienes claramente tienen una minoría numérica y están solos en con ese objetivo en la mesa.

Un diálogo que cada vez se ajusta más a la medida de Ortega

El segundo día del diálogo marco un claro retroceso y apunta para un fortalecimiento relativo del gobierno en esa mesa. Primero se aceptó una mesa sin que su discusión fuera transmitida en vivo como el primer día, con una representación gubernamental de segundo nivel sin la participación de los Ortega-Murillo en las negociaciones y finalmente se suscribió una “tregua” que solo sirve para darle tiempo y oxígeno a la dictadura. Veamos:

La exigencia pública del movimiento fue desde un inicio que las discusiones fueran abiertas y de cara al pueblo. Esa desconfianza del pueblo sobre las mesas que discuten a sus espaldas es muy positiva y de ahí la importancia de no aceptar ninguna reunión cuya discusión no sea transmitida en directo; el pueblo que está poniendo su vida en las calles tiene derecho a conocer hasta el último detalle de lo que se dialoga, por tanto, es inaceptable que a partir de este lunes se realice cualquier discusión a puerta cerrada como ocurrió el pasado viernes.

La pareja presidencial asistió el primer día esperando un mero acto protocolario y así se tenía previsto según el guion montado por la Jerarquía de la iglesia. Los estudiantes y la representación campesina tuvieron que tomar la palabra por asalto para plantear algunas de sus consignas y recordar el nombre de los mártires en uno de los momentos más emotivos del pasado miércoles; fue clara la incomodidad de los tiranos y por tanto no quieren que en ninguna circunstancia eso se repita, de ahí su ausencia.

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Los acuerdos suscritos y anunciados al final de la segunda sesión del diálogo solo benefician al gobierno y prolongan su estancia. Actualmente se libra una muy dura batalla que supera el mes, los 70 muertos y un sin número de personas heridas, torturadas y desaparecidas; en ese contexto no se explica una tregua para levantar los tranques en carreteras que ya empezaban a golpear los grandes intereses económicos de los Ortega-Murillo.

Pactar una tregua nos aleja del principal objetivo y la principal demanda del pueblo: que se vayan. Es correcto denunciar la represión y exigir permanentemente al gobierno el retiro de la policía, pero esto debe ser sin poner condiciones por parte de la dictadura, ya que un gobierno que masacra a su propio pueblo no tiene legitimidad para pedir nada a cambio; la rendición de la policía sin ninguna condición debe ser una consigna permanente del movimiento.

Sin la renuncia inmediata de los Ortega-Murillo no puede haber diálogo

O se van los Ortega-Murillo y seguimos dialogando, o se aferran al poder y seguimos luchando. Con asesinos y dictadores no hay nada que negociar excepto su rendición. Cualquier diálogo o acuerdo mientras estén en el poder no tiene sentido, con los Ortega-Murillo en el gobierno no hay futuro para Nicaragua, por eso la exigencia más importante e inmediata es: ¡que se vayan!

Las propuestas de la CEN para establecer mesas de trabajo o acuerdos como el del pasado viernes solo sirven para retrasar la caída del gobierno. Eso es precisamente lo que quiere Ortega con el diálogo: desgatar la lucha y ganar tiempo para acabar con el movimiento.

El propio gobierno en menos de 24 horas incumplió la llamada tregua y su “compromiso” de cesar la represión por el fin de semana. A primeras horas de la noche del sábado se registraron nuevos ataques a estudiantes de la Universidad Nacional Agraria en Managua y despliegues de turbas y agentes policiales en varias zonas; por eso decimos que con asesinos no hay nada que negociar y que en dictadores tampoco se puede confiar.

Cualquier discusión para la “democratización del país” o para que haya juicio y castigo a los culpables no tiene sentido con los dictadores en el poder. Sin que se vayan no es posible actualmente refundar el país sobre nuevas bases.

Continuar los tranques y paralizar el país hasta que caiga la dictadura

Algunos bastiones de la resistencia como Masaya rechazaron aceptar la tregua y quitar las barricadas, con las primeras agresiones del sábado por la noche los campesinos anti-canal anuncian que retoman de inmediato los tranques en carreteras. Nosotros opinamos que ese es el camino, continuar la lucha y paralizar el país hasta obligar a que los Ortega-Murillo se vayan del poder.

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Los empresarios presionan por la “estabilidad” porque eso afecta sus grandes negocios, a ellos no les preocupa si el gobierno continúa o no, sino que no se afecten sus grandes ganancias; muestran una gran hipocresía cuando hablan de la subida de precios y el desabastecimiento a la población porque en realidad sus políticas y su acuerdo de años con el gobierno son justamente responsables de que la mayoría del pueblo pase hambre por la pobreza y el desempleo.

La preocupación del pueblo debe ser presionar con fuerza para que caiga el gobierno, por eso levantar los tranques, aunque sea de forma temporal solo da oxígeno a la dictadura. La falta de productos básicos bien puede ser enfrentada de manera creativa por el pueblo movilizado, instaurando cadenas de abastos solidarias o mercados populares donde el pueblo tenga que comer y siga luchando.

Ninguna confianza en la COSEP, AMCHAM y los grandes empresarios

Como decíamos a estos grandes sectores solo les interesan sus grandes negocios. Durante los años de tiranía de los Ortega-Murillo han venido amasando clavos de oro y forjando inmensas fortunas a costillas del sufrimiento de todo un pueblo, si hoy están en la mesa de diálogo es a pesar de su voluntad y por ello hay que mantener una total independencia del movimiento frente a ellos.

La necesidad de un paro nacional debe ser impulsada desde abajo y seguramente contra los intereses de estos grandes empresarios. De ahí que no podemos esperar nada de ellos, mucho menos ceder espacios en la negociación a grandes intereses imperialistas representados por AMCHAM (Cámara de Comercio Estadounidense), para honrar la memoria antiimperialista de Augusto C. Sandino ellos deberían salir de cualquier negociación sobre el futuro de Nicaragua.

La CIDH y la OEA que avalaron el fraude en Honduras no son garantía de justicia

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo apéndice de la Organización de Estados Americanos liderada por Luis Almagro, llegó con delegación el pasado viernes justo en medio de la segunda sesión de negociaciones. Ante las graves violaciones a los derechos humanos que han cometido los Ortega Murillo muchos ven con ilusión que este organismo ponga un alto en el camino; no obstante, no hay que olvidar que ya el propio Almagro adelantó que “la salida democrática en Nicaragua no pasa porque se vaya Ortega, ya que existe un clima de negociación y avances concretos para que las próximas elecciones presidenciales (en noviembre de 2021) cuenten con todas las garantías democráticas”.

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Las palabras de Almagro son una palmada en la espalda al régimen orteguista, pero, aunque a algunos les sorprenda el apoyo a dictadores no es nuevo. Recientemente ese organismo y la delegación de observación en Honduras avalo el fraude que mantuvo en el poder al dictador Juan Orlando Hernández y demostró que esa organización solo se mueve por los intereses gringos que la controlan y no por una verdadera vocación democrática.

Todas las denuncias deben hacerse, las familias de los asesinados deben buscar justicia en todas las trincheras. Pero hay que tener claro que el castigo a los culpables solo está asegurado por la continuidad de la lucha hasta que caiga la dictadura y pague por cada uno de sus crímenes.

La justicia a los culpables solo vendrá de manos del pueblo, por eso creemos que es ese pueblo el que tiene que acabar con la dictadura; pero no basta solo con que la familia Ortega-Murillo se vaya del poder sino también es necesario que sus bienes sean confiscados para reparar todo el daño que han hecho.

Comité de Nicaragüenses de la LIT