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El pasado 18 de abril iniciaron las movilizaciones en Nicaragua contra las reformas al sistema de seguridad social. Aunque el gobierno se vio obligado a echar para atrás con su propuesta, las movilizaciones se mantuvieron y tomaron cada vez más fuerza, enfrentándose ahora, no solo a una reforma sino exigiendo la salida del gobierno encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Las mujeres han sido parte fundamental en esta lucha, ocupando cada vez más espacios. Desde el apoyo que inicialmente dieron garantizando la alimentación, la atención de heridos, participando de las marchas y el montaje de las trincheras, hasta el enfrentamiento directo en cada uno de los puestos, defendiéndose con morteros y bombas artesanales.

Por: Lena Souza e Jessica Barquero

Esto no es casualidad. En el año de 1978, cuando empezó la lucha contra la dictadura de Somoza, fueron las mujeres quienes se movilizaron en el barrio de Monimbó en Masaya para enfrentar a la Guardia Nacional. La violenta represión que sufrieron propició que se sumaran luego otros combatientes, junto a los cuales iniciaron la insurrección contra Somoza. Es precisamente 40 años después, que la historia del valiente pueblo de Nicaragua se repite, esta vez para enfrentar al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). 

Las mujeres al frente

Muchas mujeres, en su mayoría jóvenes, se han sumado a los frentes de lucha. Recientemente conversamos con una de ellas que nos decía: “he levantado mi mano con un mortero, he participado de todas las marchas, me he movido de un lado a otro e incluso he estado al frente también, me he ido a los enfrentamientos (..) Pero como mujer te digo, sí es desgarrador porque tampoco hay que negar que da un poco de miedo, sí da un poco de temor, pero en el momento en que tú ves pasar a alguien herido o lastimado o con un balazo es cuando más fuerza y coraje te da para decir “yo quiero estar aquí, yo no me voy a mover de aquí” ”[1]

Lamentablemente cuando el gobierno recrudece la represión, las mujeres se  convierten en blanco de ataque y se utiliza de manera deliberada e impune la violencia sexual como arma de guerra, haciendo de ésta una práctica para intimidar y crear terror. Esto ha hecho que en los últimos días se incrementan los reportes de jóvenes que son abusadas sexualmente o violadas.  

Las madres toman las calles

El pasado 30 de mayo, Día de las madres nicaragüenses, una gigantesca movilización recorrió las calles de Managua y otros departamentos en apoyo a las madres que perdieron a sus hijos ante la represión del gobierno. Fue un acto de resistencia y solidaridad hacia las Madres de Abril.

La convocatoria era contundente, a diferencias de años anteriores, no saldrían a las calles, las marimbas y la música que caracteriza esta celebración. Este 30 de mayo no había nada que celebrar, era un día de lucha.

Mientras el presidente Ortega abogaba por la paz en su discurso en homenaje a las madres, en medio de la marcha en Managua se produjeron disparos, dejando varios heridos de gravedad y numerosos muertos.

Pero ese coraje que hoy mueve a las mujeres a luchar hombro a hombro junto a sus compañeros, es la reacción a décadas de opresión y ataques que han venido sufriendo.

En la Nicaragua de Ortega-Murillo las mujeres perdieron conquistas

El gobierno autodenominado “progresista” de Ortega-Murillo, comprueba una vez más que no es suficiente con tener mujeres en el poder, pues depende de para qué clase gobiernan esas mujeres.

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En el día internacional de las mujeres, la vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo Zambrana, conocida como “Chayo”, hizo una declaración resaltando el informe del Foro Económico Mundial que clasificó a Nicaragua entre los seis primeros países que presenta igualdad de género.

Esta clasificación está basada principalmente en la presencia de mujeres en los Ministerios y en la Asamblea Nacional, donde las mujeres ocupan el 46% de los puestos. De acuerdo con “Chayo” el gobierno de Ortega trajo “la restitución de derechos y sobre todo la promoción del respeto a la fortaleza, a la fuerza, a la capacidad de las mujeres”

Sin embargo, como cuestionan con razón algunas organizaciones de mujeres en Nicaragua, esas informaciones enmascaran la verdadera política que tuvo el gobierno en relación a los derechos de las mujeres.

