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En 1979, La Fracción Bolchevique de la Cuarta Internacional, desde Colombia y en cabeza del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), impulsó la constitución de una brigada de combatientes para apoyar al pueblo nicaragüense en su batalla por derrocar la dictadura de Anastasio Somoza. El PST que desde su fundación en 1977 combatió la estrategia guerrillera de la insurgencia colombiana, en esa ocasión se colocó abiertamente del lado de los combatientes nicaragüenses en una aplicación concreta de la concepción marxista sobre las formas de lucha, aspecto que intentaremos desarrollar en estas notas.

Por: Fernando Graco – Partido Socialista de los Trabajadores (PST) – Colombia

La caracterización de la revolución nicaragüense

La Fracción Bolchevique de la Cuarta Internacional elaboró, desde 1978, una caracterización sobre el proceso revolucionario nicaragüense y sobre el papel que podía cumplir la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional en esa revolución puesta en marcha para echar del poder al “Tacho” Somoza. La caracterización de la FB se puede sintetizar en que se iban a combinar huelgas e insurrecciones parciales con acciones guerrilleras del FSLN, y que esa combinación colocaría al Frente Sandinista como vanguardia de la lucha contra la dictadura. El sandinismo contaba además con la particular circunstancia de que la burguesía, que se encontraba dividida, había agotado las posibilidades de hacer un recambio controlado del régimen político y de que el imperialismo, viendo la insurrección avanzar, no encontraba mejor salida que la de buscar apoyo en los gobiernos latinoamericanos para que intervinieran desviando el proceso al terreno de la democracia burguesa.

En efecto, la combinación de las huelgas y las insurrecciones parciales con las acciones guerrilleras del FSLN se dio, en forma bastante cercana a las predicciones de la FB, entre 1978 y en el primer semestre de 1979. En febrero de 1978 estalló una insurrección en la ciudad de Masaya, al sur del país; en septiembre del mismo año se replicaron en varios departamentos del país: León, Matagalpa, Chinandega, Managualos, Estelí y, nuevamente, Masaya. La oleada revolucionaria, que ya abrasaba a la mitad de la población nicaragüense desembocó, en abril de 1979, en un nuevo levantamiento de la población de Estelí, al norte, en el que las masas insubordinadas incorporaron el método de la insurrección armada.

Luego de las insurrecciones de septiembre la Fracción bolchevique concluyó que: “Todo el proceso de huelgas y movilizaciones está creando las condiciones objetivas para la huelga general y para una derrota definitiva de la dictadura… Estas experiencias y el inmenso prestigio del FSLN, hacen cada vez más factible la generalización de las acciones insurgentes del Pueblo”. Y agregaba que “El FSLN es la única fuerza que en ese momento podría impulsar esta tarea [la de organizar a las masas para la insurrección], y darle sustento a una alternativa de poder.” Para definir que “Obrando en consecuencia, desprendimos continuar el apoyo a la lucha del FSLN y levantar la consigna ‘Por un gobierno del FSLN y de las organizaciones de los trabajadores’”. (Periódico El Socialista Nº 128 de septiembre 4 de 1978).

La organización de la Brigada Simón Bolívar

En mayo de 1979 Daniel Samper Pizano, reconocido periodista colombiano, titulaba su columna del diario El Tiempo: “Necesitase gente”. El texto se iniciaba con la siguiente información: “En la calle 17 Nº 4-49, oficina 201 de Bogotá, están necesitando gente. No dan trabajo ni prometen enriquecer aspirantes de la noche a la mañana a través de la venta de enciclopedias. Lo único que ofrecen es la posibilidad de perder la vida, sometiéndose a riesgos e incomodidades y llevar durante un tiempo incierto una vida llena de peligros. A cambio sólo brindan la oportunidad de luchar por la liberación de un pueblo. En este lugar funciona la oficina de reclutamiento de combatientes colombianos que quieran voluntariamente alistarse en la lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua”.

Un informe redactado unos meses después del triunfo sandinista resumía así los resultados de la campaña: “La Brigada Simón Bolívar alcanzó a recibir solicitudes de incorporación de más de 1.200 colombianos. De todo el país se presentaron voluntarios… De ellos, cerca de 320 habían sido seleccionados pero solo alcanzaron a viajar 53, de los cuales siete eran nicaragüenses. En el momento en que cayó Somoza había 200 brigadistas más que se aprestaban para partir hacia Nicaragua.

“De América Latina salieron otros militantes de la Brigada Simón Bolívar, que contó con voluntarios de Argentina, Bolivia y Brasil. Hubo incluso tres norteamericanos que se sumaron a la Brigada. En el grupo hubo tres muertos; los tres pertenecían a la oficina de Colombia”. (Tomado de “Nicaragua: reforma o revolución” tomo I. Recopilación de artículos, 1980, Bogotá Colombia).

