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Los millones que votaron a AMLO con gran fervor –y muchos otros millones que sin tanto– no salen de su asombro y son cada vez más los que se sienten decepcionados. Pero no faltan los que se irritan ante las críticas y responden “soportaron largos sexenios de PRI y dos sexenios de PAN y ahora en 100 días ya quieren cambios”. Pero es evidente que el reproche de esos nuevos oficialistas no tiene sustento.

Por: CST – México

El problema no está en los tiempos o los plazos para los cambios, sino en la dirección de esos cambios. Y nuestra explicación de lo que pasa hoy y pasará en el país está en el carácter de México y en el carácter de este gobierno de la 4ta. Transformación. Con todo respeto, se lo dijimos a nuestros compañeros trabajadores y otros explotados y oprimidos, durante todo el año pasado y en especial en la campaña electoral.

Nuestro país, desde hace largas décadas, está siendo recolonizado cada vez más. México no es soberano, está dominado por las potencias imperialistas y en especial por la mayor de ellas. Y ni el actual gobierno ni alguno de los dirigentes políticos del régimen mexicano se propone romper esa dominación. Todos se someten a la condición colonial como si fuera una “fuerza fatal de nuestro destino”. Ni se les ocurre luchar por una nueva y definitiva independencia. Por más que hagan “soberanos” discursos, reclamen “respeto” y juren sobre la bandera tricolor, con la mano en el corazón y caras solemnes, están todos subordinados al amo imperial. ¿Por qué?

Porque todos ellos representan a los capitalistas locales y extranjeros que son socios del gran capital y sus Estados Unidos de Norteamérica. Por eso AMLO, aún antes de asumir, envió a Jesús Seade para firmar el T-MEC. Porque el amo Trump exigió que la entrega de México estuviera avalada, no sólo con la firma del “saliente” y despreciado EPN, sino con el aval de quien tenía “30 millones de garantes”.

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Y según ese dictado han estado “gobernando” estos casi 5 meses. Ya los vemos a los banqueros felices en Acapulco y a Black Rock lleno de optimismo y “esperanzas” en Mérida (ver nota Poder político y poder económico). Y ya vimos la represión a los obreros de Matamoros en huelga…

Y obedeciendo ese libreto, dicen que “gobiernan”. En la “piñata” entra todo el paquete neoliberal: Reforma Laboral antiobrera –aunque simulen que es para democratizar y terminar con el charrismo– ; Guardia Nacional-militarización; Zonas Económicas Especiales; Reforma energética y contratos petroleros; Filtro represivo a la migración; Mantener Reformas de Salud y Educativa, con retoques cosméticos; Pagar a rajatabla la enorme deuda al FMI… Por eso AMLO dijo sin disimulo: “La Reforma laboral se debe votar congruente con el T-MEC”.[1]  Por eso mismo es que le dan mayor poder al Ejército dentro del régimen. Por eso AMLO insistió que sea un militar activo el que esté al mando de la Guardia Nacional. Y que ese militar –aunque ahora lo jubilen– es un general formado en la “Escuela yanqui de las Américas”. Es decir, un sicario entrenado por los gringos.

Para guardar un poco las formas, ensayaron eso de las “consultas ciudadanas” y la “democracia participativa”. Hicieron algunas simulaciones que causaron alguna expectativa. Pero con el asesinato de Samir Flores Soberanes para imponer la Termoeléctrica de Morelos, esa farsa quedó manchada de sangre.

¿Cuál es la salida? Unir todas las luchas obreras, campesinas, indígenas, estudiantiles, populares, que enfrentan la ofensiva recolonizadora, con su saqueo, despojo, explotación y opresión. Y en ese camino construir una dirección política revolucionaria de los trabajadores, capaz de luchar por un gobierno obrero y popular, única forma de lograr un México libre y soberano.

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[1] Diario La Jornada, 04 de abril 2019, La iniciativa de reforma laboral que envió el Poder Ejecutivo al Congreso será necesario que se apruebe en sus términos porque forma parte de los acuerdos alcanzados con Estados Unidos y Canadá. Subrayó AMLO que México no quiere que un incumplimiento de los compromisos que asumió el gobierno mexicano durante la etapa de transición pueda dar pretexto para que se reabran las negociaciones en materia comercial.