En 2012 fue aprobada por la Asamblea Nacional de Nicaragua la ley 779, denominada de Ley Integral contra la violencia a la mujer. Pero en 2013 esta misma ley fue reformada por el entonces presidente Ortega.

La principal modificación realizada a través de la reforma redujo el feminicidio al ámbito privado, o sea, sólo se reconoce como feminicidio la violencia sufrida por la mujer en el espacio restringido de la relación de pareja y no en el espacio público.

El artículo 9 de la ley establecía: “comete el delito de femicidio al hombre que, en el marco de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, cause la muerte a una mujer sea en el ámbito público o privado”.

La modificación hecha por Ortega a este artículo establece que femicidio es: “delito cometido por un hombre contra una mujer, en el contexto de las relaciones interpersonales de pareja y que tiene como resultado la muerte de la mujer, en las circunstancias que establece la ley”.

De acuerdo con Azahalea Solís[2] del Movimiento Autónomo de Mujeres eso “es una muestra del totalitarismo que se vive en Nicaragua” y que las consecuencias de las nuevas orientaciones de la ley son “más violencia para las mujeres, porque el agresor se siente protegido por el Estado”.

Para Bertha Inés Cabrales[3], del Colectivo Itza y Alianza de Centros “es retroceder en el tiempo” “se acaba con la ruta de protección ante la violencia a las mujeres”.

Y llegan a una conclusión: el objetivo del gobierno con esa modificación es enmascarar los números de la violencia, invibilizando los feminicidios que ocurren en el ámbito público.

¿Cualquier semejanza en la utilización de este método es mera coincidencia entre los gobiernos denominados “progresistas”? Parece que no, pues la práctica se repite cuando muestran los números referentes a la realidad de los sectores pobres y oprimidos. Como quieren mejorar el capitalismo y eso es imposible, ellos buscan formas de disimular los números.

Otras modificaciones en la ley también son denunciadas por las organizaciones de mujeres de Nicaragua, como por ejemplo, la definición de pena a los padres que no cumplen con la obligación de dar pensión a los hijos / as.

Además, como en otros países, también se cerraron comisarías de mujeres y cortaron la inversión para los albergues, reduciendo las posibilidades para que las mujeres puedan hacer la denuncia de violencia.

 Aborto penalizado

En Nicaragua, desde 2006 se prohíbe totalmente el aborto incluso en casos de violaciones, incesto, embarazo de riesgo o mala formación del feto. La pena va de uno a dos años de prisión para quien lo practica y de uno a seis años para los profesionales de salud que lo realizan.

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Después de más de 150 años (entre 1837 y 2006) de acceso al aborto terapéutico en el país, el FSLN, que desde 1990 ya había dejado de ponerlo a disposición en el sistema público de salud, lo prohibió totalmente en el 2006.[4]

Esta decisión fue orientada por el FSLN, a través de Daniel Ortega y Murillo, que con el objetivo de ganar apoyo y votos de los sectores religiosos de Nicaragua, defendieron tal retroceso, utilizando el drama de una niña indígena de 12 años embarazada por violación. Pese a que la salud de la niña estuvo en riesgo, las autoridades se negaron reiteradamente a aplicar un aborto terapéutico. La niña dio a luz mediante una cesárea y esto fue utilizado por Ortega, para su reelección presidencial. En esa ocasión, Rosario Murillo afirmó: “Hemos trabajado de acuerdo con las creencias y costumbres de la cultura mayoritaria de Nicaragua, en defensa de la vida”.

El mismo Daniel Ortega y Murillo que tenían una relación de convivencia de muchos años, en 2005 se casaron por la iglesia para mostrar su reconciliación y cambio. Los discursos de la pareja están cargados de alusiones a motivos religiosos, que han sido utilizados para justificar su política en contra de los derechos de las mujeres. Las grandes vallas en las calles anuncian la “Revolución Cristiana, socialista y solidaria”, como lema del FSLN.

Entre los diputados/as también queda claro el retroceso, en función de la garantía de reelegirse. El proyecto de ley que prohíbe el aborto fue votado en 2006, con 59 votos a favor y ninguno en contra. Siete diputados se abstuvieron de votar, y otros 29 no asistieron a la sesión. Como se puede percibir, aquellos que algún día estuvieron a favor del aborto, se acobardaron y dejaron de votar o votaron a favor, por miedo a perder el apoyo electoral.

Una resolución irresponsable con la vida de las mujeres y propia de aquellos que fueron totalmente cooptados por el electoralismo, pues Nicaragua vive una situación grave en relación a la cuestión. El país tiene la mayor tasa de embarazo en la adolescencia de América Latina.

De acuerdo con el estudio del IPAS[5], realizado en 2016 “anualmente ocurren cerca de 1.600 nacimientos de niñas madres, que serían esa proporción -que quedó embarazada- del total de víctimas de violación, que podía ser de al menos 10.000 cada año”. El mismo estudio dice que el caso de Nicaragua puede ser considerado una epidemia-endemia, considerando las cifras. Además, la penalización lleva a que los abortos sean realizados de forma clandestina e insegura y llevando a que, en el caso de sufrir complicaciones a la mujer no busque asistencia por miedo a sufrir la pena de 2 años de prisión, ya que pueden ser denunciadas por los médicos que las asisten.

Acusaciones pendientes

En el año 1998, Zoilamerica Narváez, la hija de Rosario Murillo e hija adoptiva de Daniel Ortega denunció públicamente a éste por abusos sexuales que iniciaron cuando ella tenía apenas 11 años de edad. El caso fue llevado a los tribunales, pero la jueza Juana Méndez, quien luego se convirtió en magistrada de la Corte Suprema de Justicia, archivó la causa aduciendo que los hechos habían prescrito.

Años más tarde, Zoilamerica denunció que la designación de su madre como vicepresidenta del país, era una especie de pago que Daniel Ortega le hacía a su esposa por encubrir el abuso. La candidatura de su esposa a este puesto, fue justificada por Ortega como el cumplimiento de la ley 50-50, que busca la equidad de género en los cargos públicos.

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Desde entonces, otras acusaciones por abuso sexual se han hecho públicas en contra de Daniel Ortega y las organizaciones de mujeres siguen denunciando el manejo que se les ha dado.

El papel de Rosario Murillo

Al lado de Ortega, ha estado su inseparable compañera, Rosario Murillo, quien ha jugado un papel fundamental en el gobierno, siendo portavoz y ejerciendo como vicepresidenta desde el 2017. Aunque en su momento fue una de las figuras con más apoyo popular, las recientes movilizaciones han puesto en evidencia el enojo de la población contra su mandato.

El inicio de las manifestaciones en todo el país, empezó con el derrumbe de estructuras metálicas con forma de árbol que decoran las calles del país. Cada armazón de metal de 14 metros de alto y 6 de ancho cuesta alrededor de 30,000 dólares. A los llamados “arboles de la vida” se les conoce también como “chayopalos”, porque fueron colocados por orden de Rosario Murillo (Chayo).

Por eso derribar cada uno de estos “chayopalos” no es solo la caída de un costoso adorno sino que representa el derrumbe de un símbolo del gobierno sandinista contra los que se rebelan.

Los gritos de “si se puede” que acompañan cada una de estas caídas, son gritos también en contra de Murillo, que ha gobernado contra los intereses de las mujeres pobres y trabajadoras de Nicaragua.

¡Todo apoyo a la lucha de las mujeres nicaragüenses!

¡Basta de diálogo con la dictadura!

Como lo menciona el Comité de Nicaragüenses de la LIT: “No habrá Nicaragua ni justicia para los mártires si los Ortega-Murillo no salen del poder”. Todo nuestro apoyo y solidaridad a las mujeres trabajadoras y jóvenes que se suman y fortalecen la lucha por la caída de la dictadura Ortega-Murillo. Sólo con la organización y la unidad de hombres y mujeres trabajadoras/es y la juventud será posible tirar abajo ese gobierno dictador, avanzar en un programa que libere a la clase trabajadora y junto con ello permita concretar medidas que puedan liberar a las mujeres jóvenes y trabajadoras de la opresión machista.

Notas:

[1] https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/nicaragua/mujeres-no-tenemos-miedo-las-balas/

[2] https://www.laprensa.com.ni/2016/02/24/nacionales/1991455-corte-suprema-cerceno-de-hecho-ley-779-en-nicaragua

[3] idem

[4] https://www.hrw.org/es/news/2017/07/31/nicaragua-prohibicion-del-aborto-supone-riesgo-para-la-salud-y-la-vida

[5] https://confidencial.com.ni/wp-content/uploads/2017/03/ESTUDIO2016.pdf