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Un llamado a organizar brigadas de combatientes

En un informe interno de los organizadores de la Brigada se lee: “En la Conferencia de prensa convocada por el Partido Socialista de los Trabajadores de Colombia, el 13 de junio de 1979, se instó a través de los medios de difusión a conformar la Brigada Simón Bolívar, a ser integrada por hombres, mujeres, trabajadores y estudiantes colombianos de cualquier partido o ideología, que quisieran participar militarmente en la lucha del hermano pueblo de Nicaragua y el Frente Sandinista, en los momentos cruciales que estaba viviendo en su enfrentamiento contra la dictadura.

“De esta manera, periodistas de todos los medios de comunicación nacionales más representantes de varias agencias internacionales hicieron llegar el llamamiento solidario del PST a miles de colombianos, convirtiendo esta noticia en la más importante del día. El llamado fue también conocido en todo el mundo, con importantes repercusiones en el sentido de alentar a grupos e individualidades a llamar a formar brigadas o incorporarse directamente a la lucha contra Somoza. Ejemplo de esta repercusión fueron las brigadas haitianas que se constituyeron en Nueva York o el ‘Sandinistas al Socialismo’ integrada por nicaragüenses y salvadoreños en la ciudad de los Ángeles (EEUU). Ambas llegaron a acuerdos con la Brigada Simón Bolívar posteriormente, aportando 150 voluntarios. También la LCR colombiana adhirió a la Brigada Simón Bolívar y envió 3 dirigentes al combate.

“Algunas organizaciones de la Cuarta Internacional rápidamente dieron respuesta a la convocatoria en sus propios países. En Costa Rica se constituyeron dos columnas de voluntarios: la Brigada Simón Bolívar y la Juan Santamaría que sumaron 190 compañeros. En Panamá el PST aportó dos militantes trotskistas a la Brigada Victoriano Lorenzo y llamó a la conformación de la Brigada Simón Bolívar reclutando 70 personas. Lo mismo ocurrió en Ecuador con un total de 30 personas. En Argentina y Brasil no se pudieron hacer llamados públicos por razones de clandestinidad pero igualmente se alistaron militantes del trotskismo. En Chile se constituyó la Columna Salvador Allende integrada por compañeros del Partido Socialista (CNR) que llegó a acuerdos con la Brigada Simón Bolívar sobre la base de dos puntos sustanciales: 1. Disciplinarse militarmente a las filas del FSLN; 2. Impulsar una política clasista independiente en Nicaragua. En otros países, como Bolivia que se encontraba en plena campaña electoral lograron reclutar compañeros. En México se alistaron 3 compañeros trotskistas.” (Tomado de un informe interno de la época).

La Brigada en Nicaragua

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En Nicaragua los miembros de la Brigada fueron alistados en el Frente Sur. “El Frente Sur estuvo tradicionalmente dirigido por la tendencia insurreccional o ‘tercerista’. Su máxima figura militar era Edén Pastora y sus dirigentes políticos los hermanos Humberto y Daniel Ortega…” (Ídem).

Con voluntarios de varios países de América Latina llegaron a Nicaragua 110 combatientes, y en Nicaragua se sumaron otros más, contabilizando un total de 250 miembros efectivos en la Brigada Simón Bolívar. Después de un intenso entrenamiento fueron incorporados al Frente Sur del FSLN. En este frente la dictadura resistió hasta el último día cuando, en desbandada, la Guardia Nacional acompañada de mercenarios yanquis, vietnamitas y gusanos cubanos emprendió la huida.

“En el Sur de la línea de fuego [el avance del sandinismo] se había estancado debido a la situación desfavorable: las mejores tropas de la Guardia controlaban el ‘corredor’ paralelo al Lago de Nicaragua desde la Colina de la Virgen y la escasa población de la zona priva al FSLN del apoyo de masas que tenía en el norte.

“Fue una guerra de posiciones, donde cada palmo de terreno se logró a costa de un gran número de compañeros muertos y heridos. EL FSLN sufrió allí el mayor porcentaje de bajas —aproximadamente un 25% de sus efectivos entre muertos y heridos— y los integrantes de la Brigada Simón Bolívar también se enfrentaron al peligro.

“Del arrojo de nuestros compañeros en el combate hay más de un testimonio y, sobre todo una dolorosa prueba: tres muertos en la línea de fuego, Mario Cruz Morales y Pedro J. Ochoa, colombianos, y Max Leoncio Senqui, nicaragüense…” (Tomado de El Socialista Nº 165, agosto de 1979).

La expulsión de la Brigada

Cuando se organizó la Brigada Simón Bolívar se definió que apoyaría militarmente al Frente Sandinista de Liberación Nacional, combatiendo bajo su disciplina para derrocar a la dictadura de Somoza, pero al mismo tiempo se dejó claro que eso no implicaba apoyo político al programa de reconstrucción del Estado burgués que levantaban los sandinistas.

En contraposición la Brigada Simón Bolívar proclamó y defendió que: La crisis por la que atraviesa Nicaragua no tendrá una salida favorable para las masas trabajadoras, campesinas y populares dentro de los marcos en que quieren mantenerla el imperialismo, la Iglesia y la burguesía opositora. La única salida para esta crisis es el derrocamiento de Somoza y la instauración de un gobierno que cumpla el siguiente programa:

-Armamento de las masas obreras, campesinas y populares y liquidación de la Guardia Nacional

-Expropiación de todas las empresas de Somoza, sus familiares y de todos los colaboradores de la dictadura, y que sean colocadas bajo control de los trabajadores. Expropiación, bajo control de los trabajadores, de todos los monopolios imperialistas.

-Reforma agraria, expropiando a los terratenientes y entregando las tierras a los campesinos.

-Ruptura de todos los pactos políticos y militares con el imperialismo.

-Libertad de todos los presos políticos y retorno de los exiliados. Plenas libertades de prensa, organización política y sindical, reunión, manifestación y huelga.

-Disolución del parlamento y de todas las instituciones del Estado somocista.

-Elecciones libres para una Asamblea Constituyente que reorganice el país al servicio de los trabajadores, los campesinos y el pueblo. (Tomado de Revista de América, año 1 Nº 8/9 (Tercera época). Bogotá, enero, febrero de 1979.)

Mientras se combatía por derrocar a Somoza no se presentaron diferencias importantes, dado que los miembros de la Brigada Simón Bolívar estuvieron bajo la disciplina militar del Frente Sandinista, pero una vez derrocada la dictadura surgieron, inevitablemente, las diferencias políticas y programáticas. Los brigadistas, consecuentemente, impulsaron el programa que habían propuesto, teniendo en cuenta la dinámica del proceso revolucionario y la iniciativa de las masas.

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En cuanto al armamento general de las masas propugnaron por el fortalecimiento de los Comités de Defensa Sandinista (CDS), comités armados que en el transcurso del enfrentamiento con la Guardia Nacional se habían constituido como organismos de autodefensa, denominados entonces Comités de Defensa Civil (CDC). Por el contrario, la política del Gobierno de Reconstrucción Nacional fue desmantelarlos y reemplazarlos por un ejército regular burgués y una policía como la de cualquier otro estado burgués.

Igualmente importante fue el papel que cumplió la Brigada en la organización de las masas en los barrios, en la distribución de víveres, medicamentos armas y construcción de refugios antiaéreos y barricadas. Los brigadistas también impulsaron la construcción de sindicatos; en pocos días ayudaron a fundar 80 sindicatos e incentivaron la constitución de los Comités de Fábrica, que se convirtieron en una especie de organismos de poder que ejercían control político, militar y administrativo dentro de las fábricas. Con estos organismos los trabajadores destituían a los gerentes y altos ejecutivos de las empresas, pedían al gobierno nacional la expropiación sin indemnización de las empresas y su estatización bajo control de los trabajadores.

En el campo, la Brigada estimuló organismos parecidos para expropiar la tierra y distribuirla gratuitamente a los campesinos, desarrollando la tarea democrática de la reforma agraria. La Brigada impulsó este programa llamando a los sandinistas a gobernar con las organizaciones de los trabajadores y las masas, sin burgueses. Pero la presión del imperialismo y la burguesía latinoamericana para evitar que Nicaragua se convirtiera en una nueva Cuba, donde se colectivizaran los medios de producción, llevó al Gobierno de Reconstrucción Nacional a expulsar a la Brigada Simón Bolívar “por extremista”.

Para tratar de evitarlo importantes sectores de trabajadores manifestaron su simpatía por la Brigada y en una movilización por la calles de Managua, en la que participaron unas 5.000 personas, reclamaron que se otorgara a los integrantes de la Brigada la ciudadanía nicaragüense. Los brigadistas fueron convocados a una reunión en la que fueron desarmados y posteriormente enviados a Panamá en un avión especialmente fletado, allí fueron entregados al ejército que los torturó y los envió de regreso a Colombia. En Colombia los brigadistas y el PST tuvieron que soportar la persecución del reaccionario régimen encabezado por Julio César Turbay que, equivocadamente, sospechaba de sus intenciones de organizar una nueva guerrilla en Colombia.

Artículo publicado en la Revista Marxismo Vivo n.° 21, 2009, pp. 62-67. Disponible en: www.archivoleontrotsky